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Él Villano Que Organizaba Demasiado Bien

Él Villano Que Organizaba Demasiado Bien

Status: Terminada
Genre:Acción / Comedia / Fantasía épica / Completas
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Selene Asteria

Comedia fantástica, romance improbable y un dragón con problemas de aterrizaje

NovelToon tiene autorización de Selene Asteria para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3. La Heroína en el Castillo Equivocado

A la mañana siguiente, Damián descubrió que su día estaba arruinado.

No porque una torre hubiera explotado.

No porque Fulgor hubiese provocado un incendio accidental.

No porque hubiera aparecido una amenaza mágica ancestral.

No.

Era algo mucho peor.

Lady Celeste Valoria seguía en el castillo.

Y estaba entrenando a sus guardias.

—Esto es inadmisible —declaró Damián desde una ventana del segundo piso.

Basilio observó tranquilamente el patio.

—Parece bastante admisible. Está ocurriendo ahora mismo.

—Es una heroína enemiga.

—Correcto.

—No debería estar ayudando a mis soldados.

—También correcto.

—¡Y ellos parecen felices!

Basilio entrecerró los ojos.

—Sí. Eso es sospechoso.

Abajo, varios guardias realizaban ejercicios bajo la supervisión de Celeste.

La caballera corregía posturas, mejoraba movimientos y reorganizaba formaciones con rapidez.

Los resultados eran evidentes.

Nadie se había caído durante quince minutos.

Aquello era un milagro estadístico.

—Mira eso.

—Estoy mirando.

—Roderick acaba de bloquear un golpe.

—Lo vi.

—¡Roderick nunca bloquea nada!

—Una vez bloqueó una puerta.

—Porque estaba parado del lado equivocado.

—Buen punto.

Damián apoyó ambas manos sobre el marco de la ventana.

—Esto es una infiltración.

—Parece una clase.

—Una infiltración educativa.

—Las peores.

En ese mismo instante, uno de los guardias tropezó.

Celeste lo sostuvo antes de que cayera.

El grupo comenzó a aplaudir.

Damián pareció horrorizado.

—Ahora tienen moral alta.

—Terrible.

—Muy terrible.

—Podrían empezar a sentirse motivados.

—No digas cosas tan espantosas.

Antes de seguir protestando, la puerta de su despacho se abrió de golpe.

Fulgor entró.

O más exactamente, intentó entrar.

Su tamaño ya empezaba a ser un problema arquitectónico.

Primero pasó la cabeza.

Luego los hombros.

Después quedó atascado.

—Buenos días, Fulgor —saludó Basilio.

Fulgor emitió un ruido alegre.

Retrocedió.

Volvió a intentarlo.

Y atravesó media puerta.

Las bisagras se rindieron de inmediato.

—Esa era una puerta perfectamente funcional —dijo Damián.

Fulgor movió la cola.

—No me mires así.

Más movimiento de cola.

—Sigues siendo culpable.

El dragón llevaba algo enorme entre los dientes.

Parecía un trozo de madera.

—¿Qué estás cargando? —preguntó Damián.

Fulgor dejó el objeto en medio de la habitación.

El impacto hizo vibrar el suelo.

Basilio observó cuidadosamente.

—Creo que es una puerta.

—Claro que es una puerta.

—Concretamente la puerta de los archivos.

Damián cerró los ojos.

—Por supuesto que es la puerta de los archivos.

Fulgor parecía extraordinariamente orgulloso de sí mismo.

Peor aún, comenzaron a caer papeles de entre los restos de madera.

Montones de papeles.

Docenas de ellos.

Quizás cientos.

—Basilio.

—Sí, mi lord.

—Tengo miedo.

—Con razón.

—¿Por qué la puerta contiene documentos?

—Porque cerraba una sala llena de documentos.

—Eso no me ayuda.

Fulgor empujó varios pergaminos hacia adelante con el hocico.

Luego otros.

Y otros más.

Parecía excavar.

—¿Qué está haciendo? —preguntó Damián.

—Es difícil saberlo.

—¿Está jugando?

—Tal vez.

—¿Buscando comida?

—También es posible.

—¿Destruyendo pruebas?

—Siempre existe esa opción.

Fulgor hurgó entre los papeles.

De pronto sacó un pergamino enrollado.

Lo levantó orgullosamente.

Y se lo entregó a Basilio.

Hubo un silencio.

Basilio desenrolló el documento.

Parpadeó.

Leyó otra vez.

Volvió a leer.

—Interesante.

—¿Qué?

—Muy interesante.

—¿Qué dice?

—Es un informe confidencial del Consejo Real.

Silencio.

Damián se acercó.

—¿Cómo demonios encontró eso?

—No lo sé.

—Estaba dentro de una carpeta sellada.

—Lo estoy viendo.

—Debajo de una puerta destrozada.

—También lo estoy viendo.

Todos observaron al dragón.

Fulgor movió la cola.

—No me gusta esto —admitió Damián.

—¿Qué cosa?

—Empiezo a sospechar que es mejor investigador que nosotros.

El dragón pareció aceptar el cumplido.

En ese momento alguien llamó a la puerta.

Bueno.

Al espacio donde antes estaba la puerta.

Celeste apareció segundos después.

Se detuvo inmediatamente al observar la escena.

Un despacho lleno de papeles.

Una puerta destruida.

Un dragón sentado encima de documentos oficiales.

Y Damián con expresión derrotada.

—¿Debo preguntar?

—No.

—Voy a preguntar igual.

—Fulgor encontró algo.

Celeste miró al dragón.

Luego al enorme desastre.

—¿Encontró algo o lo destruyó?

—Ambas cosas.

Basilio le entregó el informe.

La caballera comenzó a leer.

Su expresión se volvió seria.

—Fondos desviados.

—Sí.

—Movimientos militares falsificados.

—Sí.

—Registros ocultos.

—También.

Celeste levantó la vista.

—¿Esto es auténtico?

—Parece que sí.

—Y lo encontró él.

—Lo encontró él.

—¿Cómo?

Damián señaló el agujero donde antes existía una puerta.

—Métodos avanzados de investigación.

—Eso no es investigación.

—Pero funcionó.

Celeste volvió a los documentos.

Mientras tanto, Fulgor continuó excavando.

De repente golpeó otra pila.

Los papeles salieron volando por toda la habitación.

Uno aterrizó sobre la cabeza de Damián.

Otro quedó colgando de una lámpara.

Uno más cayó dentro de una taza de té olvidada.

—Excelente —murmuró Damián.

—¿Encontró algo nuevo? —preguntó Celeste.

Basilio recogió una hoja de su hombro.

La leyó.

Parpadeó.

La volvió a leer.

—Sí.

—¿Qué es ahora?

—Una lista de sobornos.

Silencio.

Todos miraron al dragón.

Fulgor parecía encantado consigo mismo.

—No puedes seguir encontrando pruebas por accidente —dijo Damián.

El dragón movió la cola.

—Eso no cuenta como método de investigación.

Más movimiento de cola.

—Está convencido de que sí cuenta —comentó Celeste.

—Lo sé.

—Y técnicamente tiene mejores resultados que algunas investigaciones oficiales.

—No me lo recuerdes.

Continuaron revisando documentos durante varios minutos.

Cada nueva hoja empeoraba la situación.

Rutas cerradas.

Convoyes desaparecidos.

Desvíos de recursos.

Y finalmente una frase que aparecía repetida varias veces.

Celeste la señaló.

—Lee esto.

Damián tomó el documento.

Frunció el ceño.

"El inicio tendrá lugar durante el Baile de la Luna Dorada."

La habitación quedó en silencio.

Incluso Fulgor dejó de mover la cola.

—Eso es malo —dijo Basilio.

—Muy malo —respondió Celeste.

—Lo sé —añadió Damián.

El Baile de la Luna Dorada reunía a nobles, consejeros, diplomáticos y representantes de todo Aurelia.

Si alguien estaba planeando algo grande, aquel era el lugar ideal.

Celeste cruzó los brazos.

—Tenemos que asistir.

—De acuerdo.

—Pero con discreción.

—Por supuesto.

—Nada de capas enormes.

—Pequeñas entonces.

—No.

—¿Cuernos discretos?

—No.

—¿Sombras moderadamente amenazantes?

—Tampoco.

Basilio apoyó una mano sobre el hombro de Damián.

—Mi lord.

—¿Sí?

—Por esta vez, la heroína tiene razón.

—No me gusta cuando ocurre eso.

—A nadie le gusta.

Damián observó una vez más la frase repetida en el documento.

Algo importante estaba a punto de suceder en Aurelia.

Algo capaz de movilizar dinero, secretos y conspiraciones.

Y lo más preocupante de todo era que las únicas personas que parecían haberlo descubierto eran una heroína, un villano, un mayordomo demasiado eficiente y un dragón que investigaba destruyendo puertas.

Damián tenía la sensación de que aquello no podía terminar bien.

Por desgracia, la experiencia le decía que probablemente terminaría mucho peor.

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