Una simple clase de química despertará sentimientos que Lin Yu Tong jamás imaginó… y la llevará a descubrir un secreto que alguien ha intentado ocultar durante cinco años.
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Capítulo:22 El archivo que nadie debía abrir
Lin permaneció inmóvil frente a la pantalla de su teléfono.
La fotografía seguía abierta.
Las cuatro aparecían caminando por el patio de la escuela esa misma tarde. Wang Ji llevaba su skateboard bajo el brazo, Chen Mai caminaba a su lado con varios libros contra el pecho, Su Lan revisaba algo en su computadora portátil y Lin aparecía unos pasos detrás de ellas.
La imagen había sido tomada desde una distancia considerable.
No era una fotografía casual.
Quien la había tomado había elegido el momento exacto.
Y debajo de aquella imagen aparecía el mensaje:
“No están investigando solas.”
Lin sintió un escalofrío que le recorrió lentamente la espalda.
Durante varios segundos no supo qué hacer. Sus dedos permanecieron suspendidos sobre la pantalla, sin atreverse siquiera a cerrar la conversación. Después tomó una captura de pantalla y guardó la imagen, tal como Su Lan les había recomendado.
No respondió.
No pensaba cometer ese error.
Sin embargo, una pregunta comenzó a crecer dentro de su cabeza.
¿Desde cuándo las estaban observando?
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Al día siguiente, las cuatro se reunieron antes de que comenzaran las clases.
El cielo estaba cubierto por nubes grises y una ligera humedad cubría los ventanales del segundo piso. Los estudiantes llegaban apresurados, algunos protegiéndose con paraguas, otros sacudiendo las gotas de agua de sus uniformes antes de entrar.
Wang Ji dejó su skateboard junto a la pared y miró a Lin.
—Enséñamela otra vez.
Lin abrió la fotografía.
Wang Ji se inclinó sobre el teléfono.
—Definitivamente no fue tomada desde cerca.
Chen Mai observó los edificios que aparecían al fondo.
—Espera.
Señaló una parte de la imagen.
—Amplía eso.
Lin hizo zoom.
Al fondo del patio aparecía uno de los edificios administrativos.
Había varias ventanas.
Una de ellas estaba abierta.
Su Lan acercó la pantalla.
—La fotografía fue tomada desde un punto elevado.
—¿Desde una ventana? —preguntó Lin.
—Probablemente.
Wang Ji miró hacia el edificio.
—¿Y qué ventanas tienen vista directa al patio?
Su Lan abrió un plano digital de la escuela.
Después de unos segundos señaló una zona.
—El segundo piso del edificio administrativo.
Chen Mai frunció el ceño.
—Ahí están los archivos.
Las cuatro quedaron en silencio.
Lin recordó la dirección que Chen les había entregado.
Archivo Histórico Académico.
El mismo edificio.
Wang Ji levantó una ceja.
—Entonces tenemos una coincidencia bastante sospechosa.
Su Lan negó.
—No necesariamente.
—¿Por qué?
—Porque si alguien quería vigilarnos, habría sido mucho más fácil hacerlo desde allí.
Lin miró nuevamente la fotografía.
—Entonces tenemos que averiguar quién tenía acceso a esas ventanas.
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La campana sonó.
Las cuatro guardaron sus cosas y entraron al aula.
La clase de química comenzó pocos minutos después.
Chen Yi Shen apareció en la puerta con varios documentos bajo el brazo. Su expresión era tranquila, pero Lin notó inmediatamente que algo había cambiado.
Él ya sabía lo de la fotografía.
Y probablemente también sabía que la persona que las estaba observando había llegado mucho más lejos de lo que habían imaginado.
Chen dejó los documentos sobre el escritorio.
—Buenos días.
—Buenos días, profesor —respondieron los estudiantes.
La clase comenzó.
Durante los primeros minutos explicó una reacción química mientras escribía cuidadosamente las fórmulas en la pizarra. Su voz mantenía el mismo tono profesional de siempre, pero sus ojos recorrieron el aula varias veces.
Finalmente se detuvieron en Lin.
Solo durante un instante.
Pero fue suficiente.
Lin comprendió el mensaje.
Después de clases.
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Durante el descanso, las cuatro se reunieron en un rincón tranquilo del patio.
Wang Ji fue directa.
—Tenemos que revisar quién estuvo en el edificio administrativo ayer.
Su Lan negó con la cabeza.
—No podemos entrar a zonas restringidas.
—No dije entrar.
Chen Mai sonrió ligeramente.
—Dijiste revisar.
—Exactamente.
Lin abrió su libreta.
—Podemos buscar los registros públicos de acceso.
Su Lan asintió.
—Y los horarios de apertura del archivo.
—También deberíamos averiguar quién trabaja allí —añadió Chen Mai.
Wang Ji cruzó los brazos.
—Y si encontramos a alguien sospechoso...
Su Lan la interrumpió.
—No hacemos nada.
Wang Ji suspiró.
—Siempre arruinas mis mejores ideas.
—Tus mejores ideas suelen terminar con nosotros metidas en problemas.
—Detalles.
Lin no pudo evitar sonreír.
Pero la sonrisa desapareció cuando volvió a mirar la fotografía.
—Esta vez no podemos actuar impulsivamente.
Las otras tres asintieron.
Porque ahora entendían algo que no habían comprendido al principio.
No estaban persiguiendo solamente un secreto.
Alguien estaba pendiente de cada paso que daban.
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Después de clases, Lin se quedó esperando a Chen.
El aula quedó casi vacía.
La luz del atardecer entraba por las ventanas y proyectaba largas sombras sobre los escritorios.
Chen cerró la puerta.
—La fotografía.
Lin asintió y se la mostró.
Él la observó sin hablar.
Cuando terminó, devolvió el teléfono.
—No vuelvan a quedarse solas después de clases.
Wang Ji frunció el ceño.
—¿Por qué?
—Porque no sé quién está detrás de esto.
—¿Y el Archivo Histórico? —preguntó Su Lan.
Chen la miró.
Su expresión cambió inmediatamente.
—¿Quién les habló del archivo?
Lin sacó el papel que él les había dado.
—Usted.
Chen guardó silencio.
—¿Qué hay allí? —preguntó Lin.
—Información antigua.
—¿Sobre el programa de la Fundación Shen?
Chen tardó en responder.
—Sí.
Su Lan intervino:
—¿Y sobre el expediente retirado hace tres meses?
Chen bajó la mirada.
—También.
Lin dio un paso adelante.
—Entonces, ¿por qué nos envió allí?
Chen permaneció pensativo.
—Porque hay documentos que no pueden desaparecer tan fácilmente.
—¿Qué quiere decir?
—Un informe puede desaparecer.
Chen señaló el papel.
—Pero los registros que se utilizaron para crearlo dejan rastros.
Las chicas intercambiaron miradas.
Lin comprendió.
—Usted quiere que encontremos los documentos originales.
—Quiero que entiendan qué ocurrió antes de sacar conclusiones.
—¿Y si alguien intenta detenernos?
Chen la miró directamente.
—Entonces no continúen.
Lin apretó los labios.
—¿Aunque descubramos quién hizo desaparecer el informe?
Chen guardó silencio.
Finalmente dijo:
—Especialmente entonces.
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Aquella noche, las cuatro comenzaron a investigar el Archivo Histórico Académico desde sus casas.
Su Lan consiguió localizar un registro antiguo de empleados.
—Tengo algo.
Las otras tres se conectaron inmediatamente.
—¿Qué encontraste? —preguntó Lin.
—El archivo está administrado por la Secretaría Académica, pero hay tres personas autorizadas para consultar documentos reservados.
—¿Nombres?
—Dos son empleados antiguos.
Hizo una pausa.
—El tercero es un consultor externo.
Wang Ji frunció el ceño.
—¿Qiao Ren?
Su Lan negó.
—No.
Lin sintió que algo se movía dentro de su estómago.
—¿Quién?
Su Lan amplió el documento.
Apareció un nombre.
He Jian.
Chen Mai preguntó:
—¿Quién es?
—No lo sé todavía.
Su Lan continuó buscando.
Encontró un registro antiguo.
—Aquí dice que fue asistente administrativo del programa de la Fundación Shen.
Lin se quedó quieta.
—¿Cuándo?
—Hace un año.
Wang Ji se acercó a la pantalla.
—¿Y por qué dejó el cargo?
Su Lan abrió otro documento.
Sus ojos se movieron lentamente por las líneas.
—No aparece ninguna razón.
—Eso es raro.
—Más que raro.
Su Lan encontró otro registro.
Esta vez aparecía una anotación escrita a mano.
“Acceso suspendido por revisión interna.”
Lin frunció el ceño.
—¿Revisión de qué?
Su Lan continuó leyendo.
—No lo dice.
Chen Mai preguntó:
—¿Y después?
Su Lan abrió el registro más reciente.
—Fue autorizado nuevamente hace tres meses.
Las cuatro quedaron en silencio.
Tres meses.
La misma época en la que el informe desapareció.
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Al día siguiente, durante la hora del almuerzo, las chicas se reunieron nuevamente.
Lin escribió el nombre en su libreta.
He Jian.
Debajo anotó:
Antiguo asistente administrativo de la Fundación Shen.
Acceso al Archivo Histórico Académico.
Acceso suspendido por revisión interna.
Autorizado nuevamente hace tres meses.
Wang Ji señaló la última línea.
—Esto no me gusta.
—A mí tampoco —respondió Chen Mai.
Su Lan añadió:
—Y hay algo más.
Abrió otro documento.
—He Jian estuvo presente en una reunión administrativa tres semanas antes de que desapareciera el informe.
Lin levantó la cabeza.
—¿Con quién?
Su Lan señaló la lista.
Zhao Wei Han.
Shen Wei Han.
Qiao Ren.
He Jian.
Lin sintió que las piezas comenzaban a acercarse demasiado.
Los cuatro nombres aparecían ahora relacionados con diferentes partes del misterio.
Zhao Wei Han tenía autoridad.
Shen Wei Han representaba a la Fundación Shen.
Qiao Ren había autorizado el traslado de materiales.
Y He Jian tenía acceso al archivo.
Pero todavía no sabían qué papel había desempeñado cada uno.
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Esa tarde, las cuatro caminaron hacia el edificio administrativo.
No entraron.
Se quedaron en el pasillo exterior, observando discretamente la puerta del Archivo Histórico Académico.
Había una placa metálica.
ARCHIVO HISTÓRICO ACADÉMICO
La puerta estaba cerrada.
Wang Ji miró el reloj.
—Faltan veinte minutos para las cinco.
Lin asintió.
—La hoja decía las cinco.
Su Lan observó el pasillo.
—Esperemos.
Los minutos pasaron lentamente.
A las cinco en punto, una mujer apareció al final del corredor.
Llevaba una carpeta azul.
Caminó hasta la puerta.
Introdujo una tarjeta.
La puerta se abrió.
Las cuatro se miraron.
La mujer entró.
Después cerró.
Chen Mai susurró:
—¿Era ella?
Su Lan negó.
—No.
Lin observó la puerta.
—Entonces todavía tenemos que esperar.
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Diez minutos después, escucharon pasos.
Pero esta vez no provenían del archivo.
Venían detrás de ellas.
Lin giró lentamente.
El pasillo estaba vacío.
Wang Ji frunció el ceño.
—¿Escucharon eso?
—Sí —susurró Chen Mai.
Su Lan miró hacia una esquina.
No había nadie.
Entonces Lin vio algo.
En el suelo.
Un pequeño papel doblado.
Se acercó y lo recogió.
Las otras tres se reunieron alrededor.
Lin abrió el papel.
Solo había una frase.
“El expediente que buscan no está dentro del archivo.”
Wang Ji abrió los ojos.
—¿Qué?
Lin continuó leyendo.
Debajo aparecía otra línea.
“Está donde guardaron lo que nunca quisieron registrar.”
Su Lan tomó el papel.
—Esto no estaba aquí cuando llegamos.
Chen Mai miró hacia el corredor.
—Entonces alguien nos lo dejó.
Lin sintió que el corazón comenzaba a latir con fuerza.
—Nos está guiando.
Wang Ji apretó los puños.
—O jugando con nosotras.
Antes de que pudieran decir algo más, la puerta del archivo se abrió.
Las cuatro se quedaron inmóviles.
La mujer que había entrado anteriormente salió con la carpeta azul.
Caminó unos metros.
Entonces se detuvo.
Miró directamente hacia ellas.
Durante un instante, ninguna se movió.
La mujer parecía reconocerlas.
Después bajó la mirada hacia el papel que Lin sostenía.
Su expresión cambió.
Y dijo en voz baja:
—¿Quién les dio eso?
Lin no respondió.
La mujer miró hacia ambos extremos del pasillo.
Después se acercó rápidamente.
—Si encontraron esa nota...
Hizo una pausa.
—Entonces alguien quiere que encuentren el expediente.
Lin preguntó:
—¿Usted sabe dónde está?
La mujer apretó la carpeta contra su pecho.
—Sí.
Las cuatro contuvieron la respiración.
—¿Dónde?
La mujer miró hacia la puerta del archivo.
Después volvió a mirarlas.
—En un lugar donde nadie debería haberlo guardado.
Y antes de que pudiera explicar algo más, se escucharon pasos al otro lado del corredor.
La mujer palideció.
—Váyanse.
—¿Por qué? —preguntó Lin.
—Porque si él las encuentra aquí, sabrá que ya lo descubrieron.
—¿Quién?
La mujer no respondió.
Solo susurró:
—He Jian.
Las cuatro se quedaron heladas.
La mujer retrocedió hacia el archivo.
Pero antes de cerrar la puerta, dejó caer discretamente la carpeta azul.
Lin la recogió.
La mujer la miró directamente a los ojos.
—No la abran aquí.
La puerta se cerró.
Y unos segundos después, unos pasos comenzaron a acercarse por el pasillo.
Lentos.
Firmes.
Cada vez más cerca.
Lin abrazó la carpeta contra su pecho.
Wang Ji tomó su skateboard.
Chen Mai miró hacia la escalera.
Su Lan guardó rápidamente el papel.
Entonces una sombra apareció en la esquina.
Una figura masculina se detuvo al final del corredor.
Lin apenas pudo distinguir su rostro.
Pero reconoció el nombre que acababan de escuchar.
He Jian.
Y en su mano llevaba una llave.
La misma clase de llave que utilizaban para abrir el Archivo Histórico Académico.
La mirada del hombre se dirigió directamente hacia las cuatro.
—¿Qué hacen ustedes aquí?
Ninguna respondió.
He Jian dio un paso hacia ellas.
—Ese lugar no es para estudiantes.
Lin apretó con fuerza la carpeta azul.
Y en ese instante comprendió algo.
La mujer no les había entregado simplemente un expediente.
Les había entregado algo que He Jian estaba dispuesto a recuperar.