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El Precio De Tu Engaño

El Precio De Tu Engaño

Status: En proceso
Genre:Romance / Amante arrepentido / Embarazo no planeado
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Llona

Helena De la Vega está dispuesta a todo con tal de no presenciar el día más infeliz de su vida: la boda del hombre que ama con su propia hermana. Desesperada y sin medir las consecuencias, recurre a Leonardo de la Torre, su leal amigo de la infancia y el único hombre con el poder suficiente para desatar una tormenta de celos.
El trato es simple: fingir un romance apasionado frente a las cámaras de la alta sociedad.

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Capitulo 16

El frío de la noche madrileña no lograba apagar el fuego que le ardía a Helena bajo la piel. Tras la devastadora confesión en el despacho, esperó pacientemente a que el ritmo pausado de la respiración de Leonardo le confirmara que el sueño lo había vencido. Se deslizó fuera de la cama con un sigilo casi felino. En la penumbra de la habitación, el recuerdo de sus manos posesivas y la frialdad con la que admitió haber arrastrado su vida entera le provocaron un estremecimiento contradictorio: pánico mezclado con un deseo traicionero que amenazaba con paralizarla.

No podía quedarse. Permanecer allí significaba aceptar ser una pieza en el tablero de Leonardo de la Torre, dejarse devorar por una obsesión que la consumía a cada segundo.

Con dedos temblorosos, se vistió con lo primero que encontró: unos jeans ajustados, un jersey de punto ancho que caía sobre uno de sus hombros y sus botas de cuero. Sin equipaje, solo con su bolso, sus llaves y su teléfono móvil, Helena abandonó el penthouse. Cada paso hacia el ascensor se sintió como una traición a ese magnetismo oscuro que la arrastraba hacia él, pero la necesidad de recuperar el control sobre su propia existencia era más fuerte.

Apagó el teléfono antes de subir al taxi. Sabía que en cuanto Leonardo notara su ausencia, las torres de señal de toda la ciudad empezarían a rastrearla.

El refugio elegido fue una pequeña casa de piedra y madera en la sierra, un antiguo chalet familiar que había pertenecido a su abuela y que no estaba registrado a nombre de la firma De la Vega. Era el único rincón que la red de influencias de Leonardo no podía rastrear de inmediato.

Cuando Helena cruzó el umbral de la casa de montaña, el silencio la envolvió como un manto helado. Encendió la chimenea y se dejó caer sobre el sofá de terciopelo desgastado. Las llamas proyectaban sombras danzantes sobre las paredes, reflejando el caos que reinaba en su mente.

Se abrazó las rodillas, apoyando la barbilla sobre ellas. Cerró los ojos, pero la oscuridad solo trajo de vuelta la imagen de Leonardo: la línea afilada de su mandíbula, la frialdad de sus ojos grises al confesar la verdad y, sobre todo, la fricción febril de su cuerpo contra el suyo. La sensación de su boca recorriéndole el cuello aún la hacía jadear en el silencio de la estancia.

—Maldita sea... —susurró para sí misma, pasándose las manos por la cara.

Lo odiaba. Odiaba que la hubiera manipulado, que hubiera destruido la relación con su ex y que la hubiera dejado acorralada económicamente. Pero lo que verdaderamente la aterraba era que, incluso allí, sola en mitad de la nada, su cuerpo seguía clamando por él. La huida no la estaba liberando; solo estaba haciendo que su ausencia doliera con la misma intensidad que un veneno.

El impacto de las revelaciones pesaba sobre sus hombros. Mateo no era más que un títere patético, un cobarde que nunca la había merecido. La mentira del fake dating se había desmoronado, dejando al descubierto una realidad mucho más peligrosa: el juego de la venganza nunca había sido suyo. Ella siempre había sido la presa.

Horas más tarde, el cansancio la venció, arrastrándola a un sueño inquieto salpicado de recuerdos de la noche anterior: el sabor a sándalo y lluvia en la piel de Leonardo, la calidez de sus manos moldeando sus caderas y la promesa implacable de que jamás la dejaría ir.

Al alba, el sonido de la lluvia golpeando los cristales de la ventana la despertó. Helena se puso de pie, envuelta en una manta, y caminó hacia la cocina para prepararse un café. La casa estaba helada, pero el calor que sentía en el pecho era sofocante.

Se acercó al ventanal que daba al frondoso bosque que rodeaba la propiedad. El paisaje estaba envuelto en una espesa niebla gris, otorgándole al lugar un aire de aislamiento absoluto. Por primera vez en semanas, Helena estaba sola. Sin cámaras, sin alta sociedad, sin Mateo y, lo más importante, sin Leonardo marcando cada uno de sus movimientos.

Se llevó la taza caliente a los labios, buscando en la soledad la claridad que tanto necesitaba antes del día de la boda. Necesitaba tomar una decisión: huir para siempre de la influencia destructiva de su familia y de Leonardo, o regresar y enfrentar las consecuencias de haber despertado a un monstruo.

De pronto, un sonido rompió la serenidad de la mañana.

El crujido de pisadas sobre las hojas secas y la grava del camino de entrada la congeló en el sitio. Helena dejó la taza sobre la mesa con lentitud, sintiendo cómo el pulso se le aceleraba de golpe hasta retumbarle en los oídos.

A través de la bruma del jardín, una figura alta y erguida avanzaba con pasos lentos, seguros y calculados. Llevaba un abrigo largo de paño oscuro y no portaba paraguas; la lluvia fina le empapaba el cabello negro, peinado hacia atrás, y caía en gotas cristalinas por las facciones marcadas de su rostro.

Era él.

A Helena se le cortó la respiración. El pánico y una corriente eléctrica abrasadora le recorrieron la columna vertebral al mismo tiempo. ¿Cómo la había encontrado? ¿Cómo era posible que no existiera un solo rincón en el mundo donde pudiera esconderse de él?

Leonardo se detuvo justo al otro lado del cristal del ventanal. Su postura era impecable, imponente, como la de un rey reclamando un territorio conquistado. Sus ojos grises, oscuros y brillantes por la intensidad de la búsqueda, se clavaron en los de ella a través del vidrio.

No había rabia en su cara. No había desesperación. Solo había una posesividad absoluta, devoradora y serena.

Helena dio un paso atrás, agarrándose al borde de la mesa de la cocina. El corazón le martilleaba el pecho con una violencia casi dolorosa. La seguridad que había intentado construir durante las últimas horas se desmoronó en un segundo ante la simple presencia del hombre que la acechaba.

La puerta principal de la casa de piedra no tenía cerrojo echado.

El sonido de la manivela de bronce bajando lentamente resonó en el silencio de la casa como el eco de un juicio final. La puerta se abrió despacio, dejando entrar una ráfaga de aire frío y húmedo... y a Leonardo de la Torre.

Él cerró la puerta a sus espaldas con un chasquido seco. Se quitó el abrigo mojado sin apartar la mirada de Helena y lo dejó caer sobre una silla cercana. Bajo la prenda llevaba un jersey negro de cuello alto que resaltaba la anchura de sus hombros y la agresividad de su postura.

—¿De verdad pensaste que podías huir de mí, dulce Helena? —preguntó él. Su voz era un susurro grave, rasposo por la falta de sueño, que llenó cada rincón de la estancia.

Helena intentó mantener la barbilla alta, aunque el temblor de sus manos la delataba. El calor de la chimenea combinado con el aura de peligro que emanaba de él hacía que la habitación se sintiera repentinamente minúscula.

—Esta es mi casa, Leonardo —articuló ella, intentando que su voz sonara firme—. No tienes derecho a estar aquí. Rompí el trato. Se acabó.

Leonardo sonrió. Fue una sonrisa corta, peligrosa y sin un ápice de diversión, que le erizó la piel a Helena. Dio un paso hacia ella, luego otro, acortando la distancia con la lentitud de quien sabe que la victoria es inevitable.

—Tú no rompes nada, Helena —murmuró él, deteniéndose justo frente a ella. El aroma a lluvia, pino y a su perfume característico la envolvió por completo, haciendo que sus piernas amenazaran con ceder—. Te dije que no hay vuelta atrás. Puedes huir al final del mundo si quieres... pero yo siempre voy a encontrarte.

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Arcadia Med Caudillo
no me gustó el final😭
Arcadia Med Caudillo
no entiendo como es posible que terminarán su matrimonio por esconder su embarazo donde está el amor qué Leonardo decía tenerle 😭
oscarlys cuero sebastian
va muy linda e interesante está novela me está gustando 🥰
Kookie: gracias por tu comentario❤️
total 1 replies
Yudith flores
Chanfle las letras pequeñas 🫣🫣 ahora pe....
Kayra Villavicencio
Eso pasa por no leer las letras chicas
Kayra Villavicencio
😳🫣🤨
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