Nicolas Peltz, es un detective, que se convierte en el protector de Eva II, una creación genética, del científico Elias Vance, quien la creo con el fin de que sea un banco donante de órganos viviente para su hija biológica que sufre una enfermedad degenerativa. La existencia de Eva II sale a la luz después de que el laboratorio del doctor Vance, se incendiará. El detective Peltz se convertirá en el protector y defensor de Eva II, luchará para que la vean como humana y a la vez ella se convierte en una ayuda invisible para el detective para que no pierda la custodia de su hija de cinco años Clara. ¿Pelts conseguirá que se reconozca a Eva II como humana? ¿Eva II podrá vivir lo que es tener una familia? ¿Qué pasara cuando la verdadera Eva resurja? ¿La reconocerá como su gemela o la repudiará como fenómeno?
NovelToon tiene autorización de Lily Benitez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 6- La clase de Preescolar
#NICOLAS
El fin de semana con Clara era siempre un torbellino de juegos, cuentos y, a menudo, pequeños desastres que ya había aprendido a aceptar. Pero este fin de semana era diferente. El apartamento, gracias a Eva, no solo estaba ordenado, sino que se había transformado sutilmente en un espacio más acogedor. Clara lo notó, claro, pero su atención estaba completamente centrada en su nueva "muñeca viviente", como la llamaba a veces.
Esa mañana, las encontre sentadas en el suelo de la sala. Clara, con la seriedad de una maestra experimentada, había extendido sus útiles de preescolar: crayones, papeles con dibujos de manzanas y perros, y unas tarjetas con letras grandes.
"Mira, Eva"
Clara sostenía un crayón rojo, mostrándole un dibujo simple.
"Esto es una A de Árbol". "Y se dibuja así"
Eva la observaba con una concentración total, sus ojos ámbar siguiendo cada trazo del crayón con una fascinación silenciosa. Intentó copiar la "A", y aunque su trazo era firme, era evidente que su mente estaba procesando la información de una manera única. Era como si su cerebro de IQ superior asimilara la información, pero su cuerpo no estuviera acostumbrado a la motricidad fina de un niño.
"Eres muy buena, Eva"
Dijo Clara, aprobando su esfuerzo con una sonrisa.
"Ahora vamos a aprender a decir manzana".
¿Ma-an-za-na?
Eva repitió la palabra, su pronunciación clara, casi perfecta, pero sin la cadencia infantil de Clara.
Las observaba desde la cocina, mi corazón encogiéndose de ternura. La interacción entre las dos era pura, sin prejuicios. Clara no veía a Eva como un experimento, ni como la "Eva II" de las noticias. Solo veía a una amiga que necesitaba aprender.
Durante el desayuno, Clara se puso inusualmente seria.
-Papi, ¿puedes llevar a Eva a mi preescolar?
Al escucharla, casi escupi el café.
-Clara, ¿por qué?
-Porque… Porque les cuento a mis amigos que Eva me ayuda a dibujar y que me enseñó a hacer galletas. Y que es muy bonita, como una Barbie. Pero se ríen de mí
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
-Dicen que me lo invento. Dicen que no es de verdad.
La angustia de mi hija me partía el alma. Era la inocencia de Clara contra la crueldad inconsciente de los niños.
"Además "
Clara continuó, con una determinación sorprendente para su edad.
- Eva siempre está aquí. Nunca sale. Necesita ver el sol de la calle.
La mire, luego a Eva, que observaba la conversación sin entender del todo, pero atenta a la emoción de Clara. La idea de exponer a Eva al mundo, a las miradas curiosas, a los comentarios crueles, me aterrorizaba. Sabía cómo era la gente. La verían como un fenómeno, una rareza, no como una persona.
Pero entonces, un pensamiento se abrió paso en mi mente.
"El juicio. La batalla legal para demostrar que Eva no era un objeto, sino un ser humano con derechos. Si el mundo podía verla a través de los ojos de Clara, si podían presenciar la dulzura, la capacidad de asombro, la humanidad que irradiaba… Quizás eso cambiaría algo".
Sería mi oportunidad de demostrar que Eva era tan humana como cualquiera, y que merecía vivir libre, no como un banco de órganos. Era un riesgo. Un riesgo enorme. Pero era la única manera de salvarla de ese destino.
Respiro hondo.
-Está bien, Clara. Hablaré con tu maestra.
-Para el miércoles que es dia de visita. Insistio Clara.
Asenti pensativo, sabia que Clara cuando algo se le ocurria, no dejaria de insistir hasta obtenerlo.
El día llegó, y no puedo negar que sentía los nervios a flor de piel. Había hablado con la Señorita Isabel, la dulce maestra de Clara, quien, después de escuchar mi inusual petición, aceptó con una mezcla de curiosidad y preocupación.
Llegamos al preescolar, un edificio colorido lleno de risas y el olor a plastilina. Eva, vestida con una ropa sencilla que le había comprado, un conjunto deportivo.
Caminaba con una extraña dignidad, sus ojos absorbiendo cada detalle del nuevo entorno. El patio de juegos, los dibujos en las paredes, las pequeñas sillas.
Cuando entramos al aula, el bullicio cesó. Todas las miradas infantiles se posaron en Eva. Los niños susurraban, algunos con los ojos como platos, otros con una timidez repentina.
Clara, sin embargo, se adelantó con orgullo, tomando la mano de Eva.
"¡Miren! ¡Ella es Eva! ¡Y es de verdad! ¡Les dije que no me lo inventaba!"
Una niña pequeña se acercó, con un oso de peluche en la mano.
"Es… Es como una Barbie gigante. ¿Puede hablar?"
-Sí, puede.
Dijo Clara, animando a Eva.
-Diles "manzana", Eva.
Eva miró a los niños, luego a Clara, y con una suave sonrisa que apenas despegó sus labios, repitió:
-Ma-an-za-na.
Los niños se quedaron boquiabiertos. Poco a poco, la curiosidad superó la timidez. Empezaron a hacerle preguntas sencillas, a enseñarle sus dibujos. Eva, con su paciencia infinita, los escuchaba a todos. Un niño le ofreció un crayón amarillo. Ella lo tomó y, con una torpeza que la hacía aún más entrañable, intentó dibujar un sol.
La observaba desde el fondo de la clase, junto a la Señorita Isabel. Las sonrisas en los rostros de los niños, el asombro genuino en sus ojos. No había juicio, no había miedo. Solo aceptación.
La Señorita Isabel se volvió hacia mi, una lágrima brillando en la esquina de su ojo.
-Detective Peltz, nunca había visto algo así. Ella… Es increíblemente dulce. Los niños la adoran.
Cuando la visita terminó, y Eva y Clara se despidieron con abrazos de sus nuevos amigos, supe que había tomado la decisión correcta. Los adultos podían verla como un problema genético, una máquina sin alma. Pero los niños, con su pureza inquebrantable, la habían visto como lo que era: una persona. Un ser humano. Un alma, con un deseo innato de aprender y de conectar.
De regreso en el coche, Clara, agotada pero feliz, se acurrucó en el asiento trasero.
-Lo ves, papi. Eva es de verdad.
Le sonreí, mirándola por el espejo retrovisor. Eva estaba mirando el paisaje, pero una pequeña sonrisa, apenas visible, adornaba sus labios. Sí, era de verdad. Y esa verdad, pense, sería su mayor arma en el juicio. Los niños habían dictado su veredicto. Ahora, solo faltaba convencer a los mayores.