NovelToon NovelToon
Obsessed

Obsessed

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor-odio
Popularitas:402
Nilai: 5
nombre de autor: Akari_Art

Quien diría que una beca en Alemania solo para estudiar tomaría un rumbo distinto al imaginado..

NovelToon tiene autorización de Akari_Art para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EP 15: -Las esposas de Arthur Bennett. (Ep Extenso)

La historia de la familia Bennett siempre había estado dividida en dos épocas.

Antes de Cinthia.

Y después de Catherine.

Durante años, nadie dentro de aquella casa hablaba demasiado de la primera esposa de Arthur Bennett. Su nombre aparecía únicamente en documentos antiguos, fotografías guardadas en cajones que casi nunca se abrían y algunos recuerdos que Isaac conservaba con una obstinación que nadie se atrevía a cuestionar.

Catherine Bennett había llegado a la vida de Arthur mucho antes de que el apellido Bennett tuviera el peso que tenía ahora.

Cuando se conocieron, Arthur todavía no era el hombre que terminaría siendo. Tenía poco más de veinte años, trabajaba junto a su padre y pasaba la mayor parte del tiempo intentando demostrar que algún día sería capaz de ocupar su lugar. Era ambicioso, reservado y demasiado consciente de las responsabilidades que llevaba sobre los hombros.

Catherine era diferente.

No pertenecía a una familia tan conocida como los Bennett y tampoco parecía interesada en formar parte de aquel mundo. Había crecido en una familia de clase media, lejos de las cenas formales y de las reuniones empresariales a las que Arthur estaba acostumbrado.

Se conocieron en Hamburgo durante una tarde de invierno.

Arthur recordaría durante años que Catherine llevaba un abrigo color crema y un libro debajo del brazo.

No fue amor inmediato.

Fue curiosidad.

Después fueron conversaciones.

Después encuentros que ninguno de los dos llamaba citas.

Y finalmente una relación que sorprendió a las personas que conocían a Arthur.

Catherine era una de las pocas personas capaces de hacer que Arthur olvidara durante unas horas el apellido que llevaba.

Con ella podía caminar sin escoltas, sentarse en una cafetería pequeña y hablar de cualquier cosa que no tuviera relación con negocios.

Arthur terminó enamorándose de ella.

Y, contra la opinión de parte de su familia, se casaron.

La boda fue elegante, pero pequeña.

Catherine nunca quiso una ceremonia exagerada.

Quería una vida tranquila.

Durante los primeros años, parecía que la había conseguido.

Arthur comenzó a construir su propio camino dentro de la empresa familiar y Catherine se convirtió poco a poco en una presencia constante dentro de la casa Bennett.

Pero la tranquilidad nunca duró demasiado.

La familia esperaba que Arthur tuviera un heredero.

Cuando Catherine quedó embarazada, la noticia fue recibida con entusiasmo por todos.

El nacimiento de Isaac cambió la dinámica de la casa.

Arthur se convirtió en padre y, aunque nunca fue especialmente expresivo, existía una ternura evidente cuando estaba con su hijo.

Catherine, en cambio, parecía haber encontrado una nueva razón para desafiar las reglas de aquella familia.

Quería que Isaac tuviera una infancia normal.

Quería que pudiera equivocarse.

Quería que conociera un mundo que no estuviera construido únicamente alrededor del apellido Bennett.

Arthur estaba de acuerdo con algunas cosas y en desacuerdo con otras.

Las discusiones comenzaron lentamente.

No eran grandes peleas.

Eran diferencias pequeñas.

Sobre la educación de Isaac.

Sobre la cantidad de tiempo que Arthur pasaba trabajando.

Sobre la influencia de la familia.

Sobre el futuro.

Catherine quería que Isaac pudiera elegir su propia vida.

Arthur quería prepararlo para la vida que inevitablemente tendría como Bennett.

Aun así, seguían queriéndose.

O al menos eso fue lo que Isaac creyó.

Isaac creció rodeado por dos mundos.

Durante el día estaba con su madre, que le enseñaba a leer, lo llevaba al parque y se sentaba junto a él cuando tenía pesadillas.

Por la noche, muchas veces, Arthur regresaba tarde del trabajo y se acercaba a la habitación de su hijo para comprobar que estuviera dormido.

Catherine observaba aquellas escenas desde la puerta.

Sabía que Arthur quería a Isaac.

También sabía que algún día intentaría convertirlo en el hijo perfecto.

Por eso intentaba equilibrarlo.

Cuando Isaac Aún era pequeño, Catherine comenzó a enfermar.

Al principio nadie pensó que fuera algo grave.

Cansancio.

Dolores que aparecían de vez en cuando.

Días en los que prefería quedarse en cama.

Catherine restaba importancia a todo.

No quería que Isaac se preocupara.

Arthur insistía en que debía hacerse estudios.

Ella aceptaba, pero intentaba mantener su vida lo más normal posible.

Con el tiempo, su estado empeoró.

Las visitas médicas se hicieron frecuentes.

Las conversaciones entre Arthur y los doctores comenzaron a ocurrir lejos de Isaac.

Catherine todavía sonreía cuando su hijo entraba en la habitación.

Todavía jugaba con el y le decía que lo amaba.

Pero Isaac empezó a notar que algo había cambiado.

Su madre estaba cansada.

Mucho más de lo que admitía.

Una noche, Catherine llamó a Isaac a su habitación.

El era pequeño, pero gracias a la educación que tuvo era muy entendido.

Se sentó junto a ella.

—¿Estás enferma mami? —preguntó con esa voz tan tierna -.

Catherine lo miró durante unos segundos.

—Un poco.

—¿Te vas a curar? -Pregunto Isaac Tiernamente -.

Ella sonrió.

—Eso espero.

Isaac bajó la mirada.

—Papá dice que los médicos son buenos.

—Tu padre tiene razón.

Catherine tomó la mano de su hijo.

—Pero quiero que recuerdes algo.

Isaac levantó la vista.

—¿Qué?

—Nunca permitas que otras personas decidan quién tienes que ser.

Isaac no entendió completamente aquellas palabras.

Solo años después comprendería por qué su madre había sentido la necesidad de decírselas.

Catherine falleció.

No hubo despedidas públicas.

No hubo declaraciones.

La familia simplemente cerró las puertas de la casa y atravesó el duelo en privado.

Para Isaac, el mundo cambió de un día para otro.

Su madre desapareció.

Su habitación permaneció intacta durante meses.

Su perfume todavía estaba en algunos cajones.

Sus libros continuaron sobre la mesa.

Y Arthur se convirtió en un hombre mucho más silencioso.

Nunca volvió a hablar de Catherine delante de Isaac.

Nunca permitió que nadie hiciera comentarios sobre ella.

Pero tampoco volvió a mencionar su nombre.

Isaac interpretó aquel silencio como una forma de abandono.

Pensó que su padre quería olvidar.

Y cuanto más intentaba Arthur mantener el pasado lejos de la familia, más se aferraba Isaac a él.

Durante meses, Isaac conservó fotografías de su madre, cartas y algunos objetos pequeños que habían pertenecido a ella.

Era su manera de asegurarse de que Catherine no desapareciera completamente.

Arthur, mientras tanto, continuó trabajando.

La empresa creció.

La familia Bennett se hizo más poderosa.

Y la casa volvió a llenarse de reuniones, empleados y visitas.

Fue entonces cuando apareció Cinthia.

Cinthia no se parecía a Catherine.

Era segura de sí misma, elegante y sabía perfectamente cómo comportarse en el mundo al que Arthur pertenecía.

Conoció a Arthur 3 años después del fallecimiento de Catherine.

No intentó ocupar el lugar de nadie.

Al menos al principio.

Sabía que Arthur tenía un hijo.

Sabía que Isaac todavía estaba profundamente unido al recuerdo de su madre.

Y sabía que entrar en una familia como aquella no sería sencillo.

Arthur tampoco buscaba reemplazar a Catherine.

Simplemente había pasado demasiado tiempo solo.

Su relación con Cinthia comenzó lentamente.

Primero fueron encuentros relacionados con el trabajo.

Después cenas.

Después viajes.

Hasta que finalmente Arthur decidió presentarla oficialmente en casa.

Isaac tenía cinco años.

Recibió la noticia con indiferencia.

No quería una nueva madre.

Tampoco quería que nadie tocara las cosas de Catherine.

Cinthia entendió eso desde el primer día.

Nunca intentó llamarse madre delante de él.

Nunca quiso obligarlo a quererla.

Pero tampoco aceptó ser invisible.

Durante los primeros meses, la convivencia fue incómoda.

Isaac apenas hablaba con ella.

Cinthia intentaba acercarse de diferentes maneras.

Le preguntaba por sus estudios.

Le preparaba comida.

Le dejaba pequeños regalos sobre el escritorio.

Isaac casi nunca reaccionaba.

Hasta que una tarde Cinthia encontró una fotografía de Catherine sobre el escritorio de Isaac.

La tomó con cuidado.

No para guardarla.

Solo para verla.

Isaac entró en la habitación y se quedó inmóvil.

—No la toques.

Cinthia dejó inmediatamente la fotografía donde estaba.

—Lo siento.

Isaac esperaba una discusión.

No ocurrió.

Cinthia simplemente salió de la habitación.

Aquella noche, Isaac encontró una caja sobre su cama.

Dentro estaba la fotografía.

Y debajo había una pequeña nota.

No decía mucho.

Solo que entendía que aquella mujer siempre tendría un lugar en su vida.

Fue la primera vez que Isaac comprendió que Cinthia no estaba intentando reemplazar a Catherine.

Meses después, Cinthia quedó embarazada.

La noticia volvió a cambiar la casa.

Cuando nació Tyler, Arthur tenía otra oportunidad de formar una familia.

Isaac tenía séis años cuando sostuvo a su hermano por primera vez.

No sabía cómo sentirse.

Era extraño.

Siempre había Sido hijo único.

Ahora había un bebé en la casa.

Un bebé que no tenía ningún recuerdo de Catherine.

Un bebé que crecería con una madre diferente.

Cinthia se convirtió en el centro de la vida de Tyler.

Era protectora con él, pero también exigente.

Arthur, por su parte, trató de mantener el equilibrio entre sus dos hijos.

Pero el equilibrio nunca fue perfecto.

Isaac era el hijo de Catherine.

El primero.

El heredero.

El que llevaba años siendo preparado para ocupar un lugar determinado dentro de la familia.

Tyler era diferente.

Había nacido cuando Arthur ya era un hombre completamente establecido.

Creció con más libertad.

Y mientras Isaac sentía que tenía que demostrar constantemente que merecía la confianza de su padre, Tyler parecía recibir atención simplemente por ser Tyler.

La diferencia se hizo evidente durante la adolescencia.

Isaac estudiaba.

Entrenaba.

Cumplía con las expectativas.

Tyler encontraba la manera de evitarlas.

Arthur reprendía a Tyler constantemente, pero también terminaba prestándole atención.

Isaac observaba desde lejos.

Cinthia lo notaba.

Una noche, cuando Tyler tenía diez años e Isaac dieciséis, Cinthia encontró a Isaac sentado solo en las escaleras.

—¿Estás bien? —preguntó.

Isaac asintió.

—Sí.

Cinthia se sentó a su lado.

—No tienes que responder siempre que sí.

Isaac permaneció callado.

—Tu padre te quiere —dijo ella.

—Lo sé.

—Y también quiere a Tyler.

Isaac la miró.

—Nunca dije lo contrario.

Cinthia entendió entonces que el problema no era Tyler.

Era todo lo que Isaac había perdido antes de que su hermano naciera.

Había perdido a su madre.

Había perdido su infancia.

Y, aunque jamás lo admitiría, también sentía que después de la llegada de Tyler había perdido el último lugar que ocupaba dentro de una familia que ya había cambiado demasiado.

Cinthia nunca volvió a mencionar aquella conversación.

Pero desde entonces trató a Isaac de otra manera.

No como un hijo.

No como un extraño.

Sino como alguien que también formaba parte de ella, aunque la relación entre ambos nunca llegara a ser sencilla.

Con el tiempo, Tyler creció.

Y la rivalidad entre los hermanos también.

Isaac se convirtió en el hombre serio que Arthur esperaba.

Tyler se convirtió en el hijo impredecible que Cinthia intentaba proteger de las consecuencias de sus decisiones.

Catherine quedó convertida en un recuerdo.

Cinthia se convirtió en el presente.

Y Arthur quedó atrapado entre las dos etapas de su vida.

Nunca habló de Catherine con Tyler de la misma manera que había hablado de ella con Isaac.

Tyler conocía su nombre.

Conocía algunas fotografías.

Sabía que había sido la primera esposa de su padre y la madre de Isaac.

Pero nunca había conocido la historia completa.

Y quizás por eso no comprendía por qué el nombre de Catherine todavía podía cambiar la expresión de Isaac.

No sabía que detrás de aquel silencio había un niño que todavía recordaba una voz.

Una mano.

Un libro.

Una promesa.

Y una frase que había permanecido en su memoria durante años.

Nunca permitas que otras personas decidan quién tienes que ser.

Esa noche, mientras Isaac estaba sentado frente a la ventana de su apartamento, volvió a recordar a su madre.

No porque hubiera encontrado una fotografía.

No porque hubiera escuchado su nombre.

Sino porque Tyler había pronunciado el nombre de Maeve con aquella misma sonrisa despreocupada que siempre anunciaba problemas.

Isaac sabía que su hermano no conocía toda la historia.

No conocía a Catherine.

No conocía el pasado de Arthur.

No conocía las razones por las que ciertas cosas jamás se discutían dentro de aquella familia.

Y quizás era mejor así.

Porque algunas historias no desaparecían cuando nadie las contaba.

Simplemente esperaban.

Esperaban el momento adecuado para volver.

Y los Bennett llevaban demasiado tiempo fingiendo que el pasado podía permanecer enterrado para siempre.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play