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¡AUXILIÓ! Soy Un Ceo, No Un Papá

¡AUXILIÓ! Soy Un Ceo, No Un Papá

Status: Terminada
Genre:Padre soltero / CEO / Romance / Completas
Popularitas:15.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

Ethan Vance lo tenía todo: millones en el banco, trajes de diseñador a medida y una lista interminable de mujeres hermosas dispuestas a pasar la noche con él. Su vida era perfecta, libre de compromisos y, sobre todo, libre de niños. Para Ethan, los bebés eran "pequeñas alarmas ruidosas que arruinaban la diversión".
Pero el destino tiene un sentido del humor bastante retorcido.
Una madrugada, tras una noche de fiesta descontrolada, Ethan regresa a su lujoso penthouse y encuentra un paquete inesperado junto a su sofá: una canasta de mimbre con una bebé de pocos meses y una nota que cambiará su vida para siempre.
El hombre que es capaz de cerrar tratos multimillonarios con una sola mirada, ahora está al borde del colapso nervioso porque no sabe cómo abrir un pañal autoadhesivo y su costosa camisa de seda acaba de ser bautizada con saliva (y algo peor).

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 23

El bufete de abogados de Ethan trabajó a marchas forzadas durante setenta y dos horas consecutivas. No solo para anexar las estrictas cláusulas de transparencia y respeto que Julia había exigido en el contrato de conveniencia, sino para coordinar el circo mediático que se desataría en el juzgado central de la ciudad. Ethan no quería una ceremonia íntima ni escondida; quería el foco de atención pública más brillante que el dinero pudiera comprar. Si todo el país creía que el magnate financiero se estaba casando por el romance de su vida, la mafia del *Black Falcon* se lo pensaría dos veces antes de intentar un movimiento que saliera en la portada de todos los periódicos.

El día de la boda civil, el juzgado parecía la alfombra roja de una entrega de premios. Decenas de reporteros de prensa escrita, canales de televisión y fotógrafos de revistas de sociedad se agolpaban tras las vallas de seguridad, alertados por una "filtración exclusiva" que el mismo equipo de relaciones públicas de Ethan había orquestado.

En el interior del camerino privado asignado por el registro civil, el ambiente era asfixiante.

Julia miraba su reflejo en el espejo de cuerpo entero. La modista que Ethan había contratado de emergencia había modificado un vestido de corte midi blanco marfil, de líneas sencillas pero impecables, que se ceñía a su silueta con una elegancia que la hacía lucir imponente. Sin embargo, por dentro, Julia sentía que las náuseas la dominaban. Tenía los dedos helados. En una esquina de la habitación, la madre de Ethan, Elena, mecía a Mia en sus brazos, vigilada de cerca por dos guardaespaldas apostados junto a la puerta trasera.

La puerta del camerino se abrió y Ethan entró.

Vestía un traje clásico negro de tres piezas de corte inglés. La camisa blanca inmaculada contrastaba con la severidad de sus facciones. Al verla, se detuvo por un segundo, recorriéndola con una mirada oscura que pareció quemarle la piel a través del espejo.

—Los periodistas están listos —dijo Ethan, su voz barítona sonando más baja de lo normal—. El juez ya está en el estrado. Marcus tiene cubiertas todas las salidas del edificio. Todo está bajo control, Julia.

Julia se dio la vuelta, acomodándose la falda del vestido con manos temblorosas. Clavó sus ojos en los de él, ignorando la presencia de su suegra en la habitación.

—Mis hermanos llamaron hace una hora, Ethan —soltó ella, con la voz tensa—. Vieron los titulares en los portales de noticias. El mayor me dijo que si esto es una broma, más te vale tener un buen cirujano porque te va a romper la cara en cuanto te vea. Tuve que jurarles que nos amamos y que fue una locura de último minuto. Si esto sale mal, si alguien nota que es una farsa, no solo la mafia vendrá por nosotros... mi familia me va a odiar para siempre.

Ethan dio un paso firme hacia adelante, acortando la distancia entre ambos. Estiró su mano y le tomó el mentón con suavidad pero con una firmeza implacable, obligándola a sostenerle la mirada.

—No va a salir mal —sentenció él, con una seguridad que le devolvió el aire a los pulmones a Julia—. Tus hermanos van a ver a una mujer protegida por el hombre más poderoso de esta ciudad. Hoy entramos ahí, firmamos ese papel y nos convertimos en un muro. Nadie va a notar nada, porque a partir de este segundo, vas a actuar como si me pertenecieras, y yo voy a actuar como si perderte fuera el fin de mi imperio. ¿Entendido?

Julia tragó saliva, sintiendo el calor de sus dedos en la barbilla y la electricidad habitual que le recorría el cuerpo cada vez que él se ponía en esa faceta de alfa protector.

—Entendido —susurró ella.

...

Las puertas dobles de la sala de audiencias se abrieron y el estallido de los flashes de las cámaras fue ensordecedor. Los fotógrafos se empujaban mutuamente para capturar la entrada de la pareja. Ethan avanzó con la espalda erguida, la barbilla en alto, sosteniendo a Julia de la mano con un agarre posesivo que no dejaba espacio a las dudas. Julia caminó a su lado, manteniendo la cabeza arriba y una sonrisa sutil que ensayó frente al espejo, luciendo como la mano derecha perfecta que le había prometido ser.

Se detuvieron frente al estrado del juez. El magistrado, un hombre mayor que leía los nombres con voz pausada, comenzó la lectura de las actas de matrimonio civil.

El proceso fue rápido, casi mecánico, un contraste absoluto con la tormenta de luces que parpadeaba a sus espaldas.

—Ethan Gabriel Vance, ¿acepta usted a Julia como su legítima esposa, para amarla, respetarla y protegerla en la salud y en la enfermedad? —preguntó el juez.

Ethan miró de reojo a Julia. Había una intensidad salvaje en sus ojos oscuros, un brillo que iba mucho más allá de una simple firma comercial.

—Acepto —respondió Ethan, y la palabra retumbó en la sala con la fuerza de un decreto definitivo.

—Julia, ¿acepta usted a Ethan Gabriel Vance como su legítimo esposo...?

Julia miró al juez, luego a la esquina donde Elena sostenía a Mia, y finalmente se enfocó en el rostro de Ethan. El hombre que la irritaba, el que la protegía, el que la desvelaba.

—Acepto —dijo ella, con voz clara y firme.

—Por el poder que me otorga la ley, los declaro unidos en matrimonio de conveniencia civil. Puede besar a la novia.

El estallido de los flashes se multiplicó por cien. Los reporteros comenzaron a gritar desde atrás: *“¡Una foto para la portada, señor Vance!”*, *“¡Un beso para las cámaras!”*.

Ethan no esperó a que Julia reaccionara. Soltó su mano, le rodeó la cintura con su brazo izquierdo y la atrajo hacia su cuerpo con una brusquedad pasional que le robó el aliento. Su mano derecha subió por su cuello, hundiéndose en su cabello oscuro, y bajó la cabeza con una ferocidad contenida.

Cuando sus labios se estamparon contra los de Julia, el mundo exterior desapareció.

No fue un beso de protocolo. No fue el roce fingido que sus abogados habrían esperado para engañar a la prensa. Fue un beso cargado de pura combustión espontánea, de una posesividad feroz y de un deseo contenido que ambos venían arrastrando desde las noches de encierro en el penthouse. Ethan la devoró con la boca, aprisionándola contra su pecho con una fuerza que demostraba que no estaba dispuesto a dejarla ir, mientras Julia, tomada por sorpresa, soltó un jadeo ahogado y se aferró a las solapas de su saco negro, respondiendo al beso con la misma intensidad desesperada.

El beso se prolongó durante varios segundos eternos bajo la lluvia de flashes. La carga eléctrica entre los dos era tan real, tan densa y evidente, que las dudas de los reporteros se pulverizaron en un instante. Los periodistas murmuraban entre sí, completamente convencidos de que estaban presenciando un romance de película, una pasión incontrolable que explicaba la prisa de la boda.

Cuando Ethan finalmente se separó de ella, lo hizo de manera lenta, rozando sus labios una última vez con la respiración entrecortada. Sus ojos oscuros estaban fijos en los de ella, cargados de una promesa oscura que le erizó la piel.

Julia se quedó con el corazón en la garganta, las piernas temblándole bajo el vestido blanco y los labios encendidos. Miró la sonrisa de suficiencia de Ethan mientras él se giraba hacia las cámaras, levantando la mano entrelazada con la de ella para saludar a la prensa. El teatro público había sido un éxito rotundo, pero mientras el murmullo de los periodistas llenaba el lugar, Julia se llevó una mano al pecho, dándose cuenta de que la mentira del contrato se había convertido en la verdad más peligrosa de su vida.

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Marisel Rio
💕💕💕💕💕Hermosa historia llena de amor y unión me encantó super atrapante y recomendable
Marisel Rio
💕💕💕💕Que lindos capítulos por fin llego la paz💕💕💕
Limaesfra🍾🥂🌟
😍😍😍
Limaesfra🍾🥂🌟
😁😁😁
Sole Amado
hermosa historia divertidisima me encantó gracias
Nairobis Cardozo Portillo
Hermosa historia gracias autora ❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
🤭🤭🤭🤭
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Gracias me encantó 🥰🥰
Maria Mongelos
Mía va estar bien cuidada y protegida con ellos
Maria Mongelos
Qué bueno pudieron comprobar toda la mentira, Mia ahora ya no corre peligro y está donde debe
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️❤️
Nubia Jaramillo
me está gustando la historia
Nairobis Cardozo Portillo
👏👏👏👏👏 les llegó la hora de pagar
Limaesfra🍾🥂🌟
aaah al fin la paz pa esta flia🤩😍
Limaesfra🍾🥂🌟
bien ahi👏👏👏👏👏
Limaesfra🍾🥂🌟
oooh🔥🔥🔥🔥
Limaesfra🍾🥂🌟
mamma mia cuando seas mia🤣🤣🎶🎶
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Esto se llama madures me encanta estas mujeres
Nairobis Cardozo Portillo: Concuerdo contigo
total 2 replies
Maria Mongelos
Gracias por los capítulos querida autora 💕 está muy buena la historia 💕
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