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Cicatrices De Ceniza

Cicatrices De Ceniza

Status: En proceso
Genre:Autosuperación / Romance de oficina / Posesivo
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalia2026

​Tras sobrevivir al cáncer, Valeria oculta su infertilidad al hombre de su vida. Entre secretos, pasión y una suegra cruel, deberá decidir si el amor basta para sanar sus cicatrices.

NovelToon tiene autorización de Dalia2026 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 10: Fuego cruzado

​El trayecto hacia Las Mercedes estuvo cargado de una expectativa silenciosa. Yo intentaba mantener la mirada fija en la ventana, contemplando el caos del tráfico caraqueño, mientras sentía los ojos de Mateo buscándome de reojo cada vez que el semáforo se ponía en rojo. Cuando por fin entramos al terreno de la construcción, el rugido de los camiones mezcladores y el eco de los taladros nos dieron la bienvenida.

​Antes de que pudiera poner un pie fuera de la camioneta, Mateo se estiró hacia el asiento trasero, tomó un casco de seguridad blanco y se inclinó hacia mí. Su cercanía me cortó la respiración. Con una delicadeza que contrastaba con su imponente porte, colocó el casco sobre mi cabeza y se tomó el tiempo de ajustar la correa debajo de mi barbilla. Sus dedos rozaron mi piel, enviando un escalofrío directo a mi espalda.

​—Una obra en construcción es un lugar peligroso, Vale —me advirtió, con los ojos fijos en los míos y una seriedad profundamente protectora—. No te separes de mi lado ni un solo segundo. Eres lo más importante que tengo aquí adentro ahora mismo.

​El corazón me dio un vuelco. Asentí con dificultad y bajé del vehículo sintiéndome protegida, pero esa burbuja de complicidad se reventó en mil pedazos en cuanto entramos a la oficina provisional de la obra.

​—¡Ingeniero Fonseca! Qué grata sorpresa tenerlo por aquí —exclamó una voz chillona y arrastrada.

​De una de las mesas se levantó la ingeniera residente encargada del proyecto, una mujer llamada Roxana. Me bastó un segundo para notar que su uniforme de seguridad parecía diseñado para otra cosa: el casco lo llevaba de medio lado, dejando caer su cabello perfectamente arreglado, y la camisa de la constructora estaba sospechosamente desabotonada, marcando un escote que no tenía nada que ver con la ingeniería civil. Roxana se acercó a Mateo con pasos exagerados y le plantó una sonrisa totalmente descarada, ignorando mi presencia por completo.

​—No me avisó que venía, jefecito. Hubiese preparado algo especial para recibirlo —coqueteó sin pudor, tocándole sutilmente el brazo.

​Mateo le dedicó una sonrisa de cortesía profesional mientras saludaba, ver esa interacción me dio una puñalada directa de celos en el estómago. ¿Y a esta qué le pasa? ¿Acaso se cree que está en una pasarela?, pensé, cruzándome de brazos con la mandíbula apretada.

Sentí una profunda decepción al ver que Mateo le devolvía la sonrisa; una amargura me llenó la boca al pensar que los hombres, al final, eran todos iguales ante una mujer provocativa.

​Sin embargo, la decepción me duró muy poco. En cuanto Roxana intentó pegarse más a él para mostrarle unos planos, la expresión de Mateo cambió drásticamente. Su rostro se volvió frío como el hielo y dio un paso atrás, marcando una distancia insalvable.

​—Ingeniera Roxana, vine a revisar las inconsistencias en los despachos de materiales, no a perder el tiempo —soltó Mateo con una voz tan cortante y autoritaria que a la mujer se le borró la sonrisa de golpe—. Muéstreme los libros de inventario de inmediato. La señorita Mendoza es la contadora principal de la constructora y viene a auditar las cuentas conmigo.

​Por dentro, solté una carcajada de pura satisfacción. El parado de Mateo la dejó en su sitio, mientras él la está manteniendo ocupada exigiéndole explicaciones sobre unos planos de estructura, aproveché el descuido y la tensión del momento para escabullirme disimuladamente hacia el área del almacén de materiales, al fondo de la obra.

​Tenía que ser rápida, con el corazón latiéndome en las orejas, localicé las planillas físicas de recepción de cemento y cabillas. Saqué mi teléfono a toda prisa y comencé a tomar fotos nítidas de cada página.

Al comparar los números reales de los obreros con los balances inflados que había revisado en mi noche de insomnio, la verdad saltó a la vista: tenía las pruebas contundentes del desfalco en mis manos.

​Estaba tan absorta celebrando mi victoria silenciosa que no me percaté del peligro, arriba, en el segundo nivel de la estructura, una viga de acero mal asegurada por los obreros se deslizó de imprevisto, rompiendo un tensor.

​—¡Valeria, cuidado! —escuché el grito desesperado de Mateo.

​Antes de que pudiera reaccionar o levantar la mirada, un cuerpo macizo y fuerte se abalanzó sobre mí con violencia, derribándome contra el suelo polvoriento justo cuando la enorme viga de acero impactaba contra el piso, levantando una nube de tierra donde yo había estado parada un segundo antes.

​Mateo me tenía fuertemente abrazada contra su pecho, protegiendo mi cabeza con sus brazos. Estaba temblando, cuando se separó un poco para mirarme, sus ojos marrones inyectados en sangre reflejaban un pánico absoluto que jamás le había visto.

​—¿Estás bien? ¡Mírame, Vale! ¿Te golpeó algo? —me preguntó con la voz rota por el susto.

​—Estoy... estoy bien, Mateo. No me pasó nada —logré articular, con el corazón queriendo salírse del pecho.

​En ese instante, la preocupación de Mateo se transformó en una furia monumental. Se puso de pie y ayudó a levantarme, para luego caminar directo hacia la ingeniera Roxana y el capataz, quienes corrían asustados hacia nosotros. La discusión que siguió fue fortísima; Mateo les gritó como nunca antes, reclamando la total falta de medidas de seguridad y negligencia en la obra.

​—¡Esto es inaceptable! ¡Esta obra queda suspendida de inmediato hasta que se haga una inspección completa de seguridad! —rugió Mateo, con una autoridad que hizo temblar a todos—. Nos retiramos.

​Sin dejar espacio a réplicas, me tomó firmemente de la mano y me guio a pasos agigantados de regreso a la camioneta. El silencio en el vehículo de camino era denso, pero ya no era por la atracción, sino por la adrenalina del susto. Mateo manejaba con los nudillos blancos apretados al volante. Sin embargo, a mitad de camino, decidió desviarse y estacionar frente a un restaurante discreto de carnes en Las Mercedes.

​—Necesitamos comer algo y calmar los nervios después de esto —dijo, intentando suavizar la voz.

​Nos sentamos en una mesa apartada, a medida que nos traían la comida y la tensión del accidente disminuía, noté que Mateo me observaba con una fijeza analítica, una sonrisa pícara comenzando a dibujarse en su rostro. El ingeniero, que era sumamente inteligente, había estado uniendo los cabos sueltos de todo el día.

​—Así que... —dijo Mateo, apoyando los codos en la mesa y mirándome con diversión—. Al principio de la tarde, antes de que casi nos aplastara una viga, noté que estabas un poco... distraída. O mejor dicho, bastante molesta con la ingeniera Roxana.

​Me puse rígida, sintiendo que el calor comenzaba a subir por mi cuello.

​—No sé de qué hablas, Mateo. Yo solo estaba evaluando el entorno laboral —respondí, intentando usar mi tono más profesional y frío.

​—¿Ah, sí? —Mateo soltó una carcajada baja y ronca, disfrutando enormemente de mi incomodidad—. Valeria, si las miradas mataran, hubieras fulminado a Roxana en el acto en cuanto se me acercó. No me digas que la contadora más estricta de la empresa sintió celos de la residente.

​—¡Por supuesto que no! —negué rotundamente, sintiendo mis mejillas encendidas por completo. Ella simplemente no tenía la vestimenta ni la actitud adecuada para una obra, eso es todo. Por mí, usted puede sonreírle a quien quiera.

​—A mí no me engañas, mi Vale —continuó él, haciéndome bullying cariñoso con un brillo de triunfo en los ojos—. Te pusiste como una fiera. Pero quédate tranquila, que a mí la única mujer que me interesa ver y tener cerca es a ti. Aunque no me digas que no, te encantan mis sonrisas.

​Me llevé el vaso de agua a la boca para ocultar mi sonrisa y el color rojo de mi rostro, indignada pero secretamente feliz por su confesión. El resto del almuerzo transcurrió entre sus bromas y mi fingida seriedad, sellando una complicidad que crecía a pasos agigantados.

​Esa misma noche, la burbuja de la constructora estalló cuando nos reunimos en mi casa, desde que murió el último familiar de Natalia, mi familia se había convertido en la suya, y ella se había mudado con nosotros; éramos como hermanas de sangre compartiendo la vida bajo el mismo techo.

Andrea también estaba allí de visita, y apenas nos sentamos en la sala con unas copas de vino, sentí que estaba entrando a un tribunal de la inquisición de amigas. No pasaron ni cinco minutos antes de que Andrea soltara la bomba.

​—A ver, Mendoza, habla claro y suelta el chisme completo —me acorraló Andrea, cruzándose de brazos con una sonrisa de oreja a oreja—. Que ese cruce de miradas y de mensajitos con Mateo Fonseca en el trabajo, es muy sospechoso. Yo los conozco a los dos, y Mateo está que arrastra la cobija por ti.

​—¡Sí, Vale! Cuenta —secundó Natalia, acomodándose los cojines en el sofá con entusiasmo—. Nos tienes en ascuas. ¿Qué está pasando entre ese papasito y tú?

​Me tapé la cara con las manos, sintiendo que el rubor de la tarde regresaba con fuerza.

​—Muchachas, es complicado... él es mi jefe, y las cosas en la empresa están difíciles —intenté esquivar el tema.

​—¡No te desvíes! —protestó Andrea haciéndome bullying—. ¿Hubo o no hubo algo ya? Porque ese café y la caja de la pasteleria de esta mañana no fue de amigos. ¿Cuándo van a terminar de darse el «sí» oficial?

​Acorralada por la insistencia de mis amigas y sin poder contener más la emoción que me quemaba por dentro, bajé las manos y confesé en un susurro ahogado:

​—Bueno... ya hubo un besito. ¡Y qué beso, muchachas!

​Andrea y Natalia pegaron un grito al unísono, saltando en el mueble y aplaudiendo como adolescentes locas de la emoción.

​—¡¿Qué?! ¡Lo sabía! —chilló Andrea—. ¡Qué emoción, un beso con el mismísimo Mateo Fonseca!

​Justo en medio del alboroto y las risas escandalosas, la puerta que conectaba con el pasillo se abrió. Mi papá, asomó la cabeza con el ceño ligeramente fruncido pero con ojos curiosos, mientras que detrás de él, la tía Irina venía saliendo de la cocina sosteniendo una bandeja con unos pasapalos y mirándonos con los ojos entrecerrados y una sonrisa cargada de picardía pura.

​—¿Qué es ese escándalo en esta casa, Vale? Se escucha desde el patio —comentó mi papá, cruzándose de brazos con ese tono protector tan de él, aunque una chispa de picardía delataba que había escuchado el alboroto—. ¿Quién es ese tal Fonseca que andan nombrando?

​—¿Cómo que un beso? —metió la cuchara mi tía Irina, acomodándose los lentes mientras dejaba la bandeja en la mesa de centro, mirándonos con los ojos entrecerrados—. Ajá, Valeria, a mí me cuentas ya mismo santo y seña de ese nuevo pretendiente. Carlos, ven acá y siéntate tú también, porque si es el dueño de esa constructora millonaria, lo primero que tenemos que saber como familia, es si tiene buenas intenciones con mi sobrina o si tenemos que ponerle los puntos sobre las íes. ¡Habla, niña!

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Gioconda Rivas
que pedante es ese camilo 🤬🤬🤬
Sandra Milena Ramirez Martinez
no paro de llorar 😭
Dalia: Es muy triste la perdida 😭😭😭
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Sandra Milena Ramirez Martinez
oye pero este hombre es un total pendejo... el supuesto mejor amigo le roba y la mama lo maneja peor que un titere
Dalia: era un robo tan meticuloso que a nuestra protagonista le tardo años confirmar el verdadero culpable, el robo era secreto a voces. el verdadero culpable se aprovecho de que la suegra le tenia rabia a la protagonista para inculparla.

A mi me da rabia es con el prota, porque claro muy detras de su amor, muy profesional pero por andar de enamorado y creyendole a la mamá es que le metieron gato por liebre.
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Elizabeth Del Valle Romero
ahí hay chispa ❇️
Dalia: el comienzo de algo🤭
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Gioconda Rivas
Me gusta la hiatoria, toca una realidad sobre aquellas mujeres que por ciertas circunstancias no pueden tener hijos y se mueren por tenerlos. No por ello quiere decir que sean menos valiosas, madre no es la que engendra si no la que cria. Gracias escritora por escribir historias tan lindas y con mensajes se reflexión.
Gioconda Rivas
empieza el romance 😍
Gioconda Rivas
se nos puso celoso el hombre 🤣
Gioconda Rivas
Valeria se pasa de inocente
Gioconda Rivas
Es triste el caso de Valeria, yo pase por lo mismo. Lo importante es estar viva.
Dalia: Son casos muy tristes, lo importante es ser fuertes y salir adelante.
total 2 replies
Elizabeth Del Valle Romero
isssh cuando se enteré Mateo
Dalia: Esto se va a poner color de hormiga🔥🔥🔥
total 1 replies
Dalia
😭😭 De verdad que no se lo merecia.
Dalia
😭😭 De verdad que no se lo merecia.
Elizabeth Del Valle Romero
pobre de Natalia 😭
Elizabeth Del Valle Romero
pobre de Natalia:(
Dalia: Ese Mateo le hace falta pantalones, no es un mal hombre solo que se dejo llenar la mente de basura.
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Elizabeth Del Valle Romero
muero por leer los siguientes capítulos
Dalia: pronto,pronto!!! ☺️
total 1 replies
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