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Amor Hasta El Último Aliento

Amor Hasta El Último Aliento

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Amor eterno / Completas
Popularitas:3.6k
Nilai: 5
nombre de autor: maite lucía

Si me hubieran dicho que conocer y amar a ese hombre me llevaría hasta la muerte… aun así lo elegiría, una y mil veces, hasta mi último aliento.

NovelToon tiene autorización de maite lucía para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo:5

El sol del día siguiente al despertar en el hotel de cinco estrellas entró con fuerza por la gran ventana del piso 13, iluminando la habitación con tonos dorados que parecían salidos de un cuento de hadas. Alejandra se despertó lentamente, sintiendo el calor del cuerpo de Francis pegado al suyo por la espalda, sus brazos envolviéndola con la firmeza de quien quiere proteger lo que es suyo.

Se quedó un rato así, cerrando los ojos, volviendo a vivir cada instante de la noche anterior: el beso en el ascensor que había roto todos sus muros, la forma en que él la había llevado con ternura hasta la cama, las palabras que le había susurrado entre besos mientras descubría cada centímetro de su piel, las promesas que ahora resonaban en su cabeza como un himno de amor.

—Ya te despertaste, mi amor —susurró Francis cerca de su oído, acariciando su abdomen con la punta de los dedos—. No quería moverme para no despertarte. Te veías tan hermosa durmiendo... como una princesa.

Alejandra se giró en sus brazos hasta quedar cara a cara con él, y en esos ojos oscuros vio todo lo que sentía en su propio corazón. Sus labios aún estaban un poco hinchados por los besos de la noche anterior, y su cabello caía en mechones desordenados sobre la almohada.

—No puedo creer que esto sea real —dijo ella, pasando una mano por su mejilla, sintiendo la suavidad de su piel a pesar del ligero vello que comenzaba a asomar—. Ayer por la mañana estaba en la oficina preocupándome por los documentos, y ahora... ahora estoy aquí contigo.

Francis sonrió, un sonrisa tierna que le transformaba la cara de hombre de negocios en un joven enamorado. Se inclinó y le dio un beso suave en los labios, como si quisiera saborearla despacio.

—Desde ese día día que te vi en la oficina, llevándome esos informes con esa seriedad tan tierna en la cara, supe que ibas a cambiar mi vida —le contó, mirándola fijamente—. Recuerdas ese día? Eran tus primeras semanas, y te equivocaste de carpeta, llevaste los informes de contabilidad en lugar de los de marketing. Estabas tan avergonzada que tus mejillas se pusieron como cerezas. En ese momento pensé: "Esta mujer va a hacer que pierda la cabeza".

Alejandra se rio suavemente, ocultando la cara en el pecho de él.

—Estaba tan nerviosa cuando estaba contigo... siempre me pareciste un hombre tan imponente, tan seguro de sí mismo. Nunca me imaginé que pudieras sentir algo por mí.

—Imponente? Yo? —preguntó él riendo, acariciando su cabello—. Eres tú la que tiene poder sobre mí, Alejandra. Desde que estás en mi vida, todo es diferente. Me levanto más temprano porque sé que te veré en la oficina. Me preocupo más por los detalles porque sé que tú lo haces. Me vuelvo mejor persona porque quiero merecerte.

Esa mañana pasaron horas en la cama, hablando de todo y de nada, besándose con la misma intensidad que la noche anterior pero con una calma nueva, como si ahora supieran que pertenecen el uno al otro. Francis le contó poco sobre su infancia , cómo había tenido que trabajar duro desde joven.

Alejandra le habló de su pueblo, de las tardes que pasaba con su madre viendo novelas en la televisión, de cómo había llegado a la capital con solo una maleta y mucho miedo pero con la determinación de hacer algo grande con su vida.

—Tu madre debe ser una mujer muy fuerte —dijo Francis, besándole la mano—. Debe estar muy orgullosa de ti.

—Ella me enseñó que el trabajo duro siempre da sus frutos —respondió Alejandra—. Y que el amor verdadero vale más que todo el dinero del mundo. Siempre dijo que cuando encontrara a la persona correcta, lo sabría porque se sentiría como volver a casa. Y contigo... me siento en casa.

Luego se levantaron y se ducharon juntos, riendo mientras se jaboneaban mutuamente, compartiendo ese intimismo cotidiano que hace que las parejas se sientan unidas. Francis le ayudó a peinarse el cabello, con movimientos cuidadosos que demostraban cuánto cuidado ponía en cada detalle con ella.

—Tenemos tiempo antes de la cena de hoy con los socios? —preguntó Alejandra mientras se vestía con un vestido claro que había traído para la ocasión—. Me gustaría conocer un poco la ciudad, ver algo más que las paredes del hotel y la sala de conferencias.

—Claro que sí, mi amor —respondió él, ajustándose la corbata mientras la miraba con ojos llenos de admiración—. He pensado llevarte a pasear por el casco histórico. Es un lugar precioso, con calles de piedra y plazas llenas de flores. Tengo la sensación de que te va a encantar.

Así lo hicieron. Tomaron un taxi hasta el centro de la ciudad, y Alejandra se sintió como una turista feliz, tomando fotos de cada rincón, preguntando sobre la historia de los edificios, maravillándose con la belleza de los jardines y las fuentes. Francis la miraba constantemente, con una sonrisa en los labios, respondiendo a todas sus preguntas, contándole anécdotas sobre la ciudad que había investigado especialmente para ese día.

En una pequeña plaza rodeada de árboles, se sentaron en un banco para descansar un rato. Un vendedor ambulante pasó cerca con un carrito de helados, y Francis se levantó inmediatamente.

—¿Qué sabor quieres preciosa? —le preguntó.

—De fresa, por favor —respondió ella, sonriendo.

Mientras comían sus helados, un grupo de niños pasó jugando con una pelota, y uno de ellos se acercó a Alejandra con los ojos brillantes.

—Señora, ¿usted puede ayudarme a encontrar mi mamá? —preguntó el niño, con la voz un poco temblorosa.

Alejandra se agachó hasta quedar a su altura, tomándolo de la mano con ternura.

—Claro, cariño. ¿Dónde la viste por última vez?

—Allá, en la tienda de dulces —dijo el niño, señalando un pequeño local al otro lado de la plaza.

Francis se unió a ellos, y juntos llevaron al niño hasta la tienda, donde su madre los estaba esperando con los ojos llenos de lágrimas de alivio.

—Muchísimas gracias, muchachos —dijo la mujer, abrazando al niño con fuerza—. Me descuide por un segundo y ya no lo veía.

—No hay de qué —respondió Francis, sonriendo—. Los niños se pierden fácilmente en lugares tan bonitos como este.

Mientras caminaban de regreso al hotel, Alejandra sintió cómo la mano de Francis se apretaba a la suya con más fuerza.

—Me gustaría tener hijos contigo, Alejandra —dijo él de repente, sin mirarla, como si estuviera hablando consigo mismo pero al mismo tiempo queriendo que ella lo escuchara—. Niños como ese, con los ojos brillantes y el corazón lleno de inocencia. Quiero enseñarles a jugar al fútbol, a estudiar duro, a ser buenas personas. Quiero que vean en nosotros un ejemplo de amor y respeto.

Alejandra se detuvo y lo miró a los ojos, sintiendo cómo las lágrimas de emoción comenzaban a formar en los suyos.

—Yo también quiero tener hijos contigo, Francis —le dijo con voz firme—. Muchos, si Dios lo permite. Quiero criarles con los valores que me enseñó mi madre, quiero verlos crecer, quiero ser abuela algún día y contarles historias de cómo conocimos tú y yo.

Francis la tomó en sus brazos y la besó en medio de la calle, sin importar los transeúntes que pasaban a su lado. Era un beso lleno de promesas, de esperanzas, de un futuro que ya comenzaba a tomar forma en sus mentes.

Al regresar al hotel, se prepararon para la cena que los socios les habían invitado para celebrar el contrato cerrado. La reunión era en un restaurante tradicional de la ciudad, con mesas cubiertas con manteles blancos, candelabros de bronce y un menú que incluía los platos típicos más reconocidos de la región.

Al llegar, fueron recibidos por Carlos, el gerente general de la empresa con la que habían cerrado el acuerdo, y su esposa, María, una mujer elegante y amable que inmediatamente se sintió atraída por Alejandra.

—¡Qué alegría conocerte por fin, Alejandra! —dijo María, abrazándola—. Carlos me ha hablado mucho de ti, de lo brillante que fuiste en la reunión, de cómo Francis no paraba de elogiarte. Ya veo por qué la quiere tanto a su lado.

Alejandra se sonrojó, pero Francis la tomó de la cintura con orgullo.

—Es la mejor colaboradora que he tenido en mi vida, María —dijo él—. Pero además de eso, es la persona más importante para mí en el mundo entero.

Durante la cena, la conversación fluyó con naturalidad. Carlos y Francis hablaron de los detalles del contrato, de las estrategias que iban a implementar en los próximos meses, de las metas que se habían propuesto alcanzar juntos. Mientras tanto, María y Alejandra hablaron de temas más personales: de libros que habían leído, de películas que les gustaban, de viajes que habían hecho o querían hacer.

—Yo siempre he soñado con visitar Grecia —contó Alejandra—. Ver el Partenón, nadar en el mar Egeo, caminar por las calles de Atenas... Me parece un lugar mágico, lleno de historia y belleza.

—¡Qué casualidad! —exclamó María—. Carlos y yo fuimos allí el año pasado para nuestro vigésimo aniversario de bodas. Es realmente maravilloso. Deberías ir con Francis, seguro que lo pasan genial.

Francis miró a Alejandra con una sonrisa significativa.

—Ya lo tenemos planeado, ¿verdad, mi amor? —dijo él—. Después de que terminemos con los proyectos que tenemos en marcha, nos vamos de viaje a Grecia. Quiero llevarte a todos los lugares bonitos, quiero hacerte una escapada de ensueño.

Alejandra sintió cómo su corazón se llenaba de felicidad. Sabía que era una promesa seria, que Francis nunca le decía nada que no pudiera cumplir.

Mientras los camareros servían el postre —un delicioso flan con salsa de caramelo casera—, Carlos se levantó de su asiento con un vaso de vino en la mano.

—Quiero brindar por Francis y Alejandra —dijo él, dirigiéndose a todos los presentes en la mesa—. Porque gracias a su trabajo, a su dedicación y a la excelente relación que tienen, hemos podido cerrar este acuerdo que va a cambiar el rumbo de nuestras empresas. Pero además, quiero brindar por el amor que los une, porque es evidente que se quieren profundamente, y en estos tiempos difíciles, el amor verdadero es lo único que nos puede mantener firmes. ¡Salud!

Todos levantaron sus vasos y brindaron, mientras Alejandra se sentaba acurrucada en el brazo de Francis, sintiéndose la mujer más afortunada del mundo.

Después de la cena, Carlos y María se despidieron, deseándoles un excelente viaje de regreso y asegurándose de que estarían en contacto para seguir avanzando con el proyecto. Francis y Alejandra caminaron de regreso al hotel, disfrutando de la brisa fresca de la noche y del silencio de las calles que ya comenzaban a vaciarse.

Al llegar a la habitación de Francis, él la tomó de la mano y la llevó hasta la ventana, donde podían ver toda la ciudad iluminada, con sus edificios brillando como diamantes en la oscuridad.

—Te prometo que un día tendremos una casa con una vista así —le dijo él, envolviéndola con sus brazos desde atrás—. Una casa grande donde podamos vivir con nuestros hijos, donde tengamos un jardín lleno de flores, donde podamos recibir a nuestros amigos y familiares. Una casa llena de amor y felicidad.

—No necesito una casa grande ni una vista espectacular —respondió Alejandra, volviéndose para mirarlo—. Solo necesito estar contigo. Donde tú estés, ahí es mi hogar.

Francis la besó lentamente, comenzando por la frente, luego las mejillas, luego la barbilla, hasta llegar a sus labios. El beso fue lento y profundo, como si quisiera transmitirle todo el amor que sentía en su corazón. Se fueron quitando la ropa mutuamente, con movimientos cuidadosos y llenos de ternura, como si cada prenda fuera una barrera que tenían que derribar para llegar al alma del otro.

Se acostaron en la cama, y Francis la miró a los ojos con una intensidad que la hizo temblar de emoción.

—Eres la mujer más hermosa que he conocido en mi vida —le susurró—. Y te amo más de lo que las palabras pueden expresar.

Esa noche, hicieron el amor con una pasión que parecía provenir del centro de la tierra. No era solo el deseo físico lo que los unía, sino un lazo emocional tan fuerte que parecía que sus almas se habían fusionado en una sola.

Francis fue atento a cada una de sus necesidades, a cada uno de sus deseos, haciendo que Alejandra sintiera que era la única mujer en el mundo que importaba. Ella, a su vez, le demostraba con cada caricia, con cada beso, con cada susurro, cuánto lo amaba y cuánto valoraba cada instante que pasaban juntos.

Después, se quedaron abrazados, escuchando el latido del corazón del otro, sintiendo el calor de sus cuerpos unidos. Alejandra se quedó dormida en los brazos de Francis, con una sonrisa en los labios, segura de que había encontrado el amor de su vida y que nada ni nadie podría arruinar su felicidad.

Francis la miró durmiendo, acariciando su cabello con ternura, pensando en todo lo que había logrado en su vida: el éxito profesional, el respeto de sus compañeros, el dinero que le permitía vivir cómodamente. Pero nada de eso comparaba con lo que sentía en ese momento, con la sensación de tener a Alejandra en sus brazos, de saber que ella lo amaba con todo su corazón.

Sin embargo, en el fondo de su mente, un pequeño susurro de culpa comenzó a hacer acto de presencia. Pensó en Isabel, en la casa grande de la que nunca hablaba con Alejandra, en el papel que tenía firmado en su cajón de la oficina.

Pero rápidamente lo apartó de su mente, convencido de que encontraría una forma de solucionarlo todo, de que podría tener a Alejandra en su vida sin hacerle daño a nadie. Por ahora, solo quería disfrutar del momento, de la felicidad que la presencia de esta mujer maravillosa le había traído a su vida.

La noche avanzaba, y en la habitación del piso 13 del hotel de cinco estrellas, dos amantes dormían abrazados, soñando con un futuro que parecía perfecto, sin imaginar que las sombras de un secreto oculto ya comenzaban a acercarse a ellos como un huracán silencioso que pronto destruiría todo lo que habían construido juntos.

Continuará.... ✨

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mere sanchez
buenisima, me tiene atrapada
Michica Omegavers: Gracias por su comentario significa mucho para mí 🥰
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Myriam ValRoc
Después de sufrir, enfadarme pasar por un sube y baja de emociones, quedé conmovida con tu novela.
Felicidades escritora. Una novela con matices que hacen cada capítulo interesante.
Michica Omegavers: Muchas gracias Myriam por tus palabras 💖 Me alegra mucho saber que la historia logró emocionarte 🥰
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Myriam ValRoc
Y con todo lo que puede hacer, cómo no pone detectives que también tengan vigilada a esa mujer o bien contratar un hacker para pincharle el telefóno para saber los movimientos de ella y así atraparla o hacer una conferencia a los medios y así dejarla en evidencia???? Tantas cosas que se pueden hacer...en fin. Es una novela ☺️
Michica Omegavers: Tu idea es muy buena 🤭
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Myriam ValRoc
Qué miserable tipo, le daba aún un voto de confianza en que lucharía por su amor...pero ya eligió. Ni modo se merece lo que le suceda. Lo triste es que arrastrará a la otra pobre.
Myriam ValRoc
El Francis decepciona, sólo es un títere e inútil. No pone a vigilar a la tipa también, si tanto quiere regresar con Alejandra y que lo perdone, primero hay que buscar cualquier prueba que le pueda ayudar a separarse de Isabel.
Michica Omegavers: Claro que si pero más adelante 🥰
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Myriam ValRoc
Así es, afrontar su estupidez, por lo menos para despedirse le hubiera dicho lo que le dijo la esposa sobre la amenaza y decirle que cómo la ama, la dejará para que no le hagan daño o bien buscar alternativas para poder separarse de Isabel. Claro si es que realmente está dispuesto a vivir sin lujos y enfrentar todo lo que se le quitaría si se divorcia. Ahí se comprobará su amor o su ambición.
Myriam ValRoc
Mmm qué fácil se deja manipular.
Debería de ponerse al tú por tú con Isabel y no dejarse amedrentar.
Al final será un cobarde que vivirá con amargura por no saber defender sus ideales y su amor.
Myriam ValRoc
No, fuiste tú con tus mentiras. Hazte responsable del gran daño que causaste.
Myriam ValRoc
Vaya amigo, puedo entender que no quiera involucrarse en ese problema, aunque también debería de ser honesto y contar qué aunque Francis actuó de manera cobarde, realmente ama a Alejandra. Abogar un poco para que hablen.
Myriam ValRoc
El dolor de la traición es muy fuerte.
Debería dejar pasar unos días y reflexionar sobre sus sentimientos. Y si el amor por ella misma le da el valor de escucharlo, que sobre eso decida qué elige.
Michica Omegavers
Gracias me alegra mucho que te haya gustado.Tu comentario significa mucho
Jenny Jimenez
Pobre Alejandra que no valla a perder su bebé que se valla lejos de esa mujer mala
Michica Omegavers: Más adelante vas a saber que pasará 🥰
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María Ramona Escobar
Hermosa novela, 😭
Jenny Jimenez
Que bueno que ella fue firme en su decisión eso me gustó aunque esta sufriendo mucho
Jenny Jimenez
Por favor suba más capitulo esta maravillosa su novela
𝓔𝓻𝓲𝓲𝓲 𝓑𝓸𝓰𝓭𝓪𝓷𝓸𝓿𝓪⚔
😆💕
𝓔𝓻𝓲𝓲𝓲 𝓑𝓸𝓰𝓭𝓪𝓷𝓸𝓿𝓪⚔
quisiera ser tan guapa como tus personajes 😭
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