Darly Mosquera es una mujer colombiana de 32 años que aprendió desde muy joven que la vida rara vez regala caminos fáciles.
Estudió cosmetología y estética, y gracias a años de esfuerzo, sacrificio y largas jornadas de trabajo logró construir el sueño que parecía imposible: abrir su propio spa en su ciudad natal. Sin embargo, el éxito profesional nunca logró llenar por completo los vacíos que llevaba en el corazón.
Mientras lucha cada día por cuidar a su madre, quien padece una enfermedad congénita que se ha agravado con el paso de los años, Darly intenta mantenerse fuerte y seguir adelante. Soñadora, noble y creyente del amor a la antigua, siempre imaginó una historia de amor sincera, de esas que duran para toda la vida.
Pero el destino tenía otros planes.
Después de una dolorosa separación ocurrida hace apenas cuatro meses, decidió cerrar las puertas de su corazón. Cansada de las decepciones, prometió no volver a enamorarse y dedicarse únicamente a disfrutar la vida sin compromisos
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Capítulo 6: Entre la razón y el deseo
Después de terminar la llamada con Darly, Santiago se quedó varios minutos mirando la pantalla de su celular.
Sin darse cuenta, entró a su Instagram.
Buscó el perfil de Darly y comenzó a recorrer cada una de sus publicaciones.
Tenía muchos seguidores.
La mayoría de las fotografías mostraban su trabajo, sus viajes y algunos momentos de su vida cotidiana.
Siguió bajando hasta llegar a las primeras publicaciones.
En varias aparecía junto a un hombre.
—¿Será su ex? —se preguntó.
Continuó observando.
Había fotografías de cuando estudiaba, reuniones familiares y momentos especiales con personas que parecían ser sus amigos más cercanos.
Santiago sonrió.
Darly siempre había sido bonita.
Pero debía admitir que los años le habían sentado muy bien.
Ahora tenía una seguridad y una belleza que resultaban imposibles de ignorar.
Después abrió TikTok.
Allí encontró decenas de videos.
La vio cantando música popular.
Bailando.
Haciendo bromas.
Compartiendo pequeños momentos de su día a día.
Y cada video parecía gustarle más que el anterior.
Definitivamente esa mujer tenía algo especial.
Tan concentrado estaba observando los videos que no escuchó cuando la puerta del camerino se abrió.
—¿Y tú qué haces tan entretenido? —preguntó Carlos entrando.
Santiago levantó la mirada.
—Mirando las redes de Darly.
Carlos arqueó una ceja.
—Así que era eso.
—¿Eso qué?
—Te veo ilusionado.
Santiago soltó una pequeña risa.
—No sé qué me pasa. Desde que la conocí no he dejado de pensar en ella.
—¿Y hablaste con ella?
—Sí. Ayer estuvimos escribiéndonos y también hablamos por teléfono.
Carlos cruzó los brazos.
—¿Y ahora qué piensas hacer?
—Tengo ganas de verla.
—¿Verla?
—Sí. Estaba pensando que tal vez la próxima semana podría viajar a Bucaramanga cuando tenga unos días libres.
Carlos negó lentamente con la cabeza.
—Ten cuidado, Sebastián.
—¿Por qué?
—Porque eres una figura pública, estás comprometido y sabes perfectamente que los medios están esperando cualquier error para inventar historias.
Santiago suspiró.
—Tranquilo. Yo amo a Isabella.
—Entonces no entiendo por qué quieres ir a buscar a otra mujer.
Aquella pregunta lo dejó pensativo.
—Porque quiero hablar con ella.
—¿Solo hablar?
—Sí.
Carlos lo miró con evidente incredulidad.
—Ni tú mismo te crees eso.
Santiago soltó una risa incómoda.
—Ella sabe cuál es mi situación.
—¿Se lo contaste?
—Le dije que tenía novia.
—¿Nada más?
—El resto lo descubrió por internet.
Carlos negó nuevamente.
—Y aun así siguió hablando contigo.
—Bueno... también le dije que las cosas entre Isabella y yo no estaban pasando por el mejor momento.
—¿Y era verdad?
Santiago bajó la mirada.
—No exactamente.
—Ojo con eso, Sebastián.
—¿Qué?
—No vayas a jugar con fuego.
Santiago guardó silencio.
—Durante años me repetiste que Isabella era el amor de tu vida. Que desde que la conociste no habías vuelto a mirar a ninguna otra mujer.
—Y sigue siendo así.
—Entonces explícame por qué hablas de Darly de esa manera.
Santiago pasó una mano por su cabello.
—Porque es una mujer interesante.
—No parece solo eso.
—No te preocupes. Nadie va a ocupar el lugar de Isabella.
Y era verdad.
Al menos eso era lo que intentaba convencerse.
Amaba a Isabella.
Llevaban años juntos.
Tenían una vida construida.
Planes.
Sueños.
Un futuro.
Sin embargo, por alguna extraña razón, Darly aparecía constantemente en sus pensamientos.
Y eso comenzaba a inquietarlo.
—Solo es una tontería pasajera —dijo finalmente.
—Eso espero —respondió Carlos.
Esa noche Santiago cumplió con su presentación.
Al día siguiente debía viajar a otra ciudad para un nuevo concierto.
Llegó al hotel agotado.
Después de almorzar decidió descansar algunas horas antes del espectáculo.
Estaba acostado cuando recibió una llamada de Carlos.
—¿Qué pasó?
—Isabella llegó.
Santiago se incorporó inmediatamente.
—¿Cómo así que llegó?
—No tengo idea. Está aquí en el hotel.
—¿Y qué hace aquí?
—Pregúntale tú. Ya va camino a tu habitación.
—Está bien.
Carlos soltó una pequeña risa.
—Y por favor no me hagas de intermediario. Ya sabes que ella apenas me soporta.
—Gracias.
Colgó.
Apenas unos segundos después escuchó el timbre de la puerta.
Al abrirla, Isabella prácticamente se lanzó a sus brazos.
—¡Mi amor!
Santiago sonrió y la abrazó.
—Hola, hermosa.
Ella lo besó inmediatamente.
—Te extrañé muchísimo.
—Yo también.
—¿No te alegra verme?
—Claro que sí.
—Entonces no pongas esa cara.
Santiago soltó una carcajada.
—Solo me sorprendiste.
—Anoche te llamé varias veces y nunca respondiste.
—Estaba trabajando.
—Así que decidí venir a darte una sorpresa.
—Y vaya sorpresa.
—¿No querías que viniera?
—Claro que sí.
Santiago volvió a besarla.
Intentando ignorar la sensación extraña que lo había invadido al verla aparecer sin avisar.
—Me alegra que estés aquí.
—Eso espero.
—Ven.
Tomó su maleta y la ayudó a entrar.
Durante el resto de la tarde permanecieron juntos.
Hablaron.
Rieron.
Recordaron anécdotas.
Y mientras Isabella se acomodaba en la habitación, Santiago tomó discretamente su celular.
Abrió WhatsApp.
Buscó el contacto de Darly.
Y archivó la conversación.
Por precaución.
No quería explicaciones incómodas si Isabella llegaba a ver algún mensaje.
Aunque ni él mismo entendía por qué sentía la necesidad de ocultarlo.
Mientras tanto, en Bucaramanga.
Darly había tenido una jornada agotadora.
Era sábado y el trabajo no había dado tregua.
Terminó de atender a sus últimos pacientes alrededor de las cuatro de la tarde.
Al llegar a casa se dio una ducha, descansó unos minutos y comenzó a arreglarse.
Esa noche tenía planes.
Mía la había invitado a un concierto de vallenato.
Como siempre, Andrés, el novio de Mía, era uno de los organizadores del evento.
Y como el concierto sería en un pueblo cercano a Bucaramanga, decidieron quedarse allí hasta el domingo.
Darly preparó un pequeño bolso con ropa para pasar la noche.
Luego terminó de maquillarse.
Cuando estuvo lista, escuchó la bocina del carro.
Mía y Andrés habían llegado.
Salió de la casa sonriendo.
—¡Qué hermosa estás! —exclamó Andrés.
—Sí, amiga. Estás espectacular —agregó Mía.
Darly soltó una carcajada.
—Gracias, nenes. Ustedes también se ven muy bien.
Subió al vehículo.
Mientras avanzaban por la carretera, tomaron fotografías, escucharon música y hablaron de todo un poco.
Antes de llegar al concierto, Darly publicó una selfie en sus redes sociales.
La acompañó con una sencilla descripción:

"Sábado de vallenato."
Minutos después comenzaron a llegar las reacciones.
Pero ella apenas las revisó.
Estaba disfrutando el momento.
Cuando llegaron al lugar, buscaron sus puestos cerca del escenario.
Una vez acomodados, Mía sonrió con picardía.
—Bueno, ahora sí cuéntanos.
—¿Qué cosa?
—Santiago.
Darly rodó los ojos.
—Otra vez ustedes.
—Claro que sí. ¿Han vuelto a hablar?
—Sí.
—¿Y?
—Anoche hablamos por teléfono.
Mía y Andrés intercambiaron una mirada.
—Y tú no le escribiste hoy.
—No.
—¿Por qué?
—Porque tampoco voy a demostrar demasiado interés.
Mía asintió.
—Muy bien pensado.
—A los hombres no hay que darles todo tan fácil.
—Exactamente.
Los tres rieron.
Andrés intervino.
—Pero se nota que te gusta.
Darly intentó disimular.
—Pues... feo no es.
—Ajá.
—Y tiene lo suyo.
Mía soltó una carcajada.
—¡Niña! Qué específica.
Los tres volvieron a reír.
Sin embargo, mientras observaba el escenario iluminado, Darly recordó la llamada de la noche anterior.
Y por primera vez se preguntó si realmente estaba preparada para todo lo que podía ocurrir con Santiago.
Porque una cosa era sentir curiosidad.
Y otra muy diferente era comenzar a sentir algo más.