Tras cansarse de la misma rutina de dos años, Jorge decide que ya no aguanta más estar así, pero una invitación inesperada hace que vea la verdad detrás de todo, ¿cambiará algo o todo seguirá siendo igual?
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Capítulo XII
--Jorge--
La caída afectó a mi jefa, pero si sigue tratándome así no me importaría dejarlo así. Aunque ese estúpido de Jax me las va a pagar después.
- El clima está cambiando -- dice mi jefa mientras me da otro bocado de comida.
Yo lo tomo y, sin querer hacerlo, aparto mi vista de ella para mirar el cielo que se está nublando muy rápido.
- Probablemente empiece a llover -- digo y un trueno respalda mi opinión.
Todos empiezan a marcharse y veo como mi jefa se levanta y toma sus cosas.
- Debemos irnos también -- dice ella y yo la miro suplicante.
- Estaba tan bien -- digo y ella me mira.
- Jorge, va a llover -- dice ella y respaldando sus palabras, la lluvia empieza a caer.
- Maldición -- digo y me levanto - Espera aquí, iré por un paraguas -- agrego.
Mi jefa se queda bajo la sombrilla de la mesa y yo corro empapándome hasta tomar un paraguas, pero al abrirlo este parece desarmarse. Sin más opción corro de nuevo hacia ella y tomo una toalla.
- Ponte esto -- digo y ella me hace caso, luego tomo la sombrilla de la mesa y la parto - Sujétate fuerte -- agrego mientras la cargo y empiezo a caminar con ella en brazos mientras la sombrilla nos cubre del agua hasta llegar a la puerta trasera de la mansión.
- Estás todo mojado -- dice mi jefa y se quita la toalla para ponérmela a mí.
- Vayamos a la habitación -- digo para alejarnos de los demás.
Todos reunidos así, no me agrada para mi jefa que se rompe ante esta gente.
Al estar en la habitación empiezo a sentir un escalofrío y dolor de cabeza.
- Debes tomar una ducha -- dice mi jefa - Podrías resfriarte, pediré agua fresca para que tomes una píldora -- agrega.
Yo me le quedo viendo por unos segundos, ¿será capaz ella de cuidarme si me enfermo? ¿Lo haría?
Me meto al baño y abro la ducha, el agua tibia empieza a recorrer mi cuerpo, pero no se me quitan los escalofríos ni el dolor de cabeza.
Al terminar de ducharme me visto y salgo del baño, mi jefa se acerca a mí y me toca la frente.
- Dios, ya tienes fiebre -- dice y busca la píldora con el agua - Bebe esto y después tomas el té que dejé en la mesita junto al sofá -- agrega.
Veo como se mete al baño y quedo solo con mis pensamientos. Me siento en el sofá y tomo las cosas en el orden que ella dijo, el té tiene un sabor amargo totalmente desagradable para mí, pero aun así lo tomo.
Mi cabeza empieza a palpitar y mis ojos empiezan a arder, sin darme cuenta me quedo dormido.
Al abrir mis ojos veo a mi jefa frente a mí con un frasco con una crema dentro.
- No era mi intención despertarte, solo quería aplicarte vaporup -- dice ella.
- Está bien, hazlo -- digo feliz de ver que ella sí está cuidándome.
A pesar de que mi cuerpo se siente mal, mis ojos la detallan, lleva un vestido blanco sencillo y corto, su cabello suelto y sus lentes de óptica mientras lee algo en su teléfono para después empezar a frotarme el vaporup en el pecho, lo cual ayudé quitándome la camiseta.
- Aquí dice que esto te hará sentir mejor si es un resfriado -- dice ella, yo veo sus labios carnosos con un toque de brillo en ellos.
- No voy a morir -- digo sonriendo - Esto no es nada -- agrego y empiezo a toser.
- La tos es uno de los síntomas -- dice ella volviendo la vista a su teléfono - ¿Te duele la garganta? -- pregunta.
Yo solo niego y me quedo quieto mientras sus manos tocan mi cuerpo.
Al caer la noche la tormenta sigue igual de feroz y mi fiebre no ha disminuido. Mi jefa me ha dado un par de píldoras más y no se ha apartado de mi lado ni un momento.
Un toque en la puerta se escucha y ella indica que pasen, uno de los empleados entra con una bandeja con un tazón de sopa y unas tostadas de pan con beicon. Ella recibe todo, incluido una toalla pequeña y un cubo de hielos.
- Siéntate para que te comas tu sopa -- dice ella colocando el tazón frente a mí - Te hará bien, es de pollo -- agrega.
- Está bien, pero no puedo casi ni levantar mis manos -- digo con una expresión algo exagerada - Tendrás que ayudarme -- agrego.
- Sí, está bien -- dice ella y se sienta a mi lado.
Toma la cucharilla y la sumerge en la sopa para luego sacarlo con el caldo y ponerlo en mi boca.
- Está caliente -- digo al sentir como mi boca se quema un poco, pero no tanto. Y si fuera tanto no me importaría porque es ella.
- Lo siento -- dice ella con mera preocupación en sus ojos.
Las siguientes cucharadas las sopla antes de llevarlas a mi boca, yo me deleito con la vista en la rica sensación de que ella me cuide.
--Valery--
Ya pasan de las 00:00 y aún estoy junto a Jorge, él solo duerme cuando las píldoras recién le hacen efecto, luego se despierta y otra vez una píldora. Su fiebre solo ha bajado un poco.
Su cuerpo está húmedo por el sudor. Le he estado colocando una toalla fría en su pecho y frente, pero aun así la fiebre no se va por completo.
Verlo así dormido tan tranquilo me llena de emoción, ser yo la que lo cuide me hace sentir especial. Aún no tenemos claro varias cosas entre nosotros, pero sé que hay algo, lo puedo sentir.
Al sentir la toalla tibia, la vuelvo a poner en el hielo y cuando está fría la coloco sobre su frente, me quedo mirando sus labios y el recuerdo de aquel beso llega a mi mente, sin poder evitarlo acerco mis labios y los coloco sobre los suyos. Solo un pequeño roce y él abre los ojos.
- No quería despertarte -- digo avergonzada.
- Sí es así quiero que me despiertes siempre -- dice él y me jala para volver a chocar nuestros labios.
Esta vez yo tomo su cara entre mis manos y muevo mis labios al compás de los suyos, él me va acercando más hasta que se sienta y yo quedo arriba de él. Nuestros labios no se han separado, el beso cada vez pide más y yo estoy dispuesta a darle a este hombre lo que se merece.
- Por favor, dime que no estoy soñando -- dice él con su voz quebrada, como si le diera miedo que así sea.
- No es un sueño -- digo y lo vuelvo a besar - Soy yo, tu jefa, arriba de ti -- agrego juguetonamente.
Eso parece ser la llave para que este hombre se suelte, sus labios se van a mi cuello y sus manos a mi trasero, me aprieta con fuerza y luego una de sus manos sube y desliza los tirantes de mi vestido.
- Jorge, espera -- digo a duras penas separándome de él un poco - Tú estás enfermo, no podemos -- agrego preocupada.
- No me pasará nada -- dice él y sigue besándome.
Su boca hambrienta baja hacia mis pechos y empieza a lamer y succionar. Yo me dejo llevar por el momento y terminamos haciéndolo en el sofá varias veces y luego en la cama, sin importar la fiebre ni el sudor que nos empapaba. Solo él y yo dejándonos llevar por un deseo ardiente qué llevaba días pidiendo salir.