Una historia de Dos personas que no pueden destruirse en una historia donde tienen que hacerlo. Hay dificultades, hay deshonras y traiciones que llevarán a atraerse el uno al otro y será el momento perfecto en el que demuestren que el amor no es más que simples palabras, si no las acciones que demuestren una redención de los pecados que cometieron. Spin off de las series originales: El ascenso de un linaje.
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Capitulo 23: Sellar
Kate sintió que algo se rompía dentro de ella — no de dolor, sino de límite. Cada golpe que intercambiaba con Alex la acercaba más al agotamiento total, y sabía, con la certeza fría de quien ya no tiene reservas que gastar, que el siguiente error sería el último.
No puedo perder aquí. No después de todo lo que hemos arriesgado.
Algo respondió a ese pensamiento con más fuerza de la que esperaba. El aire a su alrededor se condensó, y de la nada, una segunda figura idéntica a ella misma tomó forma — no una ilusión, sino algo real, capaz de sostener su propia lanza, de pelear con el mismo instinto exacto que Kate llevaba dentro.
—¿Qué...? —Alex retrocedió, genuinamente desconcertado por primera vez en todo el combate.
—No lo sé tampoco —admitió Kate, aunque no dejó que la sorpresa la detuviera—. Pero voy a aprovecharlo de todos modos.
La Prisión, terminaría llamándola después, aunque en ese momento no tenía nombre — solo la certeza de que, en el instante de mayor necesidad, algo en su interior había decidido darle exactamente lo que le hacía falta para sobrevivir. Entre ella y su reflejo, Alex finalmente cayó, los vórtices de agua deshaciéndose junto con su consciencia.
Larss, cubierto de heridas que su cuerpo cerraba una tras otra sin darle tiempo de sentir del todo el dolor, finalmente encontró el patrón que necesitaba entre los clones de Igna — cada copia, sin importar cuántas veces se regenerara la horda, compartía un único punto de origen.
—¡Ahí! —gritó, señalando hacia donde Igna mantenía las manos contra el suelo, sosteniendo la ilusión completa—. ¡Si lo detenemos a él, caen todos!
Sus últimos hombres, exhaustos pero decididos, formaron una línea directa hacia Igna, absorbiendo el daño de las copias restantes con la misma disciplina que los había mantenido con vida hasta ese momento. Larss llegó primero, su cuerpo regenerándose una última vez de una herida que debería haberlo detenido, y con un golpe certero, dejó a Igna inconsciente antes de que pudiera generar una sola copia más.
El ejército entero de clones se desvaneció al instante, como si nunca hubiera existido.
Lucila y Coco seguían en su punto muerto, pero el terreno fragmentado alrededor de ambas ya no dejaba a Coco ningún material fresco con qué reconstruirse — solo los restos de sus propios intentos anteriores, cada vez más pequeños, más inútiles.
—Te estás quedando sin piezas —dijo Lucila, la voz cargada de un cansancio que empezaba a pesarle en cada palabra.
—Todavía tengo suficiente. —Pero la confianza de Coco ya no sonaba del todo genuina.
Lucila fragmentó lo último que quedaba de la extremidad reconstruida de Coco, dejándola, por primera vez en todo el combate, sin ninguna forma inmediata de recuperarse.
—Se acabó.
Coco cayó, el desquicio de su sonrisa apagándose junto con la última pizca de energía que le quedaba.
Dentro de la cúpula de Paradoja, Isolde sostenía a Dyrock con un brazo mientras enfrentaba a Rita con el otro, cada movimiento calculado para proteger a ambos al mismo tiempo. Rita, sin embargo, ya no atacaba con la misma convicción de antes — algo en la confrontación de minutos atrás había dejado una grieta que ni ella misma sabía cómo cerrar.
—¿Por qué dudas? —preguntó Isolde, esquivando un golpe que llegó más lento de lo que debería.
—No dudo. —Pero su voz decía exactamente lo contrario.
—Sí lo haces. —Isolde bajó el brazo mecánico, sin atacar, por un instante que podría haberle costado todo—. Ven con nosotros, Rita. Todavía puedes elegir algo distinto a lo que padre decidió por ti.
Por un segundo — solo un segundo — algo en los ojos de Rita pareció considerarlo genuinamente, el peso de siglos de obediencia temblando frente a la posibilidad de otra cosa.
Y entonces, como siempre, la costumbre ganó.
—No sé cómo se hace eso —dijo, la voz quebrada de una forma que Isolde nunca había escuchado en ella—. Ya no.
Se lanzó al ataque una última vez, sin la fuerza de antes, y con un movimiento certero, pero sin crueldad, Isolde la desarmó, dejándola inconsciente sobre el suelo fracturado sin necesitar herirla de gravedad.
—Lo siento, hermana —murmuró, mirándola caer—. Ojalá hubieras podido elegir distinto.
Blanck, al límite de lo que su cuerpo podía sostener, sintió algo que nunca había experimentado antes — Breakout: Ataque, alimentado por el peligro constante de enfrentar a su propio padre, había dejado de tener techo alguno. Cada ataque de Ray X, cada bestia invocada, cada latigazo de oscuridad, se acumulaba dentro de él sin ningún límite visible, convirtiéndolo, poco a poco, en algo parecido a un reservorio de poder que ni él mismo sabía cómo contener.
—Te estás volviendo interesante, hijo —dijo Ray X, notando el cambio con una mezcla de orgullo retorcido y cautela genuina—. Pero todo ese poder no te sirve de nada si no sabes qué hacer con él.
—Tienes razón. —Blanck miró hacia donde el resto del grupo, exhausto pero de pie, empezaba a converger hacia el centro de la plaza—. Por suerte, no voy a usarlo solo.
Corrió hacia Lucila, que apenas se sostenía en pie después de derrotar a Coco, y sin ninguna explicación previa, tomó su mano.
—Vas a necesitar más poder del que tienes para sellar algo de esta escala. Tómalo. Todo lo que he absorbido.
—¿Estás seguro?
—Es la única forma.
El fuego que ardía bajo la piel de Blanck se transfirió, canal tras canal, hacia la anomalía de Lucila, alimentando Life My All con una potencia que ninguna de las dos había imaginado posible. Sus ojos se abrieron de par en par, sintiendo el peso completo de todo lo que Ray X había lanzado contra su hijo durante la batalla entera, ahora concentrado en sus propias manos.
—Esto va a doler —dijo Lucila, casi con una sonrisa cansada.
—Todo lo bueno duele un poco, últimamente.
Ray X, viendo la convergencia del grupo entero, finalmente pareció entender el peligro real que representaban juntos, no separados.
—¿Creen que unirse va a cambiar algo? —Invocó todo lo que le quedaba de Dios Konan, la sombra colosal creciendo hasta cubrir buena parte del cielo—. Voy a destruirlos a todos de una vez.
—No —dijo Blanck, la voz firme a pesar del agotamiento—. Esto no es sobre destruirte, padre. Es sobre asegurarnos de que nunca vuelvas a lastimar a nadie más.
Kate, Larss e Isolde se posicionaron alrededor de Ray X, cada uno con lo poco que le quedaba de fuerza, formando un perímetro que él no podría romper sin exponerse por completo. Dyrock, apenas consciente, logró levantar una mano, generando un último destello de fuego —su anomalía, la única que no habíamos visto hasta ahora en combate directo— lo suficiente para distraer a Dios Konan el instante exacto que necesitaban.
Lucila, con el poder combinado de Blanck ardiendo en sus venas, extendió ambas manos hacia Ray X.
—Life My All: Sello Absoluto.
El aire entero pareció detenerse. Ray X, atrapado en un instante que no podía romper ni con toda su fuerza acumulada, sintió cómo su propio cuerpo empezaba a fragmentarse en cubos de luz cósmica — no destruido, no muerto, sino contenido, comprimido en un espacio que ya no le pertenecía del todo.
—¡NO! —gritó, la primera vez en toda la batalla que su voz cargaba algo parecido al miedo genuino—. ¡ESTO NO ES ASÍ COMO DEBÍA TERMINAR!
—Termina exactamente como debía —respondió Blanck, cayendo de rodillas por el esfuerzo, pero sin apartar la vista de su padre—. Contigo perdiendo, y con todos los que amo, con vida.
Alex, Igna, Coco y Rita, todavía inconscientes, fueron arrastrados por el mismo campo de sellado que envolvía a su padre, sus cuerpos desvaneciéndose junto con el suyo hacia el mismo espacio contenido — ninguno muerto, todos atrapados, esperando, sin saberlo, el día en que alguien, siglos después, rompería finalmente aquel sello.
El silencio que siguió al desvanecimiento completo de Ray X y sus cuatro hijos leales se sintió más pesado que cualquier grito de batalla que lo hubiera precedido.
Isolde fue la primera en moverse, corriendo hacia Dyrock, que yacía en el suelo, la respiración débil pero constante.
—¡Dyrock! —Se arrodilló junto a él, el pánico rompiendo por completo la calma que había mantenido durante toda la batalla—. Resiste, por favor.
—Estoy... aquí —murmuró él, una sonrisa débil cruzando su rostro pálido—. Les dije que valía la pena. Incluso así.
Kate llegó junto a ellos, su reflejo ya desvanecido, el agotamiento total pesándole en cada movimiento. Larss, cojeando pero de pie, se acercó también, evaluando la herida con la misma precisión práctica de siempre.
—Va a sobrevivir —dijo, después de un examen rápido—. Pero necesita atención real, y pronto.
Blanck, todavía de rodillas, sintió que las fuerzas finalmente lo abandonaban del todo, el peso completo de la batalla, del sacrificio, de la victoria agridulce cayendo sobre él de golpe.
—Lo logramos —murmuró, más para sí mismo que para nadie más—. De verdad lo logramos.
Lucila se dejó caer a su lado, el agotamiento total reflejado en cada línea de su rostro.
—Sí. Lo logramos. —Miró hacia el cielo, donde la oscuridad artificial de Dios Konan ya se disipaba, dejando ver, por primera vez en horas, las primeras luces del amanecer—. Ahora solo falta descubrir qué se supone que hagamos con nosotros mismos, después de esto.
Kate, observando a todos —heridos, exhaustos, pero vivos— sintió algo parecido a la certeza asentarse en su pecho, a pesar del cansancio.
—Lo que sigue —dijo, ayudando a Blanck a levantarse—. Reconstruir. Otra vez. Como siempre lo hemos hecho.
El amanecer terminó de romper sobre The Hero, iluminando un pueblo destrozado pero de pie, cinco aliados improbables reunidos alrededor de un herrero herido, y una promesa cumplida a medias — Isolde, libre por fin de la sombra de su padre, pero sin la hermana que, incluso al final, no había podido elegir el mismo camino.
Continuará...