La vida de Emma cambia cuando el señor Rodrigo, tras más de 40 años trabajando en la empresa, decide jubilarse. Buscando a alguien joven y conocedor de su área para sustituirlo, elige a su asistente, quien ya tiene más de 10 años de experiencia trabajando a su lado. Aunque su elección podría convertir a Emma en la candidata perfecta para convertirse en la nueva madre de los hijos del presidente.
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Capítulo 6
Daysi recorría cada rincón de la tienda junto a su hermana Emma, seleccionando cuidadosamente algunas prendas. A medida que avanzaban por los pasillos, Daysi tomaba de dos a tres trajes, algunos vestidos elegantes y otros conjuntos de dos piezas. Cada atuendo lo entregaba a Emma, quien apenas había comenzado y ya se sentía sofocada, con ganas de abandonar aquel lugar.
—Es vital encontrar algo que destaque tu personalidad y también el control que asumirás en el futuro —dijo Daysi, observando atentamente los alrededores mientras buscaba un atuendo que captara su atención.
—Sí, pero no creo que necesitemos tanto —respondió Emma, mirando la montaña de ropa que sostenía en sus brazos.
—La ropa que utilizas siempre habla por ti, sin necesidad de presentaciones, Emma. Tienes que tenerlo claro —insistió Daysi, convencida de la importancia de la vestimenta en la percepción profesional.
Daysi tenía toda la razón. La forma en que uno se viste influye significativamente en las opiniones que los demás forman sobre nosotros. Esta verdad había caído sobre Emma como una cubeta de agua fría. Su vestimenta había sido la causa de la humillación por parte del presidente, una experiencia que le ardía en el alma.
Mientras Daysi continuaba paseando por los pasillos, un vestido de color vino capturó inmediatamente su atención. Era un vestido con mangas cortas, ajustado en la parte superior con un escote semi pronunciado y pliegues que se extendían desde la cadera hasta justo por encima de las rodillas. A primera vista, Daysi se enamoró del vestido. Sin dudarlo, lo tomó y agarró a su hermana para llevarla al probador, exigiéndole que se lo probara.
—Rápido, tienes que medirte esto, ya que soy capaz de quedármelo —dijo Daysi, con un brillo intenso en los ojos al ver la belleza de la prenda.
Sin embargo, Emma no compartía el mismo entusiasmo. Para ella, solo era un simple vestido, algo insignificante. Cerró la cortina del probador y comenzó a desvestirse. Una vez sin ninguna prenda, se puso el vestido, metiendo sus pies bajo el zíper y sintiendo cómo la tela se pegaba incómodamente a su piel. Cuando terminó, le indicó a su hermana que ya estaba lista. Al abrir la cortina, Daysi quedó sorprendida.
—¡Dios mío, Emma! Te ves tan hermosa. Definitivamente, mañana tienes que irte con esta belleza. Vas a dejar a todos hipnotizados.
Varias empleadas se acercaron al vestidor y quedaron maravilladas al ver a Emma con el vestido. Su cuerpo se adaptaba perfectamente a la prenda, y el diseño parecía hecho a medida para ella.
—Se te ve tan hermosa, señorita —comentó una de las empleadas.
—Opino lo mismo —añadió Daysi.
Emma se volteó para verse en el espejo y, para su sorpresa, se veía sumamente diferente. No parecía ella misma, y se sorprendía de lo bien que el vestido realzaba su figura. Por lo general, ella prefería ropa más holgada o de una talla más grande porque se sentía más cómoda, pero ahora veía una nueva faceta de sí misma reflejada en el espejo.
—Definitivamente te lo llevas, Emma. Ahora pruébate estos otros —dijo Daysi, extendiéndole varios conjuntos adicionales—. Cada vez que te pongas uno, me avisas para que lo juzgue.
Horas después, finalmente terminaron de seleccionar las prendas. Para Emma, el tiempo había parecido eterno, pero aún no terminaba. Ahora debían dirigirse al salón de belleza para realizar algunos cambios adicionales por orden de Daysi.
La experiencia en el salón fue dolorosa. Desde la depilación con cera hasta la aplicación de cremas y, sobre todo, el tedio de arreglarse el cabello, Emma sintió cómo su paciencia se ponía a prueba. Sin embargo, cuando salió del salón, se miró en el espejo y estaba totalmente transformada. No parecía ella misma, o mejor dicho, nunca se había visto de esa manera.
Al caer la tarde, se dirigieron al departamento de Emma. El día había sido extremadamente cansado y doloroso para ella, además de perjudicar su economía. Daysi decidió quedarse a dormir con Emma, ya que quería asegurarse de que todo estuviera perfecto para el día siguiente. Emma estaba exhausta, pero agradecida por el apoyo incondicional de su hermana.
En medio de la tranquilidad de la noche, una notificación cayó en el teléfono de Emma, interrumpiendo el momento de descanso. Emma lo tomó con cierta inquietud, esperando que fuera el mensaje que tanto había esperado. Al desbloquear el teléfono, sus ojos se iluminaron al ver la pantalla: era su novio, Aiden. No se habían visto en unas cuantas semanas debido a la demanda de su trabajo y la distancia que vivían entre sí, lo que siempre representaba un obstáculo para estar juntos. En el mensaje, él decía que la estaba esperando debajo de su edificio.
Emma tomó una bocanada de aire antes de salir a toda prisa. Después de semanas sin ver a Aiden, el amor de su vida la esperaba. Salió corriendo, tan rápido que estuvo a punto de caerse por las escaleras, pero logró mantener el equilibrio y siguió bajando hasta llegar a la entrada del edificio. Al ver a Aiden, no pudo contenerse y saltó hacia él. Él la tomó en sus brazos y se fundieron en un beso apasionado, demostrando cuánto se habían extrañado.
—Te extrañé tanto, amor —dijo Emma, besándolo y dejando que el aroma de Aiden la envolviera.
—Conté todos los días para volver a verte, preciosa —respondió Aiden, dando pequeñas vueltas en sus brazos mientras la sostenía. El abrazo y los besos apasionados demostraban claramente cuánto se habían echado de menos.
Cuando se separaron, Emma no dejó de abrazarlo hasta que finalmente le dio la cara. Aiden, al ver lo diferente que se veía Emma, quedó sorprendido. Ella se veía tan hermosa bajo el brillo de la luna que parecía una versión transformada de sí misma. Sin embargo, esa belleza tan deslumbrante no podía ser reemplazable.
—Te ves tan bella, hermosa, preciosa, divina. Es que las palabras no quedan para describirte —exclamó Aiden, admirando cada detalle de su apariencia.
Emma se ruborizó por completo al escuchar esas palabras. Amaba cuando su novio no dejaba de alagarla. Aiden dio un paso hacia ella, besando su nuca y dejando besos ardientes en su piel. Esto hizo que Emma sintiera un calor excitante, pero también decidió empujarlo ligeramente. No quería mostrar tanto afecto en público.
—Cariño, tengo el tiempo contado —dijo Aiden suavemente—. Estoy aquí por la empresa y tengo que volver en unos minutos. Quería saludarte y decirte cuánto te extrañaba, y te ves tan hermosa.
Emma se desilusionó un poco, pero entendió perfectamente. Con otro beso de despedida, se separó y vio cómo Aiden se alejaba, dejándola sola en la noche. Sin más, volvió a su departamento para terminar la noche, con el corazón latiendo aún por el encuentro que la había dejado suspirando.