Ximena Elara Mendoza… aunque, desde hace un año, dejó atrás su apellido. La mujer alta, de cintura esbelta y actualmente con cinco meses de embarazo, eligió ocultar su verdadera identidad demi casar-se con el hombre que ama.
Leonardo Fuentes, un hombre de origen humilde, había sido su senior en la universidad.
—Leonardo, ¿cuándo piensas casarte con mi amiga? Dijiste que ella también está embarazada —dijo su hermana, haciendo que los ojos de Leonardo se abrieran de par en par.
—¡Shhh! No hables de eso aquí.
—¿Por qué? ¿Tienes miedo de que tu esposa se entere? Sería mejor, así ya no tendrían que esconder más su relación. No quiero que juegues con los sentimientos de Dulce Marquez. Sabes bien que ella es una mujer respetable, de una familia influyente. No permitas que la gente descubra que está embarazada fuera del matrimonio.
Lo que ninguno de ellos sabía… es que alguien estaba escuchando toda la conversación.
“Muy bien… seguiré su jueguito. Vamos a ver quién gana al final.”
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Anye Menemui Arrayan
Capítulo 11: Anye busca a Arrayan
La noche se había vuelto profunda, pero aquella mujer de vientre abultado seguía de pie contemplando la inmensidad del mar. Un hombre alto y fornido se le acercó.
—Anye, ¿no estoy equivocado, verdad? Me mandaste un mensaje —dijo él con una sonrisa emocionada.
—Así es, Ray. Yo te escribí —confirmó Anye.
—Acepto tu propuesta —agregó sin preámbulos.
—¿Qu... qué quieres decir? —Arrayan se atragantó. Aquel hombre que la observaba fijamente no daba crédito a lo que escuchaba.
—Sí. Acepto tu declaración. Casémonos, pero después de que mi divorcio con Gilang sea oficial. Y tú también tienes que divorciarte de Gina. Quiero una relación limpia, sin ataduras que puedan convertirnos en motivo de escándalo —dijo Anye.
—No quiero que me señalen como la otra en tu matrimonio. Hazlo cuanto antes, si de verdad me amas. Ya presenté la demanda de divorcio. Faltan tres semanas para que sea efectivo, justo el día en que Gilang celebre su segunda boda con su amante. Voy a presentarme como su exesposa, y en ese momento quiero que tú te divorcies de Gina.
—Hazlo frente a todos los invitados, para que no haya dramas de rechazo. Muestra las pruebas de las infidelidades de Gina. Sé perfectamente, Ray, que tu esposa paga gigolos con mi dinero. Y eso no lo voy a tolerar. Tenemos menos de veintiún días para preparar cada detalle de la sorpresa. Quiero que me ayudes a vengarme de todos ellos.
—Ahora mismo no te amo. Pero si me eres fiel, voy a aprender a abrirte mi corazón —dijo Anye, contemplando el rostro atractivo de Arrayan.
Arrayan la envolvió en un abrazo.
—Gracias por aceptarme. Te juro que seré fiel. Dame tres semanas y te daré la boda más espléndida que puedas imaginar —exclamó, dejándose llevar por la emoción.
La apretó con fuerza hasta que Anye protestó.
—¡Ray! ¿Estás loco? Estoy embarazada y me aplastas la panza —gritó Anye.
—Perdón, cariño, perdón... Se me olvidó —se disculpó Arrayan, llamándola "cariño" con una naturalidad que lo sorprendió a él mismo.
—No me llames cariño todavía, Ray. Aún no es momento —lo frenó Anye.
—No quiero una boda lujosa. Nos casaremos por lo religioso, sin registro civil. Cuando nazca el bebé, entonces sí formalizamos todo —explicó ella.
—¿Quieres decir que vamos a ocultar nuestro matrimonio por un tiempo? —Arrayan la miró con una sombra de decepción.
—Sí. Estoy embarazada. Entiende que una mujer en mi estado no debería divorciarse.
—Y menos aún casarse de nuevo antes de que termine el periodo de espera legal. Habría demasiados comentarios malintencionados sobre nosotros, sobre todo sobre mí. ¿Lo entiendes, Ray?
—También necesito asegurarme de que aceptes a mi hijo. El bebé que llevo dentro no tiene culpa de nada. Le toca nacer en medio de una tormenta, y eso ya es bastante injusto.
—Lo entiendo. Este bebé será mi hijo también. No te preocupes por eso. Lo querré como si fuera mío. No haré ninguna diferencia entre él y los hijos que tengamos juntos. Porque quiero tener muchos hijos con la mujer que amo. Anye, te amo con toda el alma —declaró Arrayan con sinceridad.
—Está bien. Ahora vuelve a casa, Ray. Busca las pruebas de las infidelidades de Gina. Y prepara los papeles del divorcio. Quiero que todo salga perfecto, porque te voy a involucrar en mi plan de venganza. Hasta que ambos divorcios sean oficiales, no demuestres que tenemos un acuerdo. Actúa como siempre. Seguiremos su juego —sentenció Anye con determinación.
—De acuerdo. Me voy entonces. ¿Puedo darte un beso, como señal de nuestro pacto? —preguntó Arrayan.
Anye se quedó en silencio. Su corazón ya latía desbocado desde hacía rato. Tras pensarlo un momento, asintió.
La alegría que inundó a Arrayan fue desbordante. Aquel hombre que en toda su vida nunca había tocado a una mujer se mostró torpe al principio. Pero su instinto se encendió de inmediato.
Se acercó lentamente, le tomó la nuca con una mano y la cintura con la otra. Al principio fue apenas un roce de labios. Después, poco a poco, los besos se hicieron más profundos. El chasquido húmedo y el calor se extendieron entre los dos. No había lujuria en ese beso. Solo amor. Un símbolo de lo que sentían. Duró largo rato; ambos cerraron los ojos, dejándose llevar.
"Este beso es tan cálido, tan suave. Ray no muestra ni un ápice de deseo. Lo que siento es un amor enorme, un amor que Gilang jamás me dio", pensó Anye mientras se dejaba envolver por aquella calidez.
Arrayan se separó al notar que los labios de Anye se habían hinchado por su insistencia.
—Mi primer beso. Para mi primer amor y la primera mujer que tiene mi corazón. Serás la única dueña de ese beso. La primera y la última a quien le entregue todo. Te amo... muchísimo, Anye. Espero que algún día puedas corresponderme. Voy a esperar ese momento.
—Lo harás, Ray. Estoy segura. Te agradezco un amor tan grande. Y creo que no me será difícil corresponderte. Toca aquí, en mi pecho: late con fuerza. Y solo pasa contigo. No sé desde cuándo ni por qué, pero lo disfruto. Voy a abrir la puerta de mi corazón.
Bajo la luz tenue de la luna, dos almas atrapadas en matrimonios ficticios acababan de sellar un amor verdadero. Arrayan y Anye, reunidos otra vez, ya no estaban solos. Como si el destino les hubiera abierto camino, se declararon el uno al otro. Dos almas que ahora eran una sola.
Arrayan la miró una vez más. Sus labios dibujaron una sonrisa dulce y serena. La sonrisa que había guardado durante cinco años, oculta del mundo entero.
—Cariño... Me voy. Cuídate mucho. Sobre todo el embarazo. Déjame llamarte así cuando estemos solos. Te amo, y amo al bebé que llevas dentro.
—Gracias por tu amor, Bee. Desde esta noche, yo también te llamaré así cuando estemos a solas. Apresura tu divorcio, Bee, para que podamos estar juntos cuanto antes. Y ayúdame a cobrar todo el dolor que me causaron —respondió Anye, devolviéndole la sonrisa.
—Gracias por intentar abrir tu corazón, aunque sé que no es fácil.
Esa noche, Arrayan se marchó. Pero no a la casa donde había vivido hasta entonces. Arrayan regresó a su propia casa. Una mansión que nadie sabía que le pertenecía. El fruto de su trabajo como dueño de una agencia automotriz y de un restaurante. Arrayan había engañado a Gina durante años, haciéndose pasar por un simple mecánico.
La mansión, ubicada en una zona residencial exclusiva, permanecía cerrada. No vivía nadie allí. Arrayan no confiaba fácilmente en la gente; la única excepción era su asistente personal, Haidar Yahya.
Haidar lo suplantaba en la agencia como falso CEO. En cuanto al restaurante, Arrayan aparecía de vez en cuando a revisar los libros contables.
Amaneció de nuevo, pero el hombre que no había pegado ojo en toda la noche seguía fresco, sin rastro de sueño. La felicidad desbordante era la culpable de su insomnio. Porque cada vez que cerraba los ojos, el recuerdo de aquel beso lo asaltaba. Sentía que no estaba listo para dejarlo ir. Quería más. Pero tendría que esperar.
Mientras tanto, en la casa de Anye, esa mañana Zemi se presentó con la excusa de visitar a Gina.
—¡Zemi, qué alegría, cariño! Menos mal que Anye no está. ¿Cómo va el embarazo? ¿Mi nieto está sano? —preguntó mamá Ambar, encantada.
—Todavía no lo ha tocado, mamá. Ponga la mano aquí. Ya está creciendo, y está sanísimo.
—Qué alivio. Solo al hijo de tu vientre voy a reconocer como mi nieto. Estoy segura de que Gilang piensa igual; no soporta a Anye ni al bebé que carga. Todo fue porque Anye se le obsesionó, eso ya lo sabes. En fin, ve a ver a tu futuro esposo. Gilang sigue en su cuarto. Yo les preparo el desayuno.
Con los ojos brillantes, Zemi entró al dormitorio de Gilang y Anye. Aquella mujer que se preciaba de decente no tenía reparo alguno en seducir al marido de otra en su propia cama. Porque a los dos les sobraba el descaro.
—Gilaanng... —susurró Zemi con voz lánguida al oído de Gilang, que aún dormía. Se desnudó por completo y se montó sobre él.
Tomó la mano de Gilang y la colocó sobre su pecho.
—Gilang, despierta. Vamos a jugar —ronroneó. Él, por supuesto, no se hizo de rogar. Y comenzó otra batalla cuerpo a cuerpo.
Pero justo cuando Zemi se movía con frenesí encima de Gilang, la puerta se abrió de par en par con un golpe seco.
¡Pum!
—¡Malditas zorras descaradas! ¿Qué están haciendo?
no no vi el amor de pareja Xime quiero un esclavo por Dios
Geográficamente hablando empieza supuestamente en México pagando con Rupias????, después dicen que están en indonesia, luego escapan a Dinamarca y resulta que es Suecia, y así entre otros tiene muchísimos errores que dificultan el poder disfrutar de una buena historia que si no fuera por eso la calificaría con 5 estrellas