Él juró destruirla. Ella prometió jamás inclinar la cabeza.
En un mundo gobernado por la mafia, donde la lealtad se paga con sangre y la traición se castiga con la muerte, dos almas destinadas a odiarse se verán obligadas a caminar por el mismo infierno.
Él es un hombre frío, peligroso y acostumbrado a obtener todo lo que desea. Ella, una mujer fuerte que no está dispuesta a convertirse en el trofeo de nadie.
Entre secretos, venganza, mentiras y una atracción imposible de ignorar, descubrirán que el odio puede ser el inicio de la historia más peligrosa de sus vidas.
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Capítulo 5- El muro entre nosotros
"El peor enemigo no siempre es quien te odia... sino quien empieza a importarte cuando no debería."
El amanecer llegó acompañado de un silencio inusual.
La residencia Vesperi, normalmente tranquila, estaba sumida en un ambiente tenso.
Vittorio observaba varios documentos sobre su escritorio mientras Alessandro permanecía de pie, con el ceño fruncido.
Bianca caminaba de un lado a otro sin poder ocultar su preocupación.
La puerta se abrió.
Dante entró con paso firme.
—¿Qué ocurrió?
Vittorio levantó la mirada.
—Anoche alguien filtró información falsa que involucra a nuestra familia y a los Russo.
Dante tomó uno de los informes.
Lo leyó con calma.
Cada página contenía acusaciones y rumores que podían destruir la reputación de cualquiera.
—¿Quién hizo esto?
—Aún no lo sabemos —respondió Alessandro—. Pero alguien quiere enfrentarnos.
Dante cerró la carpeta de golpe.
Su expresión cambió por completo.
El hombre tranquilo de los últimos días desapareció.
En su lugar volvió aquel hombre frío, calculador e impenetrable.
Bianca notó el cambio enseguida.
—Dante...
Él no respondió.
Solo caminó hacia la ventana.
—Desde este momento nadie confiará en nadie.
Su voz sonó firme.
Sin emociones.
—Hasta descubrir quién está detrás de esto, no bajaré la guardia.
Vittorio asintió.
—Eso esperaba escuchar.
En la residencia Russo...
El ambiente era exactamente igual.
Alessandro dejó el periódico sobre la mesa.
—Alguien intenta dividir a las familias.
Marco apretó los puños.
—Si descubro quién está haciendo esto...
Isabella interrumpió con serenidad.
—La rabia nunca ha sido buena consejera.
Valentina observaba las noticias en silencio.
No podía creer que en apenas unos días todo hubiera cambiado tanto.
Luca golpeó suavemente la mesa.
—¿Creen que los Vesperi tengan algo que ver?
Valentina levantó la cabeza.
—No lo sé.
Y no pienso acusar a nadie sin pruebas.
Su padre la miró con orgullo.
—Esa es la actitud correcta.
Pero aun así...
Debemos ser prudentes.
Horas después...
Una reunión empresarial reunió nuevamente a representantes de varias compañías importantes.
Dante llegó acompañado por Enzo.
Valentina asistió junto a Marco.
El salón quedó en silencio cuando ambos cruzaron la puerta.
Sus miradas se encontraron.
Esta vez...
No hubo una sonrisa.
No hubo un saludo.
Solo distancia.
Valentina dio un paso al frente.
—Buenos días.
Dante respondió con un movimiento casi imperceptible de la cabeza.
—Buenos días.
Su tono era completamente diferente.
Frío.
Seco.
Como si la conversación de la exposición nunca hubiera existido.
Valentina frunció ligeramente el ceño.
—¿Ocurre algo?
Dante sostuvo su mirada.
—No.
Simplemente prefiero mantener una relación estrictamente profesional.
Aquellas palabras fueron como un golpe inesperado.
Valentina sintió una punzada de molestia.
—Perfecto.
No esperaba otra cosa.
Marco observó la escena.
Enzo también.
Ambos notaron el cambio.
La reunión comenzó.
Mientras los demás hablaban de nuevos proyectos, Dante apenas dirigía la palabra a Valentina.
Respondía con frases cortas.
Sin mirarla demasiado.
Como si hubiera levantado un muro entre los dos.
Eso hizo que Valentina comenzara a enfadarse.
—¿Siempre eres tan desagradable? —preguntó en voz baja cuando quedaron solos unos segundos.
Dante la miró con frialdad.
—Solo con las personas de las que prefiero mantener distancia.
Aquellas palabras la hirieron más de lo que estaba dispuesta a admitir.
—Entonces no te preocupes.
No volveré a acercarme.
Dio media vuelta y se alejó.
Dante permaneció inmóvil.
Su rostro no mostró ninguna emoción.
Pero, por dentro...
Sintió una extraña incomodidad.
Era él quien había decidido alejarla.
Entonces
El ambiente en la sala de reuniones era sofocante.
Nadie sonreía.
Las conversaciones que antes fluían con tranquilidad se habían convertido en intercambios de palabras medidas, miradas desconfiadas y silencios incómodos.
Valentina permanecía sentada al otro extremo de la mesa.
No había vuelto a mirar a Dante desde la breve discusión de hacía unos minutos.
No quería hacerlo.
Porque aún resonaban en su cabeza aquellas palabras.
"Prefiero mantener distancia."
Nunca antes un desconocido había conseguido irritarla de esa manera.
Y, sin embargo...
Lo que más le molestaba no era su actitud.
Era darse cuenta de que le importaba.
Dante permanecía completamente serio.
Su expresión era tan fría que nadie se atrevía a interrumpirlo.
Mientras uno de los directivos hablaba sobre los nuevos acuerdos comerciales, él apenas escuchaba.
Su atención se desvió por un instante hacia Valentina.
Ella tomaba apuntes sin levantar la cabeza.
Ni siquiera parecía notar su presencia.
Apretó la mandíbula.
Era mejor así.
Debía mantenerla lejos.
No podía permitirse confiar en alguien perteneciente a una familia que ahora estaba en el centro de las sospechas.
Aunque una parte de él insistía en que algo no encajaba.
La reunión terminó una hora después.
Los asistentes comenzaron a abandonar el edificio.
Valentina caminaba hacia el ascensor cuando una voz la detuvo.
—Valentina.
Se giró lentamente.
Era Dante.
Su expresión seguía siendo impenetrable.
—¿Qué quieres?
Él respiró profundamente antes de responder.
—Lo de hace un rato...
Ella levantó una ceja.
—¿Vas a disculparte?
Hubo unos segundos de silencio.
—No.
Solo quería dejar claro que no fue algo personal.
Valentina soltó una risa amarga.
—Curiosa manera de demostrarlo.
Las puertas del ascensor se abrieron.
Ella entró sin esperar respuesta.
Antes de que las puertas se cerraran, lo miró por última vez.
—La próxima vez, ahórrate las explicaciones.
Las puertas se cerraron.
Dante permaneció inmóvil.
Enzo apareció a su lado.
—Eso salió peor de lo que imaginaba.
—Lo sé.
—¿Entonces por qué lo hiciste?
Dante guardó silencio.
No encontraba una respuesta que ni él mismo pudiera comprender.
En la residencia Russo...
Camila y Sofía esperaban a Valentina en el jardín.
En cuanto la vieron bajar del automóvil, comprendieron que algo había ocurrido.
—¿Qué pasó? —preguntó Camila.
Valentina dejó el bolso sobre una silla.
—Nada importante.
—Te conocemos demasiado bien.
Ella suspiró.
—Dante decidió volver a ser el hombre arrogante que conocimos el primer día.
Sofía frunció el ceño.
—¿Qué hizo?
—Levantó un muro entre nosotros sin ninguna explicación.
Camila cruzó los brazos.
—Pues que se quede detrás de ese muro.
Valentina intentó sonreír.
—Créeme...
Eso mismo pienso hacer.
Pero, en el fondo de su corazón, aquellas palabras no sonaban tan convincentes.
Al mismo tiempo...
En la residencia Vesperi...
Bianca esperaba a Dante en la biblioteca.
Él entró sin decir una palabra.
Se quitó el saco y lo dejó sobre un sillón.
—¿Mal día?
—He tenido mejores.
Bianca cerró el libro que estaba leyendo.
—¿Fue por Valentina?
Dante levantó la mirada.
—¿Cómo sabes que tiene que ver con ella?
—Porque desde que la conociste eres mucho más fácil de leer.
Él soltó una risa irónica.
—Eso es imposible.
—No para mí.
Bianca se acercó lentamente.
—La alejaste, ¿verdad?
Dante no respondió.
Ese silencio fue suficiente.
—¿Por qué?
Él desvió la mirada hacia la ventana.
—Porque es lo correcto.
—¿Lo correcto para quién?
Dante tardó varios segundos en contestar.
—Para mi familia.
Bianca suspiró.
—A veces proteger a quienes amas también significa confiar en tu propio juicio.
No dejes que el miedo decida por ti.
Dante permaneció inmóvil.
Las palabras de su hermana lo golpearon más de lo que esperaba.
Esa misma noche...
Un sobre anónimo llegó a las residencias de ambas familias.
No tenía remitente.
Solo una hoja con una frase escrita en letras negras.
"La verdad tiene un precio... y pronto todos tendrán que pagarlo."
Vittorio leyó el mensaje en silencio.
Alessandro Russo hizo exactamente lo mismo al otro lado de la ciudad.
Ambos comprendieron una cosa.
Aquello ya no era un simple rumor.
Alguien estaba moviendo los hilos desde las sombras.
Y ese alguien conocía demasiado bien a las dos familias.
Muy pronto...
Nadie estaría a salvo.
A veces el silencio hiere más que un grito."
La lluvia golpeaba los ventanales de la residencia Vesperi con fuerza.
El despacho permanecía en silencio.
Vittorio dejó el sobre anónimo sobre el escritorio y observó a sus hijos.
—A partir de este momento nadie actuará por impulso.
Alessandro asintió.
—Reforzaremos la seguridad de la empresa y revisaremos cada movimiento.
Bianca permanecía inquieta.
—¿Y si solo quieren asustarnos?
Vittorio negó lentamente.
—Quien envía amenazas no busca miedo... busca que cometamos errores.
Dante seguía de pie junto a la ventana.
Su expresión era completamente fría.
No apartaba la vista de la lluvia.
Enzo se acercó con cautela.
—¿En qué piensas?
—En que alguien nos está observando desde hace tiempo.
—¿Crees que los Russo tengan algo que ver?
Dante tardó varios segundos en responder.
—No tengo pruebas para acusarlos.
Pero tampoco puedo confiar.
Sus palabras hicieron que Bianca bajara la mirada.
Por primera vez sintió que su hermano estaba levantando un muro que nadie sería capaz de derribar.
En la residencia Russo...
El ambiente tampoco era tranquilo.
Marco caminaba de un lado a otro.
—No me gusta nada de esto.
Luca golpeó suavemente la mesa.
—Si descubro quién intenta perjudicarnos...
Alessandro levantó una mano.
—Basta.
Los dos guardaron silencio.
Isabella observó a Valentina.
Su hija llevaba varios minutos sin pronunciar una sola palabra.
—¿En qué piensas?
Valentina respiró profundamente.
—En Dante.
Toda la mesa quedó en silencio.
Marco frunció el ceño.
—¿Qué tiene él?
—Nada.
Solo...
No entiendo por qué cambió tanto de un día para otro.
Isabella tomó la mano de su hija.
—A veces las personas esconden preocupaciones que no saben explicar.
Marco respondió con firmeza.
—O simplemente decidió mostrar quién era realmente.
Aquellas palabras hicieron que Valentina sintiera un nudo en el pecho.
No quería darle la razón.
Pero tampoco podía defender a alguien que la había tratado con tanta frialdad.
Al día siguiente...
Las dos familias coincidieron en una conferencia organizada por la Cámara de Comercio.
El salón estaba lleno.
Periodistas.
Empresarios.
Representantes de diferentes compañías.
Valentina llegó acompañada por Marco.
Dante entró unos minutos después junto a Alessandro.
Por primera vez...
Ninguno buscó al otro con la mirada.
Pero ambos notaban perfectamente dónde estaba el otro.
Como si una presencia invisible los obligara a ser conscientes de la existencia del otro.
Durante el descanso, Valentina salió a la terraza para tomar aire.
Necesitaba alejarse del ruido.
No esperaba encontrar allí a Dante.
Él permanecía apoyado sobre la baranda, observando la ciudad.
Al escuchar sus pasos habló sin girarse.
—Pensé que preferías mantener distancia.
Valentina respondió con firmeza.
—La terraza no te pertenece.
Dante soltó una risa breve.
—Tienes razón.
Ella caminó hasta quedar a pocos metros.
—Sigues siendo igual de arrogante.
—Y tú igual de orgullosa.
Durante unos segundos ninguno habló.
El viento movía suavemente el cabello de Valentina.
Dante la observó por un instante.
Después volvió a mirar la ciudad.
—Será mejor que dejemos de coincidir.
Aquellas palabras hicieron que el corazón de Valentina se acelerara.
No por tristeza.
Por rabia.
—No te preocupes.
Créeme...
Es lo último que quiero.
Dio media vuelta para marcharse.
Pero antes de abrir la puerta se detuvo.
Sin mirar atrás dijo:
—Lo único que lamento...
Es haber pensado que eras diferente.
La puerta se cerró.
Dante permaneció inmóvil.
Por primera vez en mucho tiempo...
Sintió que había cometido un error.
Uno que no podía arreglar con facilidad.
En el interior del edificio, Bianca había visto toda la escena desde la distancia.
Se acercó lentamente a su hermano.
—La lastimaste.
Dante cerró los ojos por un instante.
—Era necesario.
Bianca negó con tristeza.
—No.
Solo era lo más fácil.
Y a veces...
Lo más fácil termina siendo lo que más duele.
Dante no respondió.
Mientras tanto, Valentina caminaba por el pasillo intentando convencerse de que Dante ya no le importaba.
Pero cuanto más repetía esas palabras...
Menos lograba creerlas.
Porque el odio empezaba a mezclarse con un sentimiento nuevo.
Uno que ninguno de los dos estaba preparado para aceptar.
🖤 Palabras de la autora
A partir de este momento, la historia dará un giro importante. Dante y Valentina tendrán que enfrentarse no solo a los conflictos entre sus familias, sino también a los sentimientos que empiezan a surgir y que ninguno de los dos quiere aceptar.
Gracias por acompañarme en este viaje. Cada comentario, cada voto y cada lectura me motivan a seguir escribiendo.
Con cariño,
Zahira#🖤