Alessia Castelli nació para obedecer. Hija de una de las familias mafiosas más poderosas de Italia, jamás ha podido decidir sobre su propia vida. Ni a quién amar. Ni con quién casarse. Ni siquiera qué sueños perseguir.
El día de su boda arreglada, todo cambia cuando es secuestrada por Fabiano Conti, el temido líder de la organización rival. Para él, Alessia no es más que la única pieza capaz de devolverle a la persona que más ama.
Mientras una guerra entre familias amenaza con desatarse, ambos descubren que existen prisiones mucho peores que una habitación cerrada. Ella jamás ha conocido la libertad. Él hace mucho tiempo que olvidó cómo se siente vivir sin culpa.
Entre amaneceres frente al Mediterráneo, pequeños actos de rebeldía y decisiones que nunca antes les permitieron tomar, Alessia y Fabiano comenzarán a cuestionar todo aquello para lo que fueron criados.
Porque, a veces, el enemigo no es quien te roba la libertad... Sino quien te enseña, por primera vez, cómo se siente tenerla.
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No eras tú
Fabiano
—Envíenle esto al imbécil de Greco —le ordeno a uno de mis hombres entregándole el vestido de novia destrozado—. Si Lucio no quiere recuperar a su hermana, su prometido lo hará. Después de todo tengo a la mujer que le prometieron.
—Señor —dice antes de salir de mi despacho.
Tomo la foto de mis padres.
—La traeré a casa —les juro.
La traeré, aunque sea lo último que haga. Aunque tenga que destruir Italia para volver a tenerla a salvo en mis brazos.
Aunque tenga que quemar este mundo pedazo a pedazo.
Mi celular vibra y contesto cuando leo quién llama.
—Hola —saludo.
—No la has recuperado todavía —dice a modo de saludo.
No es una pregunta.
Lo sabe por mi voz.
Mi amigo me conoce mejor que nadie.
—Pero lo harás, Fano —declara con convicción.
—¡El maldito imbécil la violó! —bramo.
—Mierda —gruñe Mattheo—. ¿Cómo lo sabes?
—Porque me lo dijo.
—Quizá te mintió para lastimarte…
—La escuché suplicar, Mattheo.
—Voy a matar a ese imbécil.
—Lucio es mío —declaro mientras empuño mi mano—. Me tomaré mi tiempo.
—Sé que lo harás. Cloe es fuerte. Tú le enseñaste.
Recuerdo todas las lecciones que le he dado. Cada pelea… cada disparo… Le enseñé lo mejor que pude, esperando que nunca tuviera que usar sus habilidades.
Pensé que nadie podría lastimarla nunca, porque me creí invencible y ese fue mi error. Un error que mi hermana está pagando.
—Quizá que luche es peor —digo dejándome caer en el sillón de mi padre—. Lucio disfruta romper a las personas.
—No romperá a Cloe —devuelve—. No lo hará.
—Quiero matarlo.
—Y lo harás, amigo. Primero debes recuperar a Cloe y luego podrás tomarte tu tiempo en despellejar a ese pedazo de mierda.
—¿Todo bien en Nueva York?
—Sí, predecible. Ya voy camino al aeropuerto. Necesito llegar a Milán lo antes posible. Una vez que esté en casa, usaré todos mis recursos en encontrar a Cloe.
—Gracias, amigo.
—Agradéceme cuando la tengas en tus brazos —dice antes de cortar.
Paso la mano por mi rostro cuando entiendo que de nuevo no podré dormir.
Son las cuatro de la madrugada y lo que menos quiero es ir a mi dormitorio.
Llevo tres días sin poder conciliar el sueño. Cada vez que intento dormir escucho a mi hermana llamarme y eso es peor que cualquier tortura.
Lucio me golpeó donde más me duele.
Camino hacia la habitación de Less.
—¿Algún movimiento? —le pregunto a Rino.
—Nada, señor. Debe estar durmiendo.
Asiento. —Puedes descansar. Yo vigilo.
—Señor —dice antes de retirarse.
Abro la puerta esperando encontrar a Alessia durmiendo, pero está sentada con la horquilla en su mano, arrinconada en la cama.
—¿Qué…?
—No te acerques —exige.
Enciendo la luz y me acerco a su lado.
Sus enormes ojos grises están rojos por la falta de sueño.
Vuelvo a quitar la horquilla de su mano.
—Debería haber botado esta cosa —digo mientras reviso sus dedos—. ¿Por qué no estás durmiendo? —pregunto, pero lo entiendo cuando veo su mentón temblar—. Tienes miedo.
—Había un hombre afuera de la puerta.
—Sí.
—No eras tú.
—Tengo otras cosas que hacer.
—No eras tú —repite mientras sus ojos se llenan de lágrimas—. Pensé… pensé que alguien podía entrar y…—se detiene con un suspiro tembloroso.
Abraza sus piernas mientras todo su cuerpo se estremece con los sollozos que salen de su garganta.
—No eras tú —susurra.
Y entonces lo entiendo.
Alessia... no me tiene miedo a mí.
—Ey —la llamo. Levanta su rostro bañado en lágrimas—. No dejaré que nadie te ponga un dedo encima.
—Esto es La Corona.
—Lo es.
—Eres un Capo.
—Lo soy.
—Y un hombre.
—Lo soy.
—No puedo confiar en que nadie entrará a… a violarme —termina en un susurro casi inaudible.
—Nunca —declaro con fuerza—. Escúchame bien, Less. Nunca lastimaría a una mujer así y tampoco dejaría que los hombres que trabajan para mí lo hicieran.
Seca las lágrimas con sus rodillas.
—No sé si puedo creerte.
—No lo hagas —digo mientras tomo uno de sus mechones rubios en mi mano—. No tienes que creer en la palabra de nadie. Cree en los hechos, Less.
Sus ojos tristes se clavan en los míos por segundos que parecen horas.
Finalmente asiente antes de secar las lágrimas que siguen cayendo por sus mejillas.
—Duerme —ordeno.
Me levanto, pero Alessia toma mi mano.
—¿Podrías…? —se detiene y respira profundamente—. ¿Podrías quedarte a mi lado?
Esa petición me golpea. Fuerte.
Por un segundo creo que caeré de rodillas.
No sé por qué.
Pero imagino que la confianza que veo en sus inocentes ojos tiene una forma diferente de golpearme.
—Hazte a un lado —digo y lo hace—. Dormiré sobre las mantas. Tú duerme bajo ellas.
Alessia comienza a ordenar la cama, que más temprano desarmó, hasta que consigue hacerse un ovillo y cubrirse con el edredón.
Su respiración se vuelve pausada y antes de cinco minutos está durmiendo profundamente.
Sus pestañas revolotean sobre sus mejillas.
Pobre chica.
Tan pequeña.
Tan inocente.
Tan confiada.
Cloe es muy diferente.
Es fuerte.
Es perspicaz.
Es vibrante.
Es terca.
Es una mujer que no acepta un no como respuesta.
Es alguien que siempre ha tenido lo que quiere.
Es graciosa… y amable.
Es todo lo que está bien en este mundo y ahora este mundo la está destrozando.
No.
No este mundo.
Lucio.
El puto Lucio Castelli.
Cierro los ojos y veo la sonrisa de mi hermana. Su hermosa sonrisa.
Esa sonrisa que tiene el poder de hacer feliz a cualquier persona.
Espero que cuando la recupere pueda recuperar esa sonrisa, porque esa sonrisa lo es todo.
Lucio cree que me arrebató a mi hermana.
No.
Lo que me arrebató... fue la paz.
Y no pienso descansar hasta arrebatárselo todo a él.
los niños iguales a Fabiano 🥰
construyeron una familia antes de casarse
Yesenia te felicito por otra historia excelente
Gracias 🌷