Ester Villaseñor es una joven soñadora, llena de ilusiones y protegida por el poder de su familia. Pero su mundo perfecto se desmorona cuando se cruza en el camino de Vincent Vane, un hombre enigmático consumido por el dolor y la sed de venganza. Diez años atrás, un trágico accidente le arrebató al amor de su vida... y el culpable lleva el mismo apellido que Ester. Decidido a hacer pagar a la familia del responsable, Vincent utilizará a Ester como la pieza clave de su cobro. Lo que ninguno anticipó es que, en medio del odio y el engaño, nacerá una atracción prohibida que amenazará con destruirlos a ambos.
NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo VI Sueños
El restaurante era reservado y exclusivo, iluminado apenas por la luz tenue de los candelabros y el reflejo de la ciudad a través del gran ventanal. Frente a Vincet, Ester hablaba con un brillo entusiasta en la mirada que transformaba por completo sus facciones.
Ya no era la chica impulsiva del club ni la joven tímida del pasillo del teatro; era una mujer apasionada defendiendo su visión del arte como un puente para transformar comunidades desfavorecidas.
—...si logramos financiar los talleres en las zonas periféricas, no solo estamos enseñando pintura o escultura, Vincet, estamos dándole una voz a jóvenes que el sistema dio por perdidos —explicaba ella con una sonrisa sincera, gesticulando suavemente con las manos—. El arte salva vidas. Yo realmente creo en eso.
Vincet la escuchaba en absoluto silencio, con la copa de vino tinto suspendida a mitad de camino.
Esperaba encontrar en Ester la frivolidad de una heredera mimada, el egoísmo ciego que caracterizaba a su hermano Ismael o la arrogancia de los Villaseñor. Se había preparado mentalmente para detestarla, para ver en ella solo una pieza de ajedrez en su tablero de venganza.
Sin embargo, la pureza con la que hablaba de sus sueños le propinó un golpe sordo en el pecho.
Esa fe ciega en el futuro, esa ilusión desbordante... le recordaron demasiado a su difunta esposa. Recordó cómo ella solía sentarse frente a él con esa misma luz en los ojos, hablándole de los planes para el bebé que nunca llegó a nacer.
Por un segundo —un solo segundo interminable—, una punzada de culpa punzante y helada le atravesó las entrañas. La joven que tenía enfrente no tenía las manos manchadas de sangre. Era inocente. Destruirla a ella para cobrar la deuda de Ismael empezaba a sentirse como un acto de crueldad gratuita que amenazaba con aplastar lo último que le quedaba de alma.
Ester, al notar el repentino e impenetrable silencio de su acompañante, bajó la vista, sonrojándose levemente.
—Lo siento... cuando me apasiono con un proyecto no sé cuándo parar. Seguro lo estoy aburriendo con mis ideas utópicas, señor Vane.
Vincet bajó la copa lentamente, apretando el cristal hasta que sus nudillos se pusieron blancos. Obligó a su rostro a recuperar la máscara de frialdad implacable, sofocando a la fuerza la grieta de empatía que acababa de abrirse en su interior. Ella lleva la sangre de Ismael, se repitió como un mantra oscuro para acallar la culpa. Ellos no tuvieron piedad conmigo.
—Para nada, Ester —respondió con una voz grave y calculada, sosteniéndole la mirada—. Es fascinante escucharte. Pocas personas tienen una pasión tan genuina... y tan frágil.
—¿Frágil? —preguntó ella, arqueando una ceja, intrigada por la elección de la palabra.
—El mundo real suele ser bastante despiadado con las mentes apasionadas —murmuró él, reclinándose en su asiento con una sonrisa enigmática—. Pero no te preocupes. Estoy dispuesto a financiar tu proyecto por completo.
Los ojos de Ester se iluminaron con una mezcla de júbilo e incredulidad.
—¿Habla en serio?
—Totalmente —aseguró Vincet, sellando la trampa que su propia culpa había intentado frenar instantes atrás—. Pero con una condición: quiero gestionar la inversión directamente contigo. Eso significará que tendremos que vernos muy seguido.
Ester no dudó en aceptar. En ese instante, las mariposas que revoloteaban en su estómago pasaron a segundo plano; lo único que llenaba su pecho era una felicidad pura e inmensa al saber que, por fin, iba a poder ayudar a otras personas sin tener que recurrir al apellido Villaseñor. Por primera vez en su vida, sintió que no era la niña frágil a la que todos en su casa tenían que proteger y apartar del mundo real.
—Entonces, cerremos el trato como se debe —dijo Vincet, poniéndose de pie y ofreciéndole la mano con elegancia—. Acompañame. Quiero enseñarte algo antes de que termine la noche.
Ester lo miró con cierta intriga, pero la emoción le ganó a la cautela y aceptó su mano.
Veinte minutos después, el auto de Vincet se detuvo frente a una antigua edificación de arquitectura neoclásica, apartada del bullicio del centro. Al cruzar las pesadas puertas de madera tallada, Ester dejó escapar un leve ahogo de admiración. No era una galería comercial ni un museo público; era una colección privada, un santuario bañado por la luz tenue de focos dirigidos exclusivamente hacia majestuosas esculturas de mármol y pinturas de gran formato que respiraban historia.
—Este lugar no está abierto al público —murmuró Vincet, caminando a su lado mientras el eco de sus pasos resonaba en el suelo de granito—. Es un espacio donde conservo piezas que el mundo olvido o que sus dueños no supieron valorar.
Ester se acercó a un lienzo de tonos oscuros y trazos desgarradores, fascinada por la fuerza emocional que transmitía.
—Es maravilloso... —susurró ella, sin poder apartar los ojos de la obra—. Se nota que cada pieza aquí fue elegida con el corazón, no solo por su valor económico.
Vincet se colocó a su espalda, lo suficientemente cerca para que ella sintiera el calor de su presencia, pero guardando la distancia justa para no alarmarla. Contempló el perfil de la joven iluminado por la luz tenue.
—El arte verdadero requiere sacrificio, Ester —dijo con una voz suave, envolvente, que parecía resonar en el ambiente silencioso—. Para crear algo verdaderamente grandioso o para hacer justicia en este mundo, a veces hay que estar dispuesto a destruir lo que nos rodea.
Ester se giró despacio para mirarlo a los ojos, intrigada por el tinte sombrío de sus palabras.
—¿Incluso si eso significa lastimar a inocentes? —preguntó ella en un impulso.
Vincet la sostuvo la mirada con una intensidad helada que le erizó la piel. Durante tres segundos interminables, la brecha de culpa que había sentido durante la cena volvió a amenazar con abrirse, pero la cerró de golpe al recordar el rostro de Ismael.
—En la guerra y en el arte —respondió él, dando un paso más hacia ella y atrapando su atención por completo—, las consecuencias colaterales son inevitables. Pero tú no tienes de qué preocuparte... yo me aseguraré de que tu talento brille como se merece.
Ester, desarmada por la devoción con la que él parecía mirar su potencial, le sonrió con sincera gratitud, completamente ciega ante la tela de araña que se tejía a su alrededor.
Gracias querida escritora por tan hermosa historia 💕Felicidades 💕
Al final supieron renacer como pareja