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Salvando Al Heredero

Salvando Al Heredero

Status: Terminada
Genre:Romance / Padre soltero / Hijo/a genio / Salvar al hijo enfermo / Completas
Popularitas:578.6k
Nilai: 4.7
nombre de autor: Lobelia

​Liam Volkov es un CEO implacable que cree que el dinero puede comprarlo todo, excepto la salud de su único heredero, el pequeño Ian, quien padece una enfermedad cardíaca degenerativa. Desesperado y tras haber despedido a diez especialistas, se cruza con la Dra. Elena Ríos, una cardióloga brillante, extrovertida y sin filtros que no le teme a sus gritos ni a su fortuna.
​Mientras la villana, Sabrina Valois (la ambiciosa prometida de Liam), planea la "muerte accidental" del niño para heredar la fortuna Volkov, Elena se convierte en el escudo de Ian. Pero en el proceso de salvar la vida del pequeño, Elena terminará operando el órgano más difícil de tratar: el corazón de piedra de su padre.

NovelToon tiene autorización de Lobelia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 6

Si la Torre Volkov era un monumento a la arrogancia, la mansión de Liam era el mausoleo de la alegría. Ubicada en la zona más exclusiva de las colinas, la propiedad era una estructura imponente de piedra gris, cristal y acero.

No había flores en la entrada, solo setos recortados con una precisión quirúrgica que daba miedo. El silencio del lugar era tan absoluto que se sentía pesado, como si el aire mismo tuviera prohibido vibrar.

​Elena llegó en un taxi que desentonaba completamente con los Ferraris y Mercedes estacionados en la entrada de grava. Bajó del vehículo cargando dos maletas de lona, una de color fucsia vibrante y otra con un estampado de girasoles, que parecían dos manchas de pintura fresca sobre un lienzo gris.

​—Respira hondo, Elena. Es solo una casa grande con un dueño con problemas de actitud —se susurró a sí misma, ajustándose la mochila.

​Al cruzar el umbral, un mayordomo de rostro imperturbable la recibió, pero antes de que pudiera decir una palabra, el sonido de unos tacones afilados repicando contra el suelo de mármol anunció una presencia mucho más hostil.

​Sabrina Valois descendió por la escalinata principal como si estuviera desfilando en una pasarela de París. Era una mujer de una belleza gélida: cabello rubio platino perfectamente peinado, un vestido de seda color perla que costaba más que el salario anual de una enfermera y una mirada que destilaba un elitismo tóxico.

​Sabrina se detuvo a tres metros de Elena, arrugando la nariz como si hubiera detectado un olor desagradable.

​—¿Y tú quién se supone que eres? —preguntó Sabrina, sin ocultar su desprecio—. Las de servicio deben entrar por la puerta lateral, y dudo mucho que el uniforme de limpieza incluya... eso.

​Señaló con un dedo perfectamente manicurado las maletas coloridas de Elena.

​Elena dejó las maletas en el suelo y se cruzó de brazos, sosteniéndole la mirada con una calma que pareció irritar a la otra mujer.

​—No soy del servicio de limpieza, aunque viendo lo gris que está todo aquí, creo que un poco de brillo no les vendría mal —respondió Elena con una sonrisa ladeada—. Soy la doctora Ríos.

La cardióloga de Ian.

​Sabrina soltó una risita seca, carente de cualquier rastro de humor.

—Ah, la "doctora milagro" del hospital público. Liam me mencionó que había tenido que hacer una obra de caridad para traerte. Escúchame bien, niña: que Liam te deje dormir aquí por una emergencia no te hace parte de nuestro círculo. Deja tus cosas en el cuarto de la servidumbre y asegúrate de no hacer ruido. Mi prometido odia el desorden.

​Elena sintió una punzada de indignación. No por el trato hacia ella, sino por la frialdad con la que Sabrina hablaba de Ian, como si fuera una molestia logística en lugar de un niño enfermo. Pero Elena no era de las que se quedaban calladas. Dio un paso hacia adelante, analizando el rostro tenso y artificialmente perfecto de Sabrina.

​—Es curioso que hable de desorden —dijo Elena, bajando la voz a un tono confidencial—. Porque noto una "irregularidad" bastante seria en su rostro. Dígame, ¿su cirujano plástico le cobra por aplicación o por litro? Porque tiene la frente tan paralizada por el botox que si intenta sonreír de verdad, me temo que se le va a saltar un ojo. Y como doctora, le digo que eso sí sería un desastre difícil de limpiar.

​Sabrina abrió la boca, indignada, pero sus músculos faciales apenas reaccionaron, lo que le dio a Elena la prueba irrefutable de su comentario.

​—¡Cómo te atreves! ¡Eres una maleducada, una...!

​—¡Basta!

​La voz de Liam resonó desde el piso superior. Bajó las escaleras con paso firme, vestido con ropa algo más informal pero manteniendo esa aura de autoridad que lo caracterizaba. Al llegar junto a Sabrina, ella se aferró a su brazo con una fragilidad fingida.

​—Liam, amor, esta mujer es un horror. Me ha insultado en mi propia casa —gimoteó Sabrina, forzando una expresión de tristeza que no llegaba a sus ojos.

​Liam miró a Sabrina y luego a Elena. Elena no bajó la vista; simplemente arqueó una ceja como diciendo: "Pruébame".

​—Sabrina, la doctora Ríos es una invitada de honor y la única persona responsable de la salud de mi hijo —dijo Liam. Su tono fue neutral, pero no hubo calidez en el trato hacia su prometida.

—. Elena, tu habitación está en el ala este, frente a la de Ian. No es el cuarto del servicio.

​Sabrina se tensó, pero sabía cuándo retroceder. Lanzó una mirada de puro odio a Elena antes de darse la vuelta.

—Espero que seas tan buena con el bisturí como lo eres con la lengua, "doctora". Porque si a ese niño le pasa algo, yo misma me encargaré de que no vuelvas a pisar un hospital.

​Cuando Sabrina se fue, el silencio volvió a caer sobre el vestíbulo. Liam miró las maletas fucsias en el suelo y luego a Elena, que parecía una chispa de fuego en medio de una cueva de hielo.

​—Tiene una personalidad... encantadora —comentó Elena sarcásticamente, recogiendo su equipaje—. ¿Viene incluida con el contrato de la mansión o es un accesorio opcional?

​Liam suspiró, frotándose las sienes. Por un momento, Elena vio al hombre cansado detrás del CEO.

—Sabrina es de una familia aliada. El matrimonio es un movimiento estratégico para la empresa. No espero que lo entiendas.

​—Oh, lo entiendo perfectamente —replicó ella mientras empezaba a subir las escaleras—. Usted vive en una estrategia de ajedrez constante. El problema, señor Volkov, es que Ian no es una pieza. Y yo tampoco.

​Se detuvo a mitad de la escalera y lo miró hacia abajo.

—Por cierto, la habitación frente a la de Ian es perfecta. Pero voy a necesitar que quiten esas cortinas pesadas. El niño necesita luz solar, no vivir en una película de vampiros.

​—Haré que las cambien —respondió Liam, sorprendiéndose a sí mismo por ceder tan rápido.

​Elena asintió y siguió subiendo. Al llegar a la puerta de Ian, se detuvo. Entró silenciosamente y vio al niño dormido, rodeado de juguetes caros que ni siquiera había tocado. El corazón de Elena se apretó. Esta mansión era hermosa, sí, pero era una jaula de oro.

​Liam la siguió y se quedó en el marco de la puerta, observándola. Vio cómo Elena se acercaba a Ian, le acomodaba la manta con una ternura que él no sabía cómo expresar, y le susurraba algo que lo hizo sonreír entre sueños.

​En ese momento, Liam sintió una extraña inquietud. Elena Ríos era peligrosa. No porque fuera una mala doctora, sino porque traía consigo algo que él había desterrado de su vida hacía años: la verdad sin adornos y la calidez sin condiciones. Ella era el caos que su ordenado mundo necesitaba, pero también el que podría destruirlo.

​Elena se giró y lo vio allí parado.

—¿Sabe qué es lo primero que vamos a hacer mañana, señor Volkov? —preguntó ella con un brillo travieso en los ojos.

​—¿Un chequeo cardíaco? —aventuró él.

​—No. Vamos a abrir todas las ventanas y a dejar que el aire entre. Esta casa huele a dinero acumulado, y el dinero no cura los pulmones. Descanse, CEO mandón. Mañana empieza la verdadera revolución.

​Elena entró en su habitación y cerró la puerta, dejando a Liam solo en el pasillo oscuro. Él se quedó allí unos segundos, mirando la madera cerrada. Por primera vez en mucho tiempo, la mansión no le pareció vacía. Le pareció que, finalmente, alguien había encendido una luz en el sótano de su almacén

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yemelys campo
jajajaja estaban en la jefatura y por arte de magia estaba en el hospital jajaja
Rosa Silvia Retamozo
Muchas gracias autora por compartir con todos nosotros tan linda historia de amor 👏👏👏👏❤️
Mary Espinales
la trama es buena pero se va para delante y después para atrás no tiene concordancia perece q no se decide w mismo escribir.
Victoria Wintecker
es muy estúpida y para tontos está novela
Yansis Sanchez
hermoso xq el amor siempre estuvo ahí para rescatar un corazón de hierro
Marcela Sanchez
Elena fue muy estupida e ingenua al creer en Sabrina
por qué será que hicieron a este personaje y lian tan estupidos
Jacqueline Salas
Buena historia, pero con algunas inconsistencias en el relato.
Camila Bouza
Parece la historia como esos libros de antaño, donde tenías 3 posibles finales o destinos, el primero: la llevan presa desde el hospital y los ve a ellos abrazados, el segundo: la llevan presa desde la casa con todo su camuflaje y en la puerta, y tercero: la llevan presa en el hospital una vez que hablo con Liam haciéndose la víctima. 🤷 los dejo a su criterio.
AlizD
me salte casi todosss los capítulos renuncio a leer
AlizD
jajaja jajaja jajajaja ke pasa con esta novela avanza y retrocede nunca e leído algo así tan loco
AlizD
cómo cuántas veces más faltará ke se lo demuestre??????
Maria M. Rosario
Bonita historia, realista.
Maria M. Rosario
No he visto un hombre disque es bueno n los negocios ser tan ignorante q apesar de ella demostrarle todo lo q ha echo la tal Sabrina aún se deje manipular de esa manera y continue poniendo n duda lo q Elena le dice.
Maria M. Rosario
Ok. Pero la Sabrina esta fuera de la casa o esta ahi lo unico q no pisará el cuarto de Ian? Entiendo q la enfermera lo q confeso fue q ella le suministro al niño las supuestas vitaminas.
Maria M. Rosario
La Sabrina quuere quitar a Ian del medio y llevar el control de todo y cuando Liam abriera los ojos no iba a tener nada.
Maria M. Rosario
Por esta cayendo n tiempo.
Carleone Gutierrez
Este idiota es el más estúpido que puede existir tanto que dice ser precavido y desconfiado, y tiene a la peor 🐍🐍ponzoñosa que puede haber viviendo bajo su mismo techo 🤦‍♀️🤦‍♀️🤦‍♀️
Maria M. Rosario
La doctora lo ha sacado de su zona de comfort. Que como unico se mantiene en su lugar es gritando q es lo q le da poder donde sabe q va perdiendo control.
Maria M. Rosario
🤔🤔🤔. Esto juele a peligro doble.
Maria M. Rosario
La salud no la compra ningun dinero.
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