Kendra Barreto es la joya de la familia Barreto, para satisfacer la ambición de su madre, traicionó a su hermana menor Keila y aceptó un matrimonio vacío, sin embargo, el destino le impuso a un guardián que no puede ser comprado: Axel García, un exmilitar con un pasado oscuro y que no puede doblegarlo a su antojo.
Lo que comenzó como una noche de debilidad entre la heredera y el guardaespaldas se convirtió en su ruina y, a la vez, en su salvación, con el nacimiento de su hijo Bennet, se descubre el fraude: el niño no es hijo del esposo de Kendra sino de Axel.
Repudiada por todos y perseguida por una madre dispuesta a todo para ocultar el escándalo, abandonará su mundo y huirá, y en su carrera desesperada por la supervivencia, descubrirá que el hombre que la mira con desconfianza es el único capaz de salvarla, y que, para proteger a su hijo, tendrá que aprender a luchar con uñas y dientes, lejos de los lujos que una vez la definieron.
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Capítulo VI: La marioneta de Cristal
René era un novio ideal, cariñoso, inteligente, fiel y apasionado, pero Kendra sentía que algo estaba mal como si ese hombre no le perteneciera, por eso cada vez que podía le hablaba mal de su hermana, tanto que con el tiempo Keila y René cada vez que se veían no dudaban en mostrar su desagrado.
—A veces me siento un poco aburrida de René —murmuró Kendra para sí misma una tarde, observando su reflejo en el espejo.
Kendra lo sentía como un triunfo, aunque era consciente de que no eran compatibles, pero su necesidad de competir con su hermana la animaba, el verdadero problema estalló cuando Ifigenia se enteró de la relación.
—¡Debes haberte vuelto loca, ese hombre es un pobre diablo! —sentenció Ifigenia con un desdén que cortaba el aire.
—Mamá, es uno de los profesores más respetados de la facultad, además de que es un emprendedor con negocio propio —lo defendió Kendra, más por orgullo que por amor.
—Es un perdedor —insistió Ifigenia.
Desde el asiento del conductor Axel escuchó como Ifigenia se expresaba de René y estaba asqueado porque era un hombre que poco a poco se estaba forjando su propio camino además de que trataba a Kendra con mucho respeto, era todo un caballero y le constaba.
Ver cómo Ifigenia insultaba a René solo por no pertenecer a su misma clase social le recordaba a Axel por qué despreciaba tanto el mundo de las apariencias.
—Mamá, papá … Ángel y yo decidimos ser novios—dijo Keila con una tímida sonrisa, rompiendo la tensión del comedor.
Pero la sorpresa de Ifigenia no terminó allí, porque un mes después Keila comenzó a salir con Ángel Pérez un amigo de la infancia de Kendra, un abogado exitoso y la persona que Ifigenia había escogido para Kendra.
—Me alegro por ustedes —dijo Andrés con mucha frialdad.
Axel desde la distancia negó con la cabeza pensando en que a pesar de que Ángel y Keila compartían el mismo estatus social y educación, había algo en su química que se sentía forzado.
—No es mi asunto, pero estas hermanas tienen un gusto pésimo para escoger hombres —murmuró Axel para sí mismo.
Lo más cínico de la situación era la doble moral de Ifigenia, porque despreciaba a los hombres que no tenían fortuna, tachándolos de “perdedores”, pero eso no le impedía acosar sistemáticamente a los hombres jóvenes que trabajaban para ella.
Lo había intentado con Axel al poco tiempo de su llegada, solo para descubrir que él no era una presa fácil de manipular ni un hombre que vendiera su dignidad por favores.
—Tienes que terminar con ese perdedor y recuperar a Ángel ahora mismo —sentenció Ifigenia.
—Mamá, eso no está bien —replicó Kendra, sintiendo un nudo de ansiedad—Tengo novio y Ángel... está saliendo con mi hermana.
Ifigenia la observaba con indiferencia porque para ella los sentimientos eran algo insignificante, en el pasado obligó a Andrés a casarse con ella a pesar de que no se amaban, pero era el hombre que le convenía, y ahora, pretendía aplicar la misma lógica con su hija favorita.
—Esos son detalles insignificantes, así que deja de perder el tiempo con ese René; porque Ángel es el hombre que yo escogí para ti.
—Pero mamá...
—Escúchame bien, Kendra: te crie para ser una triunfadora, y ese profesor no está a tu altura.
Desde ese momento se desató el infierno para Kendra, por un lado, su madre desaprobaba a su novio, por otro sentía que la relación entre ella y René carecía de algo y por momentos le parecía un hombre demasiado aburrido, pese a que compartían la misma profesión, sus mundos eran distintos: ella era una mujer pragmática y de negocios, mientras que René poseía ese toque bohemio y romántico que, en el fondo, era lo que lo conectaba con la esencia de su hermana Keila.
Ifigenia la presionaba para que interfiriera en la relación de Keila con su novio y ella estaba en un conflicto lo cual se agravó cuando Keila y Ángel luego de unos meses de relación anunciaron su compromiso.
—Está bien, mamá, voy a hacer lo que quieres —cedió Kendra con una resignación que le pesaba en los hombros.
Axel la observó por el retrovisor y negó con la cabeza porque le resultaba frustrante ver cómo aquella mujer, tan poderosa en las juntas de negocios, no era más que una marioneta en manos de su madre, incapaz de defender lo que le dictaba su propia moral.
—Señorita Barreto, no debería decir "sí" cuando su corazón está gritando "no" —sugirió Axel, rompiendo el silencio del vehículo.
Kendra lo observó por el retrovisor con un toque de tristeza porque, sabía que René era un hombre íntegro y que su hermana no merecía otra traición, pero no podía negarse después de todo su madre siempre había sido tan buena con ella y tenía una deuda moral muy grande con ella, de manera que no sabía cómo decirle que no y para qué negarlo también le tenía mucho miedo.
—Axel, en mi mundo no siempre puedo hacer lo que quiero —admitió ella con voz queda.
—Sabe algo Srta. Barreto ... no envidio su posición —respondió él con sinceridad brutal— Es irónico porque gracias a su talento la empresa está en su mejor momento, pero parece que ni siquiera eso es suficiente para satisfacer a sus padres.
—Esa es la gran tragedia de mi vida —susurró ella, desviando la mirada hacia el paisaje.
—No se pierda en el camino, señorita Barreto, usted es mucho más fuerte de lo que imagina.
Bajo mucha presión de parte de su madre Kendra hizo lo impensable, tomó su teléfono y le escribió un mensaje cargado de ambigüedad a su cuñado con la esperanza de que este simplemente la ignorara.
Había lanzado la primera piedra de un desastre que no tendría marcha atrás y cuando escuchó la notificación supo que todo había empezado y Ángel había mordido el anzuelo.
El silencio que siguió en el interior del vehículo fue sepulcral, solo interrumpido por el suave sonido del motor y las notificaciones del teléfono de Kendra, ella acababa de cruzar una línea y el peso de su decisión le produjo una sensación muy desagradable en su estómago.
Minutos después, la vibración de su teléfono sobre su regazo la sobresaltó, y una notificación iluminó la pantalla con el nombre de Ángel, Kendra sintió como si su dispositivo era más pesado y que el aire se le escapaba de sus pulmones.
Se llevó la mano a su pecho para controlar sus palpitaciones porque el mecanismo de destrucción que había activado estaba en marcha.
—¿Está todo bien señorita Barreto? —preguntó Axel.
Axel, cuyos sentidos estaban entrenados para detectar el mínimo cambio en la atmosfera de sus protegidos, notó como la postura de Kendra se volvía más rígida y su respiración era superficial.
—Si —respondió Kendra con voz insegura.
Kendra apretó el teléfono contra su pecho, como si intentara ocultar el pecado que acababa de cometer, el problema es que nadie tenía idea de lo que era tener a Ifigenia dándole órdenes y vigilando cada uno de sus pasos en todo momento.
—Señorita, sé perfectamente lo que es sentirse presionado —dijo mientras hacía una maniobra suave para entrar en la casa de los Barreto—Pero también sé que, al final del día, es usted quien tiene que enfrentar el peso de sus acciones y no su madre.
Kendra sabía que ella era solo una pieza en el juego de ajedrez de su madre y también la única que siempre se manchaba las manos, y odiaba sentirse de esa manera, porque en el fondo Keila era libre a diferencia de ella, por momentos ya no deseaba ese “honor” de ser la hija favorita.
—Ten cuidado con lo que dices … porque si mi madre te escucha puede despedirte—dijo Kendra bajando del vehículo como si estuviera huyendo sin notar que se le había quedado unos documentos en el asiento.
Axel la observaba caminar en dirección a la entrada y negaba con la cabeza su mente pragmática le decía que no era su problema, pero algo en su interior lo hacía empatizar con esta mujer, que en apariencia era dura como una roca, pero que tenía tantas grietas que en cualquier momento podría partirse.
—¿Por qué los seres humanos necesitamos tocar fondo para admitir que estamos equivocados? —se preguntó Axel en un susurro reflexivo, antes de bajar del auto.