NovelToon NovelToon
El renacer de la esposa humillada

El renacer de la esposa humillada

Status: Terminada
Genre:CEO / Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Venganza de la Esposa / Completas
Popularitas:1
Nilai: 5
nombre de autor: Santi Suki

Astrid lo tenía todo: un matrimonio con el exitoso doctor Lucas Morgan, una hija pequeña llamada Ariana y una vida que parecía perfecta. Pero detrás de la fachada, Lucas la traiciona con otra mujer y su propia suegra, Marta, la humilla sin piedad, convencida de que Astrid nunca fue lo suficientemente buena para su hijo.

Cuando la verdad sale a la luz, Astrid pierde mucho más que un esposo. Pierde la dignidad, la seguridad económica y casi la voluntad de seguir adelante. Con Ariana apenas en brazos, se ve obligada a empezar de cero en un mundo que le dio la espalda.

Lo que nadie anticipó fue la transformación de Astrid. Con inteligencia, trabajo implacable y una determinación que nadie le conocía, reconstruye su vida paso a paso. En el camino se cruza con Mateo Romano, un empresario íntegro y reservado que no busca rescatarla sino caminar a su lado. Lo que comienza como respeto mutuo se convierte en un amor profundo que redefine lo que significa ser pareja.

Pero las sombras del pasado no se rinden fácilmente. Lucas enfrenta las consecuencias legales de sus actos y termina en prisión. Marta, consumida por el arrepentimiento, busca a Astrid en sus últimos días para pedirle perdón. La familia que Astrid construyó con Mateo —incluyendo a los pequeños Emiliano y Gael— se ve amenazada cuando Lucas sale libre y reaparece en sus vidas.

La historia da un giro inesperado cuando Ariana, ya adulta y estudiante de medicina, se enamora de Noel, un joven brillante cuyo hermano gemelo murió en una operación fallida realizada por Lucas años atrás. El amor entre Ariana y Noel queda atrapado entre la culpa heredada y un odio que ninguno de los dos eligió cargar.

NovelToon tiene autorización de Santi Suki para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1

...El arrepentimiento de Astrid fue haberse sacrificado demasiado por una familia que nunca la valoró....

—Felicidades, doctor Lucas. Convertirse en jefe del Departamento de Cirugía a una edad tan joven es un logro verdaderamente extraordinario.

Una amplia sonrisa se dibujó en el rostro de Lucas mientras estrechaba la mano de uno de sus colegas.

—Gracias.

Esa noche, el salón de un hotel lujoso estaba repleto de médicos, directivos del hospital, socios comerciales y familiares. La celebración organizada para festejar el nombramiento de Lucas como jefe del Departamento de Cirugía se desarrollaba con gran pompa.

Lucas era el centro de atención. A donde fuera, siempre había alguien que se acercaba a felicitarlo. Todos elogiaban su éxito y lo admiraban.

Como su esposa, Astrid permanecía de pie no muy lejos de allí.

—Señora Astrid —una mujer de mediana edad se le acercó con una sonrisa amable.

Astrid la reconoció como la esposa de uno de los médicos más veteranos del hospital donde trabajaba Lucas.

—Debe estar muy orgullosa del logro de su esposo.

—Sí —respondió Astrid con una sonrisa sincera.

—El doctor Lucas es extraordinario. Desde siempre supe que llegaría lejos.

Astrid asintió. Su mirada se dirigió involuntariamente hacia Lucas, que conversaba con algunos directivos del hospital.

Astrid lo había acompañado en cada paso desde que cursaba la carrera de Medicina. Había apoyado cada una de sus luchas. Había escuchado cada una de sus quejas. Había sido testigo de todo su esfuerzo. Y esa noche, ver a su esposo en la cima del éxito debería haberla hecho igual de feliz.

—El doctor Lucas tiene suerte de tener una esposa que siempre lo apoya.

Astrid sonrió con timidez. Pero antes de que pudiera responder, otra voz se escuchó a sus espaldas.

—Oh, de eso no estoy tan segura.

La sonrisa de Astrid se congeló al instante. Reconoció esa voz. Marta, su suegra.

La mujer se acercó con un vestido color burdeos que lucía costoso. Una sonrisa delgada adornaba sus labios.

Astrid sabía perfectamente que una sonrisa así siempre era mala señal.

—¿A qué se refiere? —preguntó la otra mujer, desconcertada.

Marta soltó una risita.

—Lucas es afortunado en muchas cosas.

Su mirada se posó lentamente sobre Astrid.

—Pero en cuanto a su esposa...

Marta exhaló un largo suspiro.

—Yo creo que mi hijo merece a alguien mejor.

El espacio a su alrededor enmudeció de pronto. Astrid sintió que la sangre dejaba de fluir por su cuerpo. La mujer que había estado conversando con ella se removió, visiblemente incómoda.

Marta no había terminado. Su mirada recorrió a Astrid de la cabeza a los pies y volvió a subir hasta su rostro.

—Si yo fuera tú, me daría vergüenza salir de mi casa.

La frase brotó con absoluta naturalidad en medio del bullicio de la fiesta, de la boca de Marta. La mujer de mediana edad con aspecto glamuroso.

Las risas y las conversaciones de los invitados aún se escuchaban en distintos rincones del salón, pero para Astrid, todos esos sonidos desaparecieron en un instante. Sus manos se paralizaron.

Lentamente, Astrid levantó el rostro. Frente a ella estaba Marta, su suegra. La mujer sonreía. Pero esa sonrisa no contenía ni una gota de calidez. Al contrario, estaba cargada de burla.

—¿Por qué dice eso? —preguntó Astrid en voz baja.

Marta exhaló un largo suspiro, como si estuviera lidiando con alguien sumamente irritante.

—Dije que si yo fuera tú, me daría vergüenza mostrarme en público.

Varios invitados que se encontraban cerca detuvieron sus conversaciones de inmediato. Sus miradas pasaron de Marta a Astrid. Sabían que esas palabras no eran una broma: eran una humillación. Y una humillación lanzada deliberadamente frente a todos.

Astrid sintió que la garganta se le secaba.

—Señora...

—Mírate bien —Marta señaló el cuerpo de Astrid sin el menor reparo.

—Cuando Lucas te presentó a la familia, eras bonita. Tenías un cuerpo esbelto. Todos elogiaban tu aspecto —la mirada de la mujer descendió de la cabeza a los pies de Astrid.

—¿Y ahora? —Marta dejó escapar una risita—. Dios mío. Casi ni te reconozco.

Algunas personas se mostraron visiblemente incómodas. Sin embargo, nadie se atrevió a intervenir.

Astrid bajó la cabeza. El calor comenzó a extenderse por su rostro. Sabía lo que la gente veía al mirarla. Un cuerpo obeso, mejillas redondeadas, brazos que ya no eran delgados. Lo sabía todo. Porque cada vez que se miraba al espejo, ella también lo veía.

Después de dar a luz a su hija hacía dos años, el cuerpo de Astrid había cambiado drásticamente. Había probado de todo: dietas, ejercicio, reducir las porciones. Pero el peso se resistía a bajar.

Por no mencionar que su tiempo y su energía se agotaban en atender a su esposo, a su hija y las necesidades del hogar. Sin embargo, todos esos sacrificios eran invisibles. Lo único que la gente veía era su figura. No su entrega.

—Astrid se ha esforzado mucho, señora —intervino una de las invitadas, tratando de mediar.

Marta resopló.

—¿Esforzarse? —la mujer rio con sarcasmo—. Si a eso le llamas esforzarse, entonces ya no sé qué significa rendirse.

Se oyeron algunas risas dispersas. Quizás no eran malintencionadas, solo risas que surgieron por la situación.

Pero aun así, cada una de esas risas golpeó el rostro de Astrid como una bofetada. Se mordió el interior del labio para no llorar.

"No. No voy a llorar. No aquí. Y menos frente a todos ellos", pensó Astrid.

Fue entonces cuando se escuchó una voz a sus espaldas.

—Ya basta.

El corazón de Astrid se aceleró. Lucas, su esposo, se acercaba. Vestía un traje negro que lo hacía lucir aún más apuesto e imponente.

Esa noche era una noche importante para él. Muchos médicos, colegas y directivos del hospital habían acudido a celebrar su nuevo cargo.

Astrid miró a Lucas con una esperanza que brotó de pronto en su pecho. Por fin alguien iba a defenderla. Esperaba que su esposo pusiera fin a todo aquello.

Pero esa esperanza duró apenas unos segundos. Porque Lucas se colocó justo al lado de su madre.

—¿Acaso mamá no está diciendo la verdad?

El rostro de Astrid palideció de golpe. Como si la sangre hubiera desaparecido de su cuerpo.

—¿Qué?

Lucas metió ambas manos en los bolsillos del pantalón. Su expresión era impasible: no había enojo, ni objeción, ni defensa alguna para su esposa.

—Astrid, tienes que aprender a cuidarte.

El corazón de Astrid se estrujó.

—¿Tú también piensas así?

Lucas soltó un largo suspiro.

—Ya te lo he dicho muchas veces.

—¿Te avergüenzas de mí? —la pregunta escapó sin pensarlo.

Lucas guardó silencio. Y su silencio fue mucho más doloroso que cualquier respuesta.

Astrid sintió que algo se desmoronaba dentro de ella. Todo ese tiempo había intentado convencerse de que Lucas todavía la amaba. De que su esposo solo se preocupaba por su salud. Resultó que todo había sido una ilusión suya.

Esa noche, Astrid por fin conoció la verdad. Lucas se avergonzaba de ella.

—¿Soy tema de conversación entre tus amigos? —preguntó con un hilo de voz.

Lucas apartó la mirada.

Al instante, las lágrimas inundaron los ojos de Astrid. Su pecho se comprimió como si alguien estuviera pisoteando su corazón frente a todos.

Marta volvió a hablar.

—Lo dije desde el principio: Lucas merece a una mujer mejor.

Esta vez, algunos invitados quedaron verdaderamente estupefactos. Esas palabras eran demasiado crueles, demasiado explícitas. Pero a Marta no le importaba. Su mirada seguía fija en Astrid.

—Mira a las esposas de los doctores de aquí —Marta señaló a varias de las mujeres invitadas.

Astrid siguió la dirección de su gesto. Las mujeres que se encontraban por el salón eran, en efecto, hermosas. Cuerpos esbeltos. Aspecto elegante. La mayoría tenía carreras profesionales de las que sentirse orgullosas.

—¡Y ahora mírate a ti! No trabajas. No tienes logros. Ni siquiera cuidas tu apariencia.

Las palabras la golpearon con una fuerza brutal. Los ojos de Astrid se nublaron de lágrimas. Cada palabra se clavaba como un cuchillo, sin piedad. Porque durante los últimos seis años, su vida entera había girado en torno a la familia.

Cuando Lucas aún luchaba por completar su especialización, fue Astrid quien administró las finanzas del hogar. Cuando Lucas llegaba de madrugada por las guardias del hospital, fue Astrid quien lo esperó despierta.

Cuando su hija nació y se enfermó, fue Astrid quien pasó las noches en vela. Había entregado todo su tiempo, toda su energía, toda su vida a la familia. Pero esa noche, todo eso parecía no haber existido jamás. Solo veían sus defectos. No sus sacrificios.

—Como esposa de un médico, debería saber cuidar su estilo de vida. Su obesidad rebaja la imagen profesional de su esposo —comentó uno de los invitados.

—Es verdad. La gente seguramente se pregunta: ¿por qué la esposa del doctor Lucas está obesa? ¿Acaso el doctor Lucas no puede curarla? —susurró otro.

Astrid miró a Lucas con esperanza. Tal vez su esposo diría algo para defenderla.

Pero Lucas permaneció en silencio. Un silencio que dolía mucho más que todas las humillaciones de Marta. Porque ese silencio significaba que estaba de acuerdo.

Todos callaron. Ya no se oían risas ni murmullos.

Ahora, solo la respiración entrecortada de Astrid resonaba en el salón. Las lágrimas corrían sin que pudiera detenerlas.

Pero, extrañamente, en medio de aquel dolor inmenso, algo comenzó a cambiar dentro de ella. La esperanza. Ese sentimiento que siempre se había aferrado a mantener, finalmente murió esa noche.

Lentamente, Astrid levantó el rostro. Sus ojos húmedos miraron a Lucas y luego a Marta, alternadamente.

—Ahora lo entiendo —la voz de Astrid era muy suave. Pero todo el salón pudo escucharla.

Lucas frunció el ceño.

—¿Entiendes qué?

Astrid se secó las lágrimas. No porque hubiera dejado de sufrir, sino porque no quería que volvieran a ver su debilidad.

—Entiendo cómo me ven.

Marta se cruzó de brazos.

—¿Y?

Astrid tomó una larga bocanada de aire. Una inspiración que se sintió como una despedida de su vida anterior.

—Voy a recordar esta noche. Voy a recordar cada insulto que me lanzaron —la mirada de Astrid hizo que la sonrisa de Marta se fuera apagando lentamente.

El corazón de Lucas latió con una incomodidad repentina. Había algo diferente en la mirada de su esposa. Algo que nunca había visto antes. No era la mirada de una mujer herida, sino la mirada de alguien que lo ha perdido todo y ya no tiene miedo de perder nada más.

—Algún día se van a arrepentir de lo que pasó esta noche —la voz de Astrid sonó serena.

Después de decir aquello, Astrid se dio la vuelta. Caminó hacia la salida del salón, pasando entre los invitados que habían enmudecido. Nadie intentó detenerla. Nadie la siguió.

Nadie se dio cuenta de que esa noche acababan de destruir a una mujer que siempre había callado. Porque algunas heridas no destruyen a las personas; al contrario, hacen nacer a alguien nuevo. Alguien que, algún día, haría que todos lamentaran haberla menospreciado.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play