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Peligrosa Atracción

Peligrosa Atracción

Status: Terminada
Genre:Romance / Traiciones y engaños / Mafia / Completas
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Dannyperezok

Un imperio construido sobre el control. Una atracción que amenaza con destruirlo todo.

En el piso cuarenta y dos de Vance Financial, la regla es simple: la eficiencia se premia y las emociones no existen. Alexander Vance es un CEO implacable, calculador y distante, un hombre que ha convertido su vida en un mecanismo perfecto para sepultar la culpa de un pasado oscuro y un secreto familiar que podría arruinarlo.

Elena Ross llegó a su oficina solo para pagar las deudas de su familia, pero su resiliencia y templanza la convierten en la única asistente capaz de soportar la frialdad de Vance. Sin embargo, detrás de la fachada profesional, una química sofocante e innegable comienza a desgastar las barreras de ambos.

Cuando una serie de amenazas anónimas y un juego de poder corporativo ponen en riesgo la vida de Elena, el control de Alexander se fractura. Obligados a protegerse en medio de un nido de traiciones, la línea entre la lealtad, el deseo y el peligro empieza a borrarse.

NovelToon tiene autorización de Dannyperezok para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Epílogo: El nuevo legado

​El otoño había teñido de tonos dorados y cobrizos los jardines de la residencia principal de los Vance. Tras el frenesí de la luna de miel y la estabilización definitiva de la compañía, la tranquilidad en la vida de Alexander y Elena se había asentado con una serena elegancia.

​Era un viernes al caer la tarde. En el piso cuarenta y dos de la torre corporativa, la actividad comenzaba a bajar de ritmo. Elena guardó unos documentos en su maletín de cuero y caminó hacia la puerta divisoria de cristal. Al abrirla, encontró a Alexander de pie junto al enorme ventanal, observando el horizonte de la ciudad con la chaqueta del traje abierta y la mano metida en el bolsillo del pantalón.

​A pesar del poder que manejaba y del imperio que lideraba, Elena sabía que la verdadera calma del ejecutivo solo existía cuando estaban a solas.

​—Se hace tarde, señor Vance —dijo ella en voz baja, cerrando la puerta a sus espaldas.

​Alexander se giró al instante. La frialdad habitual de sus rasgos se disipó para dar paso a esa mirada cálida y posesiva que reservaba únicamente para su esposa. Caminó hacia ella, le rodeó la cintura con un brazo firme y la atrajo hacia su pecho, depositando un beso profundo en el cuello de Elena.

​—Julian tiene el auto listo abajo —murmuró él contra su piel, disfrutando del aroma a jazmín que lo embriagaba—. Pensaba llevarte a cenar a la costa antes de ir a la residencia.

​—Tengo un plan mejor para esta noche —contestó Elena, mirándolo a los ojos grises con una sonrisa suave pero cargada de un misterio que no pasó desapercibido para el CEO.

​Alexander entrecerró los ojos con curiosidad, acariciándole la mejilla con el pulgar.

​—¿Ah sí? ¿Y se puede saber qué implica ese plan?

​—Lo sabrás cuando lleguemos a casa.

​Una hora más tarde, el fuego crepitaba en la gran chimenea de piedra del salón principal de la mansión. Fuera, el viento fresco del otoño golpeaba levemente los cristales, pero dentro, la estancia estaba inundada por una luz dorada y cálida.

​Alexander se había despojado del saco y de la corbata, luciendo la camisa blanca con los primeros botones desabotonados. Se sirvió un vaso de whisky en el mueble de roble y observó a Elena, quien permanecía de pie cerca de la mesa central, con las manos entrelazadas y una serenidad radiante.

​—Bien, Directora Ross —dijo Alexander con tono divertido, dando un sorbo a su copa mientras se acercaba a ella con pasos lentos—. Ya estamos en casa. Desvelamos el misterio.

​Elena caminó hacia él, le quitó el vaso de la mano con suma delicadeza y lo dejó sobre la mesa auxiliar. Luego, le tomó ambas manos y las colocó sobre su vientre.

​Alexander parpadeó, descolocado por una fracción de segundo ante el gesto.

​—Elena... —murmuró él, sintiendo que el pulso se le aceleraba de forma instintiva.

​Elena deslizó la mano hacia el bolsillo de su abrigo, extrajo una pequeña caja de terciopelo —similar a la que él usó para pedirle matrimonio— y la depositó en la palma de Alexander.

​Con dedos extrañamente temblorosos para un hombre que jamás dudaba, el CEO abrió la caja. En su interior no había una joya, sino un pequeño par de patucos de lana blanca y una ecografía en miniatura con una fecha marcada al margen.

​El silencio en el salón fue absoluto. El vaso de whisky, la bolsa de valores, las batallas corporativas y los fantasmas del pasado se evaporaron en un instante.

​Alexander fijó la mirada en la pequeña imagen en blanco y negro y luego levantó los ojos hacia Elena. Su rostro, implacable frente a los hombres más poderosos del mundo, reflejaba una mezcla de asombro puro, vulnerabilidad y una devoción tan abrumadora que se le quebró la respiración.

​—¿Es... es verdad? —preguntó en un susurro grave, raras veces falto de palabras.

​—Vamos a ser padres, Alexander —confirmó Elena con los ojos brillando por las lágrimas de felicidad—. Un nuevo Vance viene en camino.

​Alexander no dijo nada más. Se inclinó, la tomó de las caderas y la levantó en brazos, pegándola a su cuerpo con una fuerza protectora e infinita, ocultando su rostro en el cuello de ella. Elena sintió el temblor en los hombros de su esposo y el calor de una lágrima de alivio y dicha rozando su piel.

​El hombre que un día creyó que su linaje solo traería tragedia y dolor, sostendría en sus manos la prueba viviente de que el amor de la mujer a su lado había sanado la historia de su familia para siempre.

​Alexander se apartó lo suficiente para tomar el rostro de Elena entre sus manos. Se inclinó y la besó con una pasión tan dulce, lenta y profunda que pareció detener el tiempo.

​—Gracias, mi amor —susurró él contra sus labios, deslizando una de sus manos para acunar con extrema ternura el vientre aún plano de Elena—. Te juro que a este bebé y a ti jamás les faltará nada en esta vida. Los voy a proteger con mi existencia entera.

​—Lo sé —sonrió ella, entrelazando sus dedos con los de él sobre su vientre—. Porque contigo, Alexander, el futuro finalmente nos pertenece.

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Francisca Letycia MirandaGarcia
más claro o así está bien
Francisca Letycia MirandaGarcia
pues quién se resiste a un hombre como él
Francisca Letycia MirandaGarcia
otra vez su misma técnica de la otra vez
Francisca Letycia MirandaGarcia
esto se pone más peligroso
Francisca Letycia MirandaGarcia
ahora sí que por fin acaben con él
Francisca Letycia MirandaGarcia
y desde entonces no han hecho nada?
Francisca Letycia MirandaGarcia
bueno no tarda en haber un romance enmedio del peligro
Francisca Letycia MirandaGarcia
yo diría al verdadero caos
Francisca Letycia MirandaGarcia
pq tienen que ser tan duros los jefes, con cara de amargados
Daniel Valmont: Están farmeando aura 🤣
total 1 replies
Francisca Letycia MirandaGarcia
se nota interesante gracias
Daniel Valmont: Gracias por darle una oportunidad ☺️
total 1 replies
Edith Zenteno
buuuu lo mismo cuando mataron a su hermano si es un ceo tan importante donde están la camionetas con guardaespaldas?
Daniel Valmont: Están de huelga 🤣
total 1 replies
Martha Divas Delgado
muy buen comiendo autora me gusta
Daniel Valmont: Me alegra que te guste, por cierto soy hombre🤭
total 1 replies
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