Angélica Almira Gallardo lo tenía todo: juventud, belleza, una empresa que construyó desde cero y un matrimonio que creía perfecto. Pero una noche, un rastro de besos ajenos en el cuerpo de su esposo le reveló una verdad devastadora: Diego no solo la engañaba con otra mujer, sino que toda su familia política conspiraba para arrebatarle su fortuna, su empresa y su hogar.
Embarazada de cinco meses y con el corazón destrozado, Angie decide no quebrarse. En lugar de lágrimas, elige venganza. Congela cuentas bancarias, retoma el control de su compañía y empieza a desmontar, pieza por pieza, la red de mentiras que la rodea. Pero la vida le reserva un giro que jamás imaginó: descubrir que el hombre que lleva diez años amándola en silencio duerme bajo el mismo techo... y es el esposo de su cuñada.
Entre traiciones que cortan como cuchillos, secretos familiares que reescriben el pasado y un amor que desafía toda lógica, Angie deberá decidir hasta dónde está dispuesta a llegar para recuperar lo que le pertenece... y para abrirle la puerta a quien siempre debió estar a su lado.
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Anye Menemui Arrayan
Capítulo 11: Angie se reúne con Adrián
La noche se había adentrado bastante, pero aquella mujer de vientre prominente seguía de pie contemplando la inmensidad del océano. Un hombre alto y fornido se acercó a ella.
—Angie, no me equivoco, verdad? Me enviaste un mensaje hace rato... —preguntó con una sonrisa conmovida.
—Así es, Adrián. Yo te envié ese mensaje —respondió Angie.
—Acepto tu propuesta —agregó.
—Qu... Qué quieres decir? —Adrián tartamudeó. El hombre que desde hacía rato la observaba fijamente se quedó atónito ante aquella declaración tan directa.
—Sí, acepto lo que sientes por mí. Casémonos, después de que mi divorcio con Diego sea oficial y tú también te divorcios de Gina. Quiero una relación limpia, sin ataduras que puedan convertirse en una vergüenza para los dos —dijo Angie.
—No quiero que me tachen de roba-maridos por mi matrimonio contigo. Hazlo lo antes posible, si de verdad me quieres. Yo ya presenté la demanda de divorcio. Me quedan apenas tres semanas, justo cuando Diego celebre su segunda boda con esa mujerzuela. Voy a presentarme como su ex, y ese mismo día quiero que te divorcies de Gina.
—Divórciate de tu esposa frente a todos los invitados, para que no haya drama de rechazo. Presenta las pruebas de la infidelidad de Gina. Yo sé que tu esposa ha contratado gigolos con mi dinero, y eso no lo voy a tolerar. Nos quedan menos de veintiún días para preparar todas las sorpresas. Quiero que me ayudes a vengarme de todos ellos.
—En este momento, todavía no te amo. Pero mientras me seas fiel, aprenderé a abrir mi corazón para ti —declaró Angie, contemplando el rostro apuesto de Adrián.
Él la envolvió en un abrazo firme.
—Gracias por aceptarme. Te juro que seré fiel. Dame tres semanas y te daré la boda más espléndida —exclamó Adrián, fuera de sí.
Abrazó con fuerza el cuerpo de Angie, hasta que la mujer embarazada protestó.
—Adrián... Estás loco, estoy embarazada y me abrazas así de fuerte. Me estás aplastando la panza —gritó Angie.
—Dios mío, perdón, mi amor. Perdona, se me olvidó —dijo Adrián, sin la menor vacilación al llamarla así.
—No me llames "mi amor", todavía no es el momento —le recordó Angie.
—No quiero una boda lujosa, porque nos casaremos en privado. Cuando yo dé a luz, ahí sí formalizamos nuestro nuevo estado civil —explicó.
—Quieres decir que por ahora mantendremos nuestro matrimonio en secreto? —Adrián la miró con un dejo de decepción.
—Así es, porque estoy embarazada. Entiende que una mujer en mi estado no debería divorciarse —respondió Angie.
—Y menos casarse antes de que termine el período legal de espera. Habría demasiadas habladurías sobre nosotros, especialmente sobre mí como mujer. Me entiendes, verdad?
—Y también necesito asegurarme de que aceptarás a mi bebé. La criatura que llevo en el vientre no tiene la culpa de nada. Al contrario, es una lástima que tenga que nacer en medio de esta situación tan difícil.
—Lo entiendo. Este bebé también será mi hijo. No te preocupes, lo amaré con todo mi corazón. No haré diferencia entre él y los hijos que tengamos juntos en el futuro. Porque quiero tener muchos hijos con la mujer que amo. Angie, te amo profundamente —dijo Adrián con absoluta sinceridad.
—Está bien. Ahora vete a casa. Reúne las pruebas de la infidelidad de Gina y prepara los papeles del divorcio. Quiero que todo el plan sea perfecto, porque voy a involucrarte en mi venganza. Hasta que nuestros divorcios sean oficiales, no muestres que tenemos un acuerdo. Compórtate como siempre; sigámosles el juego —sentenció Angie con determinación.
—De acuerdo. Pero antes de irme... como señal de nuestro pacto, puedo besarte, Angie? —preguntó Adrián.
Angie guardó silencio. Lo cierto era que desde hacía rato su corazón no dejaba de latir con fuerza. Tras pensarlo largamente, asintió.
La alegría de Adrián fue indescriptible. Aquel hombre que en toda su vida jamás había tocado a una mujer se veía torpe y rígido. Pero su instinto masculino se activó de inmediato.
Adrián se acercó despacio a Angie, le tomó la nuca con una mano y le sostuvo la cintura con la otra. Al principio solo fue un roce de labios, pero poco a poco el beso se tornó profundo y delicioso. Los chasquidos húmedos y el calor se extendieron entre ambos. Un beso tierno, sin rastro de lujuria. Solo un símbolo de amor. El beso se prolongó lo suficiente para que los dos cerraran los ojos y se dejaran inundar por lo que sentían.
Este beso es tan cálido, tan suave. Adrián no muestra ni un ápice de deseo carnal. Lo que siento es un amor enorme, un amor que nunca recibí de Diego. Así pensaba Angie mientras saboreaba aquel beso que la hacía sentir en paz.
Adrián puso fin al beso cuando notó que los labios de Angie se habían hinchado por su causa.
—Mi primer beso, para mi primer amor y la primera mujer dueña de mi corazón. Serás la única poseedora de este beso. La primera y la última mujer a quien le entregue mi alma entera. Te amo... muchísimo, Angie. Ojalá algún día puedas corresponderme. Esperaré el tiempo que haga falta.
—Claro que sí. Agradezco un amor tan grande. Y creo que no me costará mucho trabajo corresponderte. Pon la mano en mi pecho: siente cómo retumba. Y eso solo me pasa contigo. No sé desde cuándo ni qué significa exactamente, pero lo que sé es que lo disfruto. Voy a abrir las puertas de mi corazón.
Bajo la tenue luz de la luna, dos personas aún atadas a matrimonios falsos acababan de sellar un amor verdadero. Adrián y Angie se habían reencontrado, esta vez sin estar solos. Como si el destino les hubiera abierto el camino, ahora habían declarado lo que sentían. Adrián y Angie eran dos almas convertidas en una sola.
Adrián la miró una vez más. Sus labios dibujaron una sonrisa dulce y suave, la misma que había guardado durante cinco años, oculta de todos.
—Cariño, me voy. Cuídate mucho, sobre todo tu embarazo. No me prohíbas llamarte así cuando estemos a solas. Te amo. También amo al bebé que llevas dentro.
—Gracias por tu amor, cielo. A partir de esta noche, yo también te llamaré así. Pero solo cuando estemos solos. Tramita tu divorcio lo antes posible para que podamos estar juntos de una vez... y para que vengues el dolor que me causaron —respondió Angie, devolviéndole la sonrisa.
—Gracias por intentar abrir tu corazón, aunque sé que no es fácil.
Esa noche Adrián se fue de verdad, pero no a la casa donde había vivido hasta entonces, sino a su propia residencia. Una mansión lujosa que casi nadie sabía que le pertenecía. Fruto de su trabajo al frente de la concesionaria de autos y el restaurante. Adrián había logrado engañar a Gina haciéndose pasar por un simple mecánico.
La mansión, situada en una zona residencial exclusiva, permanecía cerrada a cal y canto. No había nadie viviendo allí, pues Adrián no confiaba fácilmente en nadie salvo en su asistente personal, Haidar Yahya. Era Haidar quien ocupaba el puesto de CEO fachada en la concesionaria, mientras que Adrián se pasaba de vez en cuando por el restaurante para revisar los libros contables.
El sol de la mañana ya había despuntado, pero el hombre que no había podido pegar ojo en toda la noche seguía viéndose fresco y despierto. El corazón desbordante de felicidad era la razón por la que no lograba cerrar los ojos: cada vez que lo intentaba, el recuerdo de aquel beso lo asaltaba. Sentía que no podía aceptar que el beso hubiera terminado. Que tendría que esperar demasiado para el siguiente.
Mientras tanto, en casa de Angie, esa mañana Sami se presentó con el pretexto de visitar a Gina.
—Sami, viniste, querida? Qué bueno que Angie no está en la casa. Cómo va tu embarazo, mi nieto está bien? —preguntó doña Ámbar, radiante.
—Todavía no ha podido tocarlo. Venga, ponga la mano aquí. Ya está creciendo, y claro que está sano.
—Qué alivio. Solo al hijo de tu vientre voy a reconocer como mi nieto. Y estoy segura de que Diego piensa igual: él no soporta a Angie ni al bebé que lleva adentro. Todo fue porque Angie estaba obsesionada con él, eso ya lo sabes. En fin, ve a ver a tu futuro esposo. Diego todavía está en su habitación. Voy a preparar el desayuno.
Con el rostro resplandeciente, Sami entró al dormitorio de Diego y Angie. Aquella mujer que se proclamaba decente no tenía el menor reparo en seducir al marido ajeno, porque los dos estaban cortados por la misma tijera.
—Diegoooo... —Sami le susurró al oído con voz lasciva mientras él seguía dormido. Luego se desnudó por completo y se sentó a horcajadas sobre el abdomen de su amante.
Tomó la mano de Diego y se la colocó sobre el pecho.
—Diego, despierta. Vamos a jugar —ronroneó Sami para despertarlo. Por supuesto, él respondió encantado, y lo que siguió fue un combate cuerpo a cuerpo.
Pero justo cuando Sami se movía desenfrenadamente sobre Diego, la puerta se abrió de golpe.
PAM.
—Par de desvergonzados, qué están haciendo?
no no vi el amor de pareja Xime quiero un esclavo por Dios