La historia sigue a Anna, una joven cuya vida ha sido planificada como una transacción comercial por su madre, una mujer ambiciosa que ve en el matrimonio de su hija la salvación de su estatus. Anna, buscando un último respiro de rebeldía, se entrega a una noche de pasión con Sebastián, un extraño de mirada peligrosa y reputación cuestionable.
El conflicto estalla cuando Anna descubre que el "desconocido" de esa noche no solo es el hermano de su futuro marido, sino el hombre que habitará bajo su mismo techo.
NovelToon tiene autorización de cinthya Verónica Sánchez Pérez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
fin de la fiesta.
—¿No? —preguntó, acercando su boca a mi cuello, donde su aliento hizo temblar mi cuerpo—. Entonces dime que no quieres que te toque. Dime que no sientes nada cuando estoy cerca. Dime que prefieres a Fernando , como puedo pensar que estés celosa de Isabella, si tú debes de estar muerta de celos al no saber nada de Fernando, que mientras tu estás aquí el ya está con otra mujer.— dijo Sebastián soltándome para alejarse de mi.
Sebastián no sabía que entre Fernando y yo no había nada, que solo me estaba ayudando a escapar de mi boda.
—El es más hombre que tu, dudo mucho que me dejara sola o me mintiera.— dije alejándome de Sebastián.
— Más hombre no lo creo.— dijo Sebastián, volviendo me a tomar de la cintura poniéndome contra la palmera para besarme, no con ternura, todo lo contrario, con deseó, desesperación.
Intenté resistirme, poner las manos en su pecho para empujarlo, pero sus brazos se cerraron alrededor de mí, atrapándome entre él y la palmera, luchaba contra mi cuerpo y algo dentro de mi que pedía más.
Cuando finalmente me dejó respirar, mis labios ardían y el aire me faltaba. Sebastián seguía tan cerca que sus ojos azules apenas se distinguían en la penumbra.
—Más hombre que yo? —susurró, deslizando sus labios por mi mandíbula hasta mi oído—. Éso lo dudo mucho.
—No sabes lo que el hacía —jadeé, sintiendo cómo mi resistencia se desvanecía con cada caricia de sus dedos bajando por mi cintura—. Él quería que fuera feliz...
Volvió a besarme con desesperación y me miró a los ojos.
Volveremos a la fiesta solo un momento para saludar todos ahí adentro y después tu y yo volveremos a casa y te voy a demostrar que ese hombre no es nada comparado conmigo.
Cuando entramos de nuevo al jardín, la música seguía sonando y la gente seguía divirtiéndose, pero todos los ojos se volvieron hacia nosotros. Vi a Isabella mirándonos con una expresión de decepción en su rostro, mientras Julián sonreía con aprobación al ver cómo yo me apoyaba en Sebastián.
Sebastián nos dirigió hacia el grupo de sus socios, donde don Ricardo y otros invitados importantes seguían conversando.
—Disculpen la interrupción —dijo Sebastián con su voz firme y segura, poniendo su mano sobre mi cintura—. Solo quería saludar a todos antes de retirarnos. Mi esposa y yo tenemos algunos asuntos que resolver en casa, como saben aún estamos de luna de miel.
Los hombres saludaron con sonrisas, y algunas mujeres me miraron con envidia al ver el vestido y la forma en que Sebastián me miraba – como si fuera la única mujer en el mundo.
Antes de salir Sebastián me dió mi abrigo y me lo puse enseguida.
Isabella se acercó a nosotros antes de que pudiéramos irnos.
— Sebastián, te voy a estar esperando.— cuando dijo eso apreté los dientes Pero no dije nada solo sonreí.
—Isabella —dijo Sebastián— mañana nos vemos o si está noche no es como lo espero más tarde nos vemos.
Ella sonrió de manera calculadora, dirigiendo su mirada hacia mí esta vez, yo sentí un enojo crecer en mi pecho por las palabras de Sebastián, ahora todo tenía sentido para mí, toda la semana de su ausencia significa que había estado con ella.
—Claro, Sebastián —respondió, pero sus ojos me hablaban de una guerra que apenas comenzaba—. Solo quería recordarte que siempre estoy ahí cuando la necesites. Algunas cosas nunca cambian, ¿no crees?
Sebastián no respondió. Solo tomó mi mano con la suya y me condujo hacia el auto, abriéndome la puerta con cuidado antes de subirse del lado del conductor.
En el auto, me alejé de él, mirando por la ventana sin querer ver su rostro. Las palabras que acababa de decir resonaban en mi cabeza como un eco cruel – "si esta noche no es como lo espero más tarde nos vemos".
Toda esa semana que estuvo ausente, cuando me dijo que tenía asuntos importantes que resolver... ¡era con ella! No pude evitar que las lágrimas volvieran a mis ojos, pero esta vez las retuve con todas mis fuerzas, no quería darle la satisfacción de verme llorar de nuevo.
Me sentía como una idiota, no entendía por qué me molestaba tanto que el hubiera estado con otra mujer.
Al llegar a la mansión, enseguida se estacionó y yo abrí la puerta del auto y baje enseguida y subí las escaleras tan rápido como los tacones me dejaron.
Estaba por cerrar la puerta de la habitación cuando el la detuvo.
— Ya puedes irte con tu amiga, Ami solo déjame tranquila.— dije sin mirarlo.
— No entiendo toda esta actitud tuya, si no supiera cómo son las personas como tú, podría llegar a pensar que te importo.— dijo Sebastián detrás de mi mientras yo me quitaba los tacones.
Sus palabras me clavaron como una daga en la espalda. Me giré hacia él, con las manos temblando de rabia.
—Personas como yo? —grité, dejando el tacón caer al suelo con un ruido seco—. ¿Qué quieres decir con eso?.
Sebastián se acercó unos pasos, con la mandíbula apretada. Sus ojos azules estaban llenos de ira y algo más que no lograba identificar.
—Sí, Anna —dijo con voz seca—. Personas que casan por interés, que no dejan explicar nada,son caprichosas ,que prefieren creer lo peor antes que preguntar. Personas que actúan como si todo el mundo les debiera algo, cuando en realidad he hecho todo lo posible, le di una cantidad muy fuerte de dinero a tu mamá, al igual que pague todas sus deudas que tenían desde que murió tu padre y si no lo hubiera echo ahora mismo tu mamá dormiría en la calle.
—Mi mamá... dormiría en la calle? —susurré, poniéndome una mano en el pecho como si así pudiera contener el dolor que se expandía por mi cuerpo—. Ella nunca me dijo nada. Nunca mencionó que estábamos en esa situación.
— Por favor Anna deja de mentir, tu y tu mamá planearon todo esto de la boda, ella lleva hablando con mi padre por más de un año, tu plan era escapar con Fernando después de que yo pagará todo verdad— dijo Sebastián mirándome con desprecio.
—Eso es mentira! —le dije mirándolo—. Mi madre nunca habló con tu padre en la vida. Yo ni siquiera sabía que existía tu familia hasta la noche del compromiso con tu hermano, Lorenzo y ahora eres tu quien está molesto, cuando fue tu padre el que decidió el casarme contigo por qué Lorenzo ya había embarazado a una mujer.
— Porque tu madre y tú ya tenían un arreglo con el.— dijo Sebastián molesto.
— Si no me crees entonces, divórciate de mí y déjame tranquila yo te pagaré asta el último centavo que le diste a mi madre.— dije llorando.
— Y déjate el camino libre con ese muerto de hambre campesino de Fernando, primero muerto, tu eres mía.— dijo Sebastián tomándome de la cintura.
— Fernando no es un muerto de hambre deja de insultarlo.— dije luchando para soltarme de su agarre.
— Escúchame Anna, ese hombre jamás te va a dar lo que yo te doy o te va hacer sentir lo que yo te hago sentir y sobre todo jamás te a tener.— dijo Sebastián tomándome con más fuerza para besarme de tal forma que sexo sintió un cosquilleo.
Sus labios se movían sobre los míos con una mezcla de pasión y posesión, mientras sus manos recorrían mi espalda y mi cintura, haciéndome sentir cosas que nunca antes había experimentado. El cosquilleo se extendió por todo mi cuerpo, haciendo que mis piernas temblaran y tuviera que aferrarme a su cuello para no caerme.