Valentina Rossi llevaba años enamorada de Alexander Beaumont.
En silencio sin que nadie lo supiera.
El era 4 años mayor, heredero de una familia más poderosa en New York y mejor amigo de su hermano. Inteligente, elegante e imposible de ignorar.
Pero Alexander nunca la miro, no como ella lo quería.
Hasta que apareció Sofía Ferrer.
Hermosa y perfecta, su novia.
y mientras todos admiraban la relación perfecta de Alexander, Valentina aprendía a sonreír aunque le doliera verlo amar a otra mujer.
Cómo seguirá, el la vera con otros ojos? la amara en algún momento?
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La primera grieta
Capítulo 14
La primera grieta
La lluvia golpeaba suavemente los ventanales del penthouse Beaumont mientras Sofía Ferrer observaba en silencio a Alexander Beaumont desde el otro lado del living.
Algo estaba mal.
Y ella ya no podía seguir fingiendo que no lo notaba.
Alexander permanecía sentado frente a la computadora revisando documentos que claramente no estaba leyendo. Tenía la mandíbula tensa y la mirada perdida en algún punto lejano.
Distante.
Completamente distante.
—Alex.
Él levantó apenas la vista.
—¿Sí?
Sofía caminó lentamente hasta quedar frente a él.
—¿De verdad no pasó nada en Chicago?
El silencio duró apenas dos segundos.
Pero fueron suficientes.
Porque Alexander jamás dudaba al responderle.
Nunca.
Y aun así esta vez sí lo hizo.
—Solo fue un viaje complicado.
Otra mentira.
Sofía lo conocía demasiado bien para no notarlo.
—Estás evitándome.
Alexander cerró la laptop lentamente antes de levantarse.
—No te estoy evitando.
—Entonces mírame y dime qué está pasando.
La tensión llenó el living inmediatamente.
Porque por primera vez en años, ella sentía que no podía alcanzarlo.
Como si Alexander estuviera parado frente a ella físicamente… pero emocionalmente muy lejos.
Él finalmente levantó la mirada hacia ella.
Y eso solo empeoró todo.
Porque había culpa en sus ojos.
—Estoy cansado, Sofía.
Ella tragó saliva lentamente.
—Eso no responde mi pregunta.
Alexander pasó una mano por su cabello con evidente frustración.
Y ese pequeño gesto bastó para romperle algo por dentro.
Porque Alexander Beaumont siempre tenía control absoluto de sí mismo.
Siempre.
Hasta ahora.
—Necesito tiempo para pensar algunas cosas.
La frase cayó entre ambos como un golpe.
Sofía sintió el pecho tensarse de inmediato.
—¿Pensar en qué exactamente?
Alexander no respondió enseguida.
Y ese silencio fue muchísimo peor que cualquier palabra.
Al mismo tiempo, en el departamento Rossi, Valentina Rossi intentaba convencerse de que había tomado la decisión correcta.
Alejarse.
Ignorar a Alexander.
Pretender que Chicago jamás ocurrió.
Era lo correcto.
Aunque doliera.
Dejó el celular sobre la cama por quinta vez en menos de diez minutos intentando no mirar la pantalla.
Porque desde que habían regresado a Nueva York…
Alexander no había dejado de escribirle.
"Necesitamos hablar."
"Por favor no me ignores."
"Valentina."
Cada mensaje hacía que el corazón le doliera más.
Porque una parte de ella quería correr hacia él.
Pero la otra seguía recordando a Sofía esperándolo en el aeropuerto.
Sofía sonriéndole sin saber nada.
El sonido del timbre interrumpió sus pensamientos.
Valentina frunció el ceño confundida antes de caminar hacia la puerta.
Y apenas abrió… dejó de respirar.
Alexander.
El cabello ligeramente mojado por la lluvia.
El abrigo oscuro empapado.
Los ojos celestes completamente clavados en ella.
Como si hubiera manejado toda Nueva York solo para verla.
—Alex…
—No podías seguir ignorándome.
La intensidad de su voz atravesó directamente el pecho de Valentina.
Ella miró rápidamente hacia el pasillo nerviosa.
—No deberías estar aquí.
—Y aun así estoy.
Dios.
Todo en él se sentía demasiado peligroso ahora.
Valentina dudó apenas unos segundos antes de dejarlo entrar.
Alexander pasó junto a ella lentamente mientras se quitaba el abrigo mojado.
Y el silencio dentro del departamento se volvió insoportable.
Porque ambos sabían perfectamente por qué estaba ahí.
—Sofía estuvo preguntándome cosas —murmuró Alexander finalmente.
El corazón de Valentina se detuvo un instante.
—¿Qué cosas?
Él soltó una pequeña risa amarga.
—Las suficientes como para darme cuenta de que ya no estoy ocultando esto bien.
Eso.
La forma en que dijo esto.
Como si lo que existía entre ellos ya fuera algo real.
Valentina sintió miedo inmediatamente.
—Alex… esto tiene que parar.
Alexander levantó la vista hacia ella.
Y había cansancio real en sus ojos.
—Intenté hacerlo.
La sinceridad en su voz la dejó sin aire.
—Desde la fiesta intenté convencerme de que solo estaba confundido. Después intenté ignorarlo.
Después intenté mantener distancia.
Él dio un paso más cerca.
—Y cada vez fue peor.
Valentina sintió lágrimas acumulándose lentamente.
Porque escuchar aquello era exactamente lo que siempre soñó.
Pero ahora se sentía devastador.
—No puedes decirme estas cosas teniendo novia.
Alexander cerró los ojos apenas un segundo.
Y cuando volvió a mirarla… ya no parecía el empresario perfecto que todos conocían.
Ahora solo parecía un hombre completamente perdido.
—Eso es lo que más odio de todo esto.
El corazón de Valentina dolía demasiado.
Porque él realmente quería a Sofía.
Eso era evidente.
Pero también estaba empezando a enamorarse de otra persona.
Y ninguno sabía cómo manejarlo.
—Ella no merece esto —susurró Valentina.
Alexander bajó la mirada unos segundos.
La culpa volvió a aparecer en su expresión.
—Lo sé.
—Entonces vuelve con ella.
Aquellas palabras parecieron golpearlo fuerte.
Alexander levantó la vista lentamente.
—¿Eso quieres?
No.
Nunca.
Pero quizás era lo correcto.
Valentina tragó saliva intentando mantenerse firme.
—Quiero dejar de sentir que estoy destruyendo algo.
Alexander se acercó un paso más.
Ahora estaba demasiado cerca otra vez.
Y eso comenzaba a ser imposible de resistir.
—Tú no destruiste nada, Valentina.
—Sí lo hice.
—No.
La intensidad de su voz hizo que el corazón se le acelerara inmediatamente.
Alexander sostuvo su mirada algunos segundos antes de hablar más bajo.
—El problema es que me enamoré de ti cuando ya era demasiado tarde.
El mundo entero pareció detenerse.
Valentina dejó de respirar.
Porque llevaba años soñando con escuchar algo así.
Y ahora que finalmente estaba pasando…
Solo quería llorar.
Alexander levantó lentamente una mano y acarició suavemente su mejilla.
—Intenté luchar contra esto.
La cercanía de su voz le rompía completamente la estabilidad.
—Pero cada vez que te miro… ya no sé cómo volver atrás.
Y en ese instante, mientras la lluvia caía sobre Nueva York detrás de las ventanas del departamento…
Valentina entendió algo terrible.
Ya no era solo un beso.
Ya no era confusión.
Alexander Beaumont realmente se estaba enamorando de ella.