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Reclamada Por El Tío Torres

Reclamada Por El Tío Torres

Status: En proceso
Genre:CEO / Venganza / Casada Con Mi Ex's Familiar
Popularitas:4.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Kiary Valverde

Traicionada por su novio. Angie toma una decisión desesperada para vengarse pactar con el hombre más peligroso de la alta sociedad, Leonardo Torres, el imponente y calculador tío de su ex.
Lo que inicia como una tregua fría y un matrimonio por contrato de un año para proteger sus activos y estabilizar la corporación, rápidamente se sale de control. Entre miradas cargadas de tensión en la sala de juntas y roces que encienden una química devoradora a puerta cerrada, Angie descubre que Leonardo no es el tiburón despiadado que todos temen, sino un hombre dispuesto a todo por protegerla. Mientras Sebastián y sus aliados intentan destruirlos filtrando secretos del acuerdo, la falsa unión se transforma en un juego de posesión, poder y deseo donde ninguno de los dos quiere volver a ser libre.

NovelToon tiene autorización de Kiary Valverde para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

16

Angie Rojas

Las repercusiones de la rueda de prensa sobrepasaron todas mis expectativas. En los canales de televisión, las presentadoras hablaban con suspiros del «rescate romántico» que Leonardo había hecho en mi vida, mientras que en las redes sociales la figura de Sebastián era blanco de memes implacables y desprecio absoluto.

Pero mi plan no terminaba con un simple discurso ante los micrófonos. Para garantizar que la imagen de «víctima recuperada» quedara grabada en la mente de todos —y, de paso, seguir desestabilizando la gélida paciencia de Leonardo—, decidí llevar mi actuación al siguiente nivel: la fase del acoso doméstico de alta gama.

A la una en punto de la tarde, atravesé las puertas de cristal de la torre corporativa cargando una cesta de mimbre aún más elaborada que la anterior. Vestía un impecable abrigo color crema y unos tacones que resonaban con elegancia por el piso de mármol.

Esta vez no necesité pedir permiso. La recepcionista me saludó con una sonrisa casi devota y me abrió el ascensor ejecutivo de inmediato.

—Buenas tardes, señorita Angie —me dijo una de las secretarias del piso más alto con amabilidad—. El señor Leonardo está en su oficina terminando una videoconferencia con los auditores de Tokio.

—Muchas gracias, querida —le respondí con mi voz más dulce—. No se preocupe, yo misma le llevo su almuerzo. Debe de estar agotado.

Caminé a paso firme hacia el despacho principal, empujé la imponente puerta de caoba sin molestarme en tocar y entré como si fuera la dueña del lugar.

Leonardo estaba de pie frente a las pantallas gigantes de su escritorio, vistiendo únicamente su camisa blanca perfectamente entallada y con la corbata apenas aflojada. Al escuchar la puerta, giró la cabeza bruscamente. Cuando me vio entrar con la cesta, vi cómo la vena de su sien comenzaba a latir levemente.

—...y coordinaremos los balances al cierre del trimestre. Gracias, señores —dijo Leonardo apresuradamente antes de cortar la videollamada de un manotazo en el teclado.

—¡Buenas tardes, "mi cielo"! —anuncié con tono cantarín, cruzando el despacho con una soltura calculada.

—Angie —pronunció mi nombre como si fuera un diagnóstico médico grave, cruzándose de brazos mientras me observaba bordear su escritorio—. La rueda de prensa fue ayer. El impacto mediático ya se estabilizó y las acciones subieron un cinco por ciento esta mañana. ¿Se puede saber qué haces aquí otra vez?

—Un buen noviazgo no vive solo de ruedas de prensa, Leonardo —sonreí con coquetería, dejando la cesta justo sobre sus informes financieros—. La prensa tiene fotógrafos apostados en la entrada del edificio. Si salgo de aquí sonriendo tras traerte un almuerzo casero preparado por mis propias manos, mañana los titulares dirán que nuestro amor trasciende los escritorios corporativos.

Me acerqué a él a paso lento, disfrutando de cómo su cuerpo se ponía rígido ante mi cercanía. Extendí la mano, le acomodé el cuello de la camisa con una lentitud exasperante y me puse de puntitas para depositarle un beso suave justo en el borde de la mandíbula.

Podía sentir el calor de su piel y cómo su respiración se detenía por un segundo.

—Además —añadí en un susurro, mirándolo directamente a los ojos con un brillo de pura malicia—, sé que echabas de menos a tu prometida abnegada.

...Leonardo Torres...

El aroma a jazmín y pastelillos recién horneados invadió mi despacho en cuestión de segundos, destruyendo el ambiente profesional que me había costado toda la mañana construir.

Observé a Angie deslizarse por mi oficina con una desenvoltura que rayaba en la insolencia. El roce de sus labios en mi mandíbula dejó una estela tibia que me obligó a apretar los puños dentro de los bolsillos del pantalón para no perder la compostura.

Esta mujer era un torbellino fuera de control.

—No puedes seguir irrumpiendo en mi oficina a la hora del almuerzo, Angie —dije con mi tono más serio y tajante, intentando marcar una distancia física que ella simplemente ignoraba.

—¿Por qué no? —preguntó mientras abría la cesta y sacaba recipientes de porcelana blanca con una parsimonia irritante—. Somos la pareja del momento. Tu abuela Elena me llamó esta mañana para decirme que vio la transmisión tres veces y que estamos "encantadores".

Mencionó a mi abuela como si tuviera un escudo indestructible. Y lo peor de todo era que lo tenía.

—Mi abuela no tiene que gestionar una corporación con quinientos empleados viendo cómo su CEO es abordado por su prometida con comida casera —repliqué, aunque no pude evitar mirar los platillos que estaba acomodando sobre la mesa de reuniones: carne en salsa, vegetales salteados y una porción de postre que olía absurdamente bien.

—Come, "mi cielo" —dijo Angie, ofreciéndome los cubiertos con una sonrisa empalagosa que me provocó un tic en el ojo—. No quiero que te dé una úlcera por mi culpa.

La miré fijamente durante varios segundos. Tenía la sospecha de que disfrutaba cada instante de este tormento. Angie había descubierto que mi punto débil no eran las juntas directivas ni las amenazas de mi padre, sino la incapacidad de lidiar con su afecto fingido y abrumador en público y privado.

Me acerqué a la mesa y tomé los cubiertos sin decir una palabra, sentándome frente a ella.

—Esto es un chantaje gastronómico —murmuré antes de probar el primer bocado.

—Es estrategia de imagen, Leonardo —me corrigió con elegancia, apoyando la barbilla en sus manos mientras me observaba comer con un deleite victorioso—. Y admite que cocino mejor que el restaurante donde pides tus almuerzos ejecutivos.

Estaba a punto de responderle cuando el teléfono privado de mi escritorio comenzó a sonar de forma insistente. La pantalla indicaba que la llamada venía de la línea directa del departamento de seguridad del edificio.

Me puse de pie y contesté.

—Torres —dije con voz fría.

—Señor Torres —habló el jefe de seguridad con tono de urgencia—. Disculpe la interrupción, pero tenemos un problema en el vestíbulo principal. El señor Sebastián acaba de entrar sin autorización y está exigiendo subir a su despacho. Dice que no se irá hasta hablar con la señorita Angie frente a los medios que están afuera.

Miré a Angie de reojo. Ella me observaba con curiosidad, notando el cambio repentino en mi postura.

—Bloqueen los accesos al ascensor privado —ordené con una voz de hielo—. No dejen que ponga un solo pie en este piso. Voy para allá.

Colgué el teléfono y me giré hacia Angie, que ya se había puesto de pie con la frente fruncida.

—¿Qué pasa? —preguntó, perdiendo por un instante su tono coqueto.

—Tu exnovio acaba de llegar abajo —respondí ajustándome el saco—. Y parece que no entendió la lección de ayer.

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Marisol Nuñez
ya angie jarta
Betty Saavedra Alvarado
Leo y Angi están en una pequeña guerra sus corazones están enamorados
Betty Saavedra Alvarado
Leiva rescatar a Angie que no queme en su odio
Marisol Nuñez
ya se está volviendo canson siempre lo mismo no avanzan
Betty Saavedra Alvarado
Leo hubieras hablado ella ahora te cree culpable
Betty Saavedra Alvarado
Angie estás molesta con Leo
Betty Saavedra Alvarado
Angie y Leo están en una guerra
Betty Saavedra Alvarado
Angie se casará para destruir a Leo y a su hno
🌻𝔸𝕚𝕕𝕒 ℂ𝕒𝕣𝕠𝕝𝕚𝕟𝕒 G🌻: Muy cierto
total 1 replies
Betty Saavedra Alvarado
Sebas logro su objetivo Angie que hará ahora
Betty Saavedra Alvarado
Sebas el odio no te llevará a nada Angie buscará vengarse de los dos
Betty Saavedra Alvarado
Angie sabe lo que hace Leo muy pronto caerás
Betty Saavedra Alvarado
En ese año todo puede pasat
Betty Saavedra Alvarado
Angie y la abue van a volver loco a Leo
🌻𝔸𝕚𝕕𝕒 ℂ𝕒𝕣𝕠𝕝𝕚𝕟𝕒 G🌻: Ajá, tienes razón
total 1 replies
Betty Saavedra Alvarado
Leo te estás enamorando de Angie
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Betty Saavedra Alvarado
Están actúando como dos adolescentes
Betty Saavedra Alvarado
Angie estás jugando con fuego
Betty Saavedra Alvarado
Kiary te digo leyendo está súper interesante
Betty Saavedra Alvarado
Sebas no juegues con fuego te puedes quemar
Betty Saavedra Alvarado
Ese Sebas está buscando que le den su puñete no quiere perder todo
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