Isabela y João estuvieron juntos durante ocho años y comprometidos durante seis.
En cada discusión, siempre era ella quien tenía que tragarse el orgullo y dar el primer paso para hacer las paces.
Hasta que Isabela vio a João engañándola con otras mujeres, sin el menor respeto por su dignidad. Solo entonces se dio cuenta de que, para él, nunca había sido realmente respetada.
Decidida, Isabela puso fin a la relación y se casó con Thiago, heredero de una de las familias más poderosas del país.
Fue solo en ese momento que João entendió lo que había perdido: un arrepentimiento y un dolor que ni dando todo de sí podría recuperar.
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Capítulo 6
Isabela pasó toda la tarde con el cuaderno de notas abierto sobre el escritorio de su habitación. El bolígrafo volaba por las páginas mientras registraba todo lo que Lucas había dicho durante aquella conversación casual alrededor de la máquina de café.
Graduación en Economía e Ingeniería por la USP, con intercambio en Stanford. Especialización en fusiones y adquisiciones internacionales. Prefería café negro sin azúcar, pero aceptaba un toque de leche de coco en días de crisis. Camisas siempre blancas o azul marino, corte slim, puños dobles. Zapatos Goodyear welted, nunca mocasines. Detestaba el perfume fuerte, solo usaba algo cítrico y discreto. Odiaba la música alta, pero escuchaba a Bach y Debussy a bajo volumen cuando trabajaba.
Ella rió sola al releer las notas. Parecía un perfil psicológico de sospechoso en serie policial. Al final de la página, dejó un esbozo rápido: contorno ovalado del rostro, línea recta de la nariz, maxilar definido, cabello oscuro peinado hacia atrás. Llegó a los ojos y se detuvo. Los dejó en blanco. Lucas había hablado de todo, excepto de lo que realmente importaba. No había mencionado la mirada. El alma detrás de las pupilas.
Cuando el sol comenzó a bajar, Isabela guardó el cuaderno y bajó a cenar. La mesa estaba puesta con sencillez elegante: salmón a la plancha, espárragos, batata asada, una copa de agua con limón. Comió despacio, aún pensando en aquellos ojos en blanco en el papel.
Poco después de las siete, Carlos llamó a la puerta de su habitación. Traía dos libritos rojos en las manos.
—Está hecho, señorita Leite. O mejor… señora Marcos.
Isabela abrió el primero. Certificado de Matrimonio. Fecha: 9 de septiembre de 2024. Nombre del cónyuge: Thiago Augusto Marcos. La foto era montada —fondo neutro, iluminación profesional—, pero funcionaba. Ella aparecía sonriente, el vestido blanco sencillo que había usado en el viaje. Él… él era impresionante. Rasgos aristocráticos, cejas arqueadas, boca de línea fina y firme. Ojos grandes, profundos, de un castaño casi negro. Parecía alguien que nunca necesitó esforzarse para ser notado. Como si el mundo se ajustara a su alrededor.
Ella pasó el dedo sobre la foto de él.
—Está… guapo.
—Él siempre lo ha sido —dijo Carlos, neutro—. Incluso ahora.
Isabela cerró el documento y miró hacia el pasillo. Fue cuando oyó el zumbido suave de un motor eléctrico.
Una silla de ruedas apareció en la curva del pasillo. Thiago Marcos estaba allí.
La luz dorada del atardecer le daba de lado, transformando el cabello oscuro en un halo, delineando los hombros anchos bajo la camisa de lino blanca. Los ojos estaban cubiertos por una venda de gasa blanca, impecable. No usaba gafas de sol; tal vez no necesitaba esconder nada. La expresión era distante, casi indiferente, como si el mundo a su alrededor fuera solo un ruido de fondo.
Isabela sintió que el aire se volvía más denso.
Thiago detuvo la silla a pocos metros de la puerta de su propia habitación. La silla emitió un clic suave cuando él apretó el control. Lucas surgió detrás, cargando una bandeja con frascos y gasa.
—Buenas noches, Thiago —dijo el médico, voz baja—. Hora de cambiar el vendaje.
Thiago no respondió. Solo movió la silla hacia adelante. Cuando estaba a punto de entrar en la habitación, se detuvo de nuevo.
El silencio que siguió fue pesado. Isabela podía oír su propia respiración.
Ella abrió la boca para decir algo —cualquier cosa—, pero Thiago ya había entrado. La puerta se cerró con un clic electrónico. Sin mirar atrás. Sin dudar.
Isabela se quedó parada en el pasillo por algunos segundos más. Después volvió a la habitación, se sentó en la cama y abrió el cuaderno. Intentó completar el dibujo. Añadió pestañas largas, párpados ligeramente caídos. Pero cuanto más dibujaba, más equivocado quedaba. No era él. No capturaba nada.
Ella cerró los ojos y recordó las palabras de Lucas, dichas casi en voz baja, como si doliera hablar:
“El accidente fue hace dos años. Colisión frontal en la BR-040. Él conducía. El otro conductor murió en el acto. Thiago sufrió una infección ocular grave, hemorragia intracraneal con compresión del nervio óptico. La cirugía para drenar el hematoma fue exitosa, pero la presión en el nervio es constante. Si operan de nuevo, riesgo de muerte en menos de diez por ciento. Preferimos el conservador. Las piernas… lesión medular incompleta. Él siente algo, pero no consigue controlar. La rehabilitación es lenta”.
Isabela entendió, finalmente, el motivo real del matrimonio.
No era solo compatibilidad de BaZi. Era sustitución. Ella era el talismán vivo. Su cuerpo para bloquear la desventura que rondaba el de él. Ocho mil millones de reales y una vida entera de lujo a cambio de ser el escudo humano de un hombre que tal vez no viviría más de algunos años.
Ella sintió un frío en la nuca. Pero no arrepentimiento. Aún no.
La noche cayó deprisa. Isabela estaba en el balcón cuando vio a Anna pasando con una bandeja cubierta.
—¿Anna? ¿Qué es esto?
La gobernanta se detuvo, expresión preocupada.
—La cena del señor Thiago. Él… no quiso comer hoy. Ni ayer. El nutricionista preparó todo a medida: proteína magra, vegetales, carbohidrato de bajo índice glucémico. Pero él mandó llevarlo de vuelta.
Isabela miró la bandeja. Salmón con salsa de hierbas, puré de calabaza, brócoli al vapor, un tazón pequeño de yogur natural con miel. Todo arreglado con cuidado.
—Déjamelo a mí —dijo ella—. Yo lo llevo.
Anna vaciló, pero entregó la bandeja.
—Tal vez… él la escuche a usted. Hoy es el primer día de casados, al fin y al cabo.
Isabela subió las escaleras con la bandeja en las manos. El corazón latía fuerte, pero no de miedo. De expectativa.
Llegó a la puerta de Thiago. Llamó dos veces, leve.
La cerradura hizo clic sola. La puerta se entreabrió.
La habitación estaba oscura. Solo la luz de la luna entraba por las cortinas entreabiertas, dibujando franjas plateadas en el suelo de madera. Thiago estaba en la silla de ruedas cerca de la ventana, el celular en la mano. Hablaba bajo, voz grave, limpia, con un timbre que parecía hecho para salas de reunión y confesiones nocturnas.
—…sí, cierre la posición en 12%. No quiero exposición mayor que eso hasta el final del trimestre.
Él colgó. Guardó el aparato en el bolsillo de la camisa.
Sin girar el rostro, dijo:
—Puede llevárselo. No quiero.
Isabela entró. La puerta se cerró detrás de ella.
Ella colocó la bandeja en la mesita al lado de la silla. Caminó hasta quedar frente a él, a pocos pasos.
—Buenas noches… marido.
Silencio absoluto.
Thiago no se movió. Pero Isabela sintió el cambio en el aire. Una tensión nueva, casi eléctrica.
Ella forzó un tono leve, casi juguetón.
—Ah, entiendo. No quiere comer solo. ¿Quiere que la esposa recién casada le dé en la boca?
El silencio se hizo aún más denso.
Entonces Thiago levantó el rostro despacio.
Una ráfaga de viento entró por la ventana entreabierta. La gasa que cubría sus ojos se deslizó, suave como una hoja cayendo, y aterrizó en su regazo.
Isabela contuvo la respiración.
Los ojos de él estaban abiertos.
No eran vacíos. No eran ciegos.
Eran de un castaño oscuro, casi negro, con pupilas dilatadas por la penumbra. Había en ellos una mezcla de sorpresa, irritación y algo más profundo —tal vez curiosidad. Tal vez dolor.
Él la encaró directamente.
Y por primera vez desde que llegara a aquella casa, Isabela sintió que estaba siendo realmente vista.
digo si de una 🤣🤣🤣🤣
y le pido a Dios que el muchacho sea un mangazo jajajaaj así aprovecho y Melo como también 🤭🤣🤣🤣
Entonces la mamá de Isabella la alejo por su enfermedad o la encontró y no es su madre verdadera y quiso sacar provecho de ella... Hay que misterio, casi resuelto 🤔☺️