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Salvatore Nueva Tierra

Salvatore Nueva Tierra

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Malentendidos / Completas
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: jhezzy ortiz

Esta historia no empezó con amor.
Empezó con una reseña de 2 estrellas que casi la arruina.
Y con un contrato de 50 mil euros que casi lo salva.

*Él: Damián Ruiz*
35 años. Crítico de vinos. Dueño de viña en Toscana.
Escribió que su comida "no tenía alma".
Ahora necesita que ella cocine su boda.

*Ella: Melody Salvatore*
29 años. Chef en París. 12 mesas y una deuda gigante.
Lo odia. Con razón.
Ahora tiene 30 días para cocinar para él en Toscana.

El trato: 1 mes. Sin tocarse. Sin hablar de lo de Roma.
Solo comida y dinero.

Lo que no estaba en el contrato:
Los viñedos en verano.
Las noches sin dormir.
Las manos que se rozan al probar un plato.
Y la pregunta que nadie se hace: ¿Y si el odio es solo miedo de querer?

NovelToon tiene autorización de jhezzy ortiz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Bajo las estrellas de Toscana

El sol estaba cayendo sobre los viñedos. Todo naranja y dorado.

—Mañana viene un crítico de _Food & Wine_ a la villa —dijo Damián, caminando entre las hileras de uvas—. Mi abuela quiere que pruebe tu menú antes.

Melody caminaba a su lado. Vestido lino color crema, pelo suelto. Iba descalza porque se había cansado de las sandalias.

—¿Y por qué yo? ¿No tiene chef la villa?

—Porque quiero que seas tú —dijo él, sin mirarla—. Y porque Valeria dijo que "cualquier chef sirve".

Melody se detuvo.

—¿Ah sí? ¿Y qué dijiste tú?

Damián por fin la miró.

—Dije que si tocaban tu menú, me iba con él.

Ella se quedó callada. El corazón le hizo un ruido raro.

Siguieron caminando. El silencio era cómodo por primera vez. Hasta que escucharon voces.

Marco y Valeria. Sentados en una banca de piedra, muy juntos. Riéndose. Él le acomodó un mechón detrás de la oreja.

Damián se tensó entero.

—Vámonos por otro lado.

Subieron hasta el punto más alto de la viña. Un pequeño mirador de piedra. Desde ahí se veía toda Toscana.

Se sentaron en el piso. Lejos. Pero no tanto.

—Hace calor —mintió Melody, abanicándose.

—Es la rabia —dijo Damián, desabotonándose el primer botón de la camisa.

Se rieron. Por primera vez, juntos. Sin pelear.

Pasaron horas. Hablaron de comida. De Roma. De por qué ella abrió _Salvatore_ en París.

—Porque después de tu reseña no podía quedarme en Italia —confesó ella, mirando al horizonte—. Me daba vergüenza.

Damián apretó la mandíbula.

—Lo siento. De verdad. Ese día llegué a tu restaurante con el peor día de mi vida. Y la pagaste tú.

—¿Y ahora?

—Ahora cada plato tuyo me recuerda lo idiota que fui.

El cielo se puso morado. Salieron las primeras estrellas.

Melody abrazó sus rodillas.

—Tengo miedo, Damián.

—¿De qué?

—De que en 27 días esto se acabe. Y volvamos a odiarnos.

Él se giró hacia ella. Apoyó el codo en la piedra, muy cerca.

—¿Y si no queremos volver a odiarnos?

El aire se detuvo.

Las luciérnagas empezaron a salir entre las vides. Como puntitos de luz.

Damián alzó la mano. Lentísimo. Le quitó una hoja seca del pelo a Melody. Sus dedos se quedaron ahí, rozándole la sien.

Melody no respiró.

—Damián...

Él negó con la cabeza.

—Shhh. Solo quédate.

Y se quedó. Mirándola. Como si fuera lo único que existía en el mundo.

Melody cerró los ojos. Cuando los abrió, él estaba más cerca.

Sus frentes se tocaron otra vez. Su respiración chocaba con la de ella.

—Dime que pare —susurró Damián contra sus labios—. Dime que pare y paro.

Melody no dijo nada. Solo se acercó un milímetro más.

Y lo besó.

Fue suave al inicio. Dudoso. Como preguntando.

Damián respondió igual. Con cuidado, como si ella fuera de cristal.

La mano de él subió a su nuca. La de ella se agarró a su camisa.

El beso se hizo más profundo. Más real. Más _ellos_.

Sabía a vino, a noche de verano y a 3 años de rabia contenida.

Cuando se separaron, los dos estaban temblando.

Melody apoyó la frente en la de él.

—La cagamos —susurró.

—La cagamos hace mucho —respondió él, sonriendo contra su boca—. Esto solo lo confirma.

Se quedaron así, abrazados, viendo las estrellas. Sin hablar. Porque no hacía falta.

Abajo, en la villa, se escuchó la voz de Valeria:

—¡Dami! ¿Dónde estás?

Se separaron de golpe.

—Tenemos que bajar —dijo Damián, poniéndose de pie y ofreciéndole la mano.

Melody la aceptó. Cuando sus dedos se entrelazaron, sintió que el mundo se le movía.

Bajaron en silencio. Al llegar a la puerta, Damián la detuvo.

—Melody. Esto no cambia nada. Seguimos con el contrato. Seguimos siendo profesionales.

Ella asintió, aunque por dentro le dolía.

—Claro. Profesionales.

Subió a su cuarto y se encerró. Se tocó los labios. Todavía sentía los de él.

En el pasillo, Damián le dio un puñete a la pared. Bajito. Para no hacer ruido.

La había besado.

Y ahora no sabía cómo iba a sobrevivir 27 días más sin volver a hacerlo.

1
Ffgh Sfgh
escriba más bien de vaqueros es más creible
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