Ella es una policía que trabaja en una cárcel. Después de morir, ella reencarna en una joven maga quien en sueños ve como muere, así que despierta decidida a cambiar su destino y a cobrar venganza.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Sueños
La sensación de estar despierta duró apenas unos segundos.
Después de aquel primer pensamiento, intentó moverse.
Nada.
Su cuerpo se sentía extraño. Pesado. Débil.
Movió lentamente la cabeza hacia un lado.
Había una enorme cama elegante.
Cortinas gruesas.
Muebles de madera oscura cuidadosamente tallados.
Una alfombra elegante cubría gran parte del suelo.
En una esquina había un espejo con un marco dorado y, sobre una mesa, varias velas apagadas.
Todo era hermoso.
Todo era elegante.
Y, al mismo tiempo...
Antiguo.
Muy antiguo.
Ella entrecerró los ojos.
[¿Dónde demonios estoy?]
Intentó incorporarse.
Sus brazos temblaron.
Apoyó una mano sobre el colchón y consiguió sentarse, aunque apenas unos segundos después sintió que la cabeza comenzaba a darle vueltas.
[Esto no es un hospital.]
Miró alrededor nuevamente.
[Definitivamente no es un hospital.]
Intentó ponerse de pie.
Mala idea.
Sus piernas simplemente no respondieron.
Cayó al suelo.
El golpe fue seco.
Su mejilla quedó apoyada contra la fría madera mientras intentaba recuperar el aliento.
[Genial.]
[Después de morir, ¿ahora tengo que descubrir cómo demonios terminé en una habitación de museo?]
Intentó levantarse nuevamente.
Pero antes de conseguirlo...
Su conciencia se apagó.
Y entonces comenzó el sueño.
Una niña caminaba sola.
Tenía el cabello de un extraño tono azul ceniza.
Avanzaba lentamente por las calles de un reino que ella no conocía.
Las casas eran antiguas.
Las calles estaban hechas de piedra.
Había carruajes.
Personas con vestidos largos.
Comerciantes ofreciendo frutas, telas y objetos extraños.
Y, entre ellos, algunos utilizaban magia.
Una pequeña llama apareció sobre la mano de un hombre.
Una mujer levantó una caja utilizando únicamente su poder mágico.
La niña observaba todo en silencio.
No sabía adónde ir.
No tenía hogar.
No tenía familia.
No tenía a nadie.
Su pequeño cuerpo estaba delgado y cubierto por ropa demasiado grande para ella.
Caminaba sin rumbo.
Hasta que alguien se detuvo frente a ella.
Era una mujer de cuerpo grande.
Tenía una expresión amable y una sonrisa cálida.
La niña retrocedió instintivamente.
La mujer, en lugar de acercarse demasiado, se agachó frente a ella.
Le ofreció comida.
La niña observó el alimento durante varios segundos.
Después miró a la mujer.
Luego nuevamente la comida.
Finalmente lo tomó.
La mujer sonrió.
Y ese pequeño gesto fue suficiente para que la niña comprendiera algo que había olvidado hacía mucho tiempo.
Que alguien podía ser amable sin pedir nada a cambio.
Después de aquello, la mujer la llevó hasta un templo.
Un lugar donde vivían niños y niñas que poseían magia.
Allí descubrió que no era la única.
Había muchos niños.
Los que ya eran adolescentes podían controlar el fuego.
Otros el agua.
Algunos tenían habilidades relacionadas con las plantas, la curación o incluso cosas que ella ni siquiera comprendía.
Y todos parecían conocerse.
Todos hablaban.
Todos jugaban.
Todos parecían felices.
—Ella se llama Circe.
Ese nombre resonó en el sueño.
Circe.
Ese era su nombre.
Circe.
Asi Circe fue creciendo.
Ella observaba a los demás con una expresión seria.
No le gustaba demasiado relacionarse con ellos.
Mientras los demás corrían y jugaban, ella prefería permanecer apartada.
No confiaba fácilmente.
No quería hacerlo.
[Hacer amigos es problemático.]
[Si no quieres a nadie, nadie puede abandonarte.]
Pero había una excepción.
Una niña de cabello blanco.
Ella era diferente.
Hablaba poco.
Muchísimo menos que los demás.
Parecía pasar la mayor parte del tiempo intentando preparar pociones.
Frascos.
Hierbas.
Morteros.
Libros.
Ingredientes extraños.
Era frecuente encontrarla sentada en una esquina, completamente concentrada en alguna mezcla.
Circe la observaba.
Curiosamente...
No le molestaba.
Tal vez porque la niña tampoco intentaba obligarla a hablar.
No le preguntaba constantemente por qué estaba sola.
No intentaba hacerla sonreír.
Simplemente permanecía cerca.
Y eso era suficiente.
Con el tiempo, ambas se hicieron amigas.
Después crecieron.
Y esa amistad se convirtió en algo mucho más profundo.
Eran cercanas.
Muy cercanas.
La niña de cabello blanco continuaba hablando poco.
Pero Circe había aprendido a entenderla.
Una mirada podía decirle lo que necesitaba.
Un pequeño movimiento de cabeza podía significar una respuesta.
Y, aunque ninguna de las dos lo decía...
Confiaban completamente la una en la otra.
Hasta que llegó el día en que Circe alcanzó la mayoría de edad.
Ya no quería permanecer en el templo para siempre.
Había llegado el momento de descubrir de dónde venía.
De encontrar a la familia que la había abandonado.
Durante años había imaginado aquel momento.
[Quizás me abandonaron por alguna razón.]
[Quizás no pudieron cuidarme.]
[Quizás... me perdi y me han buscado]
Quizás todavía podía tener una familia.
Así que partió.
Buscó información.
Preguntó.
Investigó.
Y finalmente descubrió su apellido.
Root.
Su padre era Lord Root.
Un hombre perteneciente a una familia poderosa.
Una familia noble.
Y Circe descubrió algo todavía más importante.
Ella era una hija ilegítima.
Su existencia era un secreto que la familia Root había mantenido oculto durante años.
Pero Circe también poseía un talento excepcional para la magia.
Era una maga destacada.
Y eso cambió las cosas.
Cuando finalmente llegó a la mansión Root, fue recibida.
Lord Root la miró durante un largo momento.
Circe estaba nerviosa.
Había esperado aquel momento durante años.
—Padre...
El hombre sonrió.
Una sonrisa que parecía amable.
—Has crecido mucho.
Por primera vez en su vida...
Circe pensó que quizás había encontrado una familia.
[¿De verdad me va a aceptar?]
Lord Root le dijo que podía quedarse.
Que podía formar parte de la familia.
Incluso le permitió entrar en la mansión.
Circe bajó la guardia.
Ese fue su error.
La invitó a beber.
Y ella no sospechó nada.
Hasta que el dolor comenzó.
Primero fue un ardor.
Después una presión insoportable en el pecho.
Circe dejó caer la copa.
—¿Qué...?
Tosió.
Su cuerpo comenzó a temblar.
Lord Root permaneció sentado.
Observándola.
La expresión amable había desaparecido.
Circe levantó la mirada.
—¿Qué me... hiciste?
Entonces escuchó una risa.
Una risa tranquila.
Fría.
Cruel.
—Realmente eres igual de ingenua que tu madre.
Circe comprendió.
Veneno.
Intentó utilizar su magia.
Una luz apareció alrededor de su cuerpo.
Los soldados entraron.
—¡No!
Circe intentó defenderse.
Intentó curarse.
Intentó escapar.
Pero los soldados ya estaban sobre ella.
Uno de ellos la sujetó.
Otro levantó su espada.
Y entonces...
Dolor.
Un dolor tan brutal que su grito llenó la mansión.
Sus manos fueron cortadas.
La magia desapareció.
La posibilidad de defenderse también.
Circe cayó al suelo.
Intentó arrastrarse.
Intentó respirar.
Intentó sobrevivir.
Pero el veneno ya había avanzado demasiado.
Desde el suelo pudo ver a Lord Root.
Y junto a él... Lady Root.
La esposa de su padre.
Ambos la observaban.
Sin compasión.
Sin arrepentimiento.
Circe apenas podía mantener los ojos abiertos.
Lo último que vio fue la sonrisa de su padre.
Y la risa de ambos.
Una risa que se mezclaba con su respiración cada vez más débil.
[Así que...]
[Esto era lo que significaba tener una familia.]
Sus ojos comenzaron a cerrarse.
[Qué estúpida fui...]
Y entonces...
Todo quedó oscuro.
Ella abrió los ojos de golpe.
Respiraba agitadamente.
Se llevó una mano al pecho.
Su corazón golpeaba con fuerza.
Miró alrededor.
La habitación seguía allí.
La cama.
Los muebles antiguos.
Las cortinas.
La alfombra.
Pero ahora había algo diferente.
Tenía recuerdos que no eran suyos.
Una vida que no había vivido.
Un nombre que no era suyo.
Circe.
Se quedó inmóvil.
[Espera.]
Miró sus manos.
Pequeñas.
Delgadas.
Sin cicatrices.
Sin heridas.
Las movió lentamente.
Después se levantó con dificultad y caminó hasta el espejo.
Cuando vio su reflejo...
Se quedó completamente paralizada.
Cabello azul ceniza.
Rostro joven.
Ojos que no reconocía.
Una muchacha que jamás había visto en su vida.
Ella se quedó mirándola.
Silencio.
Durante varios segundos.
Y finalmente dijo..
Su propia voz sonó diferente.
Mucho más joven.
Ella parpadeó.
[Esto no puede ser real.]
Se acercó al espejo.
Lo tocó.
[¿Reencarné?]
Miró nuevamente su reflejo.
[¿En serio?]
Su expresión pasó lentamente de incredulidad... a irritación.
Porque había algo que le molestaba muchísimo más que haber muerto.
[Espera...]
[¿Me reencarné en una chica que fue asesinada por su propia familia?]
Su mirada se volvió fría.
Y entonces apareció otro pensamiento.
[¿Y dónde está mi arma?]
Silencio.
Ella miró alrededor.
Nada.
Su expresión se endureció.
[Perfecto.]
[Estoy en un mundo desconocido.]
[Soy una muchacha.]
[No tengo armas.]
[Al parecer sé usar magia.]
[Y, aparentemente, una familia de nobles psicópatas me mata después.]
Suspiró.
Se pasó una mano por el rostro.
Y finalmente murmuró..
—Esto va a ser un dolor de cabeza.