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La maestra que será nuestra madrastra

La maestra que será nuestra madrastra

Status: Terminada
Genre:CEO / Padre soltero / Reencuentro / Donde hubo fuego cenizas quedan / Completas
Popularitas:3.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Eli Priwanti

Aurora Medina llega a la capital con una misión: domar al grupo más rebelde del exclusivo Colegio Altamira, un aula de hijos de millonarios que ya hizo renunciar a cinco tutores. Lo que no imagina es que, detrás de esos dos gemelos insoportables que le declaran la guerra, se esconde el hombre que le rompió el corazón doce años atrás… justo antes de llegar al altar.

Alejandro Bustamante lo tiene todo: dinero, poder y una frialdad que congela salas de juntas. Todo, menos a la única mujer que amó. Cuando el destino vuelve a cruzar sus caminos, él está dispuesto a usar cualquier arma para reconquistarla. Incluso a sus propios hijos.

Pero entre ellos hay una herida vieja, una verdad enterrada y una mentira que destruyó dos vidas. Y mientras el hielo empieza a derretirse, no todos quieren ver a Aurora convertida en la nueva señora Bustamante…

¿Podrá Aurora perdonar el pasado y aceptar el lugar que el destino le tenía reservado: el de madre de los hijos del hombre al que juró no volver a amar?

NovelToon tiene autorización de Eli Priwanti para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6

Muy temprano por la mañana, el aroma de la comida ya se escapaba de la cocina de la casa alquilada de Aurora. Desde que el reloj marcó las tres de la madrugada, la mujer andaba ocupada cortando salchichas, moldeando el arroz y decorando las verduras. Su esfuerzo dio frutos: diez loncheras preciosas quedaban ahora bien ordenadas dentro de una gran bolsa de tela, junto a decenas de cajitas con trozos de brownie casero de chocolate, de aspecto jugoso.

Aurora se miró en el espejo. Ya estaba impecable con su uniforme de maestra de planta del sistema público, con la placa de bronce donde se leía con claridad su nombre, Aurora Medina. Cuando el mototaxi de la app que había pedido llegó frente al patio, Aurora salió a toda prisa cargando la gran bolsa.

—Vaya, qué raro verla con tanta comida, profesora Aurora. ¿Hay algún evento en el colegio? —la saludó Dalia, su vecina de al lado, que barría el patio.

Aurora sonrió con simpatía mientras se acomodaba la bolsa.

—No es un evento, Dalia. Solo quiero darles un regalito a los chicos para que se animen más con las matemáticas.

—¡Ay, seguro que a los niños les encanta! ¡Que te vaya muy bien, Auro! —dijo Dalia, contagiada de alegría.

El trayecto por las calles de la capital tomó más de sesenta minutos por el denso tránsito de la hora pico. Al llegar al Colegio Altamira, el ambiente ya bullía con el ir y venir de los alumnos. Aurora se dirigió deprisa a la sala de profesores. Su llegada, cargando aquel gran paquete, atrajo enseguida las miradas curiosas de sus colegas.

—Vaya, qué grande es usted, profesora Aurora… En tan poco tiempo ya logró domar a esos niños famosos por revoltosos y groseros. ¡Comparta el secreto, profesora! —la elogió la profesora Beatriz, de Biología, después de oír que la comida era el premio del concurso del día anterior.

Aurora rio por lo bajo.

—Lo esencial es tener paciencia de sobra, Beatriz. Con alumnos así, nunca hay que usar la fuerza ni los arrebatos. Basta con buscar una forma creativa para que escarmienten por sí solos.

Poco después resonó el timbre de entrada. Desde detrás del cristal de su oficina, el director Ledesma contemplaba la espalda de Aurora, que caminaba con paso firme hacia el aula del 1.º C. Había una profunda admiración en el corazón de aquel hombre.

Es usted una maestra fuerte y admirable, profesora Aurora. Ojalá pudiera enseñar para siempre en este colegio, pensó el director Ledesma, sonriendo a solas.

Cuando Aurora entró al 1.º C, los alumnos la saludaron al unísono. Esa mañana no había ni una sola trampa ni travesura preparada. El ambiente estaba envuelto en cuchicheos de triunfo. Y es que, antes de que sonara el timbre, Mateo ya les había anunciado a sus compañeros que su padre, un CEO poderoso, había intervenido. Estaban seguros de que ese sería el último día de la profesora Aurora antes de su despido.

Pero la confianza de la pandilla flaqueó un poco al ver a Aurora dejar una gran bolsa sobre la mesa.

—Buenos días a todos. Como les prometí ayer, traje un regalo para los diez alumnos que pasaron al frente a participar en el concurso —dijo Aurora con amabilidad, ignorando la mirada burlona de Mateo.

Aurora empezó a llamar sus nombres uno por uno. Cuando repartió las loncheras, aún tibias, un silencio se apoderó del salón. Los alumnos que no habían sido llamados observaban con atención, mientras los ocho que recibieron su caja la abrían despacio.

Los ojos se les iluminaron al instante. Dentro, el arroz estaba moldeado en forma de un osito adorable, acompañado de salchicha con forma de pulpo, lechuga fresca, zanahoria cortada como flores y guarniciones dispuestas con esmero.

Martina y Mateo, que también recibieron su caja, se quedaron un momento paralizados. El corazón les dio un vuelco extraño al ver semejante almuerzo delante de sus ojos.

—Disculpen si la lonchera no quedó muy linda. Me puse a hacerlas desde las tres de la madrugada porque temía no alcanzar a terminar. Ojalá les gusten —dijo Aurora con sinceridad. Luego sacó las demás cajitas—. Ah, por cierto, también hice brownies de chocolate. A los que no les tocó lonchera, igual les doy un brownie, ¿de acuerdo?

Mateo se quedó mirando fijamente aquella lonchera hecha a mano. En toda su vida, nadie se había tomado la molestia de levantarse de madrugada solo para prepararle un almuerzo tan creativo y con tanto cariño. Cada vez que él o Martina querían llevar comida, su padre siempre mandaba a la secretaria a pedir un servicio a domicilio de un restaurante cinco estrellas. Un lujo instantáneo y caro, pero que se sentía frío y vacío. Lo mismo les pasaba a los demás alumnos de élite, cuyos padres estaban demasiado ocupados con sus negocios.

—Muchas gracias, profesora Aurora… —dijeron algunos alumnos en voz baja, tocados en lo más hondo de un corazón sediento del afecto sincero de una madre.

Mientras tanto, Mateo y Martina no pudieron más que quedarse mudos. Por un lado, su ego y su plan retorcido para echar a esta maestra del colegio ya estaban en marcha. Pero, por el otro, aquella caja tibia con una lonchera hecha de madrugada de pronto derribaba una parte del muro de odio que llevaban tiempo levantando.

*

*

Un lujoso sedán negro reluciente rasgó la quietud del patio delantero del Colegio Altamira. En cuanto se detuvo por completo frente al vestíbulo, la llegada de aquel vehículo provocó un revuelo entre los profesores y el personal administrativo del pasillo.

Por la puerta trasera bajó Alejandro Bustamante. Aquel hombre era el mayor donante y una influencia poderosa en el patronato del colegio, pero rara vez pisaba el lugar. Pasados los treinta, Alejandro irradiaba el carisma de un hombre maduro, apuesto, imponente y de rostro que se conservaba joven. Su andar firme, escoltado por su asistente Iván, se convirtió al instante en tema de conversación, sobre todo entre las profesoras que aún seguían solteras.

El director Ledesma bajó a toda prisa al vestíbulo para recibir en persona al magnate. Pero Alejandro, de rostro frío y altivo, apenas respondió a aquel cálido recibimiento con una sonrisa levísima.

Unos minutos después ya estaban sentados en el fresco despacho del director. Alejandro se sentó con un gesto de dominio, cruzando las piernas y apoyando ambas manos sobre el pecho.

—Vaya, es una gran sorpresa que el señor Bustamante se digne a venir sin avisar antes —dijo el director Ledesma, iniciando la charla con tono deferente.

Alejandro lo miró de frente.

—He venido porque hay un asunto muy importante que quiero preguntarle directamente, director Ledesma. Se trata de la nueva maestra que es tutora de mis hijos, Mateo y Martina.

(A Ledesma se le desbocó el corazón.)

El corazón del director Ledesma se aceleró de golpe. Tragó saliva con dificultad.

—¿Y… qué asunto es, para que el señor Bustamante trate en persona el tema de la nueva maestra de Mateo y Martina? —preguntó, inquieto.

Alejandro le expuso entonces la cronología que había oído de labios de Mateo la noche anterior, sobre el presunto trato brusco y la intimidación física que le arruinaron la ropa a su hijo, sin mencionar el nombre de la maestra en cuestión.

Al oír aquel relato, el director Ledesma negó de inmediato con la cabeza.

—Al parecer aquí ha habido un malentendido enorme, señor Bustamante. Lo que ocurrió no fue así en absoluto. En mi opinión, ella es más bien una maestra excelente para manejar a los alumnos del 1.º C, tan famosos por lo difíciles que son.

—Está bien. Entonces quiero ver a esa nueva maestra ahora mismo para que me dé una explicación —replicó Alejandro con frialdad, en un tono que no admitía réplica—. Y si resulta que ejerció violencia física o psicológica contra mi hijo, no dudaré en pedirle al patronato que la despida de forma deshonrosa hoy mismo.

Al ver lo tensa que se ponía la situación, el director Ledesma pulsó de inmediato el botón del intercomunicador y llamó a Rubén. Le ordenó al empleado ir a buscar a la nueva tutora al 1.º C. Rubén, siempre el más raudo y entusiasta cuando había algún asunto relacionado con Aurora, salió disparado.

Mientras tanto, en el 1.º C, el ambiente estaba de lo más cálido. Aurora se había sentado con algunas alumnas a disfrutar de sus trozos de brownie casero. En otro rincón, Mateo y Martina devoraban su lonchera con muchas ganas. En realidad, desde el primer bocado de aquel delicioso almuerzo casero, una culpa empezaba a carcomerles el corazón por la mentira que le habían contado a su padre la noche anterior. Pero ya no había vuelta atrás. Mateo prefirió ignorarlo y seguir comiendo, porque de hecho se había saltado el desayuno, harto del menú de su cocinero, insípido en su paladar.

¡Toc, toc, toc!

—Con permiso, profesora Aurora —llamó Rubén, que apareció de pronto en el umbral del aula—. Le piden que se presente de inmediato ante el director Ledesma en su oficina. Es un asunto urgente.

Aurora se sobresaltó un poco. Dejó su cajita de brownie con el ceño fruncido.

¿Qué pasará? Qué raro que el director me llame en plena clase, pensó, inquieta.

Mateo dejó de masticar un instante y observó la espalda de Aurora, que empezaba a arreglarse el uniforme. El muchacho sabía muy bien quién esperaba a su maestra en la oficina del director.

Aurora salió a paso apurado y recorrió el pasillo junto a Rubén. Su hermoso rostro se veía cubierto por un velo de inquietud.

Al cruzar los dos la antesala de la oficina del director, pasaron junto al asistente Iván, sentado en el sofá, concentrado en revisar los informes de la empresa en la pantalla de su tableta. Al oír los pasos, Iván levantó la vista despacio. Pero, en cuanto sus ojos cayeron sobre el rostro de Aurora, se quedó de piedra en su asiento.

El corazón de Iván latió a toda prisa. ¿Por qué… por qué la cara de esa maestra no me resulta nada ajena? Creo que ya la he visto… ¡Ah, claro! ¡Ese rostro se parece muchísimo a la foto de una mujer que el señor Bustamante guarda en secreto en el cajón de su escritorio desde hace años! Pero… no puede ser ella, ¿verdad? Seguro que solo es un parecido, se dijo Iván, aventurando conjeturas con inquietud.

Ante la puerta de aquel despacho de madera, Aurora tomó aire hondamente para calmar el tumulto de su pecho y llamó con suavidad.

¡Toc, toc!

—Adelante —se oyó la voz del director Ledesma desde dentro.

Aurora abrió la puerta despacio y entró en la sala, perfumada por el aroma de un café caro. Pero, apenas dio dos pasos sobre la alfombra, fue como si todo el aire de sus pulmones se esfumara de golpe.

En el sofá, un hombre vestido de negro formal giró despacio el cuerpo para ver quién era la maestra acusada de brusca. Cuando sus miradas se cruzaron, el mundo alrededor pareció detenerse de repente.

Alejandro contempló el rostro grácil frente a él con los ojos completamente desorbitados. Todo su cuerpo se tensó, rígido, mientras el pecho le retumbaba, asaltado por la culpa y la añoranza que había enterrado durante años.

Lo mismo le ocurrió a Aurora. El pequeño bolso que sujetaba estuvo a punto de resbalársele de las manos. Todo el trauma, las heridas y los amargos recuerdos del pasado resurgieron de pronto y golpearon su conciencia en un parpadeo. El rostro del hombre que la había traicionado justo en el umbral de su boda estaba ahora ante sus propios ojos.

—¿A… Alejandro? —murmuró Aurora, con los labios temblándole con fuerza y el rostro súbitamente lívido.

—¿A… Aurora? —respondió Alejandro con la voz ahogada en la garganta, pronunciando el nombre de su primer amor, que nunca había desaparecido del todo de su corazón.

Continuará…

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Leticia Baeza Vazquez
pues con tanto engaño y no ser la sangre pues no yamaba
Leticia Baeza Vazquez
q bueno q sufrió la perra desgraciada q hizo q la tomara x haberlo drogado maldita te lo cobro el karma
Leticia Baeza Vazquez
esa zorra de la nueva secretaria 😡😡😡😡
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor solo x darle gusto Alos padres así será de estúpida es una mujer estudiada pero parece una ignorante pendeja
Leticia Baeza Vazquez
espero y te des cuenta de la víbora q tienes x madre y esa maldita q bueno q se murió la desgraciada
Leticia Baeza Vazquez
esa mamada q ponen en todas las novelas afuerza aceptar lo q ofrecen si yo digo no es no y quién me obliga nadie osea era una porquería escritora ten más imaginación
Gladys Baldallo: Casi todas las novelas es lo mismo mientras más la joden la protagonista más quiere a su destructor. casi todas las y que "románticas" son corta y pega las unas de las otras..
ya las mujeres no somos así...
total 1 replies
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor escritora 😡😡😡😡😡
Leticia Baeza Vazquez
Haver escritora y deja la estupidez y q ella no puede decir No oque diablos osea la pones como estúpida manipulable x unos putos mocosos asco
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor escritora no mames osea la humilló x una putizorra ofrecida y ahora resulta q x unos escuincles la BAS hacer una maldita manipulable osea asco q se de su lugar y consiga alguien mejor y la valore , si no espera de mi todas las críticas 😡😡😡😡😡
Leticia Baeza Vazquez
eso de tener amigas zorras y disculpa escritora pero no la cages si dejas q ella y ese perro infiel desgraciado se quede con ella osea
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