La trama gira entorno a dos hermanas, y como a causa del daño que Kattya la hermana menor causa en su novio , desata una venganza donde la que paga un alto precio es su hermana mayor Cassandra.
¿Podrá la venganza vencer? o ¿el amor encontrará su camino?
NovelToon tiene autorización de Evelyn Sanchez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
La ternura del Caos
El timbre de un telefono se oyo en medio del silencio , era el teléfono de Marcus, quien al oir lo que se decia al otro lado, sentia sorpresa no pensaba que un milagro asi ocurriria tan pronto de su regreso, hasta el ya habia perdido las esperanzas despues de tanto.
Marcus colgó el teléfono con las manos temblorosas. La noticia del hospital —que Charly no solo había abierto los ojos, sino que empezaba a reaccionar— era lo que Alexander había esperado durante cuatro años. Sin embargo, al mirar a través de la puerta entreabierta del estudio, Marcus vio a su jefe con la mirada perdida, rodeado de botellas de cristal y el eco de la confrontación con Rodrigo de la Vega.
—Mañana —susurró Marcus para sí mismo—. Si le doy esta noticia ahora, en este estado, el caos será irreversible.Y no se equivocaba.
Marcus se retiró, dejando a Alexander solo con sus demonios. Pero Alexander no buscaba el olvido en el alcohol, sino el valor. El miedo, un sentimiento que creía extinto, lo estaba asfixiando. No era miedo a la justicia, sino el terror visceral de que Cassandra finalmente hubiera cortado el hilo invisible que los unía. La idea de ella en Suiza, libre, feliz y lejos de su control, le dolía más que cualquier herida física y ni hablar de la sola idea de imaginarla feliz junto a alguien más.
Alexander caminó por el pasillo en penumbra. No entró en su habitación, ni si quiera se le pasó por la cabeza entrar a la habitación de su cuñada, a pesar de que ella había dejado la puerta entreabierta como una invitación. Sus pasos lo llevaron, como por un imán, a la habitación del ala este.
Entró sin hacer ruido. Cassandra estaba sentada junto a la ventana, mirando la luna, con una maleta a medio hacer sobre la cama. Al verlo, ella no se asustó; simplemente lo miró con una resignación que le partió el alma.
—¿Vienes a darme más órdenes, Alexander? —preguntó ella con voz suave—. ¿O a recordarme lo mucho que me desprecias?
Alexander no respondió con palabras. Se acercó a ella y, por primera vez en años, no hubo rigidez en su postura. Se arrodilló frente a ella, tomando sus manos entre las suyas. Cassandra se tensó, esperando el dolor, pero lo que encontró fue un calor que creía olvidado.
—No te vayas —susurró él, y por primera vez, su voz no era una orden, sino una súplica rota.
Esa noche, el muro de hielo que Alexander había construido se derritió bajo el peso de una verdad que no podía seguir ocultando. A diferencia de la noche de su mayoría de edad, marcada por el alcohol y el reclamo de propiedad, esta vez hubo una devoción desesperada.
Alexander la besó como si ella fuera el aire que le faltaba. Sus manos, antes bruscas, recorrieron el rostro de Cassandra con una delicadeza infinita, pidiendo perdón en cada caricia sin necesidad de pronunciar la palabra. Cassandra, que había jurado no volver a caer, se sintió desarmada. En la penumbra de la habitación, ella no vio al verdugo ni al magnate cruel; vio al hombre que la había enamorado en el campus, al hombre que parecía estar pidiéndole que lo salvara de su propia oscuridad , vio al hombre con el que choco por primera vez.
El amor que Alexander había intentado sofocar con odio, con viajes y con la presencia de Kattya, se desbordó. Fue un encuentro de almás heridas: ella, buscando el porqué de tanto dolor; él, intentando detener el tiempo para que ella nunca cruzara esa puerta lejos de él.
Cuando los primeros rayos del sol iluminaron la habitación, Alexander seguía allí, abrazándola con una fuerza posesiva pero protectora. Cassandra dormía con el rostro apoyado en su pecho, con la expresión más tranquila que había tenido en años.
Sin embargo, Alexander permanecía despierto. La ternura de la noche no había borrado la realidad. Sabía que abajo, Su cuñada lo esperaba para seguir con la farsa, y que Marcus tenía informes que procesar. Pero lo que más le pesaba era el vacío de su propia mentira. Había amado a la mujer que juró destruir, y ese amor lo hacía vulnerable.
"No puedo dejarte ir", pensó, besando su frente con suavidad. "Pero tampoco sé cómo pedirte que te quedes cuando descubras quién soy realmente".
Alexander se levantó con cuidado de no despertarla. Al salir al pasillo, se encontró con Marcus, que lo esperaba con el rostro pálido como si algo malo hubiera pasado.sin imaginar que este traería la noticia que cambiaría su vida.
—Señor —dijo Marcus con voz trémula—. Tiene que venir conmigo. Charly... Charly ha despertado. A intentado hablar ...
El mundo de Alexander se detuvo. La alegría de la recuperación de su hermano chocó de frente con la culpa de la noche que acababa de pasar. La verdad estaba a punto de emerger, y Alexander Thompson sabía que, en el momento en que Charly pronunciara el nombre de la verdadera culpable, el frágil puente de ternura que acababa de construir con Cassandra se quemaría hasta las cenizas.
La expresión de Alexander ,no era algo que Marcus esperaba, pero después de pensarlo un poco se dio cuenta de donde acababa de salir su Jefe, además sabía que si había cometido un error con su Señora, era definitivo que con el despertar de Charly eso acabaría mal.
Marcus solo suspiro y observó a Alexander que rápidamente volvió a su postura habitual y empezó a dar órdenes como cada día, este solo asintió y lo miró con algo de lástima, sabía que Alexander era un buen hombre que había pasado por cosas terribles y quizás todo aquello lo había convertido en el hombre que es, pero también sabía que era un hombre justo y este solo pensamiento último era lo que más lo complicaba, como actuaría si en todo este tiempo estuvieron equivocados.
Se sacudió ese pensamiento y se retiró a cumplir con las órdenes de su Jefe.