Una joven reservada y profesional trabaja en la empresa de la familia de su exnovio, soportando humillaciones constantes por no encajar en el ideal de “mujer perfecta”: dulce, sociable y complaciente.
Durante un evento corporativo, salva la vida de un misterioso hombre que ha sido atacado. Sin saber quién es realmente, lo ayuda a escapar y cura sus heridas.
Él desaparece… pero no la olvida.
Cuando finalmente va a buscarla, descubre que ella fue despedida injustamente. Y quienes la destruyeron… están más cerca de lo que cree.
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Capitulo 24
Nina
Todo se volvió urgente.
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Me vestí sin pensar.
Sin ordenar ideas.
Sin procesar nada.
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Solo sabía una cosa:
tenía que llegar.
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Salimos de la casa de Bastian en silencio.
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El trayecto se sintió eterno.
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Mi mente no dejaba de repetir lo mismo:
no puede ser… no puede ser… no puede ser…
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Cuando llegamos al hospital, corrí.
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—Buenas noches… mi mamá… la ingresaron hace poco…
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La enfermera revisó el sistema.
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—Sí, está en observación cardiológica.
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Sentí que el suelo se movía.
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—¿Qué tiene?
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—Presentó un episodio cardíaco agudo.
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—¿Un infarto?
Mi voz tembló.
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—No exactamente —respondió con calma—. Fue una crisis hipertensiva severa con arritmia, probablemente desencadenada por un evento de estrés intenso.
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La miré sin entender.
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—¿Eso qué significa?
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—Que su corazón se alteró de forma peligrosa por un susto o situación muy fuerte. Su presión arterial subió de forma abrupta, y eso desestabilizó el ritmo cardíaco. Tuvieron que estabilizarla de urgencia.
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Tragué saliva.
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—¿Está… en peligro?
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—Está estable ahora, pero necesita un procedimiento. El cardiólogo llega a las 8 a.m. para evaluar si requiere intervención.
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Asentí.
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Pero no estaba tranquila.
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Nada de eso era normal.
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Nada.
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Bastian se mantuvo a mi lado.
En silencio.
Presente.
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—¿Quieres que vaya a tu casa y traiga algunas cosas?
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Lo miré.
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—Sí… por favor.
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Le entregué las llaves.
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Y lo vi irse.
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Me quedé sola.
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Con el miedo.
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Con la culpa.
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Con todo.
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Pasó una hora.
Tal vez más.
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Cuando volvió…
su expresión no era buena.
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—¿Viste algo raro?
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Dudó.
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—La puerta estaba forzada.
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Sentí que el aire me faltaba.
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—¿Qué?
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—Y había desorden… bastante.
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Me llevé las manos al rostro.
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—Entraron a robar…
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Mi mente empezó a conectar todo.
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Demasiado rápido.
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Demasiado claro.
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—Mi mamá estaba sola…
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Mi voz se quebró.
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—¿Y si… y si se muere?
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Bastian me abrazó de inmediato.
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—No va a pasar eso.
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Su voz era firme.
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—Tranquila. Todo va a estar bien.
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Pero yo…
no me sentía tranquila.
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Porque en el fondo…
sabía.
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Que esto no era un robo cualquiera.
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A las 8 a.m. se llevaron a mi mamá a cirugía.
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El tiempo…
dejó de existir.
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—Ve a trabajar —le dije a Bastian.
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—No.
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Ni siquiera dudó.
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—Me quedo contigo.
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Lo miré.
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—Entonces… haz algo mejor.
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Se inclinó un poco.
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—¿Qué?
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—Ve a bañarte… descansa un poco… yo me quedo aquí.
Cuando regreses, yo voy.
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Me observó unos segundos.
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—¿Estás segura?
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—Sí.
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Me dio las llaves de su camioneta.
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—Llámame si pasa algo.
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—Lo haré.
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Salí del hospital.
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Y fui a la casa.
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Cuando entré…
se me rompió el corazón.
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Todo estaba destruido.
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Cajones abiertos.
Cosas tiradas.
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No buscaban objetos de valor.
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Buscaban algo específico.
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Corrí a mi habitación.
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Abrí el cajón.
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Vacío.
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—No…
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Las pruebas.
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Los documentos.
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Todo lo que había reunido contra Damián…
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No estaba.
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Tomé el teléfono.
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—Bastian…
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—¿Estás bien?
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—No…
Mi voz tembló.
—Se llevaron las pruebas…
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Silencio.
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—¿Las tienes en digital?
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—Sí… en el teléfono y en correos.
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—Perfecto.
Su tono cambió.
Más estratégico.
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—Volvemos a imprimir todo. Lo guardamos en la caja fuerte de mi casa.
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Respiré.
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—Y voy a contactar al investigador. También al fiscal.
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Asentí, aunque él no podía verme.
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—Está bien…
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—Quédate ahí unos minutos. Ya voy a organizar todo.
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Colgamos.
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Me bañé rápido.
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Cuando salí…
la policía ya estaba ahí.
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Habían ido la noche anterior.
Pero ahora complementé todo.
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No dije nombres.
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Aún no.
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Regresé al hospital.
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Bastian ya estaba ahí.
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—Gracias por quedarte…
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—Siempre.
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Comimos algo.
Sin hambre.
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La cirugía fue larga.
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Demasiado larga.
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Pero…
salió bien.
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Sentí que podía respirar otra vez.
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Bastian tuvo que irse.
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—No puedo quedarme, pero te escribo.
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—Está bien.
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Me quedé con mi mamá.
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Cuando despertó…
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—¿Dónde estoy?
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Tomé su mano.
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—En el hospital, mamá.
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Sus ojos se llenaron de lágrimas.
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—Se metieron a la casa…
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Mi corazón se detuvo.
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—¿Qué?
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—Eran cuatro hombres…
Su voz temblaba.
—No sé cómo entraron…
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La abracé.
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—Todo está bien… ya pasó…
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Mentí.
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Porque nada estaba bien.
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El médico entró.
La revisó.
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Y esperamos al cardiólogo.
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A las 8 a.m.
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Bastian llegó.
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No estaba solo.
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—Hola —dijo Sofía, acercándose a mí.
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Me abrazó.
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—Lo siento mucho… pero me alegra que tu mamá esté bien.
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Sonreí débilmente.
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—Gracias…
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Se inclinó un poco hacia mí y susurró:
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—Gracias por quitarle la cara de amargado a mi hermano.
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Solté una pequeña risa.
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Bastian la empujó suavemente.
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—Sofía…
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—¿Qué? Es la verdad.
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Su energía…
era justo lo que necesitábamos.
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Incluso mi mamá sonrió.
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Y eso…
lo valió todo.
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El cardiólogo llegó.
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—La paciente presentó una crisis hipertensiva severa con arritmia cardíaca, probablemente inducida por un evento de estrés agudo.
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Asentí.
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—Se realizó un procedimiento de estabilización y control del ritmo cardíaco. No fue necesario cirugía abierta, pero sí una intervención para regular el sistema eléctrico del corazón.
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Sentí alivio.
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—Debe permanecer en observación unos días —continuó—. Luego, tratamiento con medicamentos, control del estrés y seguimiento cardiológico.
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—¿Se va a recuperar?
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—Sí. Pero debe cuidarse.
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Asentí.
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Y por primera vez en horas…
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Sentí paz.
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Aunque fuera momentánea.
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Porque en el fondo…
sabía algo.
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Esto…
no había terminado.
🤷🏼
eres un poco hombre./Smug/
qué satisfacción puede generarte , obligar a una mujer estar a tu lado 🤦🏼
han destruido el cimiento de tu empresa más no tu fuerza y ojalá ya esto no pase desapercibido
desgraciado Pero te metes con las personas equivocadas tenlo por seguro