este es una novela que habla de una chica que es en el salón de clases es muy tranquila pero afuera es todo lo contrario y además tiene a tres chicos y se queda con los tres por eso el nombre
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Capítulo 5: Entre enemigos y aliados
La noche no terminó cuando Valentina abandonó la gala.
En realidad…
Ahí fue donde todo comenzó.
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El silencio dentro de su refugio era engañoso.
La ciudad seguía viva allá afuera, pero en ese lugar… cada segundo se sentía más pesado que el anterior.
Valentina caminaba de un lado a otro, con pasos medidos, precisos.
Pensando.
Analizando.
Recordando.
—No puede ser coincidencia —murmuró.
Mateo la observaba, apoyado contra la pared.
—No lo es —respondió con firmeza—. Si ese hombre apareció ahora… es porque alguien lo trajo de vuelta.
Valentina se detuvo.
—O porque alguien quiere que yo recuerde.
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Ese hombre…
No era cualquier enemigo.
Era parte del pasado que había jurado enterrar.
Un hombre que había trabajado con su padre.
Un hombre que traicionó.
Un hombre que… desapareció la misma noche que su padre.
—Si está vivo… —dijo Mateo— entonces todo lo que creíamos podría ser mentira.
Valentina apretó levemente la mandíbula.
—No. No es mentira.
Hizo una pausa.
—Pero sí está incompleto.
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Mientras tanto…
En la torre Velasco, Adrián no podía quitarse esa escena de la cabeza.
Ese hombre.
Ese nombre.
La reacción de Valentina.
Nada encajaba con la imagen de una simple estudiante.
—Investíguenlo todo —ordenó—. Quiero saber quién era ese hombre… y qué relación tiene con Valentina Ríos.
Su asistente dudó.
—¿Está seguro de involucrarse tanto?
Adrián lo miró con frialdad.
—Ya estoy involucrado.
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En su club, Thiago bebía en silencio.
Algo raro.
Muy raro en él.
—Nunca te había visto así —comentó su amigo.
Thiago dejó el vaso.
—Esa chica… está metida en algo grande.
—Entonces aléjate.
Thiago sonrió levemente.
—No.
Su mirada se volvió intensa.
—Ahora quiero saber más.
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Lautaro no necesitaba ordenar nada.
Él ya estaba actuando.
Había conectado piezas.
El hombre del traje gris.
La reacción de Valentina.
Los datos ocultos.
Todo apuntaba a lo mismo.
—No eres una espectadora… —susurró mirando la foto de ella—. Eres el centro de todo.
Y eso lo acercaba peligrosamente a la verdad.
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Al día siguiente…
Valentina volvió a su vida “normal”.
Universidad.
Libros.
Personas comunes.
Risas superficiales.
Pero esta vez…
No era lo mismo.
Porque sabía que la estaban observando.
No uno.
No dos.
Sino tres hombres… y un enemigo del pasado.
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Caminaba por el pasillo cuando sintió una presencia a su lado.
—No esperaba verte aquí tan tranquila —dijo una voz conocida.
Valentina giró.
Adrián.
Impecable como siempre.
—Y yo no esperaba verte en una universidad —respondió con calma.
—Siempre es bueno observar diferentes entornos.
—¿O diferentes personas?
Adrián sonrió apenas.
—Especialmente a las interesantes.
Valentina lo sostuvo la mirada.
—Ten cuidado, Adrián.
—¿Por qué?
—Porque algunas personas… no son lo que parecen.
Él dio un paso más cerca.
—Eso es precisamente lo que me atrae.
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Más tarde, al salir…
Otra sorpresa.
Thiago, apoyado contra su auto, como si llevara horas esperándola.
—¿Siempre apareces sin avisar? —preguntó ella.
—Solo cuando vale la pena.
—Eso suena a problema.
Thiago sonrió.
—Eso soy.
Valentina negó levemente con la cabeza.
Pero en el fondo…
Le divertía.
—No deberías acercarte tanto.
—¿Por qué? ¿Es peligroso?
Ella lo miró fijamente.
—Mucho.
Thiago se inclinó un poco hacia ella.
—Perfecto.
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Y cuando pensó que el día no podía complicarse más…
Una voz la detuvo.
—Te están rodeando.
Valentina giró lentamente.
Lautaro.
Sus ojos eran distintos a los de los otros.
No había juego.
No había encanto.
Solo verdad.
—¿Eso te preocupa? —preguntó ella.
—No.
Hizo una pausa.
—Me preocupa que tú no lo hagas.
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El silencio entre ellos fue más intenso que cualquier conversación.
Porque ambos sabían…
Que estaban jugando al mismo nivel.
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Esa noche, Valentina reunió a Mateo.
—Necesito adelantarnos.
—¿A quién?
Ella lo miró.
—A todos.
Abrió una carpeta.
Dentro había un nuevo plan.
Más arriesgado.
Más peligroso.
—Vamos a darles lo que quieren —dijo.
Mateo frunció el ceño.
—¿Mostrarte?
Valentina sonrió levemente.
—No.
Sus ojos brillaron con determinación.
—Vamos a hacer que crean que me encontraron.
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Mientras tanto…
El hombre del traje gris observaba la ciudad desde las sombras.
—Muévete, Valentina… —susurró—. Quiero ver hasta dónde llegas.
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Porque el juego ya no era de esconderse.
Era de manipular.
De anticiparse.
De atacar antes de ser atacada.
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Y por primera vez…
Valentina no solo tenía enemigos.
También tenía algo mucho más complicado.
Aliados.
Aunque ninguno de ellos lo supiera aún.
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Porque en ese juego…
La línea entre enemigo y aliado…
Era más delgada de lo que parecía.
Y cuando se cruzaba…
Ya no había vuelta atrás.
Continuará…