Lena una joven moderna estudiante de primer año de la universidad, muere en su camino al centro universitario cuando una pared en construccion cayo sobre ella.
Abre sus ojos en un lugar que no conocía pero había estudiado a la perfección, la antigua china, justamente en una historia de amor que había leído hace poco.
fanática de dramas e historias relacionadas a esta cultura se vio inmersa en una de las historias que leía.
Pero el colmo era que reencarnó en una mendiga estafadora que aparecía y moría en medio capítulo. sabía su fin, aún así algo la llevo a querer continuar y no darse el tiempo de morir.
El secundario, aquel que amaba a la protagonista pero estaba destinado a no ser.
El duque Xi.
Lena tomo como misión conquistar a ese hombre, para hacerlo necesitaba algo.
Un nombre, edad, una familia que la respaldará y sabía exactamente como conseguirlo, lo había leído.
¿lograra conquistar a su secundario?
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Cap 9
Lena vuelve la mirada hacia Sean y le sonríe.
“Con que me defienda por ahora me conformo”, piensa guiñándole un ojo. “Mi villano hermoso”.
Sean tose varias veces para disimular y desvía la mirada hacia otro lado.
“Creí que ya no era una descarada, pero me equivoqué”.
No pasa mucho tiempo cuando traen a la joven agredida y la dejan sentada en el suelo; está golpeada a más no poder y sus dedos muestran claras marcas de tortura.
En cuanto se ven, tanto la joven como su madre rompen en llanto. La señora corre hacia su hija en el suelo y la abraza con fuerza.
—¡Hija!
—Madre… —ambas lloran a mares—.Querían que confesara que todo fue mi culpa.
El magistrado mira con furia a sus subordinados, quienes se arrodillan al instante suplicando perdón.
—Nos ordenaron sacarle la confesión. Según decían, el duque así lo quería —se justifican ambos guardias —
Sean golpea el escritorio con fuerza.
—¿Yo?
—Ehh… —los hombres quedan mudos un instante—. Fue él... Su primo.
—¿Por qué piden perdón? —interviene Cen con altivez—. Es evidente que yo soy la víctima y mi primo me hará justicia.
Sean se recuesta en el asiento y sonríe con frialdad.
—¿Tú eres la víctima? ¿Estás seguro?
—Claro. Esta pobre plebeya se me insinuó y yo, para mantener mi dignidad, le di una paliza.
Sean mira a Ren, quien sin pensarlo dos veces le da un certero puñetazo en el estómago al sujeto.
—¡Qué demonios, primo!
—Aquí, donde estoy sentado ahora, no soy tu primo —sentencia Sean—. Ya entiendo por qué eres tan descarado: eres el vivo ejemplo de tus padres. Sin educación y sin respeto por la vida ajena.—Sean se acomoda en la silla—. Y yo también soy culpable de eso por habértelo permitido.
—Pero, primo, ¿qué quieres decir?
Sean mira a la joven en el suelo.
—Cuéntame lo qué pasó.
La joven le explica todo entre sollozos: solo daba un paseo por la ciudad cuando ese sujeto la detuvo. Tras intentar enamorarla y fracasar -ya que ella está comprometida-, fue golpeada en plena calle y luego llevada a rastras al recinto.
Su madre se enteró e intentó ayudarla, pero fue inútil. Según las palabras del agresor mientras la golpeaba, ella quedaría como una ofrecida, por lo que su reputación está completamente destrozada.
“Según mi experiencia con los dramas, esta chica no logrará conseguir un esposo en el futuro”, piensa Lena, y al ver el estado de la joven, se le cristalizan los ojos.
De pronto, Lena se arrodilla frente a Sean.
Él la mira atónito por un momento.
—Esposo, le pido por favor que haga justicia —súplica Lena—. El daño que ocasionó esta bestia a la joven es irreparable. Su reputación quedó muy manchada y seguro será difícil que consiga un esposo digno. —Lena clava la frente en el suelo; si bien le encanta estar en ese mundo, este tipo de injusticias la destrozan por completo—. Por favor, mata a esa bestia.
—¿Qué demonios dices? —se escucha gritar desde la entrada. Los tíos de Sean acaban de llegar al recinto—. No puedes matarlo, ¡somos familia!
—Déjalo lisiado por lo menos, así no dañará a nadie más —réplica Lena alzando la cabeza.
—¡No te atrevas! —grita la tercera tía—. Es mi único hijo.
—Primo, no creo que le hagas caso a esta tipa… —Cen no alcanza a terminar cuando se escucha una fuerte bofetada cruzando su mejilla, Ren fue el culpable de esto.
—Es mi esposa. Y su sugerencia es buena —dice Sean con una sonrisa ladina mientras mira a Lena.
Todos los presentes abren los ojos a más no poder. Sean jamás había considerado aplicar un castigo a su propia familia.
—Primo… —el sujeto se cruza de brazos, confiado—. Recuerda que fue mi familia la que…
No puede terminar de hablar, ya que Lena, que lo escucha, se levanta de golpe y le asesta otra bofetada.
—¡Ya cállate! Son unos vampiros chupándole la sangre a Sean solo por dos platos de comida que les dieron en algún momento. El padre de Sean, al igual que él, ya se los pagaron con creces. Es hora de que dejen de usar eso como excusa para ser una basura de personas. ¡Mereces morir!
Cubriéndose la mejilla ardiente, el sujeto mira desamparado a Sean, quien mira el escritorio como si no pasara nada y luego a Ren, que vigila atentamente cada uno de sus movimientos.
—Está listo —dice Sean mirando de nuevo a su primo. Toma una de las tablillas de madera de sentencia—. El caso está claro. Cen Xi ha abusado de su influencia acosando y maltratando a mujeres, e incurrió en abuso de poder al incentivar la tortura para lograr una falsa confesión. Se le sentencia a cincuenta golpes con bastón, los cuales serán ejecutados en este preciso momento.
Lanza la tablilla al suelo y los guardias sujetan a Cen al instante, llevándolo a rastras al área de castigo.
Los tíos de Sean gritan y lloran desde la puerta. La joven agredida llora de alivio y sonríe en los brazos de su madre. La única que no está del todo satisfecha es Lena.
Se acerca con paso firme hacia Sean.
—¿Solo unos golpes? Debiste matarlo.
—Me pediste que quedara lisiado. —Sean se levanta de la silla—. El oficial que cumplirá la sentencia sabe exactamente dónde golpear para lograrlo, no se preocupe por eso, esposa.
Lena se sonroja de inmediato y se lleva ambas manos a las mejillas.
—¿Entonces sí soy tu esposa?
Sean sonríe con picardia y pasa de largo por su lado.
—No. —Y continúa su camino.
Lena patea el suelo con frustración y se cruza de brazos. Sean es un experto en jugar con sus sentimientos. Sin más remedio, lo sigue con una sonrisa escondida.