Emir Abdala y Aysun viven un amor perfecto en la lujosa mansión Abdala. Pero su felicidad termina cuando Aysun sufre un terrible accidente provocado en secreto por Myna, la envidiosa hermana de Emir.
Al despertar, Aysun ha perdido la memoria y ya no recuerda al hombre que ama ni el matrimonio que compartían. Desesperado, Emir hará todo lo posible por recuperar a su esposa y demostrarle que su amor sigue vivo.
Pero el destino pondrá en el camino de Aysun a Merth, un humilde artesano que se enamorará de ella sin conocer toda su historia. Mientras Emir lucha por recuperar el corazón de su esposa, Aysun quedará atrapada entre dos hombres y dos formas de amar.
Entre secretos, traiciones, pasiones y sorprendentes revelaciones, Aysun tendrá que descubrir quién es realmente... y cuál de los dos hombres está destinado a quedarse con su corazón.
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Capítulo 6 — Una nueva amenaza
La madrugada cubría la ciudad cuando Myna abandonó aquel lugar.
Las palabras del hombre no dejaban de resonar en su cabeza.
"Esta vez no habrá accidente."
Myna sabía perfectamente lo que significaban.
Por primera vez, sintió miedo de su propio cómplice.
Había querido separar a Emir de Aysun, pero nunca imaginó que la situación llegaría tan lejos.
—No voy a permitir que esto se salga de control —murmuró.
Sin embargo, ya era demasiado tarde.
En el hospital, Emir permanecía sentado junto a la cama de Aysun.
Ella dormía tranquilamente.
Él no había podido cerrar los ojos durante toda la noche.
Cada vez que lo intentaba, imaginaba aquel automóvil cayendo por la pendiente.
—Te prometí que te protegería —susurró—. Y voy a cumplirlo.
Aysun abrió los ojos.
—¿No has dormido?
Emir sonrió.
—No mucho.
—Deberías descansar.
—No quiero alejarme de ti.
Ella lo observó con ternura.
—No entiendo por qué confío tanto en ti.
—Porque antes de perder la memoria ya confiabas en mí.
Aysun sonrió.
—Quizá todavía lo haga.
Emir tomó su mano.
Por unos segundos, ambos permanecieron en silencio.
Entonces Aysun sintió un fuerte dolor de cabeza.
—¡Ah!
Emir se levantó inmediatamente.
—¿Qué ocurre?
Ella cerró los ojos.
Una nueva imagen apareció en su mente.
La mansión.
Ella caminando por un pasillo.
Y una discusión.
—¡Myna, tienes que dejar de hacerlo!
Aysun abrió los ojos.
—Myna...
Emir se quedó sorprendido.
—¿Qué pasa con ella?
—Estábamos discutiendo.
—¿Sobre qué?
Aysun se llevó una mano a la cabeza.
—No lo sé.
La puerta se abrió y el médico entró.
—Necesito que descanse. Estos recuerdos pueden aparecer de manera desordenada.
Emir asintió.
Pero aquella revelación aumentó todavía más sus sospechas.
En la mansión, Myna recibió una llamada.
—¿Sí?
—Tenemos que hablar.
—No puedo ahora.
—Es sobre Aysun.
Myna se quedó en silencio.
—¿Qué pasa?
—Su recuperación está avanzando más rápido de lo esperado.
—¿Cómo lo sabes?
—Alguien del hospital nos está informando.
Myna frunció el ceño.
—Entonces hay que detenerla.
—Ya te dije lo que pienso hacer.
—No.
Myna respiró profundamente.
—Déjala en paz.
—¿Te has vuelto cobarde?
—¡No quiero que la maten!
Hubo un silencio.
—Entonces encárgate tú de que no recuerde.
La llamada terminó.
Myna apretó el teléfono.
Horas después, Emir regresó a la mansión para buscar algunas pertenencias de Aysun.
Mientras caminaba por el pasillo, encontró algo extraño.
La puerta del despacho de Myna estaba entreabierta.
Entró.
Sobre el escritorio había varios documentos.
Emir comenzó a revisarlos.
Encontró contratos, facturas y papeles relacionados con distintas empresas.
Entonces vio un nombre.
La misma empresa vinculada al automóvil del accidente.
—¿Qué haces aquí?
Emir se giró.
Myna estaba en la puerta.
—Podría preguntarte lo mismo.
—Este es mi despacho.
Emir levantó el documento.
—¿Por qué tienes esto?
Myna palideció.
—Es un negocio.
—¿Con la empresa que utilizó el automóvil que atropelló a Aysun?
Myna no respondió.
—¡Te estoy preguntando!
—No sé nada de ningún automóvil.
Emir la miró fijamente.
—Entonces alguien está utilizando tu nombre.
Myna sintió que no podía respirar.
—Emir...
—Voy a llevar estos documentos a la policía.
Myna se interpuso.
—¡No!
Emir se detuvo.
Aquella reacción confirmó sus sospechas.
—¿Por qué no?
Myna no supo qué responder.
En ese instante, el teléfono de Emir comenzó a sonar.
Era el hospital.
Contestó inmediatamente.
—¿Sí?
La voz de la enfermera sonaba desesperada.
—Señor Abdala, tiene que regresar inmediatamente.
Emir palideció.
—¿Qué ocurrió?
—Su esposa ha desaparecido de su habitación.
Emir sintió que el mundo se detenía.
—¿Qué?
—No sabemos dónde está.
Emir salió corriendo del despacho.
Myna se quedó sola.
Su rostro estaba completamente desencajado.
Y entonces comprendió algo aterrador.
Alguien se había llevado a Aysun.
Continuará...