Morí siendo una escritora de novelas mediocres…
solo para despertar dentro de la peor de mis historias.
Ahora soy Ciel Rousla, la “princesa tonta”: hermosa, ingenua… y destinada a ser traicionada y devorada por bestias.
En la historia original, confiaba ciegamente en su “amable” hermana, la hija ilegítima que todos adoraban, mientras tres poderosos prometidos la controlaban bajo la excusa de protegerla… hasta abandonarla en su peor momento.
Pero esta vez es diferente.
Yo conozco el final.
Sé quién me manipula.
Sé quién me traicionará.
Y sé que cada sonrisa a mi alrededor… es una mentira.
Ya no seré la princesa ingenua.
Aunque tenga que enfrentar a la “santa”, romper mis propios lazos y cambiar todo lo que escribí…
Voy a sobrevivir en este mundo bestia
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Capítulo 13: La trampa se activa
La noche no cayó de golpe, se deslizó lentamente sobre el castillo, cubriendo cada ala con una calma engañosa que hacía parecer todo en orden. Ciel no estaba en su habitación ni en los salones principales; se movía sin anunciarse, sin dejar patrones fáciles de seguir. Desde que volvió del pueblo, había dejado de reaccionar… ahora anticipaba.
El aire cambió.
No era frío ni pesado, era incorrecto.
Se detuvo en el pasillo lateral. Demasiado silencio. No había pasos, no había respiraciones ajenas, pero la sensación estaba ahí.
—…salgan.
Las sombras respondieron.
Una figura se desprendió de la pared, luego otra, luego más. No eran guardias ni soldados, eran asesinos entrenados, coordinados, sin movimientos innecesarios. No atacaron de inmediato, primero la rodearon, evaluando.
Ciel no retrocedió ni buscó ayuda.
El primer ataque fue directo al cuello. Rápido, limpio.
Ciel giró apenas, desviando la hoja por centímetros y usando el impulso del atacante para desequilibrarlo contra otro. Movimiento preciso, sin desperdicio.
Pero eran muchos.
Y no era todo.
Un silbido corto atravesó el aire y, desde el exterior, un rugido respondió. Una bestia irrumpió rompiendo la entrada lateral, sus ojos completamente fuera de lugar, sin instinto, sin duda.
Control.
Otra bestia apareció, luego otra más. Los asesinos se movieron al mismo tiempo.
No buscaban matarla rápido.
Buscaban desgastarla.
Ciel lo entendió en segundos.
—…una trampa.
Retrocedió un paso, no por miedo, sino por cálculo. La primera bestia atacó con una velocidad que no correspondía a su tamaño. Ciel evitó el impacto, pero el suelo se fracturó bajo la fuerza.
No podía seguir conteniéndose.
Respiró una vez, lenta.
—…bien.
El cambio comenzó desde dentro. Sus sentidos se afinaron primero, su cuerpo respondió antes que su mente terminara de ordenar la decisión. Su visión se volvió más nítida, el tiempo pareció estirarse lo suficiente para reaccionar antes de que el golpe terminara de formarse.
Luego vino lo inevitable.
Su forma cedió.
No completamente humana, no completamente bestia. Orejas de zorro blanco, una cola que marcaba equilibrio y una presencia completamente distinta. Más ligera, más rápida, más precisa.
Más peligrosa.
—…media hora.
No era una queja.
Era un límite.
Sabía que si no usaba esa forma, se debilitaría. Las hembras bestia obtenían mayor poder en su forma animal, pero si la ignoraban, la perdían poco a poco.
Y ella ya había perdido suficiente.
La bestia atacó de nuevo, pero esta vez Ciel no retrocedió. Se movió primero. Desapareció de su posición y reapareció a un lado, golpeando un punto exacto que desestabilizó a la criatura. No buscaba fuerza, buscaba control.
Los asesinos ya no podían seguir su ritmo.
Uno cayó.
Luego otro.
Pero la presión no disminuía.
El tiempo avanzaba.
Diez minutos.
Veinte.
Treinta.
La transformación comenzó a pesar, no en el cuerpo, sino en la energía. Aun así, no se detuvo.
Se obligó.
A sostenerla.
A moverse más rápido.
A fallar menos.
Porque esa era la única forma de mejorar.
Cuando finalmente la forma cedió, su respiración cambió, más pesada, más marcada. Pero no se había roto.
Había aprendido.
La pelea continuó.
El combate completo ya superaba la hora.
Y aún no terminaba.
Otra bestia cargó contra ella y, esta vez, el impacto nunca llegó. La criatura fue lanzada contra la pared con una fuerza brutal que quebró la piedra.
Kaian había llegado.
No necesitó anunciarse. Su presencia llenó el espacio con naturalidad, colocándose frente a Ciel sin invadirla, sin apartarla.
—…llegué tarde.
Ciel lo observó apenas.
—…no lo suficiente.
Eso bastó.
Kaian se movió, y la diferencia fue clara. No era solo fuerza, era dominio. Durante la semana en la guerra había cambiado, no solo en experiencia. Había subido dos anillos de golpe.
No era normal.
Pero en él… encajaba.
Cada movimiento era exacto, sin desperdicio, pero más potente que antes. Las bestias cayeron rápido, los asesinos restantes no lograron reorganizarse.
El combate terminó.
Pero lo que dejó… no fue simple.
El silencio regresó lentamente. Ciel seguía de pie, ajustando su respiración. Kaian observó el entorno y luego a ella.
—…las están controlando.
—…sí.
—…no es algo simple.
—…no.
Se miraron, y esta vez fue distinto.
—…usaste tu forma.
—…sí.
—…la estás entrenando.
—…la necesito.
No hubo más explicación.
Pero fue suficiente.
—
En otra parte del castillo, lejos del ruido, el ambiente era completamente distinto. Erina estaba de pie frente a una mesa con varios informes sin sello. No eran documentos oficiales, eran información que no debía existir.
—…fallaron.
No lo dijo con enojo, sino con certeza.
Un hombre arrodillado frente a ella intentó responder, pero se detuvo cuando Erina levantó ligeramente la mano.
—…no me interesa si sobrevivió, me interesa lo que mostró.
Sus dedos recorrieron los informes.
—…asesinos suficientes… bestias controladas… presión constante…
Levantó la mirada.
—…y aun así…
—…cambió.
La voz no fue del hombre.
Otra figura apareció desde la penumbra, caminando sin ocultarse, como alguien que no necesita permiso para estar ahí.
Una mujer.
Elegante.
Imponente.
Archiduquesa.
Su mirada estaba cargada de desagrado.
—…no es la misma.
Erina la observó con calma.
—…eso parece.
La mujer avanzó un poco más.
—…la última vez que la vi era patética… arrogante sin base… débil.
Sus labios se tensaron levemente.
—…pero esto no coincide.
Erina inclinó apenas la cabeza.
—…te afecta más de lo que esperaba.
—…esa niña me hizo daño.
No fue exageración.
—…y no pude hacer nada.
—…porque no me dejaron.
Ambas entendieron de inmediato.
La emperatriz Luna.
Las sombras.
—…ya no están —dijo Erina.
—…lo sé —respondió la archiduquesa—, y eso es lo interesante.
Una leve sonrisa apareció en su rostro.
—…la emperatriz no retira protección sin razón.
—…la está probando —dijo Erina.
—…o la está dejando caer.
El silencio se volvió más denso.
—…si sigue siendo la misma… morirá sola.
—…y si no lo es…
La archiduquesa inclinó la cabeza apenas.
—…entonces la destruiré yo.
No había emoción.
Solo decisión.
—…esta vez no habrá sombras que la salven.
—
En otro punto del castillo, sin saber aún todo lo que se estaba moviendo en su contra, Ciel ya estaba reorganizando su siguiente paso.
Pero algo dentro de ella lo entendía.
Esto no había terminado.
Apenas había comenzado.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Erina vs ciel