¿Qué pasa cuando el contrato expira… pero el amor no?
Analu Menezes regresa a Brasil con un título de ingeniera, ambiciones propias y un hermano que acaba de apostar la empresa familiar en las carreras de caballos. Para salvar lo que su padre construyó durante toda una vida, acepta el trato más insólito de su existencia: casarse con Gabriel Jones, el arrogante heredero del Grupo Diniz, a cambio de que la deuda desaparezca. Doce meses de matrimonio de fachada. Sin amor, sin expectativas, y con una cláusula de salida garantizada.
Gabriel necesita una esposa en treinta días o pierde el control del emporio que siempre consideró suyo por derecho. Entre todas las mujeres que desfilan ante él, solo una se atreve a plantarle cara: una chaparra insolente que no lo impresiona en absoluto. Perfecta.
Lo que ninguno de los dos anticipó fue al otro.
Porque vivir bajo el mismo techo, fingir amor ante las cámaras y los abuelos, y despertar cada mañana junto a alguien que desafía todo lo que pensabas que querías… tiene consecuencias que ningún contrato puede controlar.
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Capítulo 12
Sr. Jones
Me despierto y miro el reloj: las 8:30 h; dormí un poco de más. Me levanto y veo a la señorita Menezes todavía durmiendo, serena; ni parece ese chihuahua furioso cuando se enoja. jeje
Me levanto con cuidado, voy al baño a cambiarme; quiero salir a correr. Al salir me la encuentro con los ojos abiertos.
*Sr. Jones* - ¿Te desperté?
*Analu* - No; se me olvidó cerrar la cortina del balcón y el sol me despertó. ¿Vas a correr?
*Sr. Jones* - Sí; ¿me acompañas?
*Analu* - ¿Me esperas a que me cambie?
*Sr. Jones* - Claro.
Se levanta y va al closet. No esperaba que aceptara; la invité por educación.
*Sr. Jones* - Te doy privacidad; te espero abajo.
*Analu* - ¡Va!
Bajo y me encuentro a sus papás en la cocina.
*Sr. Jones* - Buenos días, Sr. y Sra. Menezes.
Me miran sin entender qué hago ahí.
*Ana* - Buenos días, Sr. Jones; no sabía que estaba aquí.
*Sr. Jones* - Por favor, llámenme solo Gabriel. Necesitaba hablar con Analu ayer; como no me contestó y era urgente, tuve que venir hasta acá. Se hizo tarde y ella nos invitó a quedarnos, ya que su amiga Samantha no sabe nada y sospecharía si yo me iba a un hotel.
*Getúlio* - ¿Y dónde dormiste?
*Sr. Jones* - En el cuarto de Analu, pero no se preocupen; dormí en el colchonete en el suelo. Como les dije, fue solo para que Samantha no sospechara nada.
El Sr. Getúlio me mira con algo de recelo; la Sra. Menezes, en cambio, es más receptiva.
*Ana* - ¿Quieres tomar café, Gabriel?
*Gabriel* - Un café negro, por favor.
*Ana* - ¿Solo café negro? Ni pensar; un hombre de ese tamaño no puede sostenerse solo con café negro.
*Gabriel* - Voy a salir a correr por la playa, por eso no quiero comer mucho ahorita. ¿Con el café y una fruta está mejor? jeje
*Ana* - ¡Mejoró!
Me siento; ella me sirve el café y tomo una rebanada de papaya. Analu baja pronto, vestida con shorts de malla y top.
*Analu* - ¡Buenos días!
*Getúlio* - Buenos días, mi amor; nos sorprendió ver a tu marido aquí.
*Analu* - A mí también me sorprendió, papá. jeje
*Ana* - Buenos días, mi bien. ¡Qué milagro verla ya de pie!
*Analu* - ¡Voy a correr con el Sr. Jones!
La miran sorprendidos.
*Gabriel* - Solo Gabriel, Analu; no hace falta tanta formalidad. Siéntate, come algo; no es bueno correr en ayunas, ¿verdad, Ana? jeje
*Ana* - Exacto; y sin formalidades, ¿recuerda?
*Gabriel* - ¡De acuerdo, Ana! jeje
Analu se sienta, hace un sándwich con bastante atún y un vaso de jugo. Totalmente al revés de mí, esta mujer. Terminamos el café; conversamos un poco con Ana, una mujer admirable y muy educada.
*Analu* - ¿Vamos? El sol se está poniendo caliente y ya me estoy arrepintiendo.
*Gabriel* - Entonces vámonos ya, antes de que cambies de opinión. Ana, quiero saber más de la ONG cuando regresemos.
*Ana* - Claro; tendremos tiempo cuando vuelvan.
Me pongo una gorra; ya me había puesto protector solar.
*Gabriel* - ¿Te pusiste protector solar?
*Analu* - ¡Sí!
*Gabriel* - ¿Tienes una gorra?
*Analu* - No acostumbro usarla.
*Gabriel* - Entonces toma la mía; yo ya estoy más acostumbrado.
Salimos hacia el portón que daba acceso a la playa.
*Gabriel* - Empecemos despacio ya que la señorita es sedentaria. Si sientes algo o quieres parar, dímelo. No trates de seguir mi ritmo para no pasarte mal.
*Analu* - ¡Sí, señor!
Empezamos a correr; reduzco el ritmo para que ella pueda seguirme. Está bien tener este momento con ella; también nos sirve para conocernos mejor.
Analu
No sé en qué loca me estoy convirtiendo, corriendo con Gabriel. Estoy casi botando el alma.
*Analu* - Por favor; necesito parar.
*Gabriel* - jeje; ven, vamos a ese quiosco a tomar agua de coco.
*Analu* - ¿No puede ser una cerveza helada?
*Gabriel* - ¿A esta hora? ¿Estás loca?
Qué cuadradito es; se levanta temprano, hace pesas, practica varias actividades físicas y no bebe antes de las 10:00 h de la mañana. Mi opuesto total. Compra dos cocos y nos sentamos.
*Analu* - ¿Haces esto todos los días?
*Gabriel* - Entre semana no siempre puedo, pero los fines de semana sí. ¿Y tú, nunca lo haces?
*Analu* - No; primera vez que corro en mi vida. jajajaja
*Gabriel* - Vamos a cambiar eso; al menos los fines de semana corres conmigo, ¿de acuerdo?
*Analu* - No te prometo nada; menos los fines de semana, cuando puedo dormir más. jajajaja
*Gabriel* - Eres muy floja. jajajaja
*Analu* - ¡Antes era peor! jajajaja
Conversamos sobre nuestras particularidades. El Gabriel y el Sr. Jones parecen hasta dos personas distintas. Está relajado, sonriendo abierto; hasta el tono de voz parece haber cambiado.
*Analu* - ¿Volvemos? Sam y Caio ya deben haber despertado.
*Gabriel* - Confieso que preferiría quedarme más tiempo aquí; tu papá está a punto de fusilarme. jajajaja
*Analu* - En cambio mi mamá ya casi te carga. jajajaja
*Gabriel* - Sí; acostumbro causar ese efecto en las mujeres. jajajaja
*Analu* - No sé quién te llena así de ilusiones.
*Gabriel* - Anda; volvamos corriendo.
*Analu* - ¡Ni muerta!
Sale corriendo adelante.
*Gabriel* - Entonces regresarás sola...
*Analu* - Gabriel, no vale; ya casi me estoy desarmando aquí; espera...
Él se ríe y sigue corriendo. Intento alcanzarlo, pero desisto y me detengo con las manos en las rodillas. Él regresa hacia mí.
*Gabriel* - ¿Todo bien? ¿Sientes algo?
*Analu* - Ganas de arrepentirme de haber aceptado correr contigo.
Se carca; me levanta y pasa el brazo por mi cintura.
*Gabriel* - Ven; te ayudo.
Caminamos así hasta casa. Creí que sería incómodo tenerlo tan cerca, pero fue tranquilo. Creo que vamos a poder salir de esto siendo amigos.
y esperamos la historia de Davi x favor