Camila llega sola a Hollow Creek para olvidar la muerte de su madre. Su auto queda destrozado por trampas en el camino y encuentra a cinco jóvenes acampando. Pronto descubre que ese rincón de Texas esconde una familia que lleva generaciones aislada… y algo mucho más antiguo que ellos.
NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 15
Caminaron en silencio durante mucho rato.
El terreno subía y bajaba sin sentido. A veces el bosque se abría un poco y dejaba ver más cielo gris. Otras se cerraba tanto que tenían que apartar las ramas con las manos. El olor dulce iba y venía. Nunca desaparecía del todo.
Camila iba en el medio, como siempre. Leo delante. Tomi detrás. Las piernas le pesaban. El llavero de Mateo seguía en el bolsillo, caliente por el contacto con su cuerpo. Cada cierto tiempo lo tocaba sin querer y recordaba la chapita de fútbol rayada.
De pronto, sin aviso, la imagen de su madre se le metió en la cabeza.
No la del final. No la del hospital.
La de antes. Cuando todavía cocinaba los domingos y se reía con la boca abierta. Cuando le decía “no salgas sola de noche” aunque Camila ya tuviera veinticinco años. Cuando le tocaba el pelo y le decía que tenía las manos frías.
Tropezó con una raíz y Leo se giró.
—¿Estás bien?
—Sí —mintió.
Siguió caminando. Pero la memoria no se fue. Se mezcló con lo que tenía delante. Los árboles se convirtieron por un segundo en las paredes blancas de la habitación del hospital. El olor dulce del bosque se volvió el olor a desinfectante y a esa crema que usaban para las escaras. El silencio del bosque se convirtió en el pitido lento del monitor que al final se quedó plano.
Había dejado de visitarla los últimos días.
No porque no quisiera. Porque no aguantaba verla así. Tan pequeña en la cama. Tan lejos aunque estuviera a un metro. Había inventado excusas. Trabajo. Cansancio. Cualquier cosa. Y cuando por fin volvió, ya no había nadie a quien decirle perdón.
Ahora estaba aquí.
En medio de un bosque que se los quería tragar. Y la culpa se le había pegado igual que el olor dulce. Como si el bosque la hubiera olido y hubiera decidido que merecía estar ahí.
Tomi habló desde atrás:
—¿Escucharon?
Se detuvieron.
Un ruido lejano. Como algo pesado arrastrándose sobre hojas. Después silencio otra vez.
Leo hizo una seña y siguieron, más despacio.
Camila sintió que el pecho se le apretaba. La imagen de su madre volvió, pero esta vez mezclada con el cuerpo de Mateo. La cabeza abierta. El brazo arrancado. ¿Habría sufrido su madre tanto como él? ¿O se había ido más despacio, por dentro, mientras Camila no estaba?
Se pasó una mano por la cara. Tenía polvo y sudor frío.
—Leo.
Él se giró un poco, sin parar del todo.
—¿Qué?
—Si no salimos de aquí… si esto termina mal… no quiero morir con esto encima.
Leo la miró un segundo. Entendió a qué se refería sin que ella lo explicara.
—Entonces no vamos a morir. Punto.
No sonó a promesa heroica. Sonó a alguien que también tenía cosas que no quería cargar hasta el final.
Siguieron subiendo.
La luz se volvía más débil. El día se estaba acabando otra vez y nadie quería pensarlo. Camila intentó concentrarse en los pasos. En el sonido de las botas de Leo delante. En la respiración de Tomi detrás. Pero la memoria seguía ahí, mezclada con el miedo actual.
Recordó la última vez que le sostuvo la mano a su madre. Los dedos fríos. La piel transparente. Ella mirando al techo sin verla de verdad. Y Camila pensando solo en cuánto faltaba para poder irse de esa habitación.
Ahora habría dado cualquier cosa por volver a esa habitación. Por decir algo. Por quedarse.
El bosque crujió a la izquierda.
Los tres se detuvieron.
Nada se movió. Pero el olor se puso más fuerte de golpe, como si algo se hubiera acercado y después se hubiera quedado quieto, oliéndolos.
Camila apretó el llavero hasta que le dolió.
La culpa y el miedo se habían juntado en el mismo sitio.
Y el bosque parecía saberlo.
hey y aparezco ahí, mi nombre también es Leo