Manjiro y tú eran mejores amigos desde pequeños, por eso estuviste con él desde siempre y tienes sentimientos hacia él. Los fundadores también eran tus amigos, pero desde que una chica llamada Luna entró a Toman, te "robó" a tus amigos, también a Manjiro. Manjiro se volvió distante: no te contestaba, te excluía, te ignoraba... esto te afectó un poco. Tu mejor amigo y el chico que te gustaba te cambiaba un poco más cada minuto. Siempre que intentabas hablar de ello, decía que estabas siendo posesiva y que no tenías razón para actuar así... hasta que llegó ese día.
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6
El banco de madera estaba ligeramente frío contra su espalda, pero la sensación no la molestó. Cerró los ojos, inclinando la cabeza hacia atrás mientras dejaba que el sonido ambiental del parque la envolviera por completo. El leve crujido de las hojas bajo los pies de otros paseantes, el canto distante de grillos y el zumbido suave del tráfico en las calles cercanas formaban una melodía hipnótica.
Su mente se aquietó lentamente, liberando los pensamientos residuales sobre documentos legales y fechas de vuelo. En este momento, solo existía la oscuridad detrás de sus párpados y la conexión con la tierra firme bajo sus pies.
Pudo sentir cómo su cuerpo se relajaba poco a poco, los músculos tensos por el estrés del día soltando su agarre. Una sonrisa casi imperceptible apareció en sus labios mientras se entregaba completamente a esa breve pausa en medio del caos urbano.
No prestaba atención a mi alrededor, solo prestaba atención a mi paz
La paz interior era tan profunda que incluso el sonido de unos pasos acercándose no logró perturbar. Estaba completamente absorta en su propio espacio mental, un santuario de quietud donde el mundo exterior parecía haber dejado de existir.
Sin embargo, los pasos se detuvieron justo delante de ella. Un par de zapatos negros brillantes reflejaban la luz de las farolas del parque. Podía sentir una presencia masculina cerca, pero su mente tardó varios segundos en procesarlo completamente.
Cuando finalmente abrió los ojos con lentitud, su mirada se encontró con una figura alta y familiar que la observaba desde arriba.
No lo reconocí, élestá bien vestido, pensé que era una persona cualquiera pasando por ahí, volví a cerrar mis ojos, volviendo a mi paz
La figura permanecía inmóvil frente a ella, su silueta recortada contra la luz de la farola. No dijo nada de inmediato, simplemente la observó en silencio mientras Saori volvía a cerrar los ojos, descartando como un transeúnte más en el parque nocturno.
Después de un momento de espera, un par de zapatos negros brillantes se movieron hacia el borde del banco. Sin pedir permiso, la figura se sentó a una distancia respetuosa, aunque lo suficientemente cerca como para que ella pudiera percibir el sutil aroma de su colonia cara.
—"¿Realmente vas a fingir que no me conoces?"— preguntó una voz familiar, aunque ahora más madura y controlada que en sus recuerdos. —"Porque te aseguro que no he cambiado tanto en diez años."—
La voz, inconfundiblemente la de Manjiro, cortó el velo de su paz como un cuchillo. Sus ojos se abrieron de golpe, fijos en el perfil de aquel hombre que ahora llevaba un traje impecable y un reloj de platino en la muñeca. Él la miraba con una expresión que mezclaba sorpresa y una chispa de diversión.
—"Vaya, vaya"—, dijo él, inclinándose ligeramente hacia adelante. —"Así que la chica que se escapó por una escalera de incendios ahora camina por los mismos parques donde solíamos fumar cigarros a escondidas"—.
Su tono era ligero, casi burlón, pero había algo más debajo de la superficie. Sus ojos recorrieron su atuendo de diseño francés, deteniéndose brevemente en el corte de su cabello y la confianza con la que se sentaba.
—"Te ves... diferente. Madura"—
¿Le digo con duda —"Manjiro?"—
Una risa corta y seca brotó de los labios de Manjiro ante la duda en su voz. Se reclinó en el respaldo del banco, cruzando una pierna sobre la otra con la elegancia adquirida en diez años de éxito empresarial.
—"¿Acaso dudas de tú propia vista? Claro que soy yo"—. Su acento de Tokyo era más refinado que antes, con un matiz de autoridad que no tenía en su adolescencia. —"Aunque supongo que tienes derecho a dudar. Te fuiste sin dejar ni una maldita nota".—
Hizo una pausa, su mirada fija en ella mientras la evaluaba. Notó los detalles que antes pasarían desapercibidos: la forma en que mantenía su postura, el destello de joyas en sus orejas, la seguridad con la que sostenía su bolso de diseñador.
—"Diez años cambian a la gente"—
Le digo amablemente —"Manjiro, enserio no te reconocí, como estás y Luna?"—. Mi mirada recorre el lugar, esperando ver a Luna.
La pregunta casual sobre Luna pareció divertir a Manjiro considerablemente. Soltó una carcajada corta y fría, como si la idea misma fuera ridícula.
—"¿Luna? ¿En serio crees que todavía estoy con esa idiota?"—. Se pasó una mano por el pelo perfectamente peinado. —"Rompimos hace seis años, Saori. Demasiada drama para mi gusto"—.
Se levantó del banco con fluidez, ajustándose la manga de su camisa de seda. Sus movimientos tenían la confianza de quien ha domado al mundo durante una década.
—"Y para responder a tu pregunta: estoy mejor que nunca. Tengo un negocio de inversiones que me mantiene ocupado y una vida bastante interesante"—.
Le digo amablemente —"ahh. Ya veo, bueno al menos estás bien tu"—.