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Un Amor De Dos Dioses Y Una Mortal

Un Amor De Dos Dioses Y Una Mortal

Status: En proceso
Genre:Mitos y leyendas / Romance / Fantasía LGBT
Popularitas:561
Nilai: 5
nombre de autor: Damian Benitez

una mujer llamada Sara, trabaja todos los días para que el dios Zeus no destruya la tierra, Ares y Afrodita se enamoran de ella (LGBTQI+)

NovelToon tiene autorización de Damian Benitez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5: El mensajero de las sombras

La noche envolvía la ciudad con un manto de silencio.

Después de ayudar a los vecinos, Sara regresó lentamente a su hogar. El cansancio se reflejaba en su rostro y sus manos estaban cubiertas de pequeñas heridas, pero al abrir la puerta encontró a su hermano Daniel esperándola con una gran sonrisa.

—¡Hermana! ¡Mira lo que hice!

El niño levantó una pequeña mesa de madera que había construido con tablas viejas.

Sara la observó con orgullo.

—Te quedó muy bien.

—El señor Julián me enseñó.

Sara acarició su cabello.

—¿Ves? Aprender un oficio siempre sirve.

Su madre sonrió al verla.

—Cada día te pareces más a tu padre.

Aquellas palabras hicieron que Sara bajara la mirada.

Su padre había fallecido varios años atrás mientras trabajaba para sacar adelante a la familia. Desde entonces, Sara había prometido que nunca dejaría que su madre o su hermano pasaran hambre.

—Lo extraño mucho... —susurró.

Su madre la abrazó.

—Y él estaría muy orgulloso de ti.

Muy lejos de allí, en el monte Olimpo, el ambiente era completamente diferente.

En la gran sala del trono, Zeus permanecía sentado mientras un hombre cubierto por una túnica negra avanzaba lentamente.

Su rostro era imposible de distinguir.

Solo se veían unos ojos dorados que brillaban entre las sombras.

Se arrodilló frente al rey de los dioses.

—Mi señor...

Zeus abrió los ojos.

—Habla.

—He cumplido la misión que me encomendó.

—¿Qué descubriste?

El desconocido levantó la cabeza.

—Dos dioses han descendido al mundo mortal.

Un silencio absoluto inundó el salón.

Un rayo cayó sobre el techo del palacio.

—¿Quiénes...? —preguntó Zeus con una voz que hacía temblar el aire.

—Ares... y Afrodita.

Los ojos del rey brillaron con furia.

—¿Estás completamente seguro?

—Los vi con mis propios ojos.

Zeus cerró el puño.

—Desobedecieron una orden directa...

Mientras tanto, completamente ajenos a lo que ocurría en el Olimpo, Ares y Afrodita seguían recorriendo las calles de la ciudad.

Habían pasado todo el día observando a Sara.

Ares rompió el silencio.

—Nunca había visto algo así.

Afrodita sonrió.

—¿Qué cosa?

—Las personas la respetan.

—Porque ella las respeta primero.

Ares recordó cómo los vecinos habían salido a defenderla.

En una batalla, un ejército obedecía por miedo o disciplina.

Aquellas personas habían actuado por cariño.

Era algo completamente distinto.

—Empiezo a entender...

Afrodita levantó una ceja.

—¿Qué entiendes?

—Que existen diferentes clases de fuerza.

La diosa del amor sonrió con sinceridad.

—Me alegra escuchar eso.

A la mañana siguiente, Sara volvió al mercado.

El ambiente era aún más difícil.

Muchos comerciantes discutían por la poca mercancía que quedaba.

Un hombre comenzó a gritar desesperado.

—¡No tengo dinero para alimentar a mis hijos!

Otro respondió empujándolo.

En cuestión de segundos comenzaron a pelear.

Sara corrió hacia ellos.

—¡Deténganse!

Los hombres apenas la escuchaban.

Antes de que la pelea empeorara, varios vecinos intervinieron.

No porque alguien se los ordenara.

Lo hicieron porque Sara estaba allí.

—¡Basta!

—¡No solucionarán nada peleando!

Poco a poco lograron separarlos.

Uno de los hombres rompió a llorar.

—Perdón...

Sara le ofreció un vaso de agua.

—Todavía podemos ayudarnos unos a otros.

Ares observó todo desde un callejón.

—Otra vez...

Afrodita sonrió.

—¿Lo notas?

—Sí.

—Ella cambia a las personas.

Ares permaneció en silencio.

No quería admitirlo, pero comenzaba a admirarla profundamente.

En ese mismo instante, un rayo descendió sobre el patio del Olimpo.

Los dioses acudieron de inmediato.

Zeus se encontraba de pie con el rostro lleno de ira.

—¡Ares!

La voz resonó por toda la montaña.

Un segundo después, el dios de la guerra apareció frente a él.

Afrodita llegó apenas unos instantes después.

Ambos comprendieron enseguida lo que ocurría.

—¿Dónde estuvieron estos últimos días? —

Preguntó Zeus.

Ninguno respondió.

Zeus golpeó el suelo con su cetro.

—¡No me hagan repetir la pregunta!

Ares dio un paso al frente.

—Fuimos al mundo mortal.

Toda la sala quedó en silencio.

Hera cerró los ojos.

Atenea suspiró.

Hermes murmuró:

—Esto no terminará bien...

Zeus miró fijamente a sus dos hijos.

—¿Con qué propósito?

Afrodita habló con calma.

—Solo observábamos.

—¿Observaban...?

El cielo volvió a rugir.

—¡Les ordené que no interfirieran!

—Y no lo hicimos —respondió Ares con firmeza.

Zeus permaneció unos segundos en silencio.

Luego preguntó:

—¿A quién observaban?

Ares y Afrodita intercambiaron una rápida mirada.

Sabían que responder significaba revelar el nombre de Sara.

Pero ocultarlo sería mentirle al rey del Olimpo.

Finalmente, Afrodita respondió.

—A una joven mortal...

—¿Su nombre?

La diosa respiró hondo.

—Sara.

Zeus extendió una mano hacia el Espejo del Mundo.

La imagen de la joven apareció de inmediato.

La observó durante varios minutos sin decir una sola palabra.

Luego habló con una calma que resultaba incluso más aterradora que sus gritos.

—Así que todo comenzó con ella...

Ares dio un paso adelante.

—Padre, ella no hizo nada malo.

—¡Silencio!

El rayo que cayó a pocos centímetros del dios de la guerra hizo temblar el suelo.

Zeus continuó mirando el reflejo de Sara.

En los últimos días había trabajado sin descanso.

Había compartido comida.

Había ayudado a desconocidos.

Había inspirado a otros a seguir adelante.

Por un instante...

Solo por un instante...

El rey de los dioses sintió una pequeña duda.

Pero la apartó de inmediato.

—Si esta mortal es realmente diferente...

Giró lentamente hacia los dioses.

—Entonces la pondremos a prueba.

Nadie se atrevió a preguntar qué significaban esas palabras.

Sin embargo, Ares y Afrodita sintieron un escalofrío recorrer sus cuerpos.

Sabían que, cuando Zeus decidía probar a alguien...

Su destino nunca volvía a ser el mismo.

Fin del Capítulo 5.

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