Dasha Lincor es la joven y exitosa heredera de un imperio canadiense, una mujer que usa el trabajo para construir un muro contra el dolor de un pasado trágico. Su única luz son los gemelos, Kiara y Kael, de quienes asume la tutela tras la muerte inesperada de su mejor amiga y madre de los niños. Pero la estabilidad de Dasha es atacada: una batalla legal por la custodia, liderada por una abuela implacable, amenaza con arrebatarle a los niños, forzándola a buscar desesperadamente la imagen de "familia" que el tribunal exige
Azrael Smirnova, el millonario ruso y temido lider de una organización criminal, ve en la desesperación de Dasha su oportunidad. Dasha acepta el pacto de conveniencia, sin sospechar que su esposo no solo es un hombre peligroso, sino que el nexo de Azrael con su pasado es un secreto tan oscuro que podría costarle su " nueva familia"
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CAPITULO 9
Existe la creencia de que incluso los muros más firmes se ven fracturados por la presencia de la inocencia.
DASHA
—Azrael Smirnova... —saboreo el nombre en mi boca una vez más.
¿Qué mierdas es lo que me pasa? Han pasado más de quince horas de haberlo visto y aún no parece salir de mi cabeza. Pero es que, ¡joder! Jamás había visto a un hombre tan atractivo como él. Su porte, su elegancia ligada a una peligrosidad, su rostro y... sus ojos. Sus ojos, sin duda, son uno de sus mayores atractivos físicos.
Siento un escalofrío recorrer mi espalda cuando recuerdo la forma en que me miró durante toda la reunión; la manera en que me miraba al hablar, y el cosquilleo electrizante cuando estrechamos nuestras manos y...
—¿A dónde irán a cenar? —pregunta Tristán, sacándome de mis pensamientos—. ¡Debes contarme cada maldito detalle de esa cena, Dasha! Hoy me siento como una perra envidiosa.
Me hace reír. Le lanzo el cojín y este rompe a reír.
—No exageres, no es algo fuera de lo normal —digo para quitarle importancia.
—¿Qué no exagere? —espeta—. Dasha, por Dios, irás a cenar a solas con Azrael Smirnova, el hombre más sexi y atractivo que he visto, ¡joder! Y eso teniendo en cuenta que he conocido a muchos.
Me hace poner los ojos en blanco; siempre siendo tan exagerado.
—No es una salida, Tristán. Es solo una cena para cerrar un acuerdo, es todo.
—Sí, cómo no. Me has dicho que casi se te doblan las rodillas cuando lo viste por lo guapo que era, así que no me digas que aceptarás que es una cena y nada más por negocios. Es obvio que, por lo que me cuentas, hay atracción mutua.
—Si captas que solo lo he visto una sola vez, ¿no? —le pregunto—. Además, no hables como si yo fuera una chica que va por allí liándose con el uno y con el otro...
—No lo he dicho...
—Pero lo has insinuado.
—Venga ya, sé que no eres de ese tipo de mujer; sin embargo, no te juzgaría si te enrollaras con ese bombón aunque sea por una sola vez...
—Es un cliente de la empresa y nada más —repito—. La cena solo será para cerrar el trato, y de allí en adelante solo trataremos asuntos laborales. No es mi tipo ni yo creo ser el suyo, así que deja de hacerte ideas tan fuera de lugar...
—Si esperas a quien supuestamente es "de tu tipo" —dibuja unas comillas en el aire—, entonces serás la próxima monja.
—Idiota...
—Sabes que tengo razón.
—Por el amor de Dios, si ni siquiera hemos confirmado nada de la cena, así que ya es mejor que este tema quede aquí...
Está por abrir la boca cuando los niños llegan corriendo y se lanzan en el sillón sobre mí.
—Tía Dasha —salta Kael a mi lado—, mira lo que me han dado en la escuela hoy.
Me muestra la carta, feliz.
—Oh, qué maravilloso —lo abrazo—. Es que eres un niño muy inteligente...
—Y valiente también —dice sin dejar de sonreír.
—¿Y a ti, mi princesa? —me giro hacia Kiara, que se ha sentado a mi lado.
Ella tiende las manos vacías hacia mí y se encoge de hombros. Se me arruga el corazón con tanta ternura y termino abrazándola a ella también.
—No importa, mi amor. Tú también eres una niña muy inteligente y valiente, te lo aseguro. Pronto también tendrás tu carita feliz.
La vuelvo a pegar contra mí.
—¿VEMOS UNA PELÍCULA? —suelta Kael y asiento.
—Venga, Kiara —se pone de pie Tristán—. Acompáñame a hacer las palomitas mientras ellos dos escogen la película.
Kiara toma su mano y ambos se van a la cocina mientras yo ayudo a Kael a escoger la película. Todos estamos absortos en la película que hemos escogido. Kael está sentado a mi lado con la cabecita apoyada sobre mi hombro, mientras Kiara está recostada entre mis piernas y Tristán en el otro sillón.
El móvil empieza a sonar y es Tristán quien lo toma y me lo pasa. Miro la pantalla: "Número privado". Abro el mensaje y otra vez el cosquilleo me recorre el cuerpo al leerlo...
"Espero que su día esté siendo bueno, Dasha, y espero que mejore durante la cena. Esta noche, 7:00 p.m., paso por usted. — Azrael Smirnova."
—Gracias... pero no es necesario que pase por mí. Yo iré en mi auto, solo páseme la dirección y allí estaré —tecleo rápido una respuesta.
No pasan ni diez segundos cuando me responde:
"Preocúpese solo por estar lista a esa hora, Dasha. Sin objeción."
Tal parece que es del tipo de hombre que no acepta una negativa.
—Debo saber a dónde iremos, al menos.
"Tranquila, lo sabrá al llegar. Hasta las 7:00. Nos vemos."
Desisto de enviar una respuesta.
—¿Todo bien? —pregunta Tristán—. ¿Era el dios de los hombres sexis?
—No, al parecer es el hombre más intenso y con energía masculina que he conocido.
Se ríe de mí.
—¿A qué hora será la cena?
—Pasará por mí a las siete. Me he opuesto a que lo haga, ya que yo misma podría ir, pero se ha negado y no ha aceptado un "no" por mi parte.
—Un macho alfa... cómo me gusta.
—No tienes ni idea de lo que dices.
—Ni tú —se me burla.
—Intenta mantener la boca cerrada —lo corto—. No te olvides que puedo despedirte —lo amenazo en broma.
—Ja, ja, ja —se mofa—. Ni tú te la crees.
Vuelvo a ver el móvil antes de dejarlo sobre la mesilla. La tarde pasa en la misma actividad. Kiara se sienta en la alfombra a jugar con sus peluches, mientras que Kael lo hace con la pista de carros que le ha traído Tristán.
—¡Joder! —soy una tonta despistada.
—¿Qué pasa? —pregunta Tristán mientras sigue ayudándome a picar la fruta a los niños, que están frente a la televisión aún.
—Debo cancelar la cena.
—¡¿PERO QUÉ COÑO DICES?! ¡¿POR QUÉ?! —pregunta con el entrecejo arrugado.
—Se te olvida que ya no soy la misma de antes, Tristán. Ahora tengo responsabilidades —le digo con seguridad. Se me olvidó, sí, pero no pienso ser irresponsable.
—¿Yo estoy pintado o qué? —espeta—. No debes preocuparte por los niños; yo cuidaré de ellos hasta que vengas.
—No estoy siendo justa al cargarte tanto la mano, Tristán.
—No me jodas, Dasha —suelta el cuchillo sobre la mesa—. Lo hago como tu amigo, no como tu empleado. Cuidaré de los niños hasta que tú llegues.
—Pero...
—¡Pero es que nada! Los niños se irán a la cama temprano y tú irás a cerrar ese trato y a intentar relajarte un poco, querida.
No alcanzo ni a ponerme a replicar, ya que sé que no hay manera de que desista.
—Así que ve a arreglarte ya, falta poco para las siete.
Me echa de la cocina. Le hago caso y subo a cambiarme. Apenas son las cinco de la tarde para cuando salgo de la ducha. Río para mis adentros al ver los dos vestidos sobre la cama: uno rojo de tirantes, corto, y otro blanco, no tan corto pero casi el mismo modelo. Opto por ponerme el blanco; aún no me siento lista para llevar colores vivos.
Me recojo el cabello en un moño alto, me aplico un poco de labial y tomo el abrigo antes de salir.
—¿Acaso planeas matar a ese hombre de un infarto? —chistea Tristán cuando llego al salón.
—No seas exagerado. Además, recuerda lo que te dije: no es mi tipo.
—Ah, cierto. ¿Tu tipo cuál es? ¿Algo como el imbécil de Cedric?
—Solo salía a fiestas con él, nada importante... —le recuerdo mientras me agacho para alzar a Kiara, que ha venido a mí—. Amor, saldré un rato pero volveré lo más rápido posible, ¿sí?
La pequeña pelinegra asiente en mis brazos antes de rodearme el cuello con sus bracitos y enterrar su cabeza en mi cuello.
—Tía Dasha —me llama Kael, subiéndose al sillón de pies—. ¿Puedo tener una de estas? —pregunta mostrándome la pelota de fútbol que aparece en una revista.
—Por supuesto que sí, cariño. Mañana iremos por ella cuando salgas del colegio, ¿de acuerdo?
—¡Sí, sí! —grita con emoción—. ¡Y luego jugaremos en el parque con ella!
—HAREMOS TODO ESO Y MÁS —aseguro, acercándome para darle un beso en la frente.
Me despido de ellos cuando Tristán los sube a la habitación y estoy por tomar mi móvil cuando el timbre suena...
Tomo mi bolsa y me apresuro a la puerta. Siento que las piernas me flaquean cuando, al abrirla, me encuentro sin duda con el hombre el cual parece transpirar feromonas. Mis ojos recaen en los suyos y debo mantenerme firme sobre mis pies cuando siento que me derrito bajo la mirada que me dedica; sin disimulo alguno me recorre de arriba abajo. Sus ojos se detienen en el escote de mi vestido antes de volverse a posar en mis ojos...
—Buenas noches, Azrael... —alcanzo a decir intentando no parecer idiota. Pero es que... joder. Sus ojos son hermosos y sus rasgos parecen ser tallados por no sé quién; sin duda la naturaleza y el universo lo moldearon con bastante devoción.
—Dasha... —es lo único que dice, y jamás había escuchado mi nombre sonar tan bien en boca de alguien más—. ¿Lista? —pregunta y asiento.
—Solo tomo mi abrigo y salimos...
Me doy la vuelta sintiendo su mirada clavada en mi espalda, lo que hace que los vellos se me ericen de inmediato. Me doy la vuelta y no sé cómo pararme al ver que se está mordisqueando el labio inferior... Me ofrece su mano, terminando de alterarme los sentidos.
Frente a mi casa, un auto sumamente lujoso espera estacionado. Sin duda va con él y con su estilo. Cuando me abre la puerta del auto, me es inevitable no embriagarme con el olor de su perfume masculino; un perfume que parece tener dopamina incluida. La puerta se cierra y no sé por qué, pero presiento que esto no se tratará única y exclusivamente de temas laborales.