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La Elegida Del Capo

La Elegida Del Capo

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / Mafia / Mujeriego enamorado / Completas
Popularitas:125.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Yesenia Stefany Bello González

Arianna Falcone creyó que la muerte de Lucio Castelli, capo de la Sagrada Familia, significaría por fin su libertad. Se equivocó.

Con la organización al borde de una guerra interna, su padre pretende utilizarla otra vez y casarla con el hombre que consiga hacerse con el poder.

La única salida es Nino Farina.

Tiene veinte años, una sonrisa fácil y la violencia corriendo por las venas. Para impedir que los antiguos capitanes de Lucio recuperen el control, deberá tomar la Sagrada Familia. Y Arianna puede darle la legitimidad que necesita.

La solución: un matrimonio por contrato.

Seis meses. Habitaciones separadas. Ninguna obligación. Y una cláusula que le permite a Arianna marcharse cuando quiera.

No es amor. Solo una alianza.

Hasta que Arianna descubre junto a Nino todo aquello que nunca sintió con su primer marido: curiosidad, deseo y seguridad.

Porque esta vez no será elegida sin poder decidir.

Esta vez, ella también elegirá.

NovelToon tiene autorización de Yesenia Stefany Bello González para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Bienvenida al matrimonio

Arianna

El sonido es seco.

Violento.

Mi cuerpo reacciona antes que mi cabeza.

El vestido cae.

Yo también.

Me agacho contra el suelo y me cubro la cabeza con los brazos.

No.

No.

No.

La habitación desaparece.

Ya no estoy aquí.

Estoy en casa.

Mi padre tirando una puerta.

Un vaso contra la pared.

Los pasos.

Siempre los pasos.

—Ary. —No puedo respirar—. Ary, mírame.

Hay una voz cerca.

Me encojo más.

—No.

—Está bien.

La voz cambia.

Más baja.

Más suave.

—No voy a tocarte.

Nino.

Es Nino.

Intento respirar.

No puedo.

—Estás en mi casa —dice—. Conmigo. No hay nadie aquí—. Mi corazón sigue golpeando demasiado rápido—. Respira conmigo.

Escucho su respiración.

Lenta.

Marcada.

Una vez.

Otra.

Intento copiarla.

Fallo.

Lo intento otra vez.

—Eso es —murmura—. No tienes que hacerlo perfecto.

Nino no se mueve hacia mí.

No intenta levantarme.

No me toca.

Simplemente se queda.

—Mírame cuando puedas.

Tardo mucho.

Cuando finalmente levanto la cabeza, Nino está arrodillado a varios metros. Todavía en bóxer.

La situación debería ser ridícula.

No lo es.

Sus ojos verdes están clavados en mí.

No hay una sola sonrisa.

—¿Dónde estamos? —pregunta.

Trago saliva.

—En... tu casa.

—Nuestra casa durante seis meses.

La corrección consigue atravesar un poco el miedo.

Asiento.

—¿Quién está aquí?

—Tú.

—¿Y?

Miro alrededor.

—Yo.

—Exacto.

Respiro mejor.

Entonces noto algo.

El vestido está en el suelo y yo ya no lo estoy sujetando.

Bajo la mirada.

Oh.

Nino también lo nota.

Lo sé, porque durante un segundo sus ojos descienden y se quedan quietos.

Completamente quietos.

Su cerebro vuelve a fundirse.

Incluso en medio del pánico consigo reconocerlo.

Sus ojos recorren las cicatrices.

Las marcas.

Lo que queda.

No hay asco.

No hay lástima.

Solo esa furia helada que ya vi antes. Pero no dirigida hacia mí.

Nunca hacia mí.

Después levanta la vista tan rápido que casi me hace sonreír.

—Necesitas... —Se aclara la garganta—. Tu vestido.

—Sí.

—Definitivamente.

—Nino.

—Estoy intentando ser respetuoso.

Eso consigue sacarme una risa entrecortada.

Él exhala.

Como si escucharla hubiera solucionado algo.

Toma el vestido sin acercarse demasiado y me lo entrega mirando rigurosamente hacia el techo.

—Gracias.

—De nada.

—Puedes mirar.

—No estoy seguro de que mi cerebro sobreviva una tercera vez hoy.

Me cubro.

—Listo.

Nino vuelve a mirarme.

—¿Estás bien?

Asiento lentamente.

—Sí.

—¿Seguro?

—Fue solo el ruido.

Su mandíbula se tensa.

—Sé que fue el ruido.

No pregunta más.

Agradezco que no lo haga.

Entonces escuchamos otro golpe.

Los dos giramos hacia la ventana.

Nino se pone de pie de inmediato.

Su cuerpo cambia.

Eso también es impresionante.

Hace cinco segundos estaba bailando en bóxer. Ahora parece un hombre capaz de matar a alguien con las manos.

—Quédate aquí.

—Nino…

Otro ruido.

Metal contra metal.

Después una voz femenina grita desde afuera.

—¡NINO!

Él se queda inmóvil.

Cierra los ojos.

—No.

Frunzo el ceño.

—¿Qué?

—¡NINO FARINA!

Lo miro.

Él sigue con los ojos cerrados.

—Por favor dime que no es lo que creo —pide.

—Depende de lo que creas.

Nos acercamos a la ventana.

Hay una camioneta negra estacionada frente a la casa.

Bueno.

Estacionada es una palabra generosa.

Está inclinada de una manera extraña contra uno de los pilares de la entrada.

La puerta del conductor se abre.

Una mujer sale.

Tacones.

Vestido ajustado.

Cabello perfecto.

Furia absoluta.

Nino mira el vehículo. Después el pilar. Después a la mujer.

—Chocó mi camioneta.

Lo miro.

—¿Esa es tu prioridad?

—Me gusta esa camioneta.

—¡NINO!

La mujer comienza a caminar hacia la casa.

Miro a mi marido.

—¿Es ella?

—¿Quién?

—Tu error desnudo.

Gira la cabeza lentamente.

—No vuelvas a llamarla así.

—Tú la llamaste así.

—Fue un momento de debilidad.

Me muerdo el labio.

—Parece enojada.

—Siempre parece enojada.

—¿Y cómo entró?

Nino observa la puerta. Después recuerda algo.

—Mierda.

—¿Qué?

—El portón.

—¿Qué pasa con el portón?

—Lo dejé abierto cuando llegamos.

La mujer vuelve a gritar su nombre.

Yo miro a Nino.

Nino me mira. Después baja la vista.

Sigue en bóxer.

Una carcajada me sale antes de poder detenerla.

—No te rías.

—Lo siento.

—No lo sientes.

—Ni un poco. —Señalo su cuerpo—. ¿Vas a recibirla así?

Nino mira su ropa tirada por todo el salón. Después hacia la puerta.

El timbre suena.

Una vez.

Dos.

Tres.

La mujer mantiene el dedo apoyado.

—Voy a matarla.

—Creo que eso sería una reacción excesiva.

—Chocó mi camioneta.

—Definitivamente excesiva.

Recoge sus pantalones mientras sus ojos miran por todo el suelo.

—¿Dónde está mi camisa?

Miro el suelo.

—Debajo de mi vestido.

—Perfecto.

El timbre vuelve a sonar.

Yo sigo riendo.

Nino me señala.

—Esto es culpa tuya.

—¿Mía?

—Tú pediste el baile.

—Tú elegiste hacer un striptease.

—Fue una interpretación artística.

—Fue espantoso.

—Mentira. Estabas mirando.

Siento calor en las mejillas.

—Vístete, Farina.

—Sí, esposa.

—Temporal.

Se pone los pantalones mientras camina hacia la puerta.

—Un día voy a prohibirte esa palabra.

—Cláusula catorce.

Se detiene y gira hacia mí.

—Eso no tiene absolutamente ninguna relación con la cláusula catorce.

Sonrío.

—Me gusta usarla.

Niega con la cabeza, y entonces el timbre vuelve a sonar.

Nino mira hacia la entrada.

—Bienvenida al matrimonio —murmura.

Miro mi vestido de novia en el suelo.

La camisa ensangrentada de mi marido debajo.

La camioneta contra un pilar.

Una mujer furiosa esperando afuera.

Y a Nino Farina intentando vestirse mientras me mira como si todo aquello fuera perfectamente normal.

Sonrío.

Tal vez seis meses no sean tan largos después de todo.

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Bellaneri Sosa vazquez
jajajajaja👍👍👍👍👍 ahora te doy la razón
Cinzia Cantú
Otra historia de tu autora wue merece un universo de estrellas. Gracias por ser tan creativa
⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️
Cinzia Cantú
Estoy de acuerdo contigo y disfruto leer tus libros así que a leer la historia que sigue. Gracias por compartir tus creaciones. Abrazos
Cinzia Cantú
Por suerte Arianna entendió que merece ser feliz
Cinzia Cantú
Hermosa familia que desparrama amor por todos los poros
Cinzia Cantú
Todos los personajes son especiales
Frida Ruiz
increíble
Yesenia Bello González: Gracias por leer y por la puntuación 💛 😊 💕 🙌 💜 ♥️ 💛
total 1 replies
Cinzia Cantú
Qué alivio que fue todo mucho más sencillo
Cinzia Cantú
Ya falta poco
Cinzia Cantú
Esa niña se hace desear y el padre está sufriendo demasiado, mucha ansiedad
Cinzia Cantú
Algunos partos tardan más que otros
Cinzia Cantú
Qué familia excepcional
Bellaneri Sosa vazquez
te odio en estos momentos Ary. ti disfrutando y comiendo y delante de los pobres🤔🤔🤔🤔🤔🤔, y yo con unas tremendas ganas🤭🤭🤭🤭🤭🤭🤭🤭. tengo una envidia de ti en estos momentos.....
Cinzia Cantú
Bueno Arianna las cosas se dieron así y no tienes la culpa de nada ni tienes que sentirte mal
Cinzia Cantú
Creo quer ella se siente cuilpable en algún punto y se siente mal por no sufrir por lo que pasó
Cinzia Cantú
Veremos como le cuenta lo qué pasó ya que ella no puede recibir emociones fuertes
Cinzia Cantú
No pensé que iba a llegar a este punto y lo lamento por ambos, tanto el padre como Adriana y, por otro lado, estoy feliz por Arianna que va a poder vivir tranquila con su familia
Cinzia Cantú
Realmente perdió la razón del todo. Qué alguien la pare de una buena vez
Cinzia Cantú
No actuaste como un padre, actuaste como un narcisista egoísta y lo único que lograste fue dividir a la familia y engendrar odio en una de tus hijas
Cinzia Cantú
Deberías haber vuelto y dejar tu locura en el camino y seguir con tu esposo que no es mala persona, por otro lado mejor que no tengas hijos
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