Un trágico accidente dejó al multimillonario Alexei Von Krahn en silla de ruedas, arrebatando su autonomía y rodeado por la traición de quienes dijeron amarlo. Consumido por el rencor y ante la delicada salud de su madre, cuyo último deseo es verlo acompañado, Alexei decide buscar una esposa por contrato.
Por su parte, Emilia San Martín enfrenta una situación desesperada: la grave condición de su madre y la imposibilidad de saldar las deudas, la llevan al límite. Para salvar a su única familia, acepta casarse durante un año con un desconocido amargado a cambio de una suma millonaria y el traslado inmediato de su madre a una clínica privada.
Sin embargo, lo que comenzó como un acuerdo frío se transforma en un torbellino de sentimientos encontrados.
Atrapado por un profundo complejo de inferioridad y el miedo a la dependencia, Alexei oculta su amor y monta una despiadada farsa para distanciar a Emilia de su vida, ignorando que la verdadera amenaza aun acecha entre las sombras.
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Capitulo 1
Emilia
El olor a antiséptico y el pitido constante de los monitores se habían convertido en la única banda sonora de mi vida durante los últimos seis meses. Miré a mi madre dormida en la cama del hospital, con el rostro pálido y las manos frágiles reposando sobre las sábanas blancas. Cada respiración suya era un triunfo, pero también un recordatorio implacable del tiempo que se nos agotaba
La enfermedad había llegado sin avisar, arrasando con nuestra estabilidad emocional y con cada centavo que teníamos ahorrado
Desde la muerte de mi padre hace cinco años, mi madre y yo habíamos salido adelante solas. Trabajé en todo lo que pude, desde recepcionista hasta dependienta, manteniendo nuestro pequeño hogar a base de esfuerzos y turnos dobles
Sin embargo, la medicina especializada, las intervenciones de urgencia y las estancias en el hospital superaban con creces cualquier sueldo ordinario. Las llamadas de los cobradores ya no eran esporádicas, los avisos de embargo sobre nuestra casa llegaban semanalmente y las farmacias se negaban a fiarme los medicamentos de alto costo que ella necesitaba para seguir con vida
Me senté en la silla al lado de la cama y hundí la cara entre las manos. Me sentía acorralada, exhausta y profundamente impotente. Fue en ese momento de absoluta desesperación cuando mi teléfono vibró. Era una llamada de un bufete de abogados de renombre en la ciudad. Pensé que se trataba de otra demanda por deudas acumuladas, pero la voz al otro lado del receptor era profesional, distante y me ofrecía una cita urgente para discutir una propuesta financiera que podía resolver mi situación de inmediato
Al día siguiente me presenté en el imponente edificio de oficinas. El abogado me recibió en un despacho amplio, me ofreció asiento y colocó sobre el escritorio un contrato de grueso calibre. Sin rodeos, me explicó la naturaleza de la oferta. Un hombre, Alexei Von Krahn, inmensamente rico, heredero de una dinastía empresarial, necesitaba casarse de manera inmediata. Tras sufrir un accidente devastador que lo había dejado en silla de ruedas, su entorno social se había desintegrado. Las personas que antes lo rodeaban lo habían abandonado, incapaces de lidiar con su nueva realidad o temerosas de su carácter agriado
La madre de Alexei padecía una condición cardíaca terminal y su único deseo antes de partir era ver a su hijo asentado, acompañado por una mujer respetable. Desesperado por darle tranquilidad a su madre en sus últimos meses, él había decidido buscar una esposa por contrato. El trato era simple y directo: un matrimonio civil por el lapso estricto de un año, convivencia bajo el mismo techo para mantener las apariencias frente a la familia y la prensa, a cambio de una suma de dinero colosal que saldaría la totalidad de las deudas médicas de mi madre, garantizaría su tratamiento por el tiempo que hiciera falta y me otorgaría una compensación al finalizar el plazo
Escuchar la propuesta me causó un escalofrío. Venderme por un año sonaba degradante, pero al mirar el documento y ver las cifras estipuladas, comprendí que no tenía elección. No se trataba de mi orgullo, se trataba de la vida de mi madre. Si rechazaba la oferta, la expulsarían del centro médico en cuestión de días
Firmé los documentos con la mano temblorosa, aceptando las clausulas de confidencialidad y las reglas de conducta impuestas
Minutos después, las deudas del hospital quedaron saldadas mediante una transferencia bancaria directa
Esa misma tarde me trasladaron en un vehículo privado a la residencia de mi nuevo esposo. La enorme casa de portones negros imponía respeto y una sensación de aislamiento absoluto. Fui conducida por el mayordomo del lugar hasta una oficina privada donde me indicaron que esperara
Las manos me sudaban y el corazón me latía con fuerza contra las costillas. No sabía qué clase de hombre me encontraría, solo sabía que mi vida entera acababa de cambiar de rumbo para siempre
La puerta lateral de la habitación se abrió de golpe. Él entró desplazándose sobre su silla de ruedas, moviéndose con una agilidad llena de tensión. Tenía la mandíbula marcada por la rigidez, la mirada clavada en el suelo y un aura de amargura tan densa que el aire en la estancia pareció volverse más pesado
Cuando finalmente levantó la cara para fijar sus ojos en mí, no vi rastro de calidez ni de cortesía. Solo había un resentimiento profundo y una frialdad absoluta
— Supongo que ya sabes en qué te estás metiendo — dijo con una voz baja y rasposa, cargada de un desprecio que parecía dirigido tanto a mí como a sí mismo
— Sé lo que dice el contrato — respondí intentando que la voz no me temblara, manteniendo los hombros erguidos
— El contrato no dice nada sobre soportarme — continuó lanzándome una mirada fría — No quiero una esposa, no quiero una compañera de vida y no quiero tu lástima. Solo necesito que mi madre crea que no estoy solo antes de que sea demasiado tarde. Cumple tu parte, mantente alejada de mi camino y recibirás cada centavo prometido
— No estoy aquí por lástima — le aseguré sosteniéndole la mirada sin dar un paso atrás
— Mejor así. Porque no voy a ofrecerte nada más que dinero — sentenció dando media vuelta con la silla para marcharse sin esperar ninguna respuesta
El sonido de las ruedas alejándose resonó en el silencio del despacho. Me quedé sola, respirando hondo para calmar el nudo que se me había formado en la garganta. Alexei era un hombre roto, consumido por el rencor hacia un mundo que lo había apartado tras su tragedia, pero yo no había venido a buscar un romance ni a salvar a nadie. Había venido a salvar a mi madre
El mayordomo de la casa volvió a entrar para guiarme por los pasillos. Recorrí el lugar observando la sobriedad de las puertas cerradas y la quietud que dominaba cada rincón. Elegí la habitación que estaba al fondo del pasillo, en el extremo opuesto a la habitación de Alexei. Necesitaba esa distancia física para marcar el límite entre el papel que debía interpretar y mi verdadera vida
Una vez sola en la habitación, dejé mi pequeña maleta sobre la cama y me senté en la orilla. Miré por la ventana hacia el cielo, pensando en mi madre en su habitación de hospital, ignorante de la transacción que acababa de salvarle la vida
Sabía que los próximos doce meses serían difíciles, que tendría que soportar el desprecio de un hombre amargado y la incomodidad de una farsa diaria. Sin embargo, apreté los puños y me prometí a mí misma que resistiría cada día sin doblegarme, cumpliendo mi parte del trato al pie de la letra y manteniendo mis emociones completamente blindadas.
Emilia ...