Ella tiene una vida difícil. Hasta que reencarna en un nuevo mundo, ahora solo busca ayudar a otros, para agradecer por esa oportunidad de vivir.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Enojo 3
Horas más tarde, Lucille regresó a la Casa Harrington de Ayuda.
Había pasado toda la mañana preparando la comida.
Había escogido cuidadosamente cada ingrediente, había preparado varios platos sencillos pero deliciosos y, además, había llevado una cesta con algunas frutas y postres.
No sabía si aquello sería suficiente para Jack.
[Espero que le guste.]
Aunque no quería admitirlo, había puesto bastante esfuerzo.
Cuando entró al salón principal, sin embargo, se encontró con una visita inesperada.
Lady Anny Van Camp estaba sentada en uno de los sillones de la entrada.
La joven llevaba un hermoso vestido y miraba constantemente hacia la puerta de la sala donde Jack atendía a los pacientes.
Al escuchar los pasos de Lucille, levantó la mirada.
—Lady Lucille.
—Lady Anny.
Lucille la saludó cordialmente.
—¿Está esperando a alguien?
Anny sonrió.
—Al mago Jack.
Lucille asintió.
—Ah.
—Si usted también está esperando por él, tendrá que esperar
añadió Anny con una sonrisa que no parecía precisamente amable
—Yo llegué primero.
Lucille abrió ligeramente los ojos.
No alcanzó a responder.
Porque justo en ese momento la puerta de la sala de atención se abrió.
Un paciente salió acompañado por uno de los asistentes.
Jack apareció detrás.
Anny se puso inmediatamente de pie.
Se acomodó el cabello.
Luego acomodó cuidadosamente la parte superior de su vestido, haciendo que el escote quedara todavía más pronunciado.
Lucille lo notó.
Pero no dijo nada.
Jack, sin embargo, ni siquiera miró en aquella dirección.
Sus ojos encontraron directamente a Lucille.
Y su expresión cambió.
—¡Lady Lucille!
Lucille sonrió.
—Hola, Jack.
El mago caminó hacia ella con una expresión de profunda tristeza.
—Se tardó muchísimo.
Lucille soltó una pequeña risa.
—Le dije que volvería en unas horas.
—Fueron horas interminables.
—No exagera un poco?
—No.
Jack se llevó una mano al pecho.
—Sufrí.
Lucille negó con la cabeza, divertida.
[Definitivamente sigue con lo mismo.]
Anny se acercó.
—Mago Jack.
Jack finalmente la miró.
—Lady Van Camp.
—Me alegra volver a verlo.
—Igualmente.
Fue un saludo cordial.
Nada más.
Jack volvió inmediatamente su atención hacia Lucille.
—Todavía me falta un paciente.
—Está bien.
—Espéreme.
— Está bien.
Jack frunció el ceño.
—Y no se vaya sin mí.
Lucille sonrió.
—No me iré.
Anny miró a Lucille.
La expresión de la joven había cambiado.
Era evidente que no estaba feliz.
Lucille, sin embargo, decidió ignorarlo.
No quería conflictos.
No estaba allí para competir con nadie.
Además, había aprendido hacía mucho tiempo a permanecer en silencio cuando alguien intentaba hacerla sentir menos.
[Es algo que conozco.]
En su primera vida había conocido personas que la despreciaban.
Personas que se burlaban de ella.
Personas que la hacían sentir que no pertenecía.
Así que aquella mirada de Anny no era algo nuevo.
Dolía un poco.
Pero Lucille sabía esconderlo.
Tomó sus documentos y se sentó en uno de los escritorios.
—Aprovecharé de revisar estos papeles mientras termina con su paciente.
Jack la miró.
—¿Se va a quedar aquí?
—Sí.
—¿Seguro?
—Seguro.
Jack volvió a poner aquella expresión de cachorro abandonado.
—No se vaya.
Lucille sonrió.
—No me iré.
—Prométalo.
—Lo prometo.
Jack finalmente pareció tranquilo.
—Bien.
Y regresó a su sala.
Anny permaneció allí.
No se fue.
Lucille continuó trabajando.
Revisó informes.
Ordenó documentos.
Anotó algunas observaciones.
Intentó concentrarse en sus tareas.
No quería prestar atención a la mujer que estaba sentada a pocos metros.
No quería pensar en las miradas.
No quería interpretar nada.
Simplemente trabajaría.
Como siempre.
Pasó aproximadamente media hora.
Finalmente, la puerta de la sala se abrió.
Jack salió.
Miró primero a Lucille.
Y sonrió.
—Ya terminé.
Lucille levantó la mirada.
—Perfecto.
Jack caminó directamente hacia ella.
Anny se puso de pie inmediatamente y lo siguió.
—Mago Jack...
Jack no respondió.
Se detuvo frente a Lucille.
—Ya podemos irnos.
Lucille cerró sus documentos.
—Claro.
—La comida se va a enfriar.
—Entonces será mejor que nos vayamos.
Jack asintió satisfecho.
Pero justo cuando comenzaron a caminar hacia la salida, Anny habló.
—¿Puedo acompañarlos?
Lucille se detuvo.
No tenía ningún problema con la idea.
—Por mí no hay inconveniente.
Jack giró lentamente la cabeza.
—No.
Anny pareció sorprendida.
—¿No?
—No.
—Pero...
—Tenemos planes.
Anny sonrió.
—Podría acompañarlos y después...
—No.
Jack fue categórico.
Lucille lo miró sorprendida.
Anny fingió sentirse herida.
—Pensé que quizás podríamos conversar un poco. Después de todo, he venido hasta aquí para verlo.
Jack suspiró.
—Lady Van Camp, hoy no.
—¿Por qué?
Jack señaló discretamente hacia Lucille.
—Porque tenemos un almuerzo.
Anny miró a Lucille.
La expresión de su rostro se endureció.
Lucille sintió nuevamente aquella incomodidad.
No quería que aquello se transformara en un conflicto.
—Si quiere, puede...
—No.
Jack la interrumpió.
Lucille lo miró.
—Pero...
—La comida se enfría.
—Jack...
—La comida se enfría muy rápido.
Anny intentó nuevamente.
—Mago Jack, yo podría...
—No.
Esta vez Jack tomó suavemente a Lucille del brazo.
—Vamos.
Lucille apenas alcanzó a recoger su cesta.
—Está bien.
Mientras salían, Lucille sintió la mirada de Anny clavada en ella.
Volvió la cabeza por un instante.
Lady Anny la estaba fulminando con los ojos.
Lucille bajó inmediatamente la mirada.
[No hice nada.]
[Realmente no hice nada.]
Pero aquello no evitó que se sintiera incómoda.
Jack, en cambio, parecía completamente satisfecho.
—Vamos, vamos.
—Jack, no tiene que apurarme.
—Sí tengo.
—¿Por qué?
—Porque la comida se enfría.
Lucille soltó una pequeña risa.
—Ya entendí.
Llegaron al carruaje.
Jack abrió la puerta.
—Suba.
Lucille subió.
Jack entró detrás de ella.
Cuando el carruaje comenzó a avanzar, Lucille miró por la ventana.
Lady Anny seguía de pie frente a la entrada de la Casa Harrington de Ayuda.
Y todavía las miraba.
Lucille suspiró.
—Creo que está molesta.
Jack se encogió de hombros.
—No es asunto nuestro.
—Pero...
—Lucille.
Ella lo miró.
—¿Sí?
—Hoy tenemos un almuerzo.
—Sí.
—Solos.
Lucille sonrió.
—Sí, Jack.
Él pareció finalmente relajarse.
Sin embargo, unos segundos después volvió a cruzarse de brazos.
—Aunque sigo enojado.
Lucille soltó una carcajada.
—¿Todavía?
—Sí.
—¿Y cuánto tiempo piensa estar enojado?
Jack fingió pensarlo.
—No lo sé.
—¿Hasta mañana?
—Quizás.
—¿Una semana?
—Tal vez.
Lucille se llevó una mano a la boca para ocultar la risa.
—Es usted increíble.
Jack la miró con expresión seria.
—Usted me abandonó.
—¡No lo abandoné!
—Me dejó solo.
—¡Había pacientes!
—Pero yo estaba solo cuando no había pacientes.
Lucille negó con la cabeza.
—Es usted como un niño.
—Y usted me dejó como si fuera un niño huérfano.
Lucille soltó una carcajada.
—¡Ahora resulta que es un huérfano!
Jack se acercó un poco.
—Uno muy triste.
Lucille lo miró.
Aquella cara desvalida volvió a aparecer.
Y ella ya no pudo contener la risa.
—Está bien, está bien. Lo siento.
Jack sonrió.
—Acepto sus disculpas.
—Qué conveniente.
—Y ahora quiero mi almuerzo.
Lucille miró la cesta que llevaba entre las manos.
—Espero que le guste.
Jack la observó con una sonrisa mucho más sincera.
—Estoy seguro de que me gustará.
Lucille volvió a mirar por la ventana.
El carruaje avanzaba hacia las colinas.
Y, por alguna razón, mientras veía las flores aparecer a lo lejos, sintió que aquel almuerzo podía terminar siendo mucho más especial de lo que había imaginado.
Jack, sentado frente a ella, pensaba exactamente lo mismo.
Solo que él ya estaba completamente convencido.
Para él, aquello era una cita.
Y no tenía ninguna intención de dejar que nadie se la arruinara.
🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰
esta noche, yo daria lo que fuera..
Por un beso, de tu boca
esta noche, yo daria lo que fuera..
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