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La Sangre Que Doblegó Al Rey

La Sangre Que Doblegó Al Rey

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Hombre lobo / Mujer poderosa
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: Caami Puig

Sophia Clarkson, 17, heredera de Luna Plateada.
Kael Drevon, 24, rey de reyes de Colmillo Negro.

No se conocen. Pero el hilo los encontró.

A 600 kilómetros, ella se quema las manos para no correr hacia él.
Él apoya la frente en vidrio frío para no decir su nombre.

NovelToon tiene autorización de Caami Puig para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

*Tengo que irme*

El fuego seguía lamiendo las vigas. Bajito. Naranja cansado, como si ya estuviera harto de quemar. La chimenea de roble tallado crujía cada tanto, escupiendo una chispa que moría en la piedra antes de llegar al piso.

La habitación de Sophia estaba cálida de verdad. No ese calor de sala de trono. Este era calor que se metía en los huesos. Piedra gris en las paredes que guardaba el calor de horas. Tapices azules colgando, seguro tejidos por su madre hace años, con lobos corriendo entre pinos. Alfombras gruesas de lana en el piso, mullidas, que se hundían bajo las botas y te hacían sentir que pisabas nubes. Cama enorme contra la pared, con montañas de mantas de distintos grosores. Y sábanas... sábanas que olían a lavanda, a jabón casero, a ella. A hogar.

Yo no conocía ese olor. En mi castillo todo olía a hierro, a sangre vieja, a cuero mojado. Acá olía a vida.

Pero yo no tenía tiempo para vida. Tenía trono. Y ese trono ardía.

Afuera el mundo era plomizo. Amaneció sin sol, con nubes bajas que prometían nieve antes del mediodía. El viento del norte silbaba entre las almenas como lobo que avisa. En el patio, los caballos resoplaban vapor blanco. Golpeaban el suelo con los cascos, impacientes. Cuero nuevo. Hebillas que brillaban frías. Mi armadura negra lista, aceitada anoche por un escudero que no me miró a los ojos. Espada al cinto, la hoja fría contra el muslo, pesada como culpa. Corona guardada en cofre de hierro con tres candados. Rey de Reyes no viaja liviano. El trono pesa aunque no lo lleves puesto. Te pesa en la espalda cuando dormís. Te pesa en el pecho cuando respirás. Te pesa en los sueños cuando soñás con muerte.

Sophia me esperaba en el escalón de piedra. No sentada. No abrazándose las rodillas como cachorra asustada. De pie. Espalda recta como lanza clavada en el hielo. Vestido azul de lana, remangado hasta el codo para que no estorbe si tenía que sacar el cuchillo. Trenza floja, desprolija, de apurada, con mechones sueltos enmarcándole la cara. En la bota derecha asomaba el mango del cuchillo. El mismo que usó anoche. El mismo que clavó en la garganta de los doce. Ojos Azul Hielo. No de niña de diecisiete. De Alfa. De hija de Aldric. De heredera de Luna Plateada.

No dijo nada al principio. Solo me miraba. Y yo entendí en ese silencio que estaba procesando. Por fuera quieta, estatua de hielo. Por dentro el cerebro le hacía cortocircuito, tirando de cada hilo, atando cada cabo suelto.

Aldric estaba a su lado, un paso atrás. Brazos cruzados. Mandíbula de piedra. Pero en los ojos Azul Hielo había algo que me partió: orgullo. Orgullo bruto, de padre que crió lobo y no muñeca. Orgullo que dolía más que cualquier grito porque significaba que me dejaba llevarme a su hija. Aunque dentro de dos meses.

Lysandra se acercó última. Taza de té humeando en la mano. Me la dio. Deditos fríos contra los míos por un segundo. "Para el camino" dijo suave. Me guiñó un ojo, solo para mí, como cómplice. "Ella no llora, Kael. No la subestimes. No llora. Mata. Y después se lava la cara y sigue."

"Lo sé" dije. Y lo sabía. Lo vi anoche. Lo vi cuando clavó el cuchillo sin pestañear.

Silencio. Solo el viento silbando. Solo el cuero de la montura crujiendo cuando cambié el peso. Solo tres respiraciones distintas midiendo el mismo dolor.

"Me tengo que ir" dije al fin. Voz ronca. Rota por no dormir en dos días. Verdad que quema la garganta al salir. "Hoy. Ahora. Ya. Mi reino me necesita ,mientras hablamos acá. Tres alfas me desafiaron en mi ausencia. Si no vuelvo hoy, no hay trono mañana. Y si no hay trono... no hay nada que defender acá. No hay Luna Plateada que proteger. No hay futuro para nadie."

Sophia cruzó los brazos despacio. El cuchillo en la bota le rozó la pierna al moverse. No se inmutó. Ni pestañó. Ni bajó la vista. "Lo sé" dijo ella también al fin. Voz baja. Firme. Sin quebrarse. Sin rogar. Sin pedirme que me quede. "No sos mi perro guardián, Kael. No te contraté. No te debo nada. Soy hija de Aldric. Me entrenó desde los ocho años. Madrugadas con nieve hasta la rodilla. Noches enteras con cuchillo de madera contra el poste. Sé matar. Sé mandar. Sé leer mapas bajo la lluvia. Sé bancarme sola dos meses sin que un Rey me cuide. Sin que nadie me cuide."

Cada palabra era un puñal. Pero no para mí. Para ella misma. Para clavárselo en el pecho y recordarse que era fuerte. Que no se iba a quebrar. Que no iba a llorar.

"Dos meses" dije. Promesa. Cadena de hierro alrededor del cuello que me apretaba cada vez que respiraba. "Vuelvo el día que cumplís dieciocho. Día exacto. A la misma hora. Si me dejás. Si querés verme. Si no me mandás a mis guardias con una flecha en el pecho y orden de que no me acerque."

"Si quiero" corrigió ella. Dio un paso. Uno solo. Quedó a un metro exacto de mí. Línea de Aldric. Línea que quema la piel si la cruzás. "No me pidas que espere, Kael. No espero a nadie. No espero órdenes. Pero si en dos meses seguís siendo el tipo que me lavó la espalda sin tocarme mal... si seguís siendo ese hombre con manos que matan cualquier cosa pero no rompen chicas... entonces hablamos. De Alfa a Rey. De igual a igual. Sin corona, sin territorio, sin títulos. Solo vos y yo. Y vemos qué hacemos con esto."

Señaló entre nosotros dos. No con el dedo. Con los ojos. Con ese Azul Hielo que me atravesaba.

Se me cerró la garganta. No de pena. De respeto. De miedo. Esta chica de diecisiete años mató a doce anoche con ese cuchillo de la bota. "Le clavó el cuchillo en la base del cráneo y lo giró, Kael. Sin gritar. Sin llorar. Volvió a pelear como si nada." Hija de Alfa. Hueso de Alfa. Sangre de Alfa.

"Escuchame bien" seguí, obligándome a sostenerle la mirada. Ojos Azul Hielo que no bajan. Que no ruegan. Que ordenan. "Te pido que vivas. Que mandes. Que entrenes hasta que te duelan los músculos y te sangren las manos. Que seas la Alfa que tu padre crió. La que da miedo. La que no pide permiso. Si cuando vuelva sos más fuerte que yo... te sigo igual. Me arrodillo si hace falta. Pero me seguís vos a mí. Porque si sos más fuerte, te merecés el trono."

Aldric gruñó bajito desde atrás. No de amenaza. De orgullo. De padre que ve a su hija parada frente a un Rey sin temblar. "Esa es mi hija. Sangre mía. Hueso mío. No se quiebra."

Lysandra suspiró detrás mío. Cansada. De madre que crió tres lobos en vez de una hija. "Diosa, dame paciencia. Porque estos dos me van a sacar canas verdes antes de los dieciocho de ella."

Sophia siguió callada un segundo más. Largo. Eterno. Y en ese silencio entendió todo. Lo vi en su cara. Un milímetro de cambio en los ojos. No de sorpresa. De confirmación.

_Es mi mate_ había dicho yo anoche, con la frente apoyada. Tres palabras. Y ahora todo tenía sentido para ella.

Con razón el pecho le ardía cada dia desde que lo vio en el claro, sin lobo cerca. Con razón soñaba con nieve y armadura negra y ojos verdes sin conocer a nadie. Con razón cada vez que miraba al norte desde la torre sentía un tirón en las costillas, como si un hilo invisible le cosiera el esternón a algo que no entendía. Como si el corazón se le fuera sin permiso, tirado por una cuerda que no veía.

Con razón le temblaban las manos anoche cuando yo le lavaba la espalda. No era miedo. Era reconocimiento. Era su instinto aullando bajito, sin que ella supiera por qué. Era su cuerpo diciendo "este" antes que su cabeza entendiera.

Ahora sabía. Ahora tenía nombre ese hilo. Ahora tenía cara. Kael. Rey de Reyes. Invierno con corona de hierro.

No lloró. Hija de Aldric no llora delante de nadie. Pero por dentro se le quebró algo y se volvió a armar distinto. Más duro. Más filoso.

Sophia asintió. Una vez. Seca. Militar. Como soldado recibiendo orden. "Volvé entero, Rey de Reyes. No me sirve un cadáver en el trono. No me sirve un rey muerto que no cumple. Y no me mandes cartas lloronas en el camino. No quiero tinta corrida por lágrimas. Si tenés algo que decirme en dos meses, si seguís pensando que soy tu mate... me lo decís en la cara. Como Alfa. Sin corona. Sin miedo. Mirándome a los ojos."

Me giré. Me dolió la nuca de no mirarla más. Me dolieron las costillas de no abrazarla. Subí al caballo. Cuero frío que quema como hielo. Hierro pesado que aplasta los hombros. No miré atrás. No podía. Si miraba, veía a una chica de diecisiete años con cuchillo en la bota y ojos de guerra mirándome irme sin rogar. Y me bajaba. Y tiraba la corona. Y me quedaba.

A medio camino frené. Caballo que piafa nervioso. Guardias que frenan atrás mío formando cuña. Un segundo. Solo uno. Espalda a ella. Sin girarme. Porque si me giraba, me rompía. Si la veía otra vez, me quedaba.

"Sophia" grité al viento. Voz que se lleva el frío y la arrastra hasta el escalón. "¡Dos meses! ¡Entrená duro! ¡Mandalos a correr en la nieve hasta que vomiten! ¡Cuando vuelva quiero que me ganes! ¡Quiero que me tires al piso y me pongas el cuchillo en la garganta!"

Oí su voz atrás. Firme. Clara. Sin temblar ni un poco. Voz de Alfa que da orden: "¡Volvé y probá, Kael! ¡Si podés! ¡Si te da el cuero!"

Espoleé. Galopé. Armadura negra contra nieve gris. Trueno de cascos contra piedra. Guardias atrás mío formando cuña. Trono que arde esperando a seiscientos kilómetros al norte.

Me voy de Rey. Me voy con corona en el cofre y guerra en la sangre. Me voy dejando en Luna Plateada a una Alfa de diecisiete años que no necesita que la cuiden. Necesita que la respeten. Que la miren a los ojos y no le mientan. Que le cumplan la promesa.

Ella se quedó en el escalón viendo cómo me alejaba. Sin moverse. Sin gritar. Sin correr tras el caballo como cachorra abandonada. Solo procesando.

Procesando que el corazón la llamaba al norte sin que ella lo supiera. Procesando que el hilo tiraba ahora que tenía nombre y olor a humo y cuero. Procesando que dolía, sí. Dolía como si le hubieran arrancado algo del pecho y no sabía que lo tenía. Dolía como hueso roto que se acomoda solo.

Pero no se rompió. Apretó la mandíbula hasta que le dolieron los dientes. Mano derecha bajó lenta al mango del cuchillo de la bota. Lo sacó dos dedos. Acero brilló un segundo al sol gris, reflejando nubes de tormenta.

"Si no vuelve" susurró solo para ella, para el viento, para el lobo que aullaba bajito en su cabeza "entonces corto el hilo yo. Con esto. Sin drama. Sin llanto. Y sigo. Porque soy hija de Aldric. Y soy Alfa de Luna Plateada. Mate o no mate. Corona o no corona. Yo sigo."

Guardó el cuchillo con un clic seco. Se dio vuelta. Espalda recta. Pasos firmes hacia el patio de armas donde los guardias ya calentaban con espadas de madera.

"Entreno" dijo sin mirar atrás. Voz que cortó el silencio como hoja. "Todos los días. Dos meses. Dos veces al día si hace falta. Quiero que cuando vuelva, si vuelve, tenga que ganarme. De verdad. Que sude. Que sangre. Que me respete."

Aldric la miró irse. Orgullo mezclado con miedo de padre. Lysandra le puso una mano en el hombro. "Mi niña."

Sophia negó con la cabeza. Despacio. "No soy una niña, mamá."

Amarok aulló en mi pecho mientras cabalgaba y el castillo se hacía chico atrás. Garras en las costillas, tirando hacia atrás. _Es nuestra. Y es fuerte. Como nos gusta. Como necesitamos. No llora. Mata._

"Sí" le dije a Amarok mientras el viento me azotaba la cara y me congelaba las pestañas. "Por eso duele más irme. Porque sé que puede sola. Porque sé que no me necesita. Y aun así la quiero conmigo. La quiero en mi trono. La quiero en mi cama. La quiero respirando el mismo aire que yo."

Cada herradura que golpeaba la piedra era un "dos meses". Cada metro que me alejaba era una promesa que pesaba más que la corona en el cofre.

Diosa, que aguante el trono. Diosa, que aguante ella. Diosa, que yo aguante dos meses sin volverme loco, sin volver antes, sin romper la regla de Aldric y cagarla todo.

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Caami Puig
Hola, me ayudaría muchísimo si le ponen me gusta y me comentan. cualquier critica o lo que quieran decirme no tengo problema. muchas gracias y espero que la sigan disfrutando ❤️🥰
Tamara Cruz
👏
Caami Puig
Hola buenas noches!
voy a estar subiendo capitulos día por medio. así tengo tiempo de planificar y crear. espero que le guste. estaba haciendo otra novela. pero no me convencio, asiq espero que está si puedan disfrutar. muchas gracias y cualquier cosa que quieran decirme bienvenido sea❤️❤️❤️❤️🥰🥰🥰🥰
ximijass: cuando esté completa, avisa!!!!🥰🥰🥰👏☺️
total 1 replies
Claudia Correa
es entretenida, y me gusta q la trama se desarrolle en Argentina
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