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UN ALFA EMBARAZADO DE UN OMEGA DOMINANTE

UN ALFA EMBARAZADO DE UN OMEGA DOMINANTE

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Embarazo no planeado / Romance
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Mckasse

Un alfa embarazado de un Omega dominante

Dante Lombard Sanford siempre vivió a la sombra de su familia, hasta que conoció a Trébol Armstrong, un omega dominante que desafía todas las reglas. Lo que comienza como una atracción imposible termina convirtiéndose en un amor capaz de romper las leyes de la biología y los prejuicios de la sociedad.

Cuando Dante descubre que está embarazado de un omega, ambos deberán enfrentarse al rechazo, las ambiciones familiares y a quienes intentarán separarlos. Juntos demostrarán que el verdadero amor no entiende de jerarquías, solo de la valentía para elegir a la persona correcta.

NovelToon tiene autorización de Mckasse para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Retando al destino

Cuando terminó de medirme, corregirme, hacerme agacharme, rotar, empujar, resistir, equilibrarme y descubrir al menos ocho formas nuevas de sentir vergüenza en silencio, se apartó para anotar algo en la tableta. Por suerte mi pantalón deportivo holgado ocultaba mi vergüenza,

Yo me senté en el borde de la camilla, tomando agua y tratando de recuperar una dignidad que ya estaba clínicamente muerta.

—No estás mal —dijo al fin.

—Vaya. Lo diré en mi funeral.

—Pero podrías estar mucho mejor.

—Eso sonó sospechosamente íntimo. ¿Me estás coqueteando?

Trébol levantó una ceja.

—¿Siempre hablas así o hoy te golpeaste la cabeza con algo?

—Siempre hablo así. La gente normalmente me lo reprocha menos cuando llevo traje.

—Entonces voy a asumir que es una condición crónica.

—Y yo voy a asumir que disfrutas corregir personas.

—Disfruto mi trabajo.

—Eso no fue lo que pregunté.

Él dejó la tableta sobre el escritorio y se cruzó de brazos.

No había agresividad en su postura. Tampoco tensión. Solo esa calma robusta que parecía formar parte de él como el color de sus ojos.

—Dime una cosa, eres abogado —dijo, apoyando una cadera contra la mesa—. ¿Eres así con todo el mundo o solo con las personas que intentan ayudarte a no romperse la espalda?

Me tomé un segundo antes de responder.

—Depende.

—¿De qué?

—De si me gusta la persona.

Su expresión no cambió.

Eso, de alguna manera, lo hizo todavía más interesante.

—Y a mí me toca asumir que te gusto —respondió con una serenidad insultante.

—Te toca ser perceptivo.

—No. Me toca ser profesional.

Ah.

Así que íbamos a jugar a eso.

Me puse de pie, tomé la toalla del respaldo de una silla y me sequé el cuello con lentitud.

—No parecen cosas incompatibles.

—No lo son —dijo él—, pero sí distintas. Y conviene no confundirlas.

Había una advertencia suave en el tono. Nada brusco. Nada humillante. Solo una línea trazada con elegancia.

Por supuesto, yo tenía el talento de ver líneas y preguntarme si estaban bien puestas.

—¿Te pasa mucho? —pregunté—. Que tus clientes confundan una evaluación muscular con una propuesta de matrimonio.

—Más de lo que debería.

—Entiendo por qué. No te ves nada mal.

—No deberías continuar.

—¿Por qué no?

Trébol se inclinó apenas hacia mí, lo justo para que el olor a manzanas verdes volviera a golpearme de cerca la nariz.

—Porque eso te convertiría en parte del problema.

Lo sostuvo con una calma tan perfecta que, por primera vez en la conversación, fui yo quien tuvo que ocultar una sonrisa. Casi deduje que no era gay. Pero podía hacer que le gustara.

—Eres bueno —admití.

—Lo sé.

—No hablaba de terapia física.

—Yo tampoco.

Y ahí estuvo otra vez esa chispa. No coqueteo abierto, no. Trébol no me daba esa facilidad. Era algo peor: inteligencia, control y una forma de responderme que me dejaba con ganas de empujarlo un poco más solo para ver si alguna vez perdía el equilibrio.

Lástima por mí: no parecía el tipo de hombre que tropezara fácil.

Rafael apareció cuando Trébol estaba explicándome la rutina sugerida.

—¿Interrumpo una rehabilitación o un capítulo de tensión sexual premium? —preguntó desde la puerta.

—Vete al infierno —le dije.

Trébol miró de mí a él y luego volvió a la tableta.

—¿Es tu amigo?

—Lamentablemente sí.

Rafael entró sonriendo.

—Rafael Álvarez. Beta, ciudadano ejemplar y testigo de que este hombre no sabe hablarle a la gente como una persona normal.

Trébol le estrechó la mano.

—Trébol.

—Ya lo sé. Dante te ha mirado como si quisiera aprender tu árbol genealógico entero en menos de una hora.

—Rafael mejor cierra el pico—dije con un tono que normalmente conseguía asustar asociados junior.

Mi mejor amigo no se inmutó.

—¿Qué? Estoy fomentando la honestidad.

Trébol, para mi desgracia, parecía estar disfrutando.

—Tu amigo es valiente.

—Mi amigo no entiende el concepto de autopreservación.

—No. Lo entiendo perfectamente —replicó Rafael—. Solo confío en que tú no me mates aquí porque mancharía el piso y el lugar es demasiado bonito.

Trébol soltó una risa breve y miró la pantalla de la tableta. Evaluó a mi amigo y luego se sentó a dar el veredicto.

—Si van a entrenar juntos, les recomiendo empezar con funcional y fuerza tres veces por semana. Dante necesita movilidad, activación de glúteo, liberar espalda alta y dejar de creerse más fuerte de lo que es.

Rafael se llevó una mano al pecho.

—Eso último se lo digo yo todos los jueves.

—No necesito que dos hombres comenten el estado de mis glúteos como si estuviéramos en un comité técnico —murmuré.

—Pues entonces activa mejor el izquierdo —dijo Trébol sin levantar la vista.

Rafael se dobló de risa.

Yo contemplé seriamente la posibilidad de emigrar.

Al salir de la sala, Rafael me acompañó hasta la recepción mientras yo intentaba fingir que no acababan de diagnosticarme el trasero.

—Te gustó—canturreó.

—No empieces.

—Te gustó mucho. Pero el parece más alfa que tú.

—No seas vulgar.

—Dante, estuviste a una frase de pedirle hijos y una hipoteca.

—No exageres.

—Le dijiste “si me gusta la persona”. Estaba escuchando desde afuera.

—Fue una observación elegante. Eres un brechero.

—No parece gay.

Me detuve frente al mostrador.

—Voy a inscribirme.

Rafael abrió la boca.

Luego la cerró.

Luego volvió a abrirla.

—¿Perdón?

—Necesito mejorar mi rutina.

—No, no, no. Eso ya lo escuché en la oficina y no me convenció entonces, menos ahora que he visto cómo miras a ese hombre como si fuera una tesis doctoral con bíceps. Eres abogado pero eso no te salva de acosar a un civil.

La recepcionista levantó la vista.

—¿Van a contratar plan?

—Sí —dije.

—No —dijo Rafael al mismo tiempo.

Lo miré.

—No recuerdo haberte pedido opinión.

—No recuerdo haberte visto perder la cabeza así desde segundo año de carrera, cuando quisiste demandar a un profesor por usar Comic Sans en una presentación.

—Fue una ofensa académica.

—Y esto es una ofensa a tu equilibrio emocional. Y tú padre no lo va a aprobar.

La recepcionista carraspeó con delicadeza porque quería cerrar la venta, seguro obtendría algún bono.

—Tenemos varias opciones. Individual, dúo, programa de rehabilitación, entrenamiento funcional, fuerza, y también sesiones personalizadas con Trébol o con otros entrenadores, dependiendo de la disponibilidad. Sauna, baños, área de pesas, masajes personalizados, aerobicos, piscina.

Sesiones personalizadas.

Con Trébol.

Mi cerebro dejó de escuchar cualquier otra cosa.

—¿Personalizadas? —pregunté con una calma falsa que merecía premio.

—Sí. Evaluación, plan adaptado, seguimiento, trabajo correctivo y entrenamiento uno a uno.

Rafael me miró con la cara exacta de quien ve a su amigo caminar voluntariamente hacia una trampa para osos.

—No me gusta tu silencio —murmuró.

Yo seguía mirando a la recepcionista.

—¿Tiene cupos esta semana?

—Con Trébol, sí. Puedo revisar horarios.

Rafael se acercó a mí y bajó la voz.

—Dante. Dante, escucha la voz de la razón por una vez en tu vida.

—Nunca me ha servido de mucho.

—Porque la ignoras con disciplina.

—Y aun así he prosperado.

—No cuando se trata de hombres. Es la primera vez que te fijas en uno, maldito cabrón.

Le dediqué una mirada glacial.

—No tengo un historial tan amplio como para que hables en plural.

—Tienes un historial lo bastante desastroso con mujeres como para que me preocupe el singular.

Lo ignoré y me volví hacia la recepcionista.

—Quiero una clase personalizada con Trébol.

—Perfecto. Dame un momento.

Mientras tecleaba, sentí una presencia acercarse por mi izquierda.

No necesitaba girarme para saber quién era. Mi cuerpo lo supo antes que mis ojos. El olor a manzanas verdes llegó primero, arrastrando consigo ese impulso molesto de prestar atención a todo lo que él hacía.

Trébol se detuvo al otro lado del mostrador y dejó una carpeta sobre la mesa.

—Mireya, cuando puedas necesito que muevas a las siete del jueves porque me pidieron una valoración extra.

Entonces levantó la vista y me encontró allí, todavía con el abrigo en la mano, Rafael a un lado y una intención bastante clara en el aire.

—¿Todo bien? —preguntó.

La recepcionista sonrió.

—El señor Lombard quiere reservar sesiones personalizadas contigo.

Trébol me sostuvo la mirada un segundo.

No había sorpresa. Tampoco fastidio. Solo esa calma suya que empezaba a resultarme tan fascinante como irritante.

—Entiendo —dijo al fin.

—Necesito un programa serio —respondí—. Y me dijeron que haces milagros.

Rafael se tapó la boca con la mano para disimular la risa.

Trébol ni pestañeó.

—No hago milagros. Corrijo malas decisiones musculares.

—Me sirve.

—No siempre soy amable cuando entreno uno a uno.

—Yo tampoco.

—Eso no me preocupa.

—Debería.

La comisura de su boca se tensó apenas. No sonrisa. No exactamente. Algo parecido a la aceptación resignada de un hombre que acaba de entender que un cliente va a ser más trabajo del necesario.

—Las clases personalizadas no son una cita, señor.

— Llámame solo Dante. Soy abogado sin tiempo, pero por tí, sacaré tiempo.

Mireya dejó de teclear.

Rafael dejó de respirar de la risa contenida.

Yo, en cambio, me sentí absurdamente vivo.

—No estoy coqueteando —mentí con una serenidad impecable.

—No. Solo lo estabas sugiriendo, con perfume caro y una confianza muy optimista.

—La confianza me ha dado buenos resultados.

—Tal vez en tribunales.

Apoyé un codo en el mostrador.

—¿Y contigo?

Trébol inclinó apenas la cabeza, estudiándome. De cerca, sus ojos tenían vetas más claras de verde cerca del iris. Un detalle completamente innecesario para la estabilidad de mi semana.

—Conmigo deberías concentrarte en sobrevivir a la rutina.

—Suena a desafío.

—No. Suena a advertencia.

—He vivido con peores.

—No lo dudo.

—Entonces acepta la clase.

—La clase la acepto —dijo con total tranquilidad—. Lo otro no.

Hice una pausa.

—¿Qué otro?

Trébol me sostuvo la mirada sin el menor rastro de nervios. Odiaba que me pudiera leer tan fácil.

—El juego.

Rafael emitió un sonido ahogado que sonó sospechosamente a te lo dije.

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Mckasse Escritora
🤣
Miguel{E.P.E.D}[🍭]
Gracias por el cap autora! 🖤
Miguel{E.P.E.D}[🍭]
Shu! Shu! alejate, tengo un 🔪 y no temer en usarlo Dimitri! * saco el 🔪*
Miguel{E.P.E.D}[🍭]
Ah no, deja a la parejita quita!!
Dalia Lara
q trebol se ponga celoso🤣🤣
Miguel{E.P.E.D}[🍭]: Siii, sería epico!!
total 1 replies
Miguel{E.P.E.D}[🍭]
Gracias por el cap autora! 🖤
Miguel{E.P.E.D}[🍭]
Jajajajaja
Miguel{E.P.E.D}[🍭]
¡¡¡ME-EN-CAN-TA!!!
(⁠~⁠ ̄⁠³⁠ ̄⁠)~
(⁠人⁠*⁠´⁠∀⁠`⁠)⁠。⁠*゚⁠+
(⁠。⁠♡⁠‿⁠♡⁠。⁠)
Miguel{E.P.E.D}[🍭]
Gracias por éstos hermosos capitulos autora!! 🖤🤭
Patricia Polo
bueno Trébol a luchar contra la ex y el hermano envidioso de Dante 🤣😂🤭
Teresa Perez
autora hermosa felicidades cuando vas a seguir haciendo capitulo xfa gracias
Mckasse Escritora: prepara café para las dos casi los voy subiendo. díganme de dónde me leen.🥰
total 1 replies
Patricia Polo
excelente que emoción tanto que la he esperado 👏👏👏🥰🥰🤭☺️ gracias escritora eres la mejor
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