Una CEO implacable, fría y adicta al control que vive bajo la sombra de una traición pasada. Un técnico de mantenimiento alegre, gigante y de espíritu libre que contagia ritmo de salsa y sonrisas a cada paso. Cuando los mundos opue stos de Ariadna Riquelme y Jonathan Guedez chocan en los pasillos de un corporativo de lujo, el caos está garantizado. Entre hojas de cálculo imposibles, miradas que queman y un choque cultural inminente, Jonh pondrá de cabeza la perfecta y fría rutina de la jefa... demostrando que la armadura más dura a veces solo necesita un buen golpe de sabor y un corazón dispuesto a latir sin permiso.
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EL NUEVO ORGANIGRAMA DEL AMOR
La noche de la reconciliación en el restaurante había sido un punto de inflexión, no solo para Ariadna y Jonh, sino para todo el Corporativo Riquelme. La noticia se había esparcido como la pólvora, y la imagen de la CEO de acero, de rodillas y cantando con el corazón en la mano, había derretido las últimas reservas de formalidad que quedaban en la empresa.
A la mañana siguiente, el piso 50 amaneció con una energía diferente. Ya no era solo el "Viernes de Salsa"; era el "Lunes del Amor y la Alegría". Los empleados, desde los pasantes hasta los vicepresidentes, se saludaban con una sonrisa cómplice, intercambiando anécdotas sobre la noche anterior.
Ariadna llegó al corporativo con diez minutos de antelación, algo inaudito en ella. Llevaba un traje sastre de color marfil, elegante y sobrio, pero con un pañuelo de seda de colores brillantes en el bolsillo, un guiño sutil a la explosión de color que había entrado en su vida. Su rostro, aunque mantenía la compostura, ya no era el glaciar impenetrable de la semana anterior. Había una nueva luz en sus ojos, una suavidad casi imperceptible en la comisura de sus labios.
Al entrar en su despacho, encontró sobre su escritorio un sobre blanco. Lo abrió con manos temblorosas. No era una carta de renuncia. Era una invitación, escrita con una caligrafía sencilla y clara: "A mi futura esposa, la CEO más hermosa del universo. Te espero en la azotea a las 12:00 PM. No llegues tarde. ;) - Jonh".
Ariadna sonrió, una sonrisa real, genuina, que iluminó su rostro. Guardó la invitación en su bolsillo y, por primera vez en años, no encendió inmediatamente su ordenador. Se acercó a la ventana y observó el skyline de la ciudad. La ciudad ya no parecía una maqueta fría y calculadora; parecía un escenario lleno de vida, de posibilidades, de música esperando ser bailada.
A las 12:00 PM en punto, Ariadna subió a la azotea del corporativo. El sol brillaba con fuerza, y la vista de la ciudad era impresionante. En el centro de la azotea, bajo una pérgola decorada con flores tropicales, había una mesa preparada para dos. Y junto a ella, estaba Jonh.
Jonh, con su uniforme de chef impecablemente limpio, con el rostro radiante de felicidad, la esperaba. Sobre la mesa, no había documentos ni ordenadores, sino una cafetera industrial, una bandeja de arepas calientes y una botella de ron venezolano de primera calidad. Y un pequeño objeto, envuelto en papel de estraza.
—¡Llegas tarde, Jefa! —exclamó Jonh con su voz grave y cálida, con un marcado acento caribeño—. ¡En mi pueblo, la puntualidad es sagrada!
Ariadna, con el corazón latiéndole con fuerza, se acercó a él. Ya no había distancia, ni protocolos, ni corazas. Solo había dos personas que, contra todo pronóstico, habían formado un equipo invencible.
—Lo siento, mi amor —susurró Ariadna, con voz temblorosa—. Tuve una pequeña reunión con el pasado. Y la he despedido. Definitivamente.
Jonh la abrazó con fuerza, enterrando su rostro en su cuello. Un sollozo ahogado escapó de su pecho. No era un sollozo de tristeza, sino de una alegría desbordante, de un alivio inmenso.
—¡Jefa! —exclamó Jonh, con voz entrecortada por la emoción—. ¡Me has hecho el hombre más feliz del mundo! Prometo cuidarte, protegerte y amarte cada día de mi vida. Y prometo no poner salsa en tu oficina… al menos, no todos los días.
Ariadna, con una risa contagiosa que resonó en la azotea, se separó de él y lo miró a los ojos.
—Eso espero, Sr. Guedez. Y en cuanto a la oficina… estoy segura de que encontraremos un término medio. Pero ahora… ¿qué es esto? —preguntó, señalando el pequeño objeto envuelto en papel de estraza.
Jonh, con una sonrisa pícara, tomó el objeto y lo desenvolvió. Era una pequeña placa de metal, grabada con láser, que decía: "Jonathan Guedez - Director de Bienestar y Felicidad Corporativa"
Ariadna se quedó sin habla. Miró la placa, y luego a Jonh. La sorpresa, la incredulidad y luego, una chispa de admiración y amor profundo, se reflejaron en su mirada.
—¿Director de Bienestar y Felicidad Corporativa? —preguntó Ariadna, con voz temblorosa—. Jonh, esto… esto es maravilloso. Pero no existe tal cargo en el organigrama.
Jonh, con una sonrisa deslumbrante, tomó la mano de Ariadna y la besó con ternura.
—¡Pues ahora existe, Jefa! Y el primer y único empleado de este departamento eres tú. Porque mi trabajo, mi único y verdadero trabajo, es asegurarme de que seas feliz. De que el Glaciar se derrita para siempre. De que la salsa nunca deje de sonar en tu vida. Y de que, juntos, escribamos el organigrama más hermoso del mundo. Un organigrama donde el amor es el activo más valioso.
Ariadna, con el corazón lleno de amor y gratitud, se acurrucó en los brazos de Jonh. Se sentía protegida, amada, invencible. El pasado, con su sombra oscura, ya no tenía poder sobre ella. Porque ahora, en el presente, tenía a Jonh. Y juntos, eran capaces de conquistar cualquier desafío.
La azotea del Corporativo Riquelme se convirtió, a partir de ese día, en un lugar de encuentro, de celebración, de risas y de amor. El "Viernes de Salsa" se extendió a toda la semana, y el "Director de Bienestar y Felicidad Corporativa" se convirtió en el cargo más popular y codiciado de la empresa.
Elena, al ver el triunfo del amor de su prima, abandonó la ciudad, consumida por la envidia y la derrota. El pasado había sido derrotado por el antídoto más poderoso de todos: el amor salvaje y apasionado de Jonh.
Para Ariadna, la auditoría de su vida había arrojado un resultado definitivo. El amor era el activo más valioso de todos, y ella, finalmente, había aprendido a invertir en él, con todo su ser. Y el canto del fénix, delante de todos, había sido solo el principio de una historia que apenas acababa de empezar. Una historia de amor, de perdón, de segundas oportunidades, y de mucha, mucha salsa. Y el Glaciar, fundido en un mar de pasión y ternura, se había convertido en el océano más hermoso, vasto e invencible de todos: el océano de su amor.