⚠️🔞Esto es sólo fantasía. Personajes e historia ficticia.🔞⚠️
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Natt, no solo renuncia a su hogar, sino a su propia naturaleza, por una conexión ni él mismo entiende...
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Rompiéndole el corazón
El mercado de las sombras nunca dormía, pero el tiempo se sentía estancado dentro de la tienda de la sanadora. El aire olía a incienso quemado, hierbas amargas y el rastro metálico de la luz que Dag había usado para salvar a Natt. Dag estaba recostado en un sofá, con mantas pesadas cubriéndolo hasta la barbilla. Su cuerpo seguía temblando por el esfuerzo de haber actuado como un filtro para la oscuridad divina. Tenía los labios agrietados y una palidez que hacía que la marca dorada de su rostro resaltara como una herida abierta.
Natt, ya recuperado gracias al sacrificio de su amante, no se había separado de su lado. Estaba sentado en el suelo, sosteniendo la mano de Dag entre las suyas, besando sus nudillos cada pocos minutos como si quisiera infundirle su propia vida.
-Duerme, Dag... ya pasó.- Susurraba Natt, con sus ojos ámbar brillando con una devoción que rozaba la locura.
Pero el descanso fue interrumpido. Las cortinas de la tienda se abrieron con un movimiento elegante y una fragancia a rosas y ceniza inundó el lugar, desplazando el olor a medicina.
-Sabía que el rastro de esencia pura que sentí en el túnel solo podía pertenecerte a ti, mi querido Natt.-
Natt se puso de pie de un salto, interponiéndose instintivamente entre el sofá y la recién llegada. Dag, entre sueños y fiebre, abrió los ojos con dificultad. Frente a ellos estaba una mujer de una belleza letal. Vestía sedas translúcidas que dejaban ver tatuajes rúnicos recorriendo sus hombros. Sus ojos eran plateados, desprovistos de pupila, y en su espalda se divisaban las cicatrices de unas alas que habían sido arrancadas con precisión, no por castigo, sino por voluntad propia.
-Laura...- Masculló Natt, y Dag notó, con una punzada en el pecho, que la voz del ángel no sonaba con odio, sino con una familiaridad dolorosa.
Laura ignoró la postura defensiva de Natt y se acercó, acariciando el aire como si pudiera sentir el calor que emanaba del cuerpo del ángel. Se detuvo a pocos centímetros de él, y su mirada plateada bajó hacia el cuello de Natt, donde Dag había roto la cadena.
-Has cortado el vínculo de Hrim...- Ella extendió una mano y, con una confianza que hizo que Dag apretara las sábanas, rozó la mandíbula de Natt -¿Y todo por este pequeño humano que se desmorona con solo tocar la Gracia? Qué desperdicio de poder, Natt. Tú y yo solíamos quemar ciudades enteras con un solo suspiro de placer en las cortes de cristal.-
Natt le apartó la mano con un movimiento seco, pero no fue violento. Había un respeto mutuo que Dag no entendía, y eso le dolía más que cualquier herida.
-Eso fue hace eones, Laura. Soy un hombre diferente ahora.-
-Sigues siendo el mismo guerrero insaciable.- Rio ella, una risa que sonaba como campanas de cristal -Puedo sentir tu sed desde aquí. Los ángeles no fueron hechos para la monogamia de los mortales, Natt. Tu fuego necesita ser alimentado, y ese chico...- Laura miró a Dag por primera vez, con una mezcla de lástima y desprecio -Ese chico solo es una mecha que se consume. Te dejará solo en la oscuridad cuando su corazón de barro deje de latir.-
Dag intentó incorporarse, el veneno del vacío aún quemándole las venas, pero su voz salió como un susurro roto.
-Él... él es mío.-
Laura se acercó al sofá con una elegancia felina. Se inclinó sobre Dag, y el chico pudo sentir el frío sobrenatural que emanaba de ella.
-¿Tuyo?- Susurró ella al oído de Dag -Pobre criatura. No sabes lo que es compartir la cama con una estrella. Natt no busca amor, busca una fuente. Y cuando tú te apagues, él volverá a buscarme. Porque yo soy la única que conoce el sabor de su lengua cuando arde con el poder del Tercer Cielo.-
La mujer se giró hacia Natt y, antes de que este pudiera reaccionar, le susurró algo al oído que hizo que el ángel se tensara por completo. Laura le lamió el lóbulo de la oreja con una lascivia evidente, dejando un rastro de humedad plateada.
-Estaré en la taberna del Vuelo Roto, Natt. Si te cansas de jugar a ser el enfermero de un cadáver, sabes dónde encontrar el calor que realmente necesitas. Ese que solías pedirme a gritos cuando el Edén nos quedaba pequeño.-
Laura salió de la tienda con un movimiento de caderas que era un insulto a la decencia. Natt se quedó estático, mirando hacia la cortina cerrada. El silencio que se instaló era pesado, tóxico. Dag sentía que el aire le faltaba, no por la herida, sino por la imagen de Natt con esa mujer, compartiendo una eternidad que él nunca podría entender.
-¿Natt?- Preguntó Dag, con la voz temblorosa -¿Quién es ella... de verdad?-
Natt no respondió de inmediato. Se giró lentamente, y por primera vez desde que se conocieron, Dag vio una sombra de duda en los ojos del ángel. No era duda sobre su amor, sino sobre el peso de su propio pasado.
-Ella fue mi compañera de armas... y mucho más, hace mucho tiempo.- Respondió Natt, volviendo a sentarse al lado de Dag, pero esta vez no tomó su mano de inmediato -Dag, hay cosas sobre los ángeles que no entiendes. Nuestra forma de desear... es destructiva.-
Dag sintió un frío glacial recorriéndole la columna. Laura había sembrado la duda, la serpiente había entrado en su nuevo jardín subterráneo. ¿Era posible que Natt estuviera con él solo por la chispa? ¿Era solo un recipiente para que el ángel no se apagara?
Afuera, en los túneles del mercado, Laura sonreía mientras se alejaba. Sabía que Hrim estaba observando a través de sus ojos. Ella no era una refugiada. Era el caballo de Troya enviado para quebrar el vínculo desde adentro. Porque el Cielo sabía que la única forma de derrotar al Ancla era rompiéndole el corazón.