En la ciudad prohibida, las reglas no solo están escritas en piedra, sino también en el corazón de un hombre que juró nunca amar.
NovelToon tiene autorización de Leydis_Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 16: La Retirada Táctica
El sol de la mañana se filtraba a través de las persianas de madera del apartamento de Mei Ling, proyectando líneas horizontales sobre las montañas de papel vegetal, maquetas de cartón pluma y tazas de café vacías. Beijing, fuera de su ventana, rugía con su habitual impaciencia, pero dentro, el aire estaba estancado. Mei Ling no había ido a la oficina de Li Corp en dos días. Había enviado un escueto correo electrónico a Zhang Bo y a la secretaría de Li Wei alegando una "necesidad de concentración técnica absoluta" para integrar las modificaciones sugeridas por el Grupo Shao.
Era una mentira a medias. La verdad era que necesitaba aire. El aire en la planta 45 se había vuelto irrespirable, saturado de la presencia de Lin Shao y del silencio cómplice de Li Wei.
Se encontraba sentada en el suelo, rodeada de planos. Sus dedos, manchados de grafito, trazaban de nuevo el núcleo de la torre. Intentaba, con una desesperación creciente, encajar los sistemas suizos de Lin Shao en su diseño, pero cada vez que lo intentaba, la armonía del edificio se rompía. Era como intentar meter un motor de tractor en el cuerpo de un cisne.
—No funciona —susurró para sí misma, lanzando el lápiz contra la pared—. No es una mejora, es una mutilación.
Su teléfono vibró sobre la mesa de madera. Era el décimo mensaje de Zhang Bo en lo que iba de mañana.
*“Mei, tienes que venir. La tensión aquí es insoportable. Li Wei está despidiendo gente por errores en las fotocopias. Lin Shao está instalada en la sala de juntas como si fuera la dueña. Si no apareces con esos cambios, esto va a estallar.”*
Mei Ling suspiró y dejó caer la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos. Podía imaginar la escena. Li Wei, en su modo de "Dragón de Hierro", descargando su frustración sobre los empleados mientras Lin Shao observaba con esa sonrisa de porcelana. Lo que más le dolía no era la arrogancia de la otra mujer, sino la capitulación de él. Li Wei, el hombre que decía que ella era su igual, la había dejado sola frente a una heredera que la trataba como a una empleada doméstica de lujo.
Se levantó y caminó hacia el pequeño balcón. Desde allí, podía ver a lo lejos la silueta de los rascacielos del distrito financiero. Algún día, su torre estaría allí. O quizás no. Quizás el precio de su sueño era aceptar que, en el mundo de las grandes dinastías chinas, el talento era solo una moneda de cambio que siempre valía menos que el linaje.
—¿Vale la pena? —se preguntó en voz alta.
Pensó en la noche en la villa, en la calidez de la piel de Li Wei, en la forma en que él la miraba cuando creía que nadie los observaba. ¿Era todo una ilusión? ¿O era Li Wei simplemente un hombre atrapado en una red de oro tan intrincada que ni siquiera él podía ver los hilos?
Decidió que necesitaba un tiempo fuera definitivo. No solo de la oficina, sino del torbellino emocional que Li Wei representaba. Empezó a guardar sus cosas en una carpeta de cuero, con la intención de irse a una pequeña biblioteca en las afueras, un lugar donde nadie la conociera.
Pero justo cuando iba a cerrar la carpeta, alguien llamó a la puerta. No era el golpe rítmico del repartidor, ni la insistencia nerviosa de Zhang Bo. Eran tres golpes secos, autoritarios, que hicieron que su corazón diera un vuelco.
Mei Ling se quedó helada. Miró hacia la puerta, sintiendo una mezcla de miedo y una esperanza que odiaba. Se acercó lentamente y miró por la mirilla.
Allí estaba él. Li Wei no llevaba su habitual chaqueta de traje; estaba en mangas de camisa, con la corbata aflojada y el cabello ligeramente desordenado por el viento de la tarde. Parecía cansado, casi humano.
Mei Ling dudó. Quería dejarlo allí, quería que experimentara lo que era ser ignorado, ser dejado fuera. Pero su cuerpo no obedeció a su orgullo. Abrió la puerta.
—Se ha equivocado de dirección, señor Li —dijo ella, apoyándose en el marco de la puerta con los brazos cruzados. Su voz era un témpano de hielo—. El palacio de los Shao está en la otra dirección.
Li Wei no respondió de inmediato. La miró de arriba abajo, deteniéndose en sus ojos cansados y en las manchas de tinta en sus dedos. Suspiró, y en ese suspiro pareció soltar gran parte de la armadura que llevaba puesta.
—No estoy para juegos, Mei Ling —dijo él, su voz baja y cargada—. He pasado dos días buscándote. No respondes a los mensajes, no estás en la oficina. ¿Qué crees que estás haciendo?
—Una retirada táctica —respondió ella, retrocediendo para dejarlo pasar, aunque solo porque no quería que los vecinos escucharan su discusión—. Estoy haciendo mi trabajo, Li Wei. Ese trabajo que tú decidiste que era secundario frente a los deseos de tu "socia histórica".
Li Wei entró en el apartamento y se detuvo en seco al ver el caos de planos y maquetas. Era un espacio pequeño, lleno de libros y de la personalidad vibrante de Mei Ling. Era lo opuesto a su oficina estéril. Se sintió como un gigante en una caja de cristal.
—No es secundario —dijo él, dándose la vuelta para enfrentarla—. La financiación de los Shao es necesaria para que este edificio no sea solo un esqueleto de acero abandonado si el mercado cae. Es pragmatismo, Mei Ling.
—¡Es cobardía! —estalló ella, dando un paso hacia él—. En esa oficina, ella me insultó. Despreció mi trabajo, me trató como si fuera alguien a quien tú habías contratado por lástima. Y tú... tú te quedaste allí, mirando un informe, como si no estuviera pasando nada. Como si no nos hubiéramos dicho lo que nos dijimos.
—Tenía que mantener las formas —dijo Li Wei, apretando los puños—. Lin Shao representa un capital que no puedo ignorar. Sus padres y los míos...
—¡Me da igual su genealogía! —le interrumpió Mei Ling, con lágrimas de rabia asomando a sus ojos—. Si el "Ala del Fénix" tiene que ser construida sobre la base de mi humillación y de tu silencio, entonces no quiero construirla. Quédate con tu dinero suizo y con tu heredera perfecta. Busca a otro arquitecto que esté dispuesto a ser una sombra. Yo he terminado.
El silencio que siguió fue sepulcral. Li Wei la miró como si la viera por primera vez, no como la profesional brillante, sino como la mujer que estaba dispuesta a tirar todo por lo que había luchado solo por defender su integridad. El "Dragón de Hierro" pareció resquebrajarse. Dio un paso hacia ella, extendiendo una mano, pero Mei Ling retrocedió.
—Vete de aquí, Li Wei —susurró ella—. Vuelve a tu mundo de cristal. Aquí no hay nada que puedas gestionar.
Li Wei no se movió. Se quedó allí, en medio de los planos de la mujer que amaba, dándose cuenta de que su mayor error de cálculo no había sido el presupuesto o el diseño, sino creer que podía tenerla sin darle el lugar que le correspondía.