Tras una vida de maltrato, Akira consigue una beca para la universidad más prestigiosa del continente. Allí descubre que los seis príncipes de las bestias están ligados a su destino y que ella es la última Vinculadora. Un antiguo poder ha despertado... y todos la están buscando.
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Capítulo 24
Las enormes puertas del Santuario comenzaron a cerrarse con un estruendo que hizo vibrar la tierra.
El eco recorrió cada rincón de aquel lugar sagrado.
Akira miró a la figura de luz.
—¿Qué está pasando?
La figura mantuvo la vista fija en las puertas.
—La tercera prueba no la elige la Vinculadora...
—La elige el propio Santuario.
Un profundo silencio cayó sobre el lugar.
De pronto, el suelo bajo los pies de Akira empezó a resplandecer.
Un inmenso círculo de símbolos antiguos apareció a su alrededor.
Las runas giraban lentamente, desprendiendo destellos dorados.
La figura dio unos pasos hacia atrás.
—A partir de ahora... no puedo ayudarte.
Akira tragó saliva.
—¿Voy a estar sola otra vez?
La figura sonrió con calidez.
—Nunca.
—Las personas que creen en vos siempre encontrarán la manera de acompañarte.
Las palabras le dieron fuerzas.
Respiró hondo y levantó la cabeza.
El círculo de luz brilló con intensidad.
Entonces, el paisaje volvió a cambiar.
El campo desapareció.
El lago también.
Akira apareció en una inmensa sala de piedra.
En el centro había un antiguo trono vacío.
Las paredes estaban cubiertas de murales que mostraban a antiguas Vinculadoras junto a enormes bestias.
Frente al trono había siete pedestales.
Seis tenían grabados los símbolos del lobo, el zorro, la serpiente, el dragón, el león y el Varkhan.
Pero el séptimo estaba vacío.
Como si esperara un símbolo que aún no existía.
Akira caminó lentamente.
—¿Qué significa esto?
Una voz antigua respondió desde todas partes.
—Ese lugar... te pertenece.
Akira se quedó inmóvil.
—¿Quién habla?
La voz continuó.
—Cada Vinculadora dejó una parte de su legado en este Santuario.
—Ahora es tu turno de decidir qué clase de reina serás.
Antes de que pudiera responder, el aire se volvió helado.
Una figura comenzó a formarse frente al trono.
Era una mujer.
Llevaba una armadura plateada y una corona de cristal.
Su cabello blanco llegaba hasta la cintura.
Sus ojos dorados transmitían una inmensa tristeza.
Akira sintió una extraña conexión con ella.
—¿Quién sos?
La mujer sonrió con melancolía.
—Fui la última Vinculadora... antes que vos.
Akira abrió los ojos con sorpresa.
—¿La última?
—Sí.
—Mi nombre fue Elyria.
Durante unos segundos, ninguna de las dos habló.
Elyria observó a Akira con atención.
—Veo esperanza en tus ojos.
—Eso es bueno.
—Porque yo la perdí.
Akira bajó la mirada.
—¿Qué te pasó?
Elyria cerró los ojos.
—Cometí un error.
Con un movimiento de su mano, el salón mostró una visión.
Se veía un antiguo reino consumido por las llamas.
Bestias y humanos luchaban entre sí.
El cielo estaba cubierto por sombras.
—Quise salvar a todos...
—Y terminé perdiéndolo todo.
Akira sintió un nudo en el estómago.
—¿Fue culpa tuya?
Elyria tardó unos segundos en responder.
—Las decisiones de una Vinculadora cambian el destino del mundo.
—Por eso la tercera prueba es la más difícil.
La antigua reina extendió lentamente su mano.
Una espada de luz apareció entre sus dedos.
—No voy a pelear para lastimarte.
—Voy a pelear para descubrir si tu corazón está preparado.
Akira dio un paso atrás.
—¿Tengo que enfrentarme a vos?
Elyria asintió.
—Solo así el Santuario reconocerá a su nueva guardiana.
La espada de luz brilló.
Akira respiró profundamente.
No tenía un arma.
No sabía luchar como los príncipes.
Pero tampoco podía escapar.
Apretó los puños.
—Está bien...
—Acepto la prueba.
En ese mismo instante, un destello dorado envolvió sus manos.
Cuando la luz desapareció, una espada de cristal descansaba entre sus dedos.
Era ligera.
Hermosa.
Y parecía responder a los latidos de su corazón.
Elyria sonrió por primera vez.
—El Santuario ya empezó a elegirte.
Las dos levantaron sus espadas.
El inmenso salón quedó en silencio.
Y una voz antigua anunció con solemnidad:
—Que comience el duelo entre la antigua Vinculadora... y la heredera del nuevo amanecer.