Reencarné como la hija del Señor Demonio… justo antes de la guerra.
Pero yo no vine a luchar.
Vine a cambiarlo todo.
Si los demonios necesitan recursos
y los humanos necesitan magia…
¿por qué no convertir el conflicto en negocio?
Funcionó.
Hasta que mi ambición empezó a ir demasiado lejos…
y lo que intenté construir
comenzó a dañar a quienes quería proteger.
Ahora, mi mejor cliente es el príncipe humano…
y mi padre está listo para destruirlo todo. 😈
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Capítulo 6: La CEO del Reino Demoníaco
En el mundo de los negocios existe una regla simple.
Cuando una empresa crece demasiado rápido…
aparecen enemigos.
No importa si son humanos o demonios.
Siempre sucede.
Y yo lo sabía muy bien.
Porque aunque no recordaba mi antiguo nombre, sí recordaba perfectamente lo que había sido.
Una ejecutiva.
Una mujer acostumbrada a reuniones interminables, estrategias corporativas, competencia agresiva y decisiones frías.
Y ahora…
era la princesa del Reino Demoníaco.
Lo que significaba que, oficialmente, era la CEO de la economía más peligrosa del mundo.
Y el negocio estaba creciendo demasiado rápido.
Tres semanas después de iniciar el comercio con el reino humano, los resultados eran imposibles de ignorar.
Las calles humanas brillaban con cristales demoníacos.
Las tiendas permanecían abiertas hasta tarde.
Las fábricas humanas producían más que nunca.
Los comerciantes ganaban más dinero.
Y todos tenían algo en común.
Dependían de nosotros.
Pero no todos estaban felices.
Estaba revisando informes cuando uno de los administradores demoníacos apareció corriendo con cara pálida.
—Princesa… tenemos un problema.
—Siempre hay uno.
—Los cristales demoníacos están siendo… copiados.
Levanté lentamente la mirada.
—Explícate.
—Algunos artesanos humanos están intentando fabricar versiones falsas.
Ah.
Sonreí.
—Eso era inevitable.
El administrador parpadeó.
—¿No está preocupada?
—No.
—Pero si empiezan a producirlos…
—No podrán.
—¿Por qué?
Me levanté de la silla.
—Porque los cristales no son el verdadero producto.
El demonio me miró confundido.
—¿Entonces qué vendemos?
Sonreí.
—El sistema.
En ese momento alguien golpeó la puerta.
Un guardia entró.
—Princesa… una delegación humana llegó al castillo.
—¿El príncipe?
—No.
—¿Entonces?
—Una princesa humana.
Ah.
Eso sí era interesante.
Minutos después estábamos en el salón principal.
La princesa humana entró acompañada de varios nobles.
Cabello dorado.
Vestido elegante.
Mirada orgullosa.
Pero había algo más en sus ojos.
Molestia.
Detrás de ella caminaba el duque Valen.
Eso explicaba muchas cosas.
La princesa se inclinó ligeramente.
—Princesa demonio.
—Princesa humana.
Mi padre estaba sentado en el trono observando la escena con expresión peligrosa.
—¿Qué quiere? —preguntó directamente.
La princesa humana ignoró completamente la pregunta.
Sus ojos estaban puestos en mí.
—He venido a hablar sobre los cristales demoníacos.
—Claro.
—Están causando problemas en nuestro reino.
—Eso es normal cuando una innovación cambia el mercado.
Ella entrecerró los ojos.
—Algunos nobles están perdiendo dinero.
—Eso también es normal.
El duque Valen habló entonces.
—Princesa… algunos comerciantes humanos han descubierto algo.
—¿Qué cosa?
—Que los cristales demoníacos no funcionan sin mantenimiento mágico.
Sonreí.
—Correcto.
La princesa humana frunció el ceño.
—Eso significa que el reino humano tendrá que seguir comprando servicios demoníacos.
—Exactamente.
Silencio.
Mi padre parecía orgulloso.
La princesa humana no.
—Eso suena a manipulación económica.
Me incliné ligeramente hacia adelante.
—Eso suena a negocios.
El duque Valen me observó con interés.
—Admito que es un sistema brillante.
—Gracias.
—Pero algunos nobles humanos no están contentos.
—¿Por qué?
—Porque ahora dependen del Reino Demoníaco.
Sonreí.
—El comercio siempre crea dependencia mutua.
La princesa humana cruzó los brazos.
—¿Mutua?
—Claro.
—¿Cómo dependemos nosotros de ustedes?
—Ustedes compran nuestros productos.
—Eso no es dependencia.
—Nos pagan.
Ella guardó silencio.
El duque sonrió ligeramente.
—Princesa… creo que la princesa demonio acaba de ganar ese argumento.
La princesa humana no parecía feliz.
—Esto no termina aquí.
—Nunca lo hace.
Ella dio un paso adelante.
—Quiero renegociar los acuerdos comerciales.
—¿Por qué?
—Porque el Reino Demoníaco tiene demasiado control.
—Eso significa que el producto es bueno.
—Significa que es peligroso.
Sonreí.
—La innovación siempre lo es.
Mi padre se inclinó hacia adelante.
—¿Terminamos?
La princesa humana suspiró.
—Por ahora.
Pero antes de irse me miró directamente.
—Princesa demonio.
—¿Sí?
—Dicen que usted dirige este comercio como si fuera una empresa.
—Correcto.
—Entonces supongo que también sabe cómo manejar competencia.
Sonreí.
—Por supuesto.
—Porque algunos nobles humanos planean competir con usted.
—Eso sería interesante.
Ella giró para salir.
Pero antes de cruzar la puerta dijo algo más.
—Veremos quién domina realmente el mercado.
La puerta se cerró.
El silencio volvió al salón del trono.
Mi padre cruzó los brazos.
—Hija.
—¿Sí?
—Esa humana no me gusta.
—A mí tampoco.
El duque Valen todavía permanecía allí observándome con curiosidad.
—Princesa —dijo finalmente—. Debe saber algo.
—¿Qué cosa?
—Algunos nobles humanos planean sabotear su comercio.
Sonreí con calma.
—Ya lo sé.
—¿Entonces no está preocupada?
—No.
—¿Por qué?
Me apoyé ligeramente en la mesa.
—Porque el sabotaje es parte del mercado.
El duque levantó una ceja.
—Nunca había visto a alguien manejar política y comercio al mismo tiempo.
—Son bastante similares.
—¿En qué sentido?
—Ambos son juegos de poder.
—¿Y su estrategia?
Sonreí.
—Eliminar la competencia.
—¿Cómo?
—Legalmente.
El duque soltó una pequeña risa.
—Eso suena elegante.
—Lo es.
Porque mientras algunos nobles pensaban sabotear mi negocio…
yo ya estaba preparando algo mucho más grande.
Nuevos productos.
Nuevos contratos.
Nuevos mercados.
Mi padre todavía murmuraba algo sobre “humanos sospechosos” mientras los demonios retiraban documentos de la mesa.
Pero en mi mente todo estaba claro.
(Porque algo que aprendí muy bien en mi vida anterior…)
(es que el verdadero poder no está en ganar una guerra.)
(Las guerras destruyen imperios.)
(Pero cuando controlas el mercado…)
(el mundo entero termina dependiendo de ti.)
Y si alguien pensaba sabotear mi negocio…
(bueno…)
(eso solo significa que mi empresa está creciendo.)
Después de todo…
la CEO del Reino Demoníaco no pierde guerras comerciales.
Las gana.
Con elegancia.
Y dentro de la ley. 😈💰
Si quieren, pueden contarme qué les pareció este capítulo.”
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