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Me Enamore De Mi Sobrina

Me Enamore De Mi Sobrina

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance / Malentendidos
Popularitas:5.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Esta historia comienza con Daniela y Marcos.

Según la gente, ellos son tío y sobrina. Así los llaman y así los ven desde siempre.

Por eso, cuando empiezan a surgir sentimientos entre ellos, todos creen que es un amor prohibido, porque piensan que Daniela y Marcos son familia y que no pueden estar juntos.

Pero la verdad es otra.

Marcos no es su tío. No existe ningún parentesco familiar entre ellos y no llevan la misma sangre. Él simplemente es amigo de la mamá de Daniela y, como se he criado a Daniela ella comenzo a llamarlo “tío”.

Pero para Daniela y Marcos, la verdad siempre fue diferente: él no es su tío, solo es el amigo de su mamá.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15 — Lo que descubrí

La verdad era que desde hacía varios días yo venía notando algo raro.

Daniela y Marcos estaban diferentes.

No sabía exactamente qué era, pero cada vez que yo entraba a una habitación donde estaban los dos, cambiaban la cara inmediatamente.

A veces estaban hablando y se quedaban callados.

Otras veces se miraban de una manera que no me gustaba para nada.

Y cuando yo preguntaba qué pasaba, los dos salían con la misma respuesta.

—Nada.

Ese “nada” ya me tenía con la mosca detrás de la oreja.

Marcos era mi mejor amigo desde hacía años. Yo lo consideraba prácticamente mi hermano. Habíamos crecido juntos, habíamos pasado por un montón de cosas y yo confiaba en él como en muy pocas personas.

Y Daniela era mi hija.

Mi niña.

Aunque ya fuera una mujer adulta, para mí siempre iba a ser mi hija.

Por eso no entendía qué estaba pasando entre ellos.

Una tarde llegué a la casa y los encontré en la sala.

—¿Qué hacen? —pregunté.

Los dos voltearon a mirarme.

Daniela se puso nerviosa.

Marcos también.

—Nada, ñaña —respondió él rápidamente.

Lo miré con desconfianza.

—¿Seguro?

—Sí, pues. ¿Qué vamos a estar haciendo?

Daniela agarró su celular y se quedó mirando la pantalla.

—Yo voy a subir a mi cuarto —dijo.

—Bueno.

La vi subir las escaleras.

Después miré a Marcos.

—Usted está raro.

Él soltó una pequeña risa.

—¿Yo? Nada que ver.

—Sí, usted. Y Daniela también.

—Lisbeth, no se ponga a imaginar cosas.

Eso último me hizo sospechar todavía más.

Esa noche me quedé pensando.

En mi casa había cámaras de seguridad. Las había instalado por seguridad, pero en ese momento se me ocurrió revisar las grabaciones.

Prendí el computador y empecé a mirar.

Al principio no vi nada raro.

La sala.

La cocina.

El pasillo.

Todo normal.

Hasta que llegué a una grabación de unos días atrás.

Vi a Daniela entrar a la sala.

Después apareció Marcos.

Los dos comenzaron a hablar.

Me acerqué a la pantalla.

—¿Qué...?

Seguí mirando.

Marcos se acercó a ella.

Daniela no se apartó.

Entonces los vi abrazarse.

Sentí que se me revolvió el estómago.

—No...

Continué viendo.

En otra grabación aparecían juntos nuevamente.

Y entonces pasó.

Se besaron.

Me quedé completamente paralizada frente a la pantalla.

No podía creer lo que estaba viendo.

Retrocedí la grabación.

La volví a reproducir.

Otra vez.

Ahí estaban.

Mi mejor amigo.

El hombre al que yo consideraba prácticamente mi hermano.

Y mi hija.

Juntos.

Abrazándose.

Besándose.

Demasiado cerca.

Sentí que la rabia me subía de golpe.

—¡No puede ser!

Golpeé la mesa con tanta fuerza que el computador se movió.

Me levanté de la silla y comencé a caminar por la sala.

—¡Ese desgraciado!

No podía creer que Marcos me hubiera hecho eso.

Después de tantos años de amistad.

Después de confiar en él.

Después de permitirle estar dentro de mi casa como si fuera parte de mi familia.

Y él estaba con mi hija a mis espaldas.

—¡Me falló! —dije entre dientes.

Pero lo que más me dolía era Daniela.

Mi propia hija también me lo había ocultado.

Me senté nuevamente frente al computador y seguí revisando las grabaciones.

Cada imagen me daba más rabia.

En una aparecían hablando muy cerca.

En otra estaban abrazados.

Y en otra simplemente se quedaban mirándose como si no existiera nadie más alrededor.

Yo ya no sabía qué pensar.

Me llevé las manos a la cabeza.

—¿Desde cuándo?

Esa era la pregunta que no dejaba de repetirse en mi cabeza.

¿Desde cuándo estaban juntos?

¿Cuánto tiempo llevaban ocultándomelo?

Y lo peor era que yo había estado ahí.

En la misma casa.

Confiando en los dos.

Mientras ellos tenían una relación a mis espaldas.

Apagué el computador de golpe.

Estaba furiosa.

No quería enfrentarlos en ese momento porque sabía que iba a decir cosas de las que después podría arrepentirme.

Pero una cosa sí tenía clara.

Necesitaba hablar con Marcos.

Porque podía entender muchas cosas.

Pero jamás pensé que mi mejor amigo, ese hombre al que yo llamaba hermano, fuera capaz de ocultarme algo así.

Me quedé mirando hacia las escaleras.

—Marcos... ¿cómo pudiste hacerme esto?

Y por primera vez en muchos años, sentí que ya no podía confiar en él.

1
Deyda Ninorca Sanchez Batista
porque no lo visitaste
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