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La Esposa De Mí Jefe

La Esposa De Mí Jefe

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Traiciones y engaños / Mafia
Popularitas:866
Nilai: 5
nombre de autor: Dannyperezok

Él tenía una sola misión: protegerla.
Ella tenía una sola regla: no enamorarse de él.

Victoria Bennett tiene el matrimonio que cualquier mujer envidiaría.

Un esposo millonario. Una mansión de ensueño. Una vida rodeada de lujos.

Pero detrás de las puertas cerradas, su matrimonio es una pesadilla.

Su esposo, Alexander Blackwood, es un hombre poderoso, controlador y posesivo que se ha encargado de destruir poco a poco la seguridad y la autoestima de Victoria. Para el mundo son una pareja perfecta. Para ella, él es la razón por la que cada noche tiene miedo de volver a casa.

Hasta que Alexander contrata a Fernando Ferrara, un exmilitar convertido en guardaespaldas, para proteger a su esposa.

Fernando sabe perfectamente cuáles son sus límites.

Victoria es su jefa.

La esposa de su jefe.

Una mujer prohibida.

Pero también es la mujer que intenta esconder sus lágrimas cuando cree que nadie la está mirando.

Él comienza protegiéndola de peligros externos...

NovelToon tiene autorización de Dannyperezok para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 12: El hombre del uniforme

FERNANDO

Mi arma permanecía apuntando hacia la puerta.

Marcus levantó lentamente las manos.

—Baja eso.

—No.

—Fernando...

—No des un paso más.

Victoria estaba detrás de mí.

Podía sentir su respiración acelerada.

Marcus miró hacia la caja azul que yo sostenía.

—La encontraste.

—¿Qué sabes de ella?

—Más de lo que quisiera.

—Entonces empieza a hablar.

Marcus entró despacio y cerró la puerta.

—Daniel Cross no murió aquella noche.

Victoria soltó una respiración temblorosa.

—Eso ya lo sabemos.

Marcus la miró.

—No. No lo saben.

Señaló la grabadora.

—Eso que escucharon es solamente una parte de la historia.

—¿Qué falta?

Marcus se acercó al escritorio.

—La razón por la que Alexander necesitaba que Daniel desapareciera.

—Dinero —dije.

Marcus negó.

—Mucho más que dinero.

Abrió la caja azul.

Sacó uno de los documentos.

—Alexander llevaba años utilizando empresas falsas para mover información y dinero entre distintos países.

—¿Qué clase de información?

—Nombres.

—¿De quiénes?

Marcus me miró.

—Personas que podían hacerle daño.

Victoria palideció.

—¿Políticos?

—También.

—¿Empresarios?

—También.

—¿Y Daniel lo descubrió?

—Sí.

—Entonces Alexander intentó matarlo.

Marcus negó nuevamente.

—No fue así.

—¿Qué quieres decir?

Marcus respiró profundamente.

—Alexander no ordenó matar a Daniel.

El silencio fue inmediato.

—Entonces, ¿quién?

Marcus me sostuvo la mirada.

—Yo.

Victoria se llevó una mano a la boca.

Mi dedo se tensó sobre el gatillo.

—Explícate.

—Aquella noche recibí una orden.

—¿De Alexander?

—Sí.

—¿Cuál?

Marcus bajó la mirada.

—Eliminar a Daniel Cross.

Victoria comenzó a llorar.

—Dios...

—Pero no lo hice.

Lo miré fijamente.

—¿Por qué?

—Porque descubrí que Daniel tenía pruebas.

—¿Y qué hiciste?

—Lo ayudé a escapar.

—¿Entonces por qué todos creen que está muerto?

Marcus señaló uno de los documentos.

—Porque necesitábamos que Alexander lo creyera.

Sentí que algo no encajaba.

—Espera.

Me acerqué.

—Si ayudaste a Daniel a escapar, ¿qué ocurrió con Victoria?

Marcus cerró los ojos.

—Ese fue el problema.

Victoria levantó la cabeza.

—¿Qué problema?

Marcus la miró.

—Tú viste demasiado.

***

VICTORIA

Sentí que me faltaba el aire.

—¿Qué vi?

Marcus no respondió inmediatamente.

—La noche del accidente, Daniel iba a entregarte algo.

—¿Qué?

—Una memoria.

Miré la caja azul.

—¿Esto?

—No.

Marcus negó.

—Eso es una copia.

—¿Una copia de qué?

—De la información que Daniel consiguió.

Fernando intervino.

—¿Dónde está el original?

Marcus guardó silencio.

—Marcus.

—No lo sé.

—Mientes.

—Ojalá pudiera decirte que sí.

Se acercó a mí.

—Victoria, cuando ocurrió el accidente, tú no estabas huyendo de Alexander.

Fruncí el ceño.

—¿Entonces?

—Estabas intentando ayudar a Daniel.

La habitación comenzó a dar vueltas.

Una imagen apareció en mi cabeza.

Yo dentro del automóvil.

Daniel junto a la carretera.

Una bolsa negra.

Una voz.

«Tienes que esconder esto.»

Me llevé una mano a la cabeza.

—No...

Fernando me sostuvo.

—Victoria.

—Lo recuerdo.

Marcus dio un paso hacia mí.

—¿Qué recuerdas?

—Daniel me entregó algo.

—¿Qué?

Cerré los ojos.

—Una llave.

Marcus se quedó inmóvil.

—¿Dónde está?

—No lo sé.

—Piensa.

—¡No lo sé!

Mi voz se quebró.

Entonces recordé.

La clínica.

La habitación blanca.

Alexander entrando.

Una enfermera.

Y él quitándome algo de la mano.

Abrí los ojos.

—Alexander.

Fernando me miró.

—¿Qué hizo?

—Me quitó la llave.

Marcus se tensó.

—¿Estás segura?

—Sí.

—¿Y sabes qué abría?

Negué.

—No.

Marcus soltó lentamente el aire.

—Entonces todavía hay una posibilidad.

—¿De qué?

—De encontrar el original.

***

FERNANDO

Marcus sacó un pequeño papel de su bolsillo.

Lo dejó sobre el escritorio.

Había una dirección.

—¿Qué es esto?

—Un almacén.

—¿De Alexander?

—No oficialmente.

—¿Qué hay allí?

Marcus me miró.

—Los archivos que Daniel intentó sacar aquella noche.

Victoria se acercó.

—¿Y por qué no los buscaste antes?

—Porque estaba vigilado.

—¿Por quién?

Marcus respondió:

—Por Alexander.

Miré el reloj.

02:07.

Mi memoria volvió al registro de seguridad.

02:13.

La tarjeta de Marcus.

La cámara desconectada.

Todo empezaba a encajar.

—La noche del accidente —dije—. ¿A qué hora ocurrió?

Marcus me miró.

—02:13.

Victoria se estremeció.

La misma hora.

La misma que aparecía en los registros.

—Entonces la tarjeta fue utilizada para entrar al almacén —dije.

Marcus asintió.

—Exactamente.

—¿Y quién la utilizó?

—No lo sé.

—Pero dijiste que Alexander estaba allí.

—Lo vi salir.

Sentí que el cuerpo se me tensaba.

—Entonces tenemos que ir.

Marcus negó.

—No.

—¿Por qué?

—Porque si Alexander descubre que sabemos dónde está el almacén, no saldremos vivos.

Victoria me miró.

—¿Entonces qué hacemos?

Marcus tardó unos segundos en responder.

—Esperar.

—No pienso esperar —dije.

—Fernando...

—Llevamos días jugando a reaccionar.

Me acerqué a él.

—Ahora vamos a adelantarnos.

Marcus me sostuvo la mirada.

—No sabes con quién estás jugando.

—Entonces dime.

Marcus bajó la voz.

—Con hombres que tienen suficiente poder para hacer desaparecer a una persona sin dejar un solo registro.

Victoria tomó mi brazo.

—No quiero perderte.

La miré.

Aquellas palabras me atravesaron.

Marcus observó el momento.

—Ese es precisamente el problema.

Victoria retiró lentamente la mano.

—¿Qué problema?

—Alexander ya sospecha de ustedes.

Sentí un escalofrío.

—¿Qué sabes?

Marcus señaló la puerta.

—Miren.

Había una pequeña luz roja parpadeando en la esquina del techo.

Una cámara.

Oculta.

La observé.

—Nos está grabando.

Marcus asintió.

—Desde hace tres días.

Victoria se quedó paralizada.

—Entonces...

—Sí —dijo Marcus—.

—Alexander sabe que encontraron la caja.

En ese instante, todas las luces de la mansión se apagaron.

Oscuridad absoluta.

Victoria se aferró a mi brazo.

—Fernando.

—Estoy aquí.

Escuchamos un ruido en el pasillo.

Después otro.

Pasos.

Marcus sacó su arma.

—No estamos solos.

Me coloqué delante de Victoria.

—¿Cuántos?

Marcus escuchó.

—Dos.

—¿Seguridad?

—No.

—¿Cómo lo sabes?

Marcus miró hacia la puerta.

—Porque los hombres de seguridad llevan zapatos con suela de goma.

Los pasos se detuvieron.

Una sombra apareció debajo de la puerta.

Y entonces alguien deslizó un sobre por el suelo.

Marcus lo recogió.

Dentro había una fotografía.

Los tres aparecíamos en ella.

Fernando.

Victoria.

Marcus.

La fotografía había sido tomada minutos antes.

En el reverso había una frase.

«SI VAN AL ALMACÉN, DANIEL MORIRÁ.»

Victoria empezó a temblar.

—Pero Daniel está vivo.

Marcus la miró.

—Exactamente.

Entonces una voz salió del pasillo.

—Y ahora que saben que está vivo...

Pausa.

—...ya no pueden esconderse detrás de Alexander.

Reconocí la voz.

La había escuchado antes.

Por teléfono.

Era Daniel Cross.

Pero la frase que dijo después nos dejó completamente inmóviles:

—Victoria, si quieres saber quién provocó realmente el accidente, tienes que venir conmigo.

Y entonces se escuchó un disparo.

Uno solo.

Después, silencio.

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